Antínoo y Adriano
La constelación del Quinto Imperio

Por: Diana Acosta Rippe.
Asesora literaria de puesta en escena

El Colectivo Teatral Matacandelas realizó una investigación literaria e histórica que abarcó desde textos clásicos egipcios, griegos y latinos para derivar en las figuras de Antínoo y Adriano, los dos personajes que encarnan el amor y la muerte en el poema Antínoo de Fernando Pessoa. El colectivo se dedicó a la investigación literaria e histórica encontrando diversos pilares que erigen esta adaptación basada, demás, en el Drama en gente de Fernando Pessoa.

Afiche Antinoo

Antínoo encarna el amor y la muerte, Adriano encarna el amor que busca prevalecer entre las épocas, el amor que impera en el cuerpo del amante. El poema de Pessoa exigió que nos remitiéramos a la poesía clásica haciéndonos detener en La odisea de Homero, las Metamorfosis de Ovidio, La historia augusta, Las Geórgicas y Las bucólicas de Virgilio, en El libro egipcio de los muertos y en un conglomerado de mitos y otros textos que justificaron aún más el traslado a la escultura clásica egipcia y grecorromana, al pensamiento astrológico y astronómico del antiguo Egipto, llevándonos hacia las nuevas civilizaciones que pensaron el cielo y las constelaciones como una manera de lectura y de existencia. En esta obra los mitos de Antinoo y del amor se condensan en la palabra. Pessoa y el Drama em gente (Drama en gente) están íntimamente relacionados pues el poeta creó una manera teatral de existencia y dirigió al teatro a no ser un “Drama en actos” sino un “Drama en gente”: en el caso de Fernando Pessoa (y de sus heterónimos) el Drama en gente es la médula de sus obras pues establece que la acción teatral, el suceso de la palabra y la acción aparecen y se manifiestan en la gente, en la “pessoa”, es decir, en la persona; no se trata de la estructura clásica del teatro en donde la acción y la palabra parten de los actos, las escenas y las acotaciones, sino que todo ello sucede en la gente, en la persona.

Pessoa constaba de una sensibilidad poética tan amplia que, al admitir esas despersonalizaciones (heterónimos), logra –actualmente- seguir conmoviendo al lector y al espectador con sus obras. El Drama en gente ocurre en Pessoa porque hay una teatralidad desde la construcción de sus heterónimos, de sus obras y de sus voces, no en vano, en la reconocida Carta de los heterónimos dirigida a João Gaspar Simões, Pessoa anuncia que desde muy temprana edad nació en él la necesidad de aumentar el mundo con personalidades ficticias, lo que bien podríamos interpretar como otra forma o, incluso, el inicio de ese Drama en gente, agregando además que Fernando Antonio Nogueira Pessoa (el sujeto biográfico) llevó una vida independiente y diferente a la de sus heterónimos y eso nos instala directamente en ese Drama en gente, ya no en actos.

Fernando Pessoa tuvo una fuerte formación en inglés clásico cuando, desde muy niño, habitó en la ciudad del Cabo en Sur África. Allí Pessoa, con menos de cinco años, tuvo acceso a un inglés victoriano que marcaría su poética romántica póstuma escrita en ese mismo idioma.

Pessoa buscaba construír el “Quinto Imperio”, el imperio de las almas, y, en parte por esa condición imperial, escribió poemas como Antínoo en inglés victoriano. Los cinco imperios además buscaban condensar -en el canto, en el poema- la historia de los imperios, siendo el primero el imperio egipcio, el segundo el romano, el tercero el cristiano, y el cuarto el imperio moderno. No debemos descuidar que Antínoo es, en suma, uno de los poemas pilares de construcción de ese Quinto Imperio que proviene de la profecía sebastianista portuguesa de Antonio Vieira quien, en su texto Historia del futuro, apuntaba a que Portugal sería un Quinto Imperio (incluyendo en sí al Cristianismo) para ser regido, justamente, por Dios. Así como Adriano consolidó el Imperio Romano cercando las barreras de las áreas ya conquistadas y reforzando su cultura, Pessoa también quería llegar a ello con el Quinto Imperio.

Hay una exaltación del amor homosexual en el poema pero esa no era la única preocupación estética de Pessoa, es decir, sería reducir el poema de Antínoo el decir que es solamente homoerótico, pues la intención estética del poeta parecía fijarse incluso más en cómo ejemplificar un poema con tópicos helenísticos y egipcios a través de una escritura en inglés victoriano y estilo romántico, pues, no debemos descuidar que aquí, más allá de la riqueza del mito y el relato, hay una profunda preocupación (como es usual en Pessoa) por la forma en la que es concebido y escrito el poema. Es más, el mismo Pessoa dice -en otra de las cartas dedicadas a su amigo João Gaspar Simões- que en el poema se trata de contemplar la belleza a través de un tópico alejandrino con miras a ejemplificar cómo la belleza puede ser concebida como tal más allá de la edad del efebo y su sexo y, aunque ello está presente en el poema, se busca “(…) decir la sensación que produce un cuerpo bello”. En Antínoo importa el amor y la pérdida.

El dios moribundo o muerto responde al tríptico “bello, perdido, amado” y, en la figura de Antínoo es clara la condensación del tríptico pues se trata de un efebo bello, que está muerto, es decir, Adriano lo ha perdido y lo ama. Ese trítptico es retomado más adelante por el romanticismo inglés, pero se manifestó previamente en algunos poetas clásicos como Heródoto, Páncrates de Alejandría y el latino Ovidio en algunas de las Metamorfosis (Jacinto, Narciso, Adonis). También en Teócrito, quien lo incluye en el Lamento pastoral y el poeta Bion de Esmirna, quien lo trae a cuenta en La tumba de Adonis.

Antínoo es el modelo efebo, es decir, el adolescente bello, cuya transitoriedad -a través de la imagen trascendente del poema- se vuelve, no solo eterna, sino aún más bella porque es cantada. Su belleza emerge a través de la versión y la palabra de Pessoa y de Adriano, como sucede en el caso del personaje Cármides de uno de los diálogos platónicos, donde la belleza del joven es recreada por las versiones de otros y no por su propia palabra.

Grupo Matacandelas

Hay distintos mitos con relación a la muerte de Antínoo, uno de los más frecuentes dice que Antínoo (haciendo honor a una de las formas sacrificiales griegas en honor a un gobernante) se arrojó al Nilo el 30 de octubre del año 130 a.C. probablemente como un sacrificio ritual para atraer sobre su dueño y amante Adriano el favor de los dioses.

En otra versión del mito de Antínoo, encontramos un tópico latino de metamorfosis donde Antínoo es también convertido en una flor de loto roja. Su nombre y su persona se le identifican con una flor color rojo sangre ya que, Antinoo, abordado por el poeta clásico Páncreates de Alejandría (contemporáneo de Adriano) dice, en sus poemas, que Adriano da muerte a un león con su jabalina para evitar que éste atacara a Antínoo y, donde cae la sangre del león (sobre la arena) surge “la flor de Antinoo” o Antinoeia, que es la flor que nace de la sangre de un animal sacrificado para salvar la vida de Antínoo.

Pessoa

La constelación de Antínoo siendo cargado por un águila fue precisada muy posiblemente por Ptolomeo en el siglo II d.C., aunque no ha de descuidarse que, quizás el emperador romano Adriano fue quien pudo haber nombrado a la constelación como “Antínoo” en el año 132, queriendo honrar a su efebo amante tras haberse ahogado en el río Nilo, en donde también se reflejaba esta constelación.

Antínoo nos instala ante la inmensidad del Drama en gente de Fernando Pessoa, nos permite adentrarnos en imperios tan antiguos como el amor mismo. El poema nos traslada a la belleza de la palabra poética, a la profundidad del cielo en sus infinitas constelaciones, en el amar aún dentro y después de la muerte. Antínoo es un poema dramático, pues Pessoa deseaba ser leído como poeta dramático, ya que –según él- sólo así se tiene la llave de su cifra.

Entre el cielo y el Nilo, entre la tumba y el beso sobre los labios fríos, el epitafio cantado y el silencio del aceite más puro, Antínoo es adaptada en su esencia por el Colectivo Teatral Matacandelas.

El poema dramático Antínoo, fue escrito y publicado en ingles por el poeta lusitano Fernando Pessoa y publicado en 1918.