Cinco siglos de lucidez e inteligencia

(Que ya es mucho decir)

Cristóbal Peláez González

Se nos vino encima un chaparrón tenacísimo de centenarios: ahí van los cien años de "La generación del 98", una fuerza literaria y humanística que trató de romper a golpes de inteligencia y pensamiento el siglo XIX, ahí van los nacimientos de Brecht, Lorca y Eisenstein -Teatro, poesía y cine- con visiones futuristas, ahí van los cien años de la muerte de Stéphane Mallarmé, el príncipe de los poetas que trató de disolver las palabras en la música ("La poesía no se construye con ideas sino con palabras").

Es prudente hablar hoy y escribir sobre estos asuntos, no para aprender, ni para recopilar información. No concebimos la cultura como una sumatoria sino como resta, porque la cultura imbrica acción, batalla permanente contra la tradición, contra la corriente, contra lo normal, contra el sentido común, contravía del uso y la normalidad.

Bertolt Brecht

Brecht desde ese punto vista es un delincuente, un atentador, un instigador que luchó contra el cauce ordinario de los acontecimientos. Por eso hoy levantamos EXPEDIENTE, reproduciendo algunos de sus escritos, verdaderas esquirlas contra un sistema que el autor odió y combatió sin compasión.

Pero, ojo, todo el mérito de Brecht no es su apabulladora conciencia ética, fue un dramaturgo genial, su puesto está definitivo al lado de los monstruos: Sófocles, Shakespeare, Ibsen, Beckett. Quien conozca a fondo estos cinco dramaturgos ya conoció la dramaturgia toda (pido humilde perdón a Moliere).

Brecht dramaturgo, Brecht pensador, Brecht director escénico, Brecht novelista, Brecht poeta, Brecht... en fin, mucho más que un hombre, una multitud con un solo nombre. (Mi nombre es legión, gritó el sagaz decano Satanás).

La obra del autor alemán entró casi que a lomo de mula a Medellín en los años sesenta y como en aquellos años el teatro era un producto típico de las luchas obreras y estudiantiles, nuestras urgencias políticas redujeron a Brecht a un mero asunto de militancia. Se nos sirvió a un artista contemplado desde una sola óptica. Eso no estuvo bien, pero es entendible para un país con hambre y ya sabemos que un estómago con hambre no distingue las formas.

Todo nuestro Brechtismo no fue otra cosa que una licencia para lanzarnos de frente contra la injusticia y el desorden instaurados. Ahora sabemos que el gesto demanda algo más que ira y razón, demanda lucidez, astucia, esplendidez. No olvidemos que Baudelaire humilló a los burgueses de Francia castigándolos con la espada de la belleza. Al infame se le ahoga con una sobredosis de Belleza, dennos tiempo para hacerlo.

¿La confusión estaba entre lo verdadero y lo útil, entre lo bello y lo necesario, entre la forma y el contenido?. ¡Pobre B.B.!. Le tuvimos tanta fe que no nos preocupamos por estudiarlo. Y otra cosa: no se leyó como literatura placentera sino mas bien como programa de trabajo.

Pero ¡eah! no más golpes de pecho. Gran parte de lo que fue y es hoy nuestro teatro, calidoso, generoso, solidario, se lo debemos al "viejo", sus malas influencias permanecerán durante muchos años más, para mal del sistema y para bien de la inmensa mayoría.

Y terminemos con una exacta frase que lanzaba un director de la escena alemana "Ya terminó la moda Brecht, es hora de empezar a estudiarlo"