CRISTÓBAL, el genio rebelde de las tablas

Por: Lorena Acevedo R.

COMO HOMENAJE AL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO que se celebra el martes 27,
GENTE conversó con este director envigadeño, uno de los más importantes del país.

El teatro Matacandelas lleva más de 30 años con puestas en escena que sacuden y emocionan a los espectadores. Han estado en giras por 12 países y sus funciones la han visto alrededor de 1’241.589 personas.

En 1979 nació uno de los grupos de teatro contemporáneo más importantes de Colombia, el Matacandelas.

Sus reuniones iniciaron en las instalaciones de la Casa de la Cultura del municipio, refugio de jóvenes inquietos que en ese momento sentían sed de crear y se resistían a ser unos empleados más de la fabrica, que daba bienestar económico a la mayoría de los envigadeños, Rosellón.

Próximo a participar en el Festival Iberoamericano de Teatro, con la obra Las danzas privadas de Jorge Holguín Uribe, Cristóbal Peláez, su director, recordó lo que fueron sus inicios con el teatro en Envigado, desde la sede actual del Matacandelas, en Medellín.

Foto Cristóbal

¿Qué ha significado para usted Envigado?

“He estado ligado al municipio porque nací allá, en un lugar muy bonito, que por estar urbanizado perdió parte de su gracia, era como un pesebre y se llama La Mina. Empezó a recibir a los campesinos que llegaban a nutrir a la fábrica de Rosellón”.

¿En qué momento decidió que no seguiría la tradición de los envigadeños, de trabajar en Rosellón?

“A mí me empezó a dar una rebeldía, era bueno pero comencé a ser mal estudiante, el teatro era lo que me gustaba y quería. Tuve la oportunidad de tener profesores que pedían para la semana cultural el montaje de una obra o un sainete, eso para mí era como alcanzar un territorio mágico”.

¿Cómo fueron sus inicios en el teatro?

“Me encontré con él por medio de un profesor todo gomoso, don Elías Aranzazu. El hombre era un enfermo con el teatro, nos ponía a hacer sainetes y cuando entré a primero de bachillerato formamos inmediatamente un grupo, hasta formábamos pandillas de teatro, luego formamos un grupo mixto con las muchachas de La Presentación, allá era donde hacíamos teatro y conseguíamos novias”.

¿En qué momento éste se vuelve su prioridad?

“Los ensayos me fueron absorbiendo de tal manera que con algunos compañeros decidimos retirarnos del estudio porque eso nos estaba perjudicando el teatro y formamos el primer grupo independiente de los colegios, se llamó "La tercera Planta" y duró como tres años. Salía de mi casa a las 7 de la mañana y me iba para la biblioteca José Félix, que la habrían a las 8 a.m., era una casita pequeñita en Guanteros, allí estudiábamos todo el día y para muchos éramos vagos”.

Usted salió por primera vez de Envigado hacia España. ¿Cómo fue esa experiencia?

“Me fui en plan aventura a los 22 años, después de trabajar dos como obrero en la Compañía de Empaques, donde mi papá me metió a trabajar, ese fue el momento más doloroso de mi vida, lo asocié con Auschwitz, con los campos de concentración, pero me templó el alma. Entonces me dije que necesitaba desaparecer y me fui para España en barco, 15 días en alta mar, en un crucero y ahí comenzó mi periplo, fueron cuatro años, en los que hice de todo. Al principio me preguntaban que qué fui a hacer y no sabía responder, ahora sé que hice un curso in situ, para poder dirigir un grupo como el Matacandelas”.

¿Por qué el grupo se radicó en Medellín?

“La casa de la cultura de Envigado fue como un resguardo en un época en que el municipio se puso muy difícil por el cuento del narcotráfico, el teatro se volvió un oasis, trabajábamos con niños, llegábamos a los barrios y para las mamás era importante que los chicos estuvieran ahí ocupados, pero lo tenaz era cuando terminaban el colegio y ellos querían seguir en el teatro pero los sacaban. Nunca alcanzábamos a formar completamente actores y decidimos entonces buscar una plaza más grande para nuestro accionar teatral”.

Desde una casa roja, cerca a las Torres de Bomboná, Cristóbal y su grupo de teatro construyen historias sobre tablas que hacen reflexionar y soñar.

"EL JUEGO DEL TEATRO ERA BÁSICAMENTE UNA POSTURA DE LIBERTAD QUE RESPONDÍA A UN CONTEXTO DE SERIEDAD Y DE PRACTICISMO".

"CREÍAMOS QUE EL TEATRO PODRÍA SER UNA PEQUEÑA HERRAMIENTA QUE AVALARÍA NUESTRO IDEAL DE UN MUNDO DISTINTO".

Fuente: http://www.gente.com.co