Espaguetis: los actores están en la olla

EN LA FIESTA de las Artes Escénicas, el director italiano Luigi María Musati presidió una velada patafísica: teatro y espaguetis, a los que logró emparentar.

John Saldarriaga - Medellín | Publicado el 5 de septiembre de 2008 La lluvia zonza y el frío eran los dueños de la noche del miércoles, hasta que se encendió un fuego en la cocina del Matacandelas.

LUIGI MARIA MUSATI - LOS ACTORES ESTAN EN LA OLLA

José Luis Chavarriaga

Dramaturgia y dirección de escena van pegadas y son prácticamente una sola cosa: el escritor de la pieza literaria debe conocer los códigos de la escritura de acciones. Los espaguetis y la salsa tienen que pegarse y convertirse casi en una sola cosa.

Espaguetis: los actores están en la olla

Cortesía, Aravinda Juárez

De la noche del miércoles a la madrugada del jueves, un escenario fue la cocina del Matacandelas. En 16 salas de la ciudad, la Fiesta escénica se ha cocinado al rojo vivo.

El director de escena Luigi María Musati, con un "itañol" fluido, habló de teatro y espaguetis al tiempo que convirtió a éstos en actores principales de una velada patafísica, pues orientó la preparación de un banquete, como parte de la Fiesta de las Artes Escénicas.

Mientras hervían, parado ante un auditorio conformado por unos 50 abrigos y algunas bufandas, casi todos del sector teatral, fumó y explicó que, contrario a lo que suele creerse, el teatro y los espaguetis tienen mucho en común: el fuego.

Fumó y contagió ganas de fumar. Parecía uno de esos actores que deberían mostrar en las cuñas de tabaco, pues saboreaba el cigarrillo, jugaba con él, lo sostenía apagado entre los dedos índice y del corazón, hacía ademanes con él, señalaba un punto indefinido, lo encendía al fin, halaba el humo como quien nada más respira y dejaba que se le fuera muy adentro, tal vez hasta lo más hondo del prominente estómago, viajara por su interior un rato, mientras su boca iba diciendo que un grupo de teatro es una compañía fraternal e iba regañando a esos abrigos y a esas bufandas por mantenerse peleando por un plato de sopa. Y después el humo salía orondo por esa misma boca, como con voluntad propia, como si ya hubiera hecho un fuego allá adentro y buscara la salida.

Ante un auditorio más silencioso que en misa, tomaba vino. Era un Baco gordo, calvo y barbado, invitando a los abrigos y a las bufandas a beber mientras estaban listos los muy celebrados espaguetis, que como artistas arrogantes se hacían esperar.

Bebió y comparó el teatro con un castillo de arena. Y al teatrero con el niño que lo hace cuando la marea está baja. Que se deleita haciéndolo. Que lo defiende por un tiempo de la amenaza del agua, pero no se inquieta porque ésta lo devore, porque su placer está en hacerlos, no en que permanezca.

Buscó su delantal y dijo que para hacer buenos espaguetis es preciso contar con buenos espaguetis y que no se comen con pan, aunque en Italia los pobres a veces así lo hacen. Pasó un espagueti crudo de mano en mano para que todos palparan la textura, imitó con su boca el agua hirviendo, cantó un aria para celebrar la comida y sirvió espaguetis con pan, como hacen a veces los italianos pobres.

El Colombiano | Medellín | Publicado el 5 de septiembre de 2008