Mayo teatral:
Tomar al toro por los cuernos
por: Osvaldo Cano
Mayo
Teatral, el evento que auspicia la Casa de las Américas y que reúne a buena
parte de lo mejor de la escena latinoamericana contemporánea, ya es
historia. Al hacer el recuento de estos días enriquecedores e intensos
vienen a la memoria las enjundiosas pláticas entre teatristas provenientes
de diversos rincones de nuestro continente; los espectáculos que planteados
desde perspectivas estéticas a veces distantes, poseen sin embargo un
constante punto de encuentro: el análisis agudo y diáfano de la realidad; y
la certeza de que eventos de este tipo contribuyen en una medida
incalculable al desarrollo del arte teatral en nuestra Isla.
Aunque
por razones obvias dedicaré la mayor parte del espacio disponible a los
grupos visitantes, quisiera detenerme en un colectivo cubano pocas veces
visto en la capital. Se trata de Teatro Alas, de Bayamo, que sorprendió con
su versión de El sueño inmóvil, pieza del argentino Carlos
María Alsina, texto que aboga por la necesidad de perpetuar la memoria. El
encierro, el olvido y la muerte, conforman la ominosa trinidad que gravita
sobre los personajes. La atmósfera onírica, surreal, recurrente, propia de
los sueños, e incluso de las pesadillas, es certeramente plasmada por el
director Fernando Muñoz, quien condujo a sus actores a realizar cadenas de
acciones que, aunque parezca una paradoja, subrayan la inmovilidad e
inutilidad de evadirse de la extraña y extrañante mansión que habitan. El
elenco se destaca por su temperamento, el buen trabajo vocal y el alto nivel
del conjunto.
Los
bolivianos de Teatro de los Andes nos brindaron, en programa doble,
Crónica de una muerte anunciada y Solo los giles mueren de amor.
La primera propuesta no pasa de ser un ejercicio, una demostración de cómo
Gonzalo Callejas entrena su voz, la cual, dicho sea de paso, maneja con
soltura. En Solo los giles... César Brie hilvana un
espectáculo en el cual el humor y la ironía resultan pilares capaces de
sostener el discurso y mantener la atención. Planteado como una suerte de
inventario de las dichas y desdichas de un personaje -que no es otro que el
propio Brie- la puesta convence y atrae tanto por el carisma del intérprete,
como por la universalidad del tema tratado. En Sólo los giles...
retorna, como en Las abarcas del tiempo, el tema de la muerte y de
nuevo los ritos funerarios devienen fuente aportadora de teatralidad.
Yuyachkani no traicionó las expectativas suscitadas debido a su presencia
con Antígona. La actriz Teresa Ralli derrochó técnica y temperamento
en un montaje en el que asume a seis personajes a los cuales singulariza. El
trabajo con la voz, el cuerpo, la contención de la energía, el uso de
mínimos pero muy efectivos elementos y la recontextualización del mito
clásico fueron sus cartas de triunfo. Conducida por Miguel Rubio, la Ralli
demostró por qué está considerada como una de las grandes actrices
latinoamericanas.
En una
cuerda que trae a la mente a nuestro teatro vernáculo con su ambiente
barriotero, sus arquetipos marginales y sus recursos humorísticos se movió
el dominicano Waddys Jáquez en Pargo. Es este un unipersonal en el
cual el actor encarna a cuatro personajes de los bajos fondos neoyorquinos.
La viz cómica de Jáquez y la utilización de tipos universales como el chulo,
el transexual o la prostituta, le ganaron la simpatía de la platea. En
rigor, Pargo resulta una sucesión de estampas sin otro nexo que el
marginalismo que acorrala a tales criaturas.
Luego
de un comienzo excesivamente narrativo y deliberadamente estático,
Angelitos empantanados -espectáculo que Cristóbal Peláez y el grupo
Matacandelas concibieron a partir de la novela homónima de Andrés Caicedo-
logró seducir al público. El gancho que aporta una historia de amores
truncos, el uso de transparencias, el juego del cine dentro del teatro, la
delimitación de una época legendaria a partir de la música y el vestuario, y
muy en particular el juego irónicamente paródico que la puesta entabla con
la telenovela y con cierto género de filmes, contribuyeron a que la
invitación de los colombianos fuera otro de los buenos momentos de esta
reunión.
Intentando hacer un apresurado análisis de esta edición de Mayo Teatral,
salta a la vista por un lado la diversidad formal y por el otro las
coincidencias temáticas. La indagación en fuentes vivas conduce a la mayoría
de los grupos y espectáculos visitantes a entablar un diálogo franco con su
público. Cuatro temas se erigen como protagonistas: el exilio, la muerte, el
encierro y la memoria. Cada uno de ellos guarda estrecha relación con la más
reciente historia latinoamericana. Más allá de preferencias o discrepancias,
de virtuosismos o ingenuidades, este encuentro lanza un alerta sobre la
pertinencia, e incluso urgente necesidad, de utilizar nuestra propia
realidad como materia prima. Dicho en otras palabras, que con mejor o peor
suerte, lo cierto es que nuestros huéspedes han demostrado que son capaces
de tomar al toro por los cuernos, cosa esta que hoy por hoy, entre nosotros,
es poco frecuente.