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"Incomunicación,
carencia de amor,
angustia social, temor a la pérdida del empleo,
no hay salida a tanta aflicción"
(Sobre el teatro de Kroetz opina Manred Durzak)
Para Franz Xaver Kroetz,
la ciudad en sus inacabables contornos y los ambientes
campesinos de Baviera, son ese leit motive que hilvanan
su abundante producción dramática, al menos en los
últimos años. Una dramaturgia que revela una incesante
lucha contra el tiempo, no solo el cronológico sino
"ese" momento de reacción del teatro alemán
que para 1972 hacía un relevo temático, ya pasadas las
escaramuzas del 67/68.
Hablamos de una ventana que
se abría hacia los interiores del teatro contemporáneo
poco explorado en ese entonces, para muchos,
"intimista", que perfilaba un retorno, al ser
individual desconectado en la inmensa urbe y plagado de
los más recónditos comportamientos. Para este novel
autor esa profana cotidianidad, sería la materia de sus
meditaciones dramatúrgicas cuya continuidad le han
merecido importantes reconocimientos y premios no sólo
en Alemania sino en otros países, especialmente en
Europa.
En PERSPECTIVAS
ULTERIORES, Drama escrito por Kroetz en 1974 como
homenaje a la destacada actriz alemana Therese Giehse, el
autor nos da las primeras pistas en sus apuntes para el
montaje donde sugiere que la señora Ruhsam protagonista
de este monólogo deberá aparecer como un ser
"desconectado", "arrinconado".
La anciana de casi 70 años
tendrá que marcharse al otro día para el asilo y dejar
tras de sí cada una de sus cosas queridas y sus más
caros recuerdos; difícil trance para una persona que
cada vez más cerca la línea final de su existencia.
En medio de su estrecho
apartamento, sola, bajo los constantes altibajos de sus
recuerdos e inútiles decisiones y en medio de
prolongadas y significativas pausas aprovechadas por los
únicos trinos de su amigo el canario Rudy, la señora
Ruhsam va desmantelando y empacando paulatinamente los
objetos y enseres que la acompañaron durante los
últimos cuarenta años, tendrá que enfrentarse a su
última noche, después de tanto tiempo de estadía en
aquel lugar que junto con todo el edificio será
demolido.
Franz Xaver Kroetz ha
elegido el monólogo como instancia dramática para
algunas de sus piezas; le interesaba su formato tan a
propósito para la meditación de sus personajes
solitarios.
Poco después de estrenar
"Concierto a la Carta", discurre de nuevo en
este género teatral con "Perspectivas
Ulteriores", llevada posteriormente a la televisión
alemana. Pese a lo que piensan en los círculos teatrales
el monólogo ha ganado un sitio en nuestro medio, como
mecanismo dramático que ha persistido durante siglos
como un eterno peregrino en la escena mundial.
Con la necesaria precaución
ante este tipo de espectáculos nos recogemos de nuevo
con sus bondades en esta última producción del Teatro
Matacandelas. Nos hemos dejado seducir nuevamente
después de haber realizado en 1988 "La voz
Humana" de Jean Cocteau: el profundo drama del
desamor en la gran urbe. Atraídos por esta
característica del monodrama que lo ha hecho previvir a
fin de ser "ventana dispuesta a la interioridad
humana", de ser también otro lugar donde podemos
ver y oír los pedregosos murmullos de nuestro insondable
destino.
Con esa sencillez de la
unidad, la brevedad y la ligereza literaria el espectador
entonces juega su papel, de la manera y forma más
disímil, cuando es increpado por la obra directamente
desde la escena misma o cuando se le invita a asomarse
con sutileza al ojo de la chapa, como solitario
"Voyerista" de la velada teatral. A esta
última opción para el espectador apunta
"Perspectivas Ulteriores" pieza que transcurre
imperceptiblemente entre lo cómico y lo dramático, sin
ceder la balanza a ningún lado específicamente. Un mero
equilibrio donde penden los hilos invisibles de la
cotidianidad que nos abarca en su simpleza y en toda
magnificencia.
Franz Xaver Kroetz, conocido
como el dramaturgo de "la plenitud de lo
cotidiano" sumerge su posterior producción a
develar o "Distanciar" las fisuras de la
monotonía que nos depara la gran ciudad, esa arraigada
costumbre de la vida, cuando por incontables motivos
ésta aparece lentamente sin sentir en el tiempo.
La señora Ruhsam en los
últimos momentos de su trasteo, casi nos dice al oído:
"Tal vez hubiera sido mejor esperar un poco más,
tal vez un año", u afirma seguidamente: "De
todos modos un asilo no es una cárcel y bien mirado
puede ser una oportunidad", dicotomías dejadas al
azar, palabras huecas, meras pausas a lo inevitable.
La escurridiza temática de
lo cotidiano, como un eje de la acción escénica,
sugiere a cualquier artista un campo lleno de
ambigüedades, ya que la necesaria distancia y la medida
histórica son generalmente bases esenciales para la
producción artística.
No es realmente un homenaje a
la vejez, ni el problema social que pueda sugerir el que
un hombre termine sus días bajo las leyes de un asilo,
ser viejo no es propiamente una cualidad, al respecto
François Rey manifiesta: "Lo que me parece muy
acertado en Kroetz, es la escogencia del momento. No
aferrarse como el naturalismo a un pedazo de la vida,
pero sí a un momento muy preciso que permite el balance
de toda una vida, en el sentido casi material del
término".
Jaiver Jurado Giraldo.
1992
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