CUADERNO DE REFLEXIONES SOBRE LA
COSA TEATRAL
TRES TREINTAIUNAS PARA EL
TEATRO
por: Cristóbal Peláez
En el Teatro Matacandelas empleamos los
ratos de ocio para seguirnos divirtiendo; y así, como el
futbolista le da pataditas al balón para calentarse
antes del partido, nosotros tenemos un juego basado en la
palabra, nuestro principal instrumento de trabajo. El
juego consiste en poner en común nuestras observaciones
sobre el teatro, resolverlas y volverlas a juntar en
textos que leemos y nos causan cierta gracia. A manera de
entretenimiento, aquí presentamos a los lectores tres de
estos ejercicios que involucran y de qué manera,
tanto al público como a los actores. Para no dar lugar a
reconcomios o malos entendidos, repetimos: esto no es
más que un juego de palabras.
LOS MALOS ESPECTADORES PARA EL
TEATRO SIEMPRE...
-
Llegan agitados corriendo justo en
el momento de comenzar la función.
-
Recatean unos minutos en la
taquilla el precio de la boleta. Les parece
injusto pagar. Llevan el "gratis"
marcado por toda su piel.
-
Llegan compulsivos, necesitan
hacer unas cuantas llamadas porque dejaron muchos
asuntos pendientes.
-
Preguntan insistentemente "si
la obra no es muy larga..."
-
Preguntan sobre la posibilidad de
salir en medio del espectáculo para realizar
otras llamadas telefónicas.
-
Advierten que tienen mucha prisa y
que están esperando recibir una llamada por el
celular o el beeper.
-
Piden que los esperen unos minutos
mientras ingieren alguna otra bebida.
-
Otras veces llegan hambreados, de
ceño fruncido.
-
Se les ocurre utilizar el baño al
último momento. Allí se eternizan.
-
Se vuelven reiterativos
insistiendo en preguntar si la obra teatral es
"charra".
-
Sólo quieren reír. Conciben el
teatro como un tinglado de "charruras".
-
Reclaman un teatro como espacio
dedicado al mal gusto, los chistes procaces, a la
estupidez general.
-
Quieren un teatro burlón,
fascistoide, machista, calzado a la medida de su
chabacanería.
-
Reclaman un teatro deformado que
dibuje una humanidad idiota.
-
Insisten en asistir a la función
con un vaso de alcohol en la mano.
-
Rechazan el teatro porque alegan
estar "cansados". Seres que nacieron
cansados.
-
Piden un teatro superficial para
descansar de "su" rutina.
-
Vienen con el remordimiento de
perderse su programa de televisión.
-
Son avaros a la hora de pagar su
boleto pues consideran que la profesión de actor
es un oficio de inútiles.
-
No disfrutan nunca.
-
Conversan y dan voces en plena
función porque subestiman el arte teatral.
-
Cuando subestiman el teatro no
saben que en su cabeza está pesando una
tradición de olvido, de ignorancia, de
irreflexión.
-
Les falta entusiasmo, esplendidez.
No gozan con nada.
-
Son seres desapasionados y su paso
por el mundo es una costumbre.
-
Vienen al teatro por novelería,
por vagancia, porque les regalaron el boleto, por
cronofagia.
-
Son avaros con el aplauso.
-
Entran al teatro con el "no
me va a gustar" inscrito en la frente.
-
Como nunca han realizado ningún
esfuerzo mental su cerebro está inmóvil,
intocado y salen presurosos, mal encarados,
arrepentidos.
-
Se podrían definir con éxito:
Los que nunca buscan nada.
-
Ignoran que el aburrimiento es un
asunto personal.
-
Consideran que su desprecio por el
teatro constituye una muestra de inteligencia.
EL MAL ACTOR SIEMPRE...
-
Llega tarde a prepararse para la
función.
-
Su maquillaje y su atuendo son muy
improvisados, no construye personajes,
simplemente sale disfrazado.
-
Cada función es un tormento,
desearía estar en otro lugar, haciendo otras
cosas.
-
Para él el público es una masa
que viene a aplaudirlo.
-
Considera que su profesión de
actor está por encima de cualquier cosa.
-
Mira por encima del hombro al
resto, infla su pecho y se dice a sí mismo
"soy un actor, soy una persona muy
importante".
-
Sale motivado sólo cuando el
teatro está repleto.
-
Sólo ve las butacas vacías,
nunca las que están ocupadas.
-
Su interés está puesto en la
taquilla.
-
Con tal de mantener repleta su
bolsa está dispuesto a cualquier tipo de teatro.
-
A ese fin no sabe qué es lo que
él quiere transmitir sino qué es lo que el
público espera que le transmita.
-
Ha perdido la credibilidad en su
arte.
-
El ritmo y la intensidad de su
actuación están sujetos a la respuesta de un
público.
-
Sigue en el teatro porque todavía
no lo han llamado de la televisión o del cine.
-
Está en el teatro no sabe por
qué, tal vez no sirvió para otros oficios.
-
Considera que el mal gusto es
universal.
-
Busca el aplauso a cualquier
precio.
-
Al final, sale a escena tímido,
esperando comprensión, piedad.
-
En el fondo menosprecia a su
público y permanece indiferente a su opinión.
-
Su teatro es la expresión de un
ser "gracioso", charlatán.
-
No estudia ni reflexiona, cree que
ello acabaría con su gracia.
-
Existe en la medida de la fama, es
su gran enfermedad.
-
Su arte no es el fruto de una
refinada sensibilidad, es la expresión de una
tara cultural.
-
Detesta a los demás actores,
sólo él tiene talento.
-
Considera que la disciplina está
bien para quienes carecen de talento.
-
Su entusiasmo declina a medida que
se intensifica el número de funciones de la
obra.
-
Busca afanosamente la moda, lo que
pega, el escándalo.
-
Sufre terriblemente si lo
confundan con el resto de los mortales, entonces
se pinta el pelo rosado, se pone la camisa al
revés, se para en las pestañas.
-
Él es su propio personaje. Actúa
demasiado en su vida real, en el escenario está
vacío.
-
Se ha fortalecido como histrión,
se ha desvanecido como ser humano.
-
Tienen un concepto aristocrático,
burgués, de "pueblo" y por eso
considera que la sensibilidad, la poesía y el
buen teatro son cosas intelectuales,
inaccesibles, y que al pueblo hay que darle
"popularidades", o sea, remedos,
chistes, parodias burdas, bellotas.
LA GENTE NO VA AL TEATRO PORQUE...
-
El teatro queda muy lejos.
-
El poder adquisitivo del ciudadano
colombiano es bajo.
-
Somos un pueblo cuya mayoría no
vive, sobrevive en lo estrictamente necesario
(comer).
-
"El teatro no alimenta".
-
El capitalismo es un mundo de
afán: el que se demora pierde plata.
-
Se nos ha infundido el trabajo
como una religión y el descanso como una
herejía.
-
De nuestros abuelos hemos
aprendido a asociar el ocio con el pecado y los
"malos pensamientos".
-
Nuestra educación académica
nunca nos mencionó que había un arte llamado
teatro. Cuando lo hacía era a través de libros,
nunca a través del espectáculo vivo.
-
Nuestros guías educativos fueron
guardianes, no maestros.
-
Nuestra educación castra nuestra
inteligencia poética, sólo busca preparar
técnicos. Un técnico es medio ser humano
andando.
-
El día se hizo para trabajar y la
noche para dormir (burros de carga).
-
Somos un pueblo demasiado
práctico. Lo único rentable son las manos que
trabajan. (No hay mayor desdicha que ser manco en
Medellín).
-
El teatro no resuelve los
problemas fundamentales: Salud, educación,
vivienda.
-
El estado colombiano le dejó a
los comerciantes del cine toda la responsabilidad
de recreación y diversión. Esas aguas trajeron
estos lodos.
-
El estado se olvidó de Platón:
"Es necesario buscar a aquellos que son
capaces de rastrear la naturaleza de lo bello y
de la conveniencia, con el fin de que los
jóvenes estén rodeados por todas partes de
hermosas obras, que sólo estén sometidas a
influencias bienhechoras en todo aquello que
llega a su vista y a su oído, como si habitaran
en una región sana, donde sopla una brisa
proveniente de comarcas felices que traen la
salud, y que se vean así conducidos desde la
infancia, sin notarlo, hacia la semejanza, el
amor y el acuerdo de la bella razón".
-
El espacio de la convivencia no se
estimula. No hay un momento real del arte
teatral.
-
La empresa privada en Colombia se
ha dedicado a ganar a dos manos, sin retribución
social.
-
Al pueblo lo han sometido a ser
enemigo de las bellas artes.
-
Un pueblo enemigo de las bellas
artes es un pueblo enemigo de la vida.
-
Cada vez somos más piara, ajenos
a lo Bello.
-
Una piara es fácil de someter.
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Medellín es una ciudad diseñada
para comprar, vender y consignar.
-
La ciudad es insegura. A Medellín
le quitaron su noche, es decir, el contexto del
teatro.
-
La calidad de los espectáculos
teatrales no despierta aún el interés de un
grueso público.
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El servicio de transporte es
pésimo.
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A nuestros actores todavía se les
nota demasiado su ambición de utilizar el teatro
como pretexto para autolucirse.
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"Por todas partes ojos que
buscan en el suelo, gente que compra las boletas,
las revende y jamás va a los espectáculos"
(Walt Whitman).
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Los medios de comunicación
(radio, T.V., prensa) no cumplen su papel
informativo.
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Nuestro débil movimiento teatral
carece de los recursos para la promoción.
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No hay adecuada infraestructura.
Hay auditorios pero no teatros. Nuestros
ingenieros construyen teatros con planos de
piscinas (A los arquitectos de Medellín
hay excepciones se les debería
considerar delincuentes comunes).
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No hay una cultura del tiempo
libre.
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