CUADERNO DE REFLEXIONES SOBRE LA
COSA TEATRAL
ESQUIRLAS
POR/ SOBRE/ CONTRA
EL ACTOR, EL TEATRO
Y ALGUNOS VICIOS NACIONALES
Cristóbal Peláez González.
Publicado por la revista
¨GESTUS¨ 1998
En el Teatro Matacandelas no existen
los que podrían llamarse "actores
profesionales" y rara vez tenemos actores invitados.
Somos una pequeña manada que se ha asociado todo
el tiempo para todos los espectáculos y para todas
las representaciones. Esto ofrece sus evidentes
limitaciones pero también muestra sus bondades.
Aún hoy cuando la entidad GRUPO es
considerada obsoleta, podemos decir que nos ha funcionado
a nuestra manera y ha permitido que esta asociación se
convierta en una herramienta en la que 12 personas -digo
personas, no actores- hagamos una cooperativa de
cualidades para utilizar el teatro en provecho propio y
público. Una asociación donde los problemas también se
multiplican por 12 pero que así mismo nos plantea el
difícil ejercicio de la tolerancia, de la diferencia,
del error a compartir.
La naturaleza de lo humano que tiende a
la sociabilidad y a la insociabilidad de manera
simultánea y alternada se manifiesta en ese modesto
Grupo a plenitud.
No somos una microscópica sociedad de
ángeles, somos in vitro también la sociedad
humana, todavía más cuando nuestras jornadas diarias de
trabajo alcanzan a veces hasta las 12 horas diarias. La
convivencia, llámese matrimonio o grupo, es la tumba del
respeto y la amistad. Comprendiendo esto hemos llegado a
tolerarnos e incluso hasta a querernos, pues sabemos que
"afuera" la cosa es peor.
Hemos empujado esta asociación durante
estos difíciles y hermosos 18 años porque hemos
comprendido que la exploración estética y actoral
ofrece sus ventajas con personas que llevan tiempo de
conocerse entre si.
Si alguien afirma que lo más
emocionante y fructífero es trabajar cada vez con un
equipo nuevo y nuevos rostros no estamos dispuestos a
contradecirlo. No estamos hechos para defender ni
proponer verdades. Para estar en el mundo hemos elegido
libre, voluntaria y gozosamente el arte del teatro.
Compartirlo con un público, por reducido que sea, es el
placer de una expresión, de una comunicación. Para el
Actor es el placer de una histeria, de una
hipersensibilidad: placer de heteronímia y
prostitución, (multiplicidad) fenómenos que no son
exclusivos del actor, pero que en él se encuentran más
latentes, quizá más auto-reconocidos.
No somos tampoco una asociación
inmóvil. Su configuración cambia con las deserciones y
los ingresos. Se requiere una alta dosis de espíritu
romántico, quizás de insensatez, para querer optar por
ser socio de una aventura en continua zozobra. Por eso no
somos una opción para actores profesionales, para
egresados que andan buscando una estabilidad artística y
laboral. Las decenas de egresados de Escuelas que se
acercan huyen despavoridos cuando se enteran de nuestra
realidad interior: un falansterio, una secta de ilusos y
utópicos, una asociación de débiles y pobres, que
hemos querido escapar - el Matacandelas es una frágil
balsa - a todo aquello para lo cual estabamos destinados:
fábricas, comercio, talleres, burocracia, cotidianidad,
fuerza de trabajo.
Para un destino trazado nos hemos
rebelado. He ahí porque nuestros actores y actrices no
lo sean en el sentido tradicional, he ahí el por qué de
nuestra composición social interna.
He ahí el por qué hayamos renunciado
como grupo a la vanidad de la redención externa, a
"salvar el teatro nacional", a emitir conceptos
y teorizaciones que muestren "un camino" y
"verdades estéticas". Nuestra única realidad
es el escenario que hemos practicado con pasión, con
orgullosa humildad, con mística voluntad de compartirlo
socialmente. Es obra en marcha, práctica sujeta a
verificación, a revisión. Teatro como escenario de
interrogación y duda.
Las limitaciones actorales dentro de
los grupos no son desconocidas: excesivo asunto
práctico, deficiencia teórica, puesto que los continuos
cambios de configuración hacen de hecho imposible una
formación en orden, en escuadra. La urgencia productiva
nos otorga cierta naturaleza de Circo: aprender
viendo, aprender a disparar en el curso mismo de la
guerra.
Otro peligro: al cabo de cierto tiempo
un actor de grupo se ha encerrado en unos modos
anquilosados, en un estilo, funciona
"amaestrado", se repite una y otra vez en sus
personajes y a menudo todas las obras son un mismo
personaje, una misma voz, unos mismos movimientos que
solo cambian de disfraz. Y Sobre todo porque la madurez
actoral está asociada con un gran manejo técnico del
escenario donde el actor se niega -hasta
inconscientemente - a ser otro, a representar, y
sólo quiere ser él mismo, con su gran figura. Teme no
ser reconocido por su público. Cuando se les consiente
demasiado adoptan poses de vedette.
Después de los 20 años - ésta es una
observación empírica y simple, exterior - nuestros
grupos teatrales tienen un aire de cansancio, lucen
desgastados por un oficio endemoniadamente difícil. El
actor ha fatigado sus mejores años y funciona en la
escena con "el piloto automático", ha
terminado por convencerse de que acaso malgastó sus
años en divertir a una galería que lo olvida con
facilidad. ¿hay una realidad más triste para el actor
que el Canto del Cisne de Chejov?
Este drama del Actor está más
acentuado en cuanto muchos de nuestros actores terminan
por reconocer internamente su fracaso: falta de
oportunidades, anonimato (el anonimato es ya una tragedia
para un exhibicionista).
La lucha por conservar y acrecentar una
Pasión y una Ética, es actualmente un duelo a muerte.
La madurez representa sencillamente la pérdida de la
inocencia.
La joven historia del teatro colombiano
es la historia de una curva asustadora: cúspide y caída
brutal. ¿Dónde están los alegres jóvenes saltarines
que trepaban eufóricos a un escenario "por
nada"? ¿Dónde están esos alegres rostros que
soportaban la noche, la fatiga, los interminables
ensayos? Hoy somos "maestros respetables",
cómodos burgueses o arrugados funcionarios que nos
movemos entre universidad y universidad, enseñamos lo
que desconocemos y damos consejos prácticos a los
jóvenes, es decir, estamos muertos.
Nos hemos insertado solapadamente en el
curso normal de los acontecimientos, hemos tardado muchos
años en descubrir que el sistema no es del todo
invivible, hemos terminado por parecernos y pensar como
nuestros padres, a quienes justamente en rebeldía les
reprochabamos el ser inconsecuentes y acabados, porque
conflictaban nuestra vocación teatral que imaginábamos
una isla de fantasía aparte de los prejuicios y la
estupidez social.
Los románticos de ayer reprochamos el
romanticismo de los jóvenes. Queríamos
"cambiar la vida", pero fue la vida la que
nos cambió a nosotros. Deplorablemente.
Como Baudelaire que no veía más
valores que en el profeta, el guerrero y el poeta
-"lo demás está hecho para el látigo"- hemos
de pensar que el público empezó a abandonar las salas
de teatro, entre otras razones, porque su
profeta-guerrero-poeta, -el Actor-, ha sido
economicamente obligado por la sociedad al rebusque,
está obligado a venderle su voz y su imagen a la
publicidad para ayudarle a los comerciantes a vender sus
chucherías. En contraprestación los comerciantes nunca
nos han ayudado en la promoción del teatro.
Así las cosas miramos con verdadero
horror el futuro, en la clase de cadáver que seremos,
puesto que la descomposición ya ha empezado.
Contra ese espectro hemos, desde hace
rato, emprendido en el Teatro Matacandelas una dolorosa
guerra contra nosotros mismos, para no sucumbir en el
letargo, para "morir con lucidez".
Los puntos que transcribo a
continuación son destellos apenas de prolongadas
conversaciones y constituyen pensamientos y propósitos
que bien podrían parecer un Credo. Pero qué va.
-
Encadenarnos al mástil como
Ulises y tapar nuestros oídos con cera para no
oír el canto de las sirenas (aplausos, éxitos,
balandronadas, importancia, prestigio,
prestancia, fama y las mil y unas formas con las
cuales la jauría social construye sus
mediocres).
-
No ir en contravía de nada.
Siempre nos volvemos aquello contra lo cual
desperdiciamos nuestras mejores fuerzas.
-
Disciplina, trabajo, entusiasmo.
-
Dandysmo moral, social, estético.
-
Desorden de los sentidos.
-
Estremecimiento.
-
Heterodoxia.
-
Odiar al sistema social como a
nosotros mismos.
-
En lugar de escándalo,
esencialidad.
-
Culto permanente por nuestros
mayores: Poe, Rimbaud, Baudelaire, Flaubert,
Andrés Caicedo, Silva, Shakespeare, Ibsen,
Esquilo, Beckett, Maeterlinck, Perec, Pessoa,
Pavese, Joyce, Kafka, Buñuel, Schopenhauer,
Platón, Hitchcock, Freud, Marx, Fernando
Gonzalez, Zuleta ...
-
No dejar de ser nunca niños.
-
Desconfiar de directores,
gerentes, policías, banqueros y comerciantes.
-
No quejarnos por la elección de
nuestro oficio, pues la práctica del teatro es
hermosa y gratificante. Hace este mundo vivible.
-
El Estado colombiano es inferior a
nuestra dignidad moral y espiritual.
-
No adaptación al curso normal de
los acontecimientos.
-
Nuestra guerra es con nosotros
mismos, contra nuestra propia adaptabilidad,
-
El Teatro Matacandelas es un
teatro pequeño, ínfimo, intimo, para un
reducido público. A las muchedumbres es
imposible dirigirse.
-
La publicidad es una práctica
infame.
-
El hombre más fuerte del mundo es
el que está sólo (Ibsen).
-
"Ser sublimes sin
interrupción" (Baudelaire)
-
El teatro no se resiente, impugna.
-
Las enfermedades actorales, pose,
extroversión y pedantería, deben ser
contrarrestadas por el silencio, la reflexión y
el ejercicio escénico diario.
-
El contacto frecuente con el
público infantil purifica.
-
No descreer del fracaso.
-
El teatro: hermoso por lo inútil.
-
Cultivar el ocio.
-
El arte, cualquiera que sea su
expresión, tiene un momento pleno; intangible e
indefinible: la poesía.
-
Azotar diariamente al burócrata
que llevamos dentro.
-
Una finalidad de la vida,
suponiendo que la tenga: El Juego.
-
Para Matacandelas es tan
importante una representación en Londres como
una representación en un barrio de Medellín.
-
"Aviso a los No-comunistas:
todo es común, incluso Dios" (Baudelaire)
-
Está muy bien que nos muramos -
morir con lucidez - para que lentamente vayan
desapareciendo las viejas ideas, las obsesiones
irracionales y los prejuicios éticos. Lo nuevo
irá apareciendo lenta y magnificamente sobre
nuestros cadáveres. Así será, así debe de
ser.
-
El mundo ha cambiado, ya el hombre
no es el centro del universo ni de la creación,
ya no es la medida de todas las cosas y el mal
estilo es el hombre. Es una criatura enemistada
con la totalidad. El arte trata de justificarlo.
Es nuestra ilusión.
-
Un Hamlet, una fuga de Bach, las
pinturas del Bosco, acaso compensen el paso de
esta horrorosa criatura sobre la tierra.
-
El comercio es una practica
delincuente.
-
El país puede vivir sin poesía,
como los chanchos.
-
Un exceso de realidad nos
destruye. El actor trata de escapar a ese exceso.
-
Su grito de combate es el mismo de
Blanche en "Un tranvía" de
Williams : "No quiero realismo, quiero
magia".
-
En cualquier parte se puede
aprender el arte del teatro, donde menos en un
escenario.
-
La desgracia de muchos actores
proviene de que han elegido un oficio pensando
que pueden parecerse a los burgueses. Como son
hijos de comerciantes quieren parecerse a sus
padres.
-
Hay demasiada Zona Rosa en
nuestros actores, demasiado bohemismo de Papier
maché. Su actuación también es rosa, su
intención estética es rosa, su vida es rosa, ni
blanca ni roja: la medianía.
-
Hay directores que escalan
poniendo su suela en las cabezas de los actores.
-
Las "hojas de vida" son
expedientes necrológicos.
-
A nuestros actores se les niega el
status de artista ; pues ya no se parece al
escultor, ni al pintor, ni al novelista. Es
artista pero desconfía de sí mismo con
desprecio. Está ya más cerca del perifoneador
de pasaje comercial que del arte.
-
Hay dos clases de seres humanos:
Los exhibicionistas y los vouyeristas. El
exhibicionismo del actor es de naturaleza. Un
arduo trabajo contra si mismo debe indicarle la
mesura y el recato.
-
En las Escuelas de Teatro se debe
contemplar la idea de retomar el zurriago, como
elemento pedagógico.
-
Al aspirante a actor se le debe
azotar para matarle el bandido que lleva adentro.
-
Nuestros actores leen poco y
estudian poco el entorno porque creen que todo lo
tienen dentro. Extraño para una criatura que ha
escogido un oficio donde "yo soy lo
otro".
-
Es cierto que al estado, a
nuestros dueños, ya no les interesa el control
de ciertas esferas sociales, por ejemplo, la
universidad, pero por nada del mundo perderían
el control de la Televisión. Esto deben saberlo
los actores que aspiran a vender allí sus
encantos.
-
En nuestras Escuelas de Formación
Actoral hay demasiada pelvis, demasiadas
vozachas, demasiada tenacidad. Poco
estremecimiento.
-
Una Escuela de teatro debería el
primer año prohibir el ingreso de profesores de
teatro. Allí el nuevo alumno estaría orientado
por astrónomos, militares, biólogos,
sicólogos, cocineros, aventureros,
expresidiarios, albañiles, marineros,
guerrilleros, pintores, artesanos, y sobre todo
por Novelistas.
-
En un segundo nivel sólo música
y arquitectura.
-
Dadme un aprendiz de músico y al
cabo de un tiempo os entregaré dos: Un músico y
un actor.
-
Todos los días, como una
oración, antes, en medio y al terminar cada
sesión sería obligatoria la lectura de la buena
poesía y de la buena prosa.
-
Toda la tarea en la formación de
un actor consiste en ayudarlo a convertirse en un
ANIMAL de escena, es decir, que viva con el
DIABLO adentro. De ahí que el maestro es un
instigador, un provocador, un indisciplinador.
-
El nombre de todo actor es LEGION.
("Mi nombre es Legión, somos muchos")
-
Hay profesores teatrales que
tienen fisonomía y ademanes de notario.
-
Hay alumnos que suspiran por el
cargo del profesor. No quieren formarse, quieren
quitarle el puesto.
-
Algunos actores piensan con
estupidez que su ejercicio de actor es una etapa
inferior a la dirección escénica.
-
Más que verdaderos directores de
escena lo que abunda en el país son los
líderes, caudillos del entusiasmo.
-
Más que verdaderos actores lo que
abunda son los espectadores agitados por el
teatro.
-
Aplicable a muchos grupos:
"Ah bueno que desaparecieran todos los
grupos de calidad, para que el único grupo bueno
sea el mío"
-
En nuestros grupos también se
usan las mañas de los mercaderes: las rebatiñas
desesperadas por el cliente. Si la poesía como
práctica diaria no me estremece, entonces ¿a
quien?.
-
Amonestación a las gentes de
teatro: Se suele pensar que poesía "es todo
aquello que se escribe de para abajo". La
poesía no es necesario escribirla. De Rilke se
dice que hacía poesía incluso cuando se lavaba
las manos.
-
En nuestras Escuelas y en nuestros
Grupos hay tufo a entidad comercial. Huele a
centro comercial.
-
Estamos imbuidos por el ansia de
novedad. Hay que ser novedosamente anticuado,
hasta prehistóricos. "Los griegos son mis
contemporáneos" (Borges).
-
A los integrantes del Teatro
Matacandelas se les acusa de dos cosas: Demasiado
estáticos en su actuación y demasiado pálidos.
Lo estático es un trasunto, una higiene
coyuntural contra la epilepsia móvil que ha
invadido el país. La palidez es el resultado del
trabajo, del encerramiento. También puede haber
cierto aire de melancolía: el mundo nos agobia,
nos duele.
-
Habría una tercera instancia para
señalar, "gente demasiado apartada".
El ambiente gremial, cualquiera que sea el
gremio, es detestable.
-
Si la calidad de muchos de
nuestros actores y grupos se midiera por la
intensidad se sus "rumbas", estaríamos
haciendo el mejor teatro del mundo.
-
No se pueden enseñar emociones,
ni sentimientos. Pero se puede pelear por
transmitir autenticidad, sinceridad, honestidad,
vértigo. Digo, se puede pelear.
-
Se puede ser actor todo el tiempo
hasta el día en que sepamos que todavía somos
aptos para otros oficios.
-
Las concertaciones económicas con
el Estado son necesarias, aunque peligrosas.
Ellas han significado oxigeno económico. Pero
por paradoja en esa misma medida ha decrecido la
pasión por el oficio.
-
Las concertaciones económicas con
el Estado también pueden crear un pequeño
ejercito de mantenidos. Que Dios me perdone lo
que acabo de escribir.
-
El Estado debería crear un Cuerpo
Especial de Policía de Concertación.
Llevarían máscaras y porras y aplicarían en
algunos casos trabajos forzados (hay mucho campo
sin arar).
-
Las Concertaciones con el Estado
de algún modo nos alivian el fardo de la
penuria, pero al mismo tiempo nos ponen rostro de
mendigos.
-
Aviso a los funcionarios del
Estado: cuando se trata de dineros de
concertación ustedes no tienen la misma enjundia
que ponen para reclamar sus sueldos.
-
El teatro tiene un gran drenaje en
lo femenino. Ya es casi imposible ver una mujer
hermosa en nuestros escenarios. Todas están
haciendo casting.
-
Los actores de televisión una y
otra vez declaran infatigablemente que lo suyo es
el teatro. Viven en constante estado de culpa y
disculpa con la escena viva. Tienen un aire
cansado, triste, satisfecho, pedante. Pocos
llevan el valor y la autenticidad en el rostro.
Pocos, qué digo, no, ninguno.
-
Nuestra fuerza proviene de un
hecho simple: nuestra ambición siempre ha sido
hacer teatro, y lo estamos haciendo. Así sea con
tracción a sangre.
-
Al actor lo mata el carecer de la
fuerza del solitario.
-
Nuestra alma pide representación.
Teatro le damos. No es más.
-
La sola correspondencia de
Flaubert, bien estudiada y aplicada, es un
verdadero Organón para cualquier arte, para
cualquier oficio estético. Supera el brechtismo.
-
Si Flaubert hubiera dispuesto de
Teléfono y fax no tendríamos hoy esta
maravilloso método.
-
Hay grupos que llevan hasta 20
años haciendo mal teatro convencidos de que el
del mal gusto es el público. A eso se llama
morir con las botas puestas.
-
¿Qué tal un Nivel de Escuela
actoral que se llamase NIVEL BAUDELAIRE?
-
¿Qué tal uno con POE?
-
No tendremos un gran teatro hasta
que no hayamos superado lo farsesco y alcanzado
el drama. Valido también para dramaturgos.
-
Para actores y directores: vivir a
sacudidas, por descargas.
-
Al actor y al director les falta
la serenidad y la paciencia del escritor: es
decir, del verdadero artista.
-
También deberíamos procurarnos
una lista intima de personas y comportamientos
detestables en el teatro. Publicable dentro de 50
años.
-
El teatro no es una hermandad. La
discusión y el odio también nos hacen crecer.
-
Actor: refinamiento, personalidad
escurridiza. Carece de forma, porque allí se
anida la humanidad.
-
Para el actor, para el director:
La residencia de Dios es el detalle.
-
Para el actor, para el director:
La residencia de la profundidad es la superficie.
-
Un buen actor, por paradoja, debe
mantener cierto desprecio por su público.
-
El director debe montar su
espectáculo para él solo, el público viene de
último.
-
En el teatro Matacandelas un texto
se escoge y se hace pensando en el gusto de sus
actores, para sus fisonomías, para su
concepción de la realidad, para sus alcances. No
hay un criterio trazado de antemano. Se trata de
sucumbir ante determinado texto que aparece de
repente como una iluminación para nuestra
preocupación existencial.
-
El Teatro Matacandelas goza de
buen público desde que dejamos de trabajar para
él.
-
¿Y qué tal que la Escuela
actoral incluya La Pintura?
-
Nuestros actores, los colombianos,
con unas excepciones muy raras, no saben de
recitado. Remarcan demasiado la "S" y
prolongan insoportablemente la vocal finaaaal.
Algunos, muchos, hablan con un temblor extraño.
Como si estuvieran copulando. Sobre todo las
actrices.
-
A propósito de cópulas. El olor
a sexismo ha invadido toda la escena colombiana,
la dramaturgia, los modos de actuación. Mucho
ahogo, mucha pujaderita. La represión se toma
las tablas. Orinar, excretar, copular, orar y
comer son actos de la intimidad. La poesía es
como el acto del amor, a puerta cerrada y sin
testigos, como le gustaba a Bretón.
-
Ciertos asuntos obligan a la
metáfora y a la metonímia.
-
Y al decoro. Leer a Lessing.
-
Los grandes maestros del arte lo
son por el manejo de la metonimia. Ver "El
acorazado Potiomkin".
-
Siempre la parte por el todo: un
secreto. Si es que los hay.
-
"El cine nos muestra al
hombre que corre, nosotros lo queremos inmóvil,
que es cuando piensa" (Ramón Vinyes)
-
Hay algo de aberrante y horrible
en el oficio del actor: Necesita un público.
-
La pregunta no es qué tipo de
actuación, qué tipo de teatro requiere el
público, la pregunta es a que tipo de actuación
a que tipo de teatro lo obligo.
-
No tener miedo a quedarnos solos.
-
El público es una abstracción.
-
¿Pero hay algo más triste que la
taquilla ?
-
El teatro - se lo oí a Santiago
García - debería ser gratuito, como la
educación, como los museos, como los parques.
-
El teatralismo, la enfermedad
infantil del teatro, consiste, entre otras, en
hablar como en el teatro, comportarse como
actores, hacer teatro como hemos visto en el
teatro. Casi todo el teatro que veo es como un
remedo del teatro que veo.
-
El arte de la actuación no conoce
un solo camino. El joven que se aventura en el
aprendizaje se afilia desde un principio a
"una escuela" a "un estilo".
Está indefenso ante una orientación.
-
No habría un ser humano que
agotara todas las complejidades del arte del
actor. Solo Satanás puede adquirir todas las
apariencias, todas las formas del ser. O Proteo.
-
Desde mucho tiempo atrás la
iglesia católica miró con malos ojos y condenó
al actor porque consideraba que fingir ser
"otro" en "otra" situación
era EL MAL., una situación donde el ser humano,
templo de espiritualidad celestial, desafiaba la
UNICIDAD y LA INDIVISIBILIDAD. Esa conversión,
esa transmutabilidad es un crimen contra natura.
La iglesia tenía razón.
-
He trabajado con muchos actores,
no habría uno que pudiera considerarse un ser
humano "Normal". Y el que lo es no es
actor.
-
Los actores no buscan un director,
buscan un padre. La orfandad es más frecuente de
lo que creemos.
-
¿Y que tal un nivel de Escuela
con Fellini, Hichtcock y Buñuel?
-
Consejo de Lao Tsé para cualquier
artista: La eternidad empieza en tus pies.
-
El triste animal urbano que somos
y a quien pocas cosas le ocurren - pues estamos
ya lejos de lo épico -ese consumidor que reparte
sus días entre el cine, el supermercado y los
insignificantes sobresaltitos cotidianos -a esto
llamamos vida - se hace actor para ponerle a su
existencia DIOS Y MAQUINA para vivir otras
épocas, otras situaciones, arrienda su Yo
durante varias horas para ser Otros, el Yo Ideal.
Porque la imaginación es un músculo que se
divierte trabajando.
-
Todo lo escrito hasta aquí y lo
que sigue no merece tomarse en cuenta, es lectura
para el olvido. No constituyen dogmas. Todo está
por verse. Ojalá no le sirva a nadie.
CUESTION DE
HONOR.
Como en ciertas profesiones, debería
existir un CODIGO DE HONOR TEATRAL que prohibiera :
-
Las trusas negras.
-
Los zapatos chinos.
-
Los Tapa-rabos.
-
Las bufandas.
-
Los personajes alegóricos
("la violencia", "El mundo",
"La naturaleza".
-
Las gafas negras.
-
Las gabardinas.
-
El Lenguaje Adámico.
-
Las escuelas de Teatro de
prestigiosos actores de TV (Por lo del campo sin
arar)
-
Las voces de Locutor.
-
Los personajes maquillados mitad
blanco mitad negro.
-
Los mimos remedadores.
-
Los mimos que jalan cuerdas.
-
Los mimos que palpan vidrios.
-
Los mimos con florecitas.
-
Los mimos que sonrien galantemente
a las mujeres y les regalan un poema.
-
Los mimos con una lágrima
pintada.
-
Los directores tenaces que hacen
experimentos tenaces.
-
Las actrices de televisión que
cuando el entrevistador les pregunta cómo estuvo
la filmación, responden "Chevere, más que
un equipo fuimos una familia". (Esta
respuesta debería dar cárcel)
-
Los cambios escenográficos con
cortina musical y a media luz.
-
Los actores que salen a escena
llevando la silla en donde se van a sentar.
-
Los actores que se retuercen mucho
porque "sienten mucho".
-
Los textos llenos de lirismo (Ej:
Oh, noche que te ciernes sobre mi carne trémula
de amor, ven hacia mi, goza cual mariposa...etc)
-
La invasión de textos
incoherentes (Ej: Te amo con amor odio, odio
rencor, rencor rencor, miércoles, pesadilla
amor, encuentro desencuentro...etc, etc)
-
Los festivales para pasarle
chévere.
-
El vaginismo escénico.
-
Las cortinas musicales con temas
de Carmina Burana.
-
Los personajes que salen por entre
el público.
-
Los viejos temas de viejas maneras
que incluyen un televisor y cuatro saltitos de
Danza-teatro para que la obra sea Post-moderna.
-
La danza-teatro que nos muestra
una actriz representando la soledad con rostro
compungido, pega con su palma en el muslo y
después en la frente y da un giro ( !Santo
dios! ¿Dónde dejé mi revolver?)
-
Los teatreros brasileños en
festivales que hablan cantadito, y las muchachas
que se derriten.
-
Los teatreros argentinos que ya
inventaron todo (Y los españoles).
-
Los grupos de teatro que han hecho
tres saliditas al exterior y hablan de 40 giras
internacionales.
-
Los Grupos de teatro que hacen 30
funciones al año y hablan de 120.
-
Los grupos que anuncian su obra
con el repetitivo "A petición del
público".
-
Los actores que desertan a la
doceava representación.
-
La gente de teatro muy creativa.
(Pues no hay gente creativa, solo hay dos
instancias: La disciplina y el trabajo).
-
La obviedad.
-
Los cuenteros que relatan en tono
Asamblea estudiantil de los años 70.
-
Los cuentos de cuenteros con final
insólito.
-
Los actores callejeros que instan
al público a "derrotar las tristezas".
-
Dramatizar cuentos de Jairo Anibal
Niño.
-
El teatro como salvación social.
-
El actor que no se peina para
salir a escena.
-
Los foros.
-
Los directores que salen a
presentar su obra al público y hablan de
"un proceso" de puesta en escena
"complicado" y de "mucha
investigación".
-
Los grupos que se arman y montan
para llevar obras a festivales.
-
El tufo de los festivales.
-
Las rumbas de los festivales.
-
Los actores que consideran que el
teatro es la antesala del cine o la televisión.
-
Los actores que creen que el
público infantil es un público pueril.
-
Las obras infantiles con nubecitas
y personajes tiernos.
-
Todas las obras de Dario Fo.
-
Las modas (Beckett, Muller,Kantor)
-
Los teatracos (A la imaginación
de cada cual)
-
Los actores que se asustan si su
espectáculo no agota boletería.
-
El teatro para complacer.
-
Los actores que piensan que no han
alcanzado el éxito porque no han encontrado un
buen director. Y viceversa.
-
Los personajes de duqueses,
condeses y marqueses.
-
Los que escudan su medianía en la
falta de recursos.
-
Los tallerófagos.
-
Los que se eternizan en las zonas
rosas montando "obras maestras".
-
Calificar de Post-moderna las
obras que no entendemos.
-
Creer que es Post-moderna la falta
de estructura dramática.
-
La falta de pudor.
-
Los grupos de teatro que retrasan
o cancelan sus funciones por problemas técnicos
(En un 99% es falta de oficio)
-
Los directores muy bravos.
-
Los directores que se las saben
todas con decirlas.
-
Los directores con pose de
director.
-
Los directores que ponen cara de
directores.
-
Los directores que se sientan a
mirar una escena, se llevan la mano a la
mandíbula y miran muy concentrados con ojos de
expertos.
-
Los ensayos con gritos de
nerviosismo.
-
La histeria en los estrenos.
-
la famosa frase: "En tal obra
la Luz es un personaje más".
Tal Código de Honor podría impulsar
en cambio cosas como:
Medellín. Enero. 1997.
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