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ANÉCDOTAS PESSOANAS Y MATACANDELUDAS …

“Quizás no exista algo más placentero que ese momento cuando cae la noche y nos reunimos acá en esta vieja casa, ustedes y nosotros, a soslayarnos y a estremecernos en el apasionado juego mentirosos del Teatro”
Cristóbal Peláez

Hace algunos años vi por primera vez sobre una pared de la sala del Teatro Matacandelas de Medellín, el anuncio de “Teatro Estático”, inmediatamente quede cautivado por la sonoridad del enunciado, además un montón de interrogantes empezaron a inquietar mi cabeza, porque nunca había escuchado este término dentro del Teatro, además por querer encontrar una lógica de lo que entendía por una puesta en escena, inmediatamente imagino situaciones, actores, escenas, cuadros, que están cargados de acción física, ejecutada por actores con su principal herramienta, el cuerpo, por lo que me era difícil imaginar una teatro estático sin movimiento.

Aun no comprendía muy bien, pero me seguía preguntando ¿Teatro Estático? Tratando de sacar alguna hipótesis, una hipótesis que me diera algún indicio de cómo podría comprender aquel término, fue tan grande la curiosidad que hoy en día ha de ser mi investigación en mi formación como actor profesional. Este trabajo busca principalmente revisar la herramienta vocal, la acción en la palabra y como esto es eje fundamental en la creación y expresión del actor.

Mi primer acercamiento al Teatro, fue con el repertorio del Teatro Matacandelas de Medellín, la primera vez que ingreso a esta casa ubicada en el centro de Medellín, siento una gran sensación de saciedad, de querer estar ahí, de entrar a esa casa y olvidar voluntaria o involuntariamente las calles de la ciudad de Medellín atiborradas de vendedores ambulantes, con un ambiente de ciudad tropical, era incomparable, podría decir que casi logre sentirme en otro país, en otra atmosfera, en conclusión para mí era otro mundo, además porque el interés por estar ahí era algo que seguía siendo señalado como extraño, el interés por el arte en una cultura tan llena de costumbres regionales como la cultura antioqueña, puede llegar hacerse una mala interpretación de los lenguajes artísticos.

¿Teatro? Era un plan que tenía en complicidad con un alguien, era algo que podría decir que no hacíamos si no que “cometíamos”, si era algo que sentía ilegal, rebelde casi indebido, por eso digo que los jueves, viernes o sábados en la noche nos aliábamos para que sucediera. “Cometíamos Teatro” si como cometer un crimen, o cometer un asalto, nosotros “cometíamos Teatro”, era casi una droga con un largo viaje con efectos secundarios, además lo hacíamos sin que nadie más lo supiera, totalmente ocultos y anónimos, era misterioso lo que ocurría antes del acontecimiento, el estar pendiente de la programación, el recolectar dinero durante la semana para la boleta de la obra, la sensación de espera durante los días antes, hablo de un efecto secundario porque luego de ver la obra podíamos pasar días enteros hablando de ella, en una lucha interior por conservar a pesar del avance de los días la sensación que esta nos seguía generando, una catarsis que se prolongaba intencionalmente por nosotros mismos y así hasta la llegada del próximo encuentro con la sala del Teatro del Matacandelas.

A pesar del tiempo todo esto sigue siendo para mi motivo de cuestionamiento, sé que todo pueda parecer una extensa y extraña divagación de mis recuerdos, pero es de todo esto, donde sale el eje fundamental de este documento, siempre pensé ¿qué me hace sentir esto? sabía que no correspondía a un solo lenguaje, no sabía si era los actores, los textos, la música o las luces etc., Era algo que se estaba volviendo costumbre y que se convirtió en la prioridad de todas las semanas, si era lo que me saciaba la vida en aquellos días, empecé a descubrir que se desarrollaba en mi algo como una patología clínica que se salía de control, que hasta el día de hoy no he podido controlar, sí, me había vuelto “Teatrodependiente”, en aquellas épocas de confusión adolescente donde no sabía si me gustaba el negro o el blanco, el cuadrado o el redondo, el líquido o el sólido, el frio o el caliente, empiezo no a descubrir porque ya lo intuía, pero si a enfrentarlo quería ser Actor y específicamente Actor de Teatro, (ojala del Matacandelas).

Si pienso en un acontecimiento que recuerde en la vida podría decir que fue la primera vez que pude estar en la pequeña sala del Teatro Matacandelas viendo O Marinheiro de Fernando Pessoa. La atmosfera colectiva te predisponía para la puesta en escena, era realmente una catarsis producida por la palabra, por los sonidos, y es ahí donde quisiera profundizar ¿cómo la palabra y el sonido son elementos fundamentales para la catarsis?, es todo esto lo que me lleva a hacer esta investigación, es la necesidad de prolongar esa catarsis que sucede viendo O Marinheiro interpretado por matacandelas, es la necesidad de entender ¿cómo el teatro mueve las fibras?, ¿qué intervine?, ¿de qué forma interviene?

Esta investigación la realizo no con el ánimo de sorprender si no como un identificar del por qué estoy aquí, del interés por esta sensación que se puede lograr dentro del Teatro Estático, cómo la voz, a través de sus ondas sonoras puede lograr una catarsis en el espectador, tomando como referente general la cadena de emisor, receptor y mensaje, no solo por el significado de las palabras, y el contenido de las frases, sino por la musicalidad que puede generar, la exploración en el sonido, la puesta en escena, el volumen, la intención, hasta el mismo susurro que logra aturdir y todas estas herramientas creativas.

Para esto he de tener como referente la obra del teatro matacandelas “O Marinheiro” que en muchos momentos logra aturdir, conmover, y demás emociones, sensaciones que son producidas, por la acción en la palabra y como un texto escrito cargado de pánico explicito se puede potenciar por la atmosfera que logra el sonido de la voz, la iluminación y el sonido, para mi O Marinheiro puede llegar a ser más que un espectáculo teatral algo así como una efectiva sesión de espiritismo. Nunca quise salir del sueño del marinero y es por eso que hoy escudriño sobre esto, el teatro estático de Pessoa, el teatro del horror, del pánico, de la incertidumbre, de lo onírico, del encuentro de las almas, y la voz como pilar de la inevitable catarsis que hoy intento prolongar.

DAVID BARBOSA CARVAJAL
MAESTRO EN ARTES ESCENICAS
UNIVERSIDAD DISTRITIAL
BOGOTA D.C
2020