“Y recuerden… El arte es la máxima alegría de la humanidad”
Entrevista a Esteban Carlos Mejía

(Publicado en la Revista Vía Pública Número 3. Diciembre 1989)

Por Cristóbal Peláez González

Hace cosa de un año Especiales del arte recibió el premio India Catalina en la modalidad de mejor programa cultural de televisión y a continuación, por una coincidencia que reafirma la alta calidad de su trabajo, a Iris Producciones, la programadora, le fue adjudicado por el documental Armero: crónica de una tragedia, de Juan Guillermo Garcés, director y propietario de Iris, el Prix futura, uno de los premios más codiciados de Europa. Pensábamos entonces que para esta joven productora regional de televisión, el espaldarazo de un reconocimiento nacional y otro internacional le supondría mejores condiciones para consagrarse a un estilo que como lo ha venido demostrando, ofrece respeto e interés por el público televidente.

Pero no ha sucedido así, al menos en lo que toca a esa franja de Especiales del arte, que ha sido a lo largo de estos dos años parte sustancial de la filosofía de Iris. Ese ideal por participar en el devenir cultural de la ciudad sin lograr, ni por los bordes, salvar la inversión. El programa posee audiencia, prestigio y cuenta con el beneplácito de esa inmensa y prometedora minoría que está harta -impotente- de sufrir una televisión repetitiva que sorprendentemente mientras más dice menos expresa. Al espacio le ha faltado el respaldo de los anunciadores. Se buscan modificaciones pretendiendo abaratar los costos de producción y ya en la insostenible situación de pérdidas mayores, se hace inminente su cancelación.

Medellín una vez más, por enésima vez, ¿demostrará su condición de ciudad imposible?

“El programa hasta hoy ha existido gracias al apoyo de Juan Guillermo Garcés. Él está permitiendo hacer lo que era posible 35 años atrás cuando comenzó la televisión en Colombia: libertad para obrar. Nos ha permitido hacer muchas cosas que incluso están por encima de sus propios gustos. Lo único que nos ha impuesto es su estilo de trabajo, un estilo basado en la calidad, en la disciplina, en el respeto por el televidente, en la búsqueda constante del talento. No le gusta figurar, sólo lo ha hecho una vez, cuando se ganó el Prix futura, y lo hizo cediendo a nuestra insistencia”.

Estas son las palabras de Esteban Carlos Mejía, director y presentador de Especiales, un economista con cara de infante consentido -o terrible-. Colaborador del periódico El Mundo, publicista, comunicador y, por añadidura (y esto lo saben pocos) un buen escritor de cuentos que se muestra tacaño para dar a conocer sus relatos.

Con él precisamente vamos a conversar sobre Especiales del arte.

CP: El equipo de Especiales atraviesa una etapa crítica, no obstante no se advierte la amargura del resentimiento, incluso parece que hay optimismo.

ECM: Sí, y es por algo: ya nos convencimos que el programa tiene prestigio, audiencia, que es satisfactorio tener la respuesta que hemos tenido del público y los artistas, aunque a veces se nos critique diciendo que no tenemos humildad, pero eso es porque presentamos cosas avanzadas. El mercadeo se vuelve difícil porque, claro, se cree que la gente sólo quiere ver Batman o Rambo, o sea, si la gente quiere ver estupideces le damos estupideces. Mi opinión es que la gente escoge Batman porque no se le ha dado la oportunidad de formarlo para ver cosas distintas. Hay ejemplos de cosas bien promocionadas que la gente las ve, piénsese en un Yo Claudio, o en La caída de las águilas, o en tantas otras.

CP: En la historia de la televisión colombiana, en su origen, encontramos casos de programación inteligente, de buen gusto.

ECM: Cuando la televisión comenzó, ¿qué pretendía el General Rojas Pinilla? Que lo mostraran a él salvando el país. Se hacía una carretera y aparecía él inaugurándola. Pactaba con bandoleros y aparecía firmando el pacto. Como el resto del tiempo no le interesaba le entregó la televisión a quien quiera. Pero al comienzo se pasaban cosas del tamaño de los Los Buddenbrook de Thomas Mann, en vivo, con actores colombianos. Obras de O´Neill, Sófocles, obras del tamaño de Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams que fue un gran éxito de televisión.

CP: ¿Quiere decir que hay regresión?

ECM: Claro que la hay. Una regresión violentísima desde que se impuso el criterio seudodemocrático de que la gente no quiere ver otras cosas, que solamente lo frívolo, lo superficial le gusta a la gente. Ahí fue donde llegó la televisión gringa, que es la banalización de la cultura, su mediocrización.

CP: ¿En medio de esos gustos orientados hacia otras formar cree que un programa como Especiales cuenta con sintonía?

ECM: Sí, pero ya no nos preocupa eso de la sintonía de la misma forma que al principio. No es lo que nos devana los sesos porque sabemos que estamos llegando al público que queremos, un público inteligente y objetivo. La televisión cultural maneja un lenguaje distinto, otro concepto y por eso no estamos enfrentados a la televisión comercial como si fuera algo perverso. Por desgracia nuestra franja no es masiva.

CP: Pero llega a un sector avanzado de la sociedad, al más sensible.

ECM: Claro, llegamos a un sector con preocupaciones.

CP: Además el criterio democrático en arte y cultura es llegarle -y esto lo aprendimos de Brecht- inicialmente a un pequeño círculo de entendidos, luego ir ampliando ese círculo hasta convertirlo en una gran masa de entendidos.

ECM: El problema de una cultura masiva no es problema nuestro, es asunto de una sociedad y del estado que la dirige.

La generación de los ojos cuadrados

CP: ¿A quién está llegando el programa?

ECM: Hay un público “cautivo”. La gente que posee un apego natural por la cultura, que ya posee un cierto roce y desarrollo cultural. Y hay otro público que nos ha supuesto un reto: los jóvenes entre los 18 y 25 años, aquellos que aprendieron a conocer el mundo a través de la televisión, lo que se llama “generación de los ojos cuadrados”. ¿Cómo hemos de llegarle? Con un ejemplo rápido, vertiginoso, donde prima lo visual, donde lo textual está muy transfigurado a la música.

CP: Es una audiencia prometedora que en cuestión de unos años podría representar la base del programa, su soporte.

ECM: Creo en eso. Los fenómenos de televisión cultural en el mundo tienen una característica y es la persistencia en el tiempo. Voy a citar un ejemplo: el programa de Bernard Pivot, en la cadena 1 de la televisión francesa. Este señor es un lector empedernido de 6 horas diarias. Termina de leer un libro y lleva a su autor al programa. El programa cumple 15 años. De 100 televisores encendidos en Francia 60 están con el señor Pivot y sólo habla de libros. ¿Por qué tiene eso? Porque hay una cadena que lo apoyó desde un principio.

CP: ¿Especiales en su estilo, en su dinámica, representa una respuesta al medio televisivo?

ECM: Lo hemos ido aprendiendo. Hay una cadena de “interés público”, que ha tenido, supuestamente, la misión de desarrollar y divulgar la cultura, pero me da por pensar que la fobia que hay en ciertos sectores hacia la televisión cultural se debe a esta gente de la cadena Tres. Es un trabajo estrecho de miras, sumamente elitista, convertir sólo algunos aspectos en el material de los programas. Hemos llegado así al punto de que al hablar de cultura se piensa en un ladrillo.

CP: El ministro Goebbels pensaba en otra cosa. “A Goebbels cuando le mencionaban la palabra cultura sacaba el revólver, a nosotros cuando se nos menciona revólver echamos mano de la cultura”.

ECM: Muy bien dicho.

Un museo, una biblioteca y un escritor fino

CP: Pero bueno, se habla de Medellín como una ciudad donde irrumpen nuevas promociones artísticas, nuevos aires.

ECM: No, no es cierto. Lo que ocurre es que se están recogiendo los frutos de un trabajo acumulado. Se cree que están pasando cosas nuevas, grupos de teatro nuevos, pintores nuevos, músicos nuevos, y eso es mentira. Se trata de la misma gente que ha venido trabajando en la sombra 10, 12, 15 años y que ahora su trabajo se está volviendo capital.

CP: Tal vez porque el manejo cultural, a todas luces es oscuramente sospechoso, una administración cultural -y digamos administración por comodidad gramatical- que ha tenido interés en cualquier cosa menos en promocionar.

ECM: Esto ha estado en manos de gente que nunca ha tenido un interés nacional por hacer una convocatoria general. Representan sólo un minúsculo interés propio, su visión es fosilizada. Creo que la cultura es un museo, una biblioteca y un escritor fino.

CP: ¡Ah! ¡Estas señoras y señoritos de Medellín!

ECM: Con esa visión le provoca la apatía a cualquiera.

CP: Gente antediluviana…

ECM: La resistencia que hay hacia la cultura es la resistencia al cambio.

CP: Hay una evocación a telaraña y nómina mensual.

ECM: Lo más avanzado de la cultura siempre será revolucionario, iconoclasta…

CP: Rebelde.

ECM: En contravía.

CP: En La República de Platón no hay espacio para los artistas ya que éstos son los que crean nuevos ojos y nuevos oídos para que la humanidad siempre esté mirando y oyendo hacia un mundo más alto. “Los artistas siempre son unos muertos de hambre, no producen, se mantienen pensando en lo que ya está establecido, repensando en un sistema que mal que bien es productivo, y los artistas lo quieren romper aún los artistas tradicionales. Sí, la cultura es la peste”

Un extraño va a entrar a tu alcoba

CP: Nos hemos desviado del tema, regresemos a Especiales del arte: el equipo cree en su trabajo, se observa con ciencia y entusiasmo, mucho de cariño, respaldado con profesionalismo.

ECM: Nuestra actitud hacia los artistas se resume así: curiosidad y respeto. La cultura es un producto de todos, la cultura es la vida.

CP: Usted ha sido, y para utilizar términos del mundillo televisivo un presentador revelación.

ECM: Ahora estoy trabajando una idea: nuestro programa llega a las 10 de la noche. A esa hora los televisores están, en su mayoría, en las alcobas de cada quien. Prendes el televisor y resulta que hay un tipo ahí, metido en tu alcoba cuando estás a punto de dormir. ¿Cómo tengo que llegar entonces? Tengo que ser un intruso seductor, contarle a esa persona cosas ricas antes de que se duerma, hacerle entender que voy a estar media hora ahí y luego me iré. Como estoy irrumpiendo en un hogar a una hora inadecuando debo saber seducir. Estoy en la tarea de encontrar mayor libertad como presentador, estoy brincando, cada vez más libertino, sin tantos temores, tratando de vencer ese miedo atávico a las cámaras.

CP: Sea cual fuere el futuro del programa ya hay un antecedente laborioso, la zozobra de Especiales dice mucho a su favor y nada a favor de la sociedad.

ECM: Por supuesto. Sea lo que sea va a quedar eso que hemos venido frecuentando. El arte es la máxima alegría de la humanidad. Van a quedar esos sueños con imaginación. De todos modos ya no nos pueden quitar lo “bailao”.