CORPORACIÓN
CULTURAL NUESTRA GENTE
POR LA ESQUINA DEL VIEJO BARRIO
Por: Cristóbal
Peláez
Barrio Santa
Cruz. Allá arriba en aquel alto, pero en la parte baja, casi llegando al
río, en Lovaina mejor dicho, la vista, desde el morro occidental, destaca
siempre, y mucho mejor si es de tarde soleada, una casita amarilla que
parece una palomera, es la sede de la Corporación Cultural Nuestra Gente.
Aquí va a hablar Jorge Blandón, ese peludo fiestero que medio Medellín
reconoce, unos por su liderazgo, casi todos por su cordialidad y
anfitrionismo. También dirá para Medellín en Escena, Gisela Echavarría,
cofundadora de la Corporación, una mujer que no digamos es cabeza de familia
sino cabeza de comunidad. En la bermeja palomera ella cuela su tiempo
haciendo muy bien el papel de capitana de embarcación. Siempre gozando,
siempre riendo, siempre en dulcísimo estado de afecto: "me fascina que me
piqueen"
MONÓLOGO A CARGO DE JORGE
BLANDÓN
SOBRE EL DAÑO QUE PRODUCEN LAS PREOCUPACIONES
EN LOS JÓVENES
La Corporación Cultural Nuestra Gente tiene un
antecedente: un grupo pastoral de la parroquia María Rosales. A los tres
años nos salimos... corrijo, nos echaron de la parroquia, discrepancias con
el sacerdote por nuestro comportamiento como jóvenes, por nuestros
comportamientos ideológicos, por nuestros comportamientos etílicos, por esas
juergas que armábamos los sábados.
Salíamos a cantar en la esquina como a las
cinco de la mañana y las señoras llamaban al padre a ponerle quejas... y
entonces nos echaron, nos dieron alas y nos fuimos a volar y entonces por
fuera de la parroquia decidimos conformarnos como un grupo cívico y ahí
empezamos a peliar por el problema del transporte, por el problema de
los servicios públicos, por todas las preocupaciones que teníamos como
jóvenes por el barrio, por el mejoramiento de la calidad de vida. La
educación y la cultura eran el bastión que tenía ese grupo cívico.
Ahí estuvimos, entre muchos, Nidia Bejarano,
Fernando Velásquez, Gisela Echavarría, Héctor Gutiérrez, Omar Lopera. Era
ese fervor de jóvenes por unos ideales colectivos, por un pensamiento en
comunidad. El grupo cívico se reventó porque empezaron a aparecer diferentes
opiniones, es decir, hubo allí tantas banderas que eso parecía un arco iris
y entonces tantas banderas, tantos colores, tantas posiciones generaban una
gran dificultad.
Tomamos la decisión de fundar la Corporación
para centrarnos en la educación y en la cultura. Creamos a gatas, con lo que
pudimos, una biblioteca popular en el barrio en una casita que quedaba en
los bajos del granero El Tufo, (siempre el etílico persiguiéndonos) y
la esquina se volvió un lugar de encuentro donde nos dábamos cita los
sábados a las cinco de la tarde para la lectura de poesía y eso comenzó a
tener mucha afluencia, y luego llegaba gente con una guitarra y se fue
metiendo la música, luego alguien preparó un sketch y ahí nos fuimos
metiendo en ese viaje. Estamos hablando del año 87 donde ya éramos más o
menos veinticinco personas.
Yo ni siquiera había comenzado mi carrera de
Teatro en la Universidad de Antioquia. Habíamos probado las tablas desde lo
empírico, desde las ganas de cada uno, desde el aprendizaje en los libros.
Hasta que tomamos la decisión, no más empiria, vamos a la academia a
ver qué es lo que está mostrando, qué es lo que nos puede ofrecer. Nidia
Bejarano se echó para la EPA, yo para la de Antioquia, Héctor para el
Politécnico, Gisela a estudiar gerontología, y Fernando Velásquez a terminar
su bachillerato.
El nacimiento de Nuestra Gente es muy especial,
fue a punta de tamales. Gisela es experta en lo culinario (porque la
mejor morcilla, señoras y señores, no se come en Envigado, se come es en
Santa Cruz de manos de Marta Gisela Echavarría), y eso permitió que el
primer momento de Nuestra Gente fuese una etapa donde la sostenibilidad del
proyecto se hiciera a punta de empanadas, de morcilla y tamales para pagar
arriendo, esa casita pequeña de los bajos del granero El Tufo, para
pagar los servicios públicos, pero además para darnos dinero con que ir
todos a estudiar. En el día tratábamos de vender las obras de títeres que
hacíamos para presentarlas en las escuelas, teníamos funciones a las 9 y a
las 11 para la jornada de la mañana y a las 2 y a las 4, atendíamos como dos
mil niños en el día, cada niño pagaba ahí unos centavitos que algo hacían en
la economía del proyecto. Ese fue un comienzo, después como una preocupación
histórica hicimos dos cuadros de Los papeles del infierno de Enrique
Buenaventura, una obra ya de sala, seria, que marcó el nacimiento desde el
teatro del proyecto de Nuestra Gente.
En la dificultad de sostener
este sueño anduvimos por lo menos en cinco sedes. El grupo entró en una
crisis y tomamos una decisión, nos dijimos, lo social es muy importante pero
necesitamos definirnos desde la parte artística y ahí comenzamos a hacer las
obras de teatro. Recuerdo que en épocas de campaña política recogíamos los
pasacalles, los cocíamos para convertirlos en telonería. Hacíamos de todo:
Bienestar Familiar nos delegó la entrega de bienestarina al barrio,
coordinábamos el programa de hogares infantiles y yo hacía parte de la junta
directiva de las asociaciones haciendo de fiscal, teníamos una revueltería y
una proveeduría de huevos y de grano y a las dos de la mañana arrancaba para
la Minorista a mercar y a las ocho y media estábamos entregando los
mercados. Un camello tenaz.
La llegada a esta casa fue gracias a la
Consejería Presidencial con la doctora María Emma Mejía. La cooperativa
CONFIAR, que siempre nos ha apoyado, hizo la financiación.
MONÓLOGO
A CARGO DE
GISELA ECHAVARRÍA
EL PORVENIR ESTÁ EN LOS BURDELES
Esta casa había sido un burdel. Un señor que se
llamaba tal y pascual estaba casado con una señora propietaria del burdel
Copinol en la 52, todo eso era zona de tolerancia, luego ellos se
separaron y el señor vino a construir esta casa y le montó la competencia, Copinol
2, lo que ahora es nuestro teatro. Todavía se ven las divisiones de las
piezas. Recién instalados venía una amiga a jugar naipe y todo el mundo se
escandalizaba, decían miren a esa Maruja donde se mete, qué horror.
Cuando compramos la casa estaba completamente
caída. Al limpiarla no salían sino murciélagos.
Siempre he trabajado en la parte social de la
Corporación, en esa época conformamos un grupo de mujeres, luego me fui a
estudiar gerontología y entonces tuvimos un grupo de abuelas, reunimos niños
para darles recreación. Siempre he estado con la gente, no hago teatro
porque no me considero tan especial. Cuando el padre nos echó de la
parroquia me citó a una reunión y me dijo que las viejitas del barrio se
quejaban de nosotros porque éramos muy vulgares y yo le dije que sí, que
éramos vulgares pero que hacíamos cosas muy ricas y el padre me contestó que
nos fuéramos a hacer las reuniones en una cantina o en un bar, pero que
respetáramos la parroquia. Y vea donde vinimos a caer, a un burdel.
Siempre me he ocupado de hacer aquello a lo que
la gente le saca la mano. Cuando hicimos el Primer Festival de la Cultura
y la Alegría me tocó preparar morcilla y chicha que daba miedo. Pero
recuerdo que toda la chicha me la derramó un carro mientras retrocedía y yo
me puse a llorar y los compañeros me decían no seas bobita Gise no llorés,
que ya nada se puede hacer... ¡Esos son recuerdos muy bonitos! Con lo
que nunca pude fue con esos conciertos entre grupos de punk y metálica, que
me daban pavor.
¿Qué hacemos en nuestra gente? ¡Tantas cosas!
Desde las obras de teatro más conocidas, El zapato indómito, Sesión, Las
muñecas de Juana, Inconcierto, etc., hasta las muestras teatrales y la
capacitación con jóvenes. Tenemos el coro con 34 niños dirigido por Ricardo
Zúñiga y coordinado por Milena Bautista. Tenemos el grupo de recreación que
son 10 jóvenes que trabajan los domingos con 150 niños de la cuadra, tenemos
el grupo de las abuelitas, adultas mayores, desde el año 95 que llegan en
número a 30. Allí se trabajan manualidades y se pasea todo lo que pueda. Nos
reunimos todos los miércoles en la tarde, y a veces hacemos pijamadas...
¿Qué son las pijamadas? vienen las abuelitas un sábado desde las seis
de la tarde y se van el domingo por la mañana, recochamos, hacemos comida,
se ponen la pijama, guarito en la mesa, grabadora, echamos chistes, nos
contamos historias, qué gozadera. En slipings, en colchonetas, en petates
nos echamos a dormir todas en el teatro, eso basta que alguna se tire un
pedo y todas jua jua jua que no podemos de la risa. También vemos
películas -a veces ellas me dicen Gise, pasanos una de morbo y yo les
pongo alguna y hay que verlas mirando-. Me encanta estar con ellas, con esos
paseos a fincas... hemos ido a muchos pueblos... Son señoras de muy bajos
recursos, hay una señora que su trabajo es recoger chatarra y cuando salimos
a ella le da pena que le sirvan, apenas se toma la sopa y el resto lo echa
en una bolsita para llevarle a la nieta, yo le digo coma, coma todo lo
que quiera, agarre, que después le empacamos a su nieta, pero ella se
avergüenza toda, está otra señora que le ayuda al padre y él le paga con
mercadito, está otra que madruga a las cinco de la mañana a hacer empanadas,
otra que es modista pero como es tan viejita nadie le manda a hacer nada, y
así todas, tan pobres y tan bonitas. El otro día cundió el pánico en el
barrio porque se decía que andaba por ahí suelto un violador (1) y
las abuelitas al calor del guaro decían ¡Que venga, que se deje venir ese
violador y nos muestre qué es lo que sabe hacer! ¿El promedio de edad de
las abuelitas? Es muy variado, ahora va desde los 50 hasta los 87, todas me
quieren mucho y viven matadas con Jorge (¡Jorge, por Dios, con las
abuelitas no!) (2)
Yo me mantengo muy feliz aquí en la Corporación
y he tenido momentos muy emocionantes, por ejemplo el viaje de un mes a
Cuba, me hubiera gustado quedarme allá mucho tiempo, por ejemplo, esos tres
premios que nos hemos ganado, el primero en el 97 El Medellín que yo
promuevo en el Concejo en el año 2000, el segundo el de la Fundación
Alejandro Ángel Escobar y el último, que nos acabamos de ganar, el
premio Germán Saldarriaga, ah, se me olvidaba, también nos dieron el
Escudo de la Universidad de Antioquia.
Soy la representante legal, me toca de todo,
hablar con todos y procurar que todo mundo en todas las áreas esté bien. El
año pasado había tres muchachos bravos, que no se dirigían la palabra, y los
llamé y les insistí para que no persistieran en eso, y lloré mucho, porque
sufro viendo que la gente no se la lleve bien. Adoro a todos y adoro que me
quieran, para qué voy a negarlo, me fascina que me piqueen.
(1)
Más tarde la policía comprobó
que no se trataba de Henry Díaz ni de Ramiro Tejada
ni de Jaiver Jurado, tampoco era Farley Velásquez.
(2)
Expresión de horror lanzada por
el periódico Medellín en escena.