YA VIENE
FESTIVAL COLOMBIANO DE TEATRO CIUDAD DE MEDELLÍN

Por:  Cristóbal Peláez, 2002

 Recién termina el Festival Latinoamericano de Teatro de Manizales y por encima de los criterios de mejor o peor respecto a otras ediciones, los informes periodísticos hablan de una cobertura que pudo llegar durante diez días a 150.000 espectadores, cifra significativa si se tiene en cuenta que representa un tercio de la población total de la ciudad. Qué bueno para Manizales que año tras año tiene la oportunidad de recibir espectáculos nacionales e internacionales en esta recochuda confrontación creativa. Durante esos días y esas noches es admirable circular por cualquier calle central de esta urbe pequeña, filo montañoso, y tener esa sensación de ser parte de un espectro más amplio, Latinoamérica. Chilenos, brasileros, españoles, ecuatorianos, argentinos, bolivianos, mexicanos. Hasta rusos había. Y coreanos.

La proyección social de esta edición fue posible porque el Festival hizo énfasis en el teatro callejero. Las multitudes desbordaban los parques y plazas para disfrutar con curiosidad y deleite los distintos espectáculos que ofrecía la programación.

Esto se escribe para reseñar un aspecto del evento que visto comparativamente coloca a la ciudad de Medellín como una ciudad atrasada, rezagada, más dispuesta a la farandulería que a unas políticas culturales concretas donde el ciudadano tenga acceso a distintas manifestaciones artísticas. Aquí, para este pobre pueblo es un suceso internacional que venga Marbel a pegar gritos desde un tablado.

Entre el 6 y el 12 de octubre se realizará, por fin, el Segundo Festival Colombiano de Teatro, Ciudad de Medellín. Es, desde el año pasado, la única fiesta teatral que ofrece la villa y por su tamaño a uno le dan ganas, de pura vergüenza, de taparse la cara con un pañuelo.

Sus organizadores, la Asociación de Trabajadores de las Artes Escénicas -ATRAE- y el Ateneo Porfirio Barba Jacob manifiestan la paupérrima situación de unos aportes del ministerio de Cultura y la Alcaldía de Medellín que no alcanzarían ni siquiera para realizar una muestra local en condiciones dignas. La plata no es suficiente para hacer un verdadero Festival, pero tampoco -según ellos- se debe desdeñar lo poquito porque alguna burbuja de oxígeno requiere el teatro, así sea para realizar una migajita de Festival.

En síntesis la programación central es ésta: Teatro la Candelaria con su obra El Paso, Teatro Hora 25 y La mujer de las rosas, Teatro Petra con Mosca, Punto de Partida de Manizales con Juan Rana, Barco Ebrio de Cali y La maestra, Le Explose de Bogotá con ¿Por quién lloran mis amores? Grupos muy representativos pero tan pocos que no llegan a configurar un verdadero evento. El Teatro Matacandelas que había recibido invitación oficial con su obra Medea, ha sido descartado por razones de presupuesto.

Para tratar de hacer bulto la programación incluye las funciones de repertorio que tiene cada grupo local en su respectiva sede. De eventos pedagógicos poquito poquito, de teatro de calle cero pollito, de franja infantil algunas pocas obras.

MUESTRA ALTERNA

En un buen porcentaje el por mayor de este Festival lo van a configurar los grupos y salas de la ciudad que refuerzan y se aprovechan de la convocatoria, una pesca en río revuelto que le pone cara risueña a la precariedad: Grupo Camaleón con ¿Lobo estás?, Matacandelas: Angelitos empantanados, Oficina Central de los Sueños y sus obras Una temporada en el infierno y su infantil El duende del circo, Juglares del sueño: Espejos del sol, Exfanfarria: De cuentos, de princesas, de duendes y hadas, y así, muchos otros grupos y espectáculos por confirmar. También aparece, por lo menos en borrador, una programación variopinta donde se ven cosas tan extranjeras a un festival teatral como cuentería, música y hasta proyección de videos de aventuras y picardías. A estas alturas debe uno encomendarse a la virgen del Perpetuo Socorro para que a los organizadores no les dé por incluir capoeira y paseos ecológicos.

COSAS BUENAS

De entrada la presentación gráfica del festival ofrece una imagen atractiva que podríamos decir está inscrita en el corazón del país teatral: el rostro de Santiago García con una simpática nariz de payaso en la impecable foto de Carlos Duque. Santiago García es un hombre de sabiduría con todos los méritos reconocibles, de él somos, todos o casi todos, discípulos. A través de medio siglo ha influenciado (envenenado) a mucha gente. Es lo que podríamos llamar, en el lenguaje decente, una mala compañía. Anótese en el diseño Alberto Morales, el creativo, ese golazo.

De otro lado se pretende realizar un reconocimiento, una especie de premio local -hasta se ha pensado en llamarlo el Santiago de Oro, o el Santiago de hierro, algo así- a algunas personalidades destacables en el ámbito escénico: Fanny Mikey, Fundación Teatro Nacional, César Badillo, actor del Teatro La Candelaria, y Nora Quintero, actriz de Exfanfarria Teatro, y el mismo Santiago García.

NACIMIENTO Y MUERTE DE UN FESTIVAL

El año pasado a impulsos de ATRAE y ATENEO, con asesoría de Octavio Arbeláez y la Red Latinoamericana de Productores de Teatro, se había propuesto a la Alcaldía Municipal la creación de este Festival, pues nuestra primera autoridad había manifestado su interés en dotar a la ciudad de un certamen de esa naturaleza. Así tuvimos en el 2002 un festival pequeño pero cumplidor. Se decía que para ser el primero era mucha gracia: 180 artistas invitados, más de 60 funciones, cerca de 20.000 espectadores (calle y sala). El otro año vamos a duplicar, era la frase optimista. Y no. Todo lo contrario. Según lo proyectado no va a ser ni la mitad. No llegarán ni a 60 los artistas invitados, y acaso si toparemos las 30 funciones.

EL MINISTERIO Y LA ALCALDÍA

Cien millones, aporte de la Alcaldía, representan apenas la sexta parte del costo real de un festival con perfil nacional. Quince millones, aporte del Ministerio, no dan ni siquiera para cubrir los costos de traslado, alimentación, hospedaje, alimentación y honorarios de un grupo como La Candelaria (17 personas). No en vano todos los grupos han depuesto sus reclamos económicos y van a trabajar ¨para que los vean¨. En esas condiciones la muerte del festival, mirando el 2004, va a ser un hecho.

PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD

Los gestores y organizadores han realizado todas las maromas posibles por salvar el evento. Iván Zapata, economista y director teatral, ha presentado, nos consta, alrededor de diez modificaciones financieras, empezando desde hace siete meses por un festival de 550 millones, hasta reducirlo a la actual chichigua, lo cual prueba una vez más que las matemáticas nunca fallan pero las cuentas no siempre salen, y que si los médicos también se mueren, los economistas también se quiebran. Ha sido un trabajo de buena voluntad y de pura bacanería, con reuniones incesantes y fechas de realización que constantemente se aplazan. Los costos se han abaratado de tal forma que el cuadro presupuestal se ha convertido en literatura fantástica. Se miran opciones, se discute, se contemplan milagros. Que los grupos renuncien al vuelo aéreo y se trasladen en bus o en volquetas, que el alojamiento sea en hotel de menos tres estrellas, que qué tal si pensamos en más agua para la sopa, que qué tal que los grupos en lugar de cobrar paguen, que quién compra el baloto, que juguemos chance.

Se ha considerado hasta la posibilidad de suprimir el papel higiénico para regresar a formas manuales ecológicas y rupestres.

PERO AQUÍ EN MEDELLÍN, ¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL TODO?

Aún así el Festivalito (¡qué horror este diminutivo!) merece apoyarse. Vale la pena que los habitantes de esta urbe vayan a las salas y las desborden como una muestra de la urgencia y la exigencia de un certamen digno de una urbe de dos millones de habitantes. Componer este rompecabezas ha sido un terrible juego de acertijos. Pura inventiva. Si los espectadores no acuden a la cita todos perdemos.

Ya es llover sobre mojado volver a insistir en que cada pueblo tiene el teatro que se merece (y los poetas que se merece, y los gobernantes que se merece). Hemos dicho que nuestra oferta teatral es magra, de pobre calidad, porque la demanda es magra, también de pobre exigencia. Un pueblo bobo sólo puede inspirar un teatro bobo, pero ¡recáspita! por algún lado se debe romper ese nudo de perro. A un público que goza

con sólo ver aterrizar una avioneta le sobra Esquilo. Las pocas almas luminosas, ese ínfimo rescoldo, que aún le queda a Medellín, tal vez podrán potenciar otras formas de manifestación espiritual. Mientras un ejército de atembaos sufre y tiembla porque ¨amenazaron¨ a algún pendejo en un reality show, el horizonte urbano no está ofreciendo alternativas que jalonen nuevos proyectos. Tal vez ya estemos definitivamente condenados a ser simples plastas de carne.