Luigi María Musati

"PROFILO SINISTRO"

por: Cristóbal Peláez

Conocimos y empezamos a tomar afecto por Luigi María Musati a mediados del año noventa y nueve. Entre aquella primera impresión y la de ahora, medió un rápido pero eficaz seminario sobre Séneca y su Medea, que habríamos de llevar en ráfagas como parte de un premonitorio sueño (pesadilla) de Sylvia Plath, pues nos fue preciso considerar a Ted Hughes, su esposo, como un Jasón contemporáneo.

De aquel seminario nos quedó, a Matacandelas y al maestro Musati, el antojo por hacer en escena toda esa extensa poesía dramática del filósofo latino, un texto pocas veces frecuentado según la perezosa costumbre de considerar todo su teatro como obra para leer y no para representar. En el teatro ahora las fronteras entre literatura y puesta en escena aparecen difusas, imprecisas. Más de un director ocurrente ha afirmado que se puede representar hasta el directorio telefónico con sólo suprimir algunos nombres.

Económico y esencial, Musati es un director hereje de la representación convencional. Es medio brujo, hippie retroactivo, pitoniso del tarot, vampiro transilvánico (eso afirma con extrema seriedad exhibiendo su ancestro ("Vlad II Dracul, +1447") y a pesar de ser oriundo de Fermo, se nos asemeja ahora con su porte, a un senador romano que a veces se transforma en una especie de Sileno, premonitor de verdades desdichadas o a un italiano neto y guapachoso que se ha escapado de un filme de Fellini para cantar maravillosamente il pingüino inamorato o una canción evocativa a la mamma (esa mención nostálgica de los hijos lejanos por la mamma se conoce con el nombre científico de "tanquiar Edipo"). Estas cinco semanas de montaje contrarreloj fueron trabajo y fueron fiesta.

A un colectivo teatral como Matacandelas, pandilla alegre, bulliciosa, alborotada y alborotadora, con una pertinaz disciplina y pasión por la escena, le viene muy bien un director descreído de realidades inmediatas que es capaz de combinar un análisis filosófico y escénico profundo con un comportamiento personal abierto y fraterno.

Ese fraterno es una flor poco común, rara vez se da en estos pantanos.

Para este hombre sabio -en Italia ha recibido el palmarés de Caballero de las Artes- que ostenta el mérito de ser el director de la Academia Nacional de Arte Dramático de Roma (la Silvio D´Amico) no fue finalmente un impedimento el venir aquí a Medellín a darle cumplimiento al proyecto, a pesar de los desaires que recibimos de las instituciones culturales de nuestra gran patria. El Ministerio de Cultura dijo que estaba muy bonito el proyecto pero que no tenía plata (si no tienen plata que cierren eso), el Instituto Metropolitano de Cultura extravió dos veces la carpeta y a la tercera preguntó que qué era eso, que qué era Matacandelas, que qué es teatro, que qué es cultura, que qué es Musati (seguro lo confundieron con una marca de queso italiano), que qué es Medellín, que dónde estamos, que en qué mes estamos, que qué siglo es éste, que si ya pasamos Yarumal.

La empresa privada por ser demasiado privada tampoco se interesó.

Pero Musati sí, no sólo declinó honorarios, también de su generosidad salieron pasajes aéreos para todo el equipo asesor: Francesco Maneti, actor, pedagogo, experto en combate escénico (espadachín pachín, pendenciero, recochudo, y cantor evocativo), Gigio Giraldo, asesor, traductor, trotamundo, en grado sumo gestor de este proyecto y Adriana Fernández responsable de los diseños gráficos. También se arriesgó, con su gallada, a alojarse en un lecho estoico de tercera clase y a engullir con nosotros comidas tercermundistas. Su dandismo -es un dandy, lo juramos- no desconoce que Matacandelas es un grupo marginado (no marginal), carente de las olorosas bendiciones oficiales y detestado por ámbitos sacros donde la CULTURA (Cultura: cuántas corrupciones se cometen en tu nombre) es sinónimo de etiqueta y dedito chiquito parado. También se sometió a una rigurosa maratón de montaje que llegó a insumir hasta 14 horas diarias de ensayos. También ha compartido con nosotros el ostracismo, ese silencio embustero y mediocre que guardan los medios de información con "su" magnífico pretexto de que entre las noticias de los grammy, las bataclanas y las batallas no hay espacio suficiente para esas nimiedades del teatro, qué pena con ustedes.

Es la primera vez que nuestra agrupación en sus 23 años cuenta con una dirección escénica que no sea brotada de sus propias entrañas. Sucumbimos porque sabíamos que ese complejo asunto requiere siempre de un conductor experto y sagaz, de un filósofo del escenario, de un poeta, de un vidente, de un iniciado.

Musati ha llegado ahora para reafirmarnos en muchas cosas, pero también para cambiar otras muchas. Al paso del tiempo los grupos de teatro vamos pereciendo en el moho de las batallas ganadas, nos vamos convirtiendo en instituciones burguesas, quietas y muertas, que repelen el riesgo y la aventura. Siempre necesitamos un ají pajarito entre nalga y nalga para despertarnos y alejar de nosotros la hedentina del formol.

Que tengamos noticia, nunca se había hecho aquí en Medellín un Séneca (¿o sí y lo ignoramos?). En Colombia escasísimas. Lejos de buscar paralelos con la realidad colombiana o de reducir texto y montaje a la miserable condición de metáfora de una situación específica, el Maestro Musati ha querido suspender el sentido y la musicalidad de la poesía a sus fines más excelsos, el placer de la palabra senecana, terrible por lo bella. Con Musati también hemos aprendido que Medea no es meramente esa reducción amarillista de la mujer que mata a sus dos hijos (como cualquier titular de pasquín). Por el contrario se trata de una institución universal: el chamanismo, la hechicería, la hipotética deconstrucción de lo creado, la posibilidad del caos llevado al terreno poético.

Séneca aquí y ahora es un lujo. El lujo es la única alternativa que tenemos nosotros los miserables de este país. El teatro es un lujo. La poesía es un lujo. La pintura es un lujo. La danza es un lujo. El pensamiento es un lujo. El maestro Musati lo expresa tajante: "El gusto por la mierda es un gusto burgués"