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Por divertimento, por considerar que los modos de manifestación teatral son múltiples e "incasillables", nuestras formas de representación son variopintas. Nos oponemos a esa peligrosa religiosidad que solo concede carta de existencia al teatro en una sola dirección, que es generalmente el estrecho molde conceptual de quien considera que su excelso cerebro puede determinar el verdadero teatro. ¿Y por qué no pensar a la manera generosamente abierta de Jean Renoir al definir el cine? «Todo aquello que se proyecta en una pantalla [escenario] es cine [teatro]». Cristobal Peláez.
En el Espectro Visible se despliega como un divertimento de anécdotas transhistóricas; un espacio donde el tiempo no es una línea, sino un acorde disonante. Aquí habita Conchertino desde el foso del teatro: un títere de esquizofrenia coral que custodia e introduce un inventario de terquedades humanas que se repiten con la insistencia de un sueño febril.
Es una historia de figuras que parecen arrancadas de un archivo olvidado para ser expuestas a la luz cruda del escenario: un Benkos Biohó que se juega la libertad de un pueblo en el vértigo de un partido de fútbol; un Sócrates que discute la belleza y el amor; el dolor de una madre que sostiene a su hijo muerto —esa Piedad que atraviesa los siglos— y la risa nerviosa de dos señoras que contemplan el vacío en una bodega abandonada.
El espectador entrará aquí a un «teatro en frío», donde las entrañas del escenario quedan expuestas y los actores habitan la escena antes de que la primera palabra se escuche. No busque el hilo de la lógica; esta pieza no pide ser comprendida, pide ser padecida con alegría.
La música es un arte del tiempo, el escenario es un arte del espacio, cuando los
dos se congregan nos aproximamos a un sentido de la totalidad perceptiva de la
realidad. Todo lo que no sea música nos fragmenta, nos disminuye, nos expulsa
del eje existencial. Y no estoy hablando solo de instrumentos ni de sonidos.
Cristóbal Peláez
Este proyecto surge en el 2020 bajo el pulso de los guiones de José Julián Villa, David Robledo y Juan Camilo Orozco. Fue una creación audiovisual colectiva que involucró a diversos artistas y grupos de música y teatro de la ciudad de Medellín cuando el mundo parecía detenerse y las preguntas sobre la libertad, el infierno y el mañana se volvieron carne en las voces de «la gente del común».
En aquel 2020, la pantalla nos devolvía los rostros de quienes aseguraban que «el infierno está aquí». Para el 2021, la propuesta se trasladó al escenario conservando las proyecciones y la música guapachosa de Gordos Project, configurando un grito interdisciplinario sobre el ancho espectro de nuestras emociones.
En 2025, el proyecto ha decidido despojarse de sus prótesis digitales. Hemos retirado los videos para conservar los cuadros vivos y la presencia física de los actores y músicos. La sonoridad ha mutado: músicos de La Pascasia traen consigo melodías melancólicas y populares que, cruzada con destellos de disco y ritmos actuales, envuelve la escena en una celebración.
Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia, es nuestra propia sombra proyectada en este espacio. Solo resta que el espectador se deje habitar por este divertimento de la misma forma en que nosotros hemos disfrutado su transformación.
¡Pasen y vean: el espectro inicial está a punto de encogerse!