Mutaciones en la cuarta pared

Por: ADA ORAMAS

Foto de Cristóbal Peláez Gonzalez

Quien siga la trayectoria de la Asociación Colectivo Teatral Matacandelas se percatará de la obsesión de Cristóbal Peláez, su director, por lograr que cada montaje señale una etapa nueva; aunque determinadas marcas identifican ya a la compañía, como la creación colectiva, el afán por explorar en que muchas veces no fueron concebidos para el teatro.

Cristóbal siente a Matacandelas como algo imprescindible en su vida, y por eso logra transmitir a los actores que dirige esa pasión por el teatro, y por un grupo que mereció la categoría de Patrimonio Cultural de la Ciudad de Medellín en 1991.

En sus 31 años de prolífica vida, este colectivo ha producido 50 montajes y se ha convertido en escuela, taller y laboratorio. Tres de esas puestas han venido a Cuba en su Mayo Teatral, y se han convertido en sucesos:
O marinheiro, La chica que quería ser Dios y Fernando González. Velada metafísica.

Un buscador de sortilegios

¿Desde cuándo inició su labor Matacandelas y por qué se le adjudicó esta denominación?

"Se fundó en 1979, en la ciudad de Envigado, Antioquia, provincia de Colombia. Lo denominamos así porque nos pareció un nombre de impacto para el público, aunque no tiene implícito ningún significado especial."

¿Qué caracterizó al colectivo por aquel entonces?

"Inicialmente era un grupo juvenil, vocacional. En nuestra provincia no existía una escuela de formación actoral sino, apenas, jóvenes entusiastas que ansiaban aproximarse al teatro, y lo hacían de una manera todavía muy tímida, y tomándolo como un hobby.

"Posteriormente, nos fuimos comprometiendo cada vez más con el teatro, asumiéndolo ya como un oficio, como profesión. De entonces acá, llevamos treinta y un años de labor continua en el campo del teatro, de los títeres y de la música."

¿Y hoy cómo definiría la estética del grupo?

"No es una estética permanente. El grupo es una exploración continua. Nos interesan mucho los lenguajes y hemos investigado bastante en el campo de la literatura, con autores, con poetas, y partiendo no de textos dramáticos predeterminados, sino de temas o de autores que, de pronto, nos interesa estudiarlos en su acción dramática."

¿Cuáles son los títulos que usted considera que marcaron etapas importantes en la historia de Matacandelas?

"La primera obra fue muy interesante, porque estaba signándonos como programa; tenía un carácter pedagógico y como tal influyó en el grupo, se titulaba Qué cuento es vuestro cuento, donde hicimos una especie de collage, lo que en nuestro entorno se suele llamar 'colcha de retazos'.

"El otro, cuando el colectivo incursiona en el campo de los títeres, en una especie de homenaje o de tributo que hicimos a la Comedia del arte, al teatro de barraca o de feria, porque es muy abierto y muy popular.

"Hay obras que la crítica nos ayudó a situar en un plano muy especial como O marinheiro, que se presentó en la sala Covarrubias de La Habana; y La chica que quería ser Dios, que también fue escenificada en esa sala.

"Otra obra inscrita en nuestro corazón, y no dirigida por mí sino por el italiano Luigi Maria Musatti, quien fue director de la escuela de arte dramático de Roma, es La caída de la casa Usher, una versión de la obra homónima de Edgar Allan Poe.

Y creo también ha sido muy grata esta obra que traemos acá este año, Fernando González. Velada metafísica.

Esta puesta es algo diferente en su repertorio. ¿Por qué la eligió?

"Era una deuda que teníamos contraída con ese autor, quien ha sido una especie de padre nacional. En su momento fue muy perseguido. No fue un autor dramático, sino 'un filósofo aficionado', como le gustaba llamarse. Una especie de emanador filosófico continuo. Desde el punto de vista político y filosófico, nosotros solemos decir que el director de Matacandelas ha sido Fernando González, y yo apenas he sido su sudbdirector.

"Fue un hombre que siempre vivió 'a la enemiga' y llegó a tener muchísimos problemas. En Envigado está su casita campestre, 'Otraparte'; allí actualmente hay un museo, con mucha proyección cultural, publicaciones y eventos, y nosotros tenemos el honor de formar parte de esa corporación."

¿Cuál montaje tienen en perspectiva en estos momentos?

"Estamos mirando varias posibilidades… Una de ellas es un montaje infantil que será una creación colectiva. Tenemos previsto también un próximo título a partir de Jorge Holguín, hombre que escribió un texto titulado Danzas privadas, un manual de rituales, no es un texto dramático."

"Holguín murió muy joven, a los 35 años, y es un autor bogotano, que logró conciliar algunos aspectos de la performance, el teatro y la danza. Esto es algo que nos interesa analizar, pues por ese camino aún no nos hemos metido. Vamos a preparar el próximo 'fracaso' por ahí."

¿Tiene pensado regresar a Cuba antes del próximo Mayo Teatral?

"Ojalá pudiéramos. Pero no es fácil para nosotros, que somos tan montañeros y nos resulta un tanto difícil salir de nuestro entorno...

"Aunque para nosotros Cuba significa un lazo de afecto sentimental y político muy grande. Y cada vez que venimos acá nos resulta reconfortante, porque no hay que perder de vista que La Habana ha sido y es una capital cultural muy importante en América Latina, como Buenos Aires.

"Pienso que hay aquí un magnífico público, muy entusiasta y muy cálido. Y de las pocas cosas que pueden admirarse en América Latina: aquí existe una crítica teatral".

Ya que se refiere a este tema… ¿Cómo calificaría este Mayo Teatral de Casa de las Américas?

"Pienso que es un puente. Y hay muy pocos, porque nosotros hemos tenido la oportunidad de visitar algunos países de América Latina, y de repente hay encuentros y muestras, pero no el intercambio que se está produciendo acá.

"A veces hay ciertos pivotes que son más profundos. En este caso, yo hablaría que el pivote de este Mayo Teatral, lo sorpresivo de esta edición ha sido el encuentro con Luis Valdez, el director del Teatro Campesino, en Estados Unidos. Se habla tanto de él, es una presencia tan fuerte, que hasta llegamos a pensar que no existía, que era como un fantasma. Todo el mundo hablaba de él, pero nadie lo conocía y no teníamos referencias suyas.

"Y de pronto, aparece aquí sorpresivamente. Y siempre que pensamos en el Teatro Campesino, pensamos en dos palabras, Luis Valdez. Pienso que le ha dado una identidad al Teatro Campesino, pues él sustenta tal criterio al decir que América Latina es un continente agrario, un continente de campesinos… Aunque las concentraciones urbanas se hayan acrecentado tanto, este es un continente que todavía siembra, que todavía recolecta, y que depende no tanto de la tecnología, sino de la comida.

"Esto ha sido un gran acontecimiento para nosotros y para Mayo Teatral, pues todos lo tenemos a él como un referente de lo que ha sido el Teatro Campesino en América Latina, un teatro comprometido con las causas y las ideas, con las nuevas urgencias que tenemos."

Extraido de: http://www.cubahora.cu