La caída de la casa Usher

Velada gótica I

de Edgar Allan Poe

Dramaturgia: Luigi Maria Musati

Ficha técnica

Actores
Juan David Toro - Diego Sánchez - Beatriz Prada - Sergio Dávila - Juan David Correa - Jonathan Cadavid - Margarita Betancur - María Isabel García - Ángela María Muñoz - John Fernando Ospina - Edwin García
Sonido
Tatiana López
Dramaturgia
Luigi Maria Musati
Composición musical
Julián Henao
Asesoría literaria
Óscar González
Escenario, luces, utilería y vestuario
Matacandelas
Diseño gráfico
Adriana Fernández
Producción
Cristóbal Peláez
Directores asistentes
Rigoberto Giraldo - Diego Sánchez
Dirección
Luigi Maria Musati

Esta obra ha sido realizada con el apoyo del municipio de Medellín, Programa Becas de Creación 2007. Una producción del Teatro Matacandelas – 2007.

SEQUENCIA O

El público entra en el callejón. Después que el último espectador ha entrado, la Gran Puerta se cierra con un golpe duro y seco. Se apagan inmediatamente las luces del callejón. Los actores abren de par en par la puerta del Teatro. Al centro de la puerta los gemelos Usher. Los demás actores están ubicados delante de la puerta una vez la han abierto irán retrocediendo poco a poco cuando comienzan a invitar al público a que entre. Tres figuras humanas desnudas en alto.

LOS DESNUDOS
La Caída de la Casa Usher
El Otoño de la Casa Usher
El Hundimiento de la Casa Usher

VOZ FEMENINA
Son Coeur

UN DESNUDO
¿No lo oyes?

VOZ FEMENINA
Est un luth suspendu

DOS DESNUDOS
¿No lo oyes?

VOZ FEMENINA
Sitôt qu’on le touche
Il résonne.

LOS TRES DESNUDOS
(crescendo angustioso)
¿No lo oyes?
¿No lo oyes?
¿No lo oyes?

Las tres figuras desnudas desaparecen. Una luz ilumina la puerta del Teatro

LOS ACTORES
Al público

¿Te acuerdas de él?
¿No lo olvidaste, cierto?
Te espera
Te esta esperando
Ven
Ven pronto
Ven
Ven pronto

El público entra en el recorrido. Los actores los acompañan con sus voces durante el recorrido, continúan con su texto.

SEQUENCIA 1

Sillas dispersas casi sin sentido. Libros. Espejos. Velas. Hojas de árbol secas en el piso. Tres actores de capa y capucha larga y negra (A) Están enrollados a las lámparas de procesión con luz de aceite, Parecen estatuas de madera negra que se desasen por su antigüedad. Un actor, el Narrador, permanece inmóvil del otro lado de la entrada del publico, mirando. Los otros (B) dispersos en el espacio repiten entre ellos moviéndose:

ACTORES B
¿Te acuerdas de él?
¿No lo olvidaste, cierto?

Después, invitando al publico los sientan uno a uno en las sillas:

Ven
Ven pronto
¿Te acuerdas de él?
¿No lo olvidaste, cierto?

Terminada la organización del público, los actores B siguen con el susurrar al oído de los espectadores, moviéndose cuidadosamente entre ellos.

NARRADOR
Todo un día del otoño del año, triste, oscuro, silencioso. Las nubes se cernían bajas y pesadas en el cielo. Solo. A caballo. Crucé. Una región singularmente lúgubre del país; y, al fin, al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher.

ACTORES B
(susurrando)
Usher
Usher
El Guardián
Usher
Usher
El Ujier

ACTORES A
(sin moverse) Roderick Usher había sido uno de los alegres compañeros de la adolescencia pero muchos años habían transcurrido desde el último encuentro

NARRADOR
Sin embargo, acababa de recibir una carta en una región distinta del país -una carta suya-, la cual, por su tono exasperadamente apremiante, no admitía otra respuesta que la presencia personal.

ACTORES A
Hablaba de una enfermedad física aguda,
de un desorden mental que le oprimía

NARRADOR
Y de un intenso deseo de verme por ser su mejor y, en realidad, su único amigo personal

ACTORES A
Con el propósito de lograr algún alivio a su mal.

ACTORES B
No sé cómo fue

NARRADOR
No sé cómo fue

ACTORES B
Pero a la primera mirada que eché al edificio

NARRADOR
No sé cómo fue

ACTORES B
Invadió mi espíritu un sentimiento de insoportable

NARRADOR
tristeza.

Largo silencio

Digo insoportable porque no lo atemperaba ninguno de esos sentimientos semiagradables, por ser poéticos, con los cuales recibe el espíritu aun las más austeras imágenes naturales de lo desolado o lo terrible. Miré

ACTORES B
el escenario
que tenía delante

NARRADOR
la casa y el sencillo paisaje del dominio, las paredes desnudas,

ACTORES A
las ventanas como ojos vacíos

ACTORES B
los ralos y siniestros juncos, y los escasos troncos de árboles agostados-

NARRADOR
con una fuerte depresión de ánimo únicamente comparable, como sensación terrena, al despertar del fumador de opio,

TODOS
la amarga caída en la existencia cotidiana, el horrible descorrerse del velo.

ACTORES B
Era una frialdad, un abatimiento, un malestar del corazón, una irremediable tristeza mental que ningún acicate de la imaginación podía desviar hacia forma alguna de lo sublime.

NARRADOR
¿Qué era, qué era lo que así me desalentaba en la contemplación de la Casa Usher?

ACTORES A
Misterio
insoluble

ACTORES B
yo no podía luchar

NARRADOR
Me vi obligado a incurrir en la insatisfactoria conclusión de que mientras hay, fuera de toda duda, combinaciones de simplísimos objetos naturales que tienen el poder de afectarnos así, el análisis de este poder se encuentra aún entre las consideraciones que están más allá de nuestro alcance. Era posible, reflexioné, que una simple disposición diferente de los elementos de la escena, de los detalles del cuadro, fuera suficiente para modificar o quizá anular su poder de impresión dolorosa.

ACTORES B
y, procediendo de acuerdo con esta idea, empujé mi caballo a la escarpada orilla de un estanque negro y fantástico que extendía su brillo tranquilo junto a la mansión;

NARRADOR
pero con un estremecimiento aún más sobrecogedor que antes, contemplé la imagen reflejada e invertida de los juncos grises,

ACTORES B
y los espectrales troncos,

ACTORES A
y las vacías ventanas como ojos.

NARRADOR
En esa mansión de melancolía, sin embargo, proyectaba pasar algunas semanas.

SECUENCIA 2

ACTORES B
Aunque de muchachos habíamos sido camaradas íntimos,
en realidad poco sabía de mi amigo.
Siempre se había mostrado excesivamente reservado.
Su
antiquísima
familia
se había destacado
desde tiempos inmemoriales
por una peculiar sensibilidad de temperamento
desplegada,
a lo largo de muchos años,
en numerosas y elevadas concepciones artísticas
y manifestada,
recientemente,
en repetidas obras de caridad generosas, aunque discretas,
así como en una apasionada devoción a las dificultades
más que a las bellezas ortodoxas y fácilmente reconocibles
de la ciencia musical.

ACTORES A
La estirpe de los Usher,
siempre venerable,
no había producido, en ningún periodo, una rama duradera
toda la familia
se limitaba a la línea de descendencia directa
y siempre
había sido así.
A lo largo de tantos siglos,
la transmisión
constante
de padre a hijo,
del patrimonio junto con el nombre,
era la que, al fin, identificaba tanto a los dos,
hasta el punto de fundir el título originario del dominio
en el extraño y equívoco nombre de Casa Usher,
nombre que parecía incluir,
entre los campesinos que lo usaban,
la familia y la mansión familiar.

SECUENCIA 3

NARRADOR
El solo efecto de mi experimento un tanto infantil de mirar en el estanque había ahondado la primera y singular impresión.

No cabe duda de que la conciencia del rápido crecimiento de mi superstición pues, ¿por qué no he de darle este nombre? servía especialmente para acelerar su crecimiento mismo.

Tal es, lo sé de antiguo, la paradójica ley de todos los sentimientos que tienen como base el terror.

Y debe de haber sido por esta sola razón que, cuando de nuevo alcé los ojos hacia la casa desde su imagen en el estanque, surgió en mi mente una extraña fantasía, fantasía tan ridícula, en verdad, que sólo la menciono para mostrar la vívida fuerza de las sensaciones que me oprimían.

Mi imaginación estaba excitada al punto de convencerme de que se cernía sobre toda la casa y el dominio una atmósfera propia de ambos y de su inmediata vecindad,

Una atmósfera sin afinidad con el aire del cielo.

Exhalada por los árboles marchitos.

Por los muros grises,

Por el estanque silencioso.

Un vapor pestilente y místico.

Opaco, pesado, apenas perceptible.

De color plomizo.

Sacudiendo de mi espíritu eso que tenía que ser un sueño, examiné más de cerca el verdadero aspecto del edificio.

ACTORES B
Su rasgo dominante parecía ser una excesiva antigüedad.

NARRADOR
Grande era la decoloración producida por el tiempo.

ACTORES A
Menudos hongos se extendían por toda la superficie, suspendidos desde el alero en una fina y enmarañada tela de araña.

NARRADOR
Pero esto nada tenía que ver con ninguna forma de destrucción.

ACTORES B
No había caído parte alguna de la mampostería, y parecía haber una extraña incongruencia entre la perfecta adaptación de las partes y la disgregación de cada piedra.

NARRADOR
Esto me recordaba mucho la aparente integridad de ciertos maderajes que se han podrido largo tiempo en alguna cripta descuidada,

ACTORES B
sin que intervenga el soplo del aire exterior. Aparte de este indicio de ruina general la fábrica daba pocas señales de inestabilidad.

NARRADOR
Quizá el ojo de un observador minucioso hubiera podido descubrir una fisura apenas perceptible que,

TODOS
extendiéndose desde el tejado del edificio, en el frente, se abría camino pared abajo, en zig-zag, hasta perderse en las sombrías aguas del estanque.

SECUENCIA 4

ACTORES A
Al narrador

Le espera
Le esta esperando

Uno de ellos «con paso furtivo» guía al Narrador en el laberinto formado por los espectadores. Objetos. Encuentro con el Médico

ACTORES A
relieves de cielorrasos, oscuros tapices en las paredes, pisos de ebano negro, fantasmagóricos trofeos heráldicos que rechinaban al pasar-

NARRADOR
En una de las escaleras encontré al médico de la familia.

ACTORES B
La expresión de su rostro, pensé, era una mezcla de baja astucia y de perplejidad.

NARRADOR
El criado abrió entonces una puerta y me dejó en presencia de su amo.

SECUENCIA 5

Aparece Roderick Usher.

ACTORES B
Una habitación muy amplia y alta.

ACTORES A
ventanas largas
estrechas
puntiagudas
inaccesibles
Débiles fulgores de luz carmesí
a través de los cristales enrejados

ACTORES B
los ojos luchaban en vano
para alcanzar los más remotos ángulos del aposento,
a los huecos del techo abovedado y esculpido.

ACTORES A
Oscuros tapices en las paredes.
Moblaje profuso, incómodo, antiguo y destartalado.
muchos libros e instrumentos musicales.

ACTORES B
en desorden,
que no lograban dar ninguna vitalidad a la escena.

NARRADOR
Sentí que respiraba una atmósfera de dolor. Un aire de dura, profunda e irremediable melancolía lo envolvía y penetraba todo. A duras penas pude llegar a admitir la identidad del ser exangüe que tenía ante mí, con el compañero de mi adolescencia.

ACTORES B
Sin embargo, el carácter de su rostro había sido siempre notable.

EL MÉDICO
La tez cadavérica; los ojos, grandes, líquidos, incomparablemente luminosos; los labios, un tanto finos y muy pálidos, pero de una curva extraordinariamente hermosa; la nariz, de delicado tipo hebreo, pero de ventanillas más abiertas de lo que es habitual en ellas; el mentón, finamente modelado, revelador, en su falta de prominencia, de una falta de energía moral; los cabellos, más suaves y más tenues que tela de araña: estos rasgos y el excesivo desarrollo de la región frontal constituían una fisonomía difícil de olvidar.

NARRADOR
Y ahora la simple exageración del carácter dominante de esas facciones y de su expresión habitual revelaban un cambio tan grande, que dudé de la persona con quien estaba hablando.

ACTORES B
La palidez espectral de la piel, el brillo milagroso de los ojos

NARRADOR
me sobresaltaron y aun me aterraron.

ACTORES A
El sedoso cabello, además, había crecido al descuido y, como en su desordenada textura de telaraña flotaba más que caía alrededor del rostro

NARRADOR
me era imposible, aun haciendo un esfuerzo, relacionar su enmarañada apariencia con idea alguna de simple humanidad.

USHER
Es un mal constitucional y familiar, y desespero de hallarle remedio… no, una simple afección nerviosa, que indudablemente pasara pronto.

Una acuidad mórbida de los sentidos; apenas soporto los alimentos más insípidos; no puedo vestir sino ropas de cierta textura; los perfumes de todas las flores me son opresivos; aun la luz más débil tortura mis ojos, y sólo pocos sonidos peculiares, y éstos de instrumentos de cuerda, no me inspiran horror.

NARRADOR
Vi que era un esclavo sometido a una suerte anormal de terror.

USHER
Moriré, tengo que morir de esta deplorable locura. Así, así y no de otro modo me perderé. Temo los sucesos del futuro, no por sí mismos, sino por sus resultados. Me estremezco pensando en cualquier incidente, aun el más trivial, que pueda actuar sobre esta intolerable agitación. No aborrezco el peligro, como no sea por su efecto absoluto: el terror. En este desaliento, en esta lamentable condición, siento que tarde o temprano llegará el periodo en que deba abandonar vida y razón a un tiempo, en alguna lucha con el torvo fantasma: el miedo.

NARRADOR
Estaba dominado por ciertas impresiones supersticiosas relativas a la morada que ocupaba y de donde, durante muchos años, nunca se había aventurado a salir, supersticiones relativas a una influencia…

USHER
Una influencia que algunas peculiaridades de la simple forma y material de la casa familiar han ejercido sobre mi espíritu, a fuerza de soportarlas largo tiempo; efecto que el aspecto físico de los muros y las torrecillas grises y el oscuro estanque en el cual éstos se miran han producido, a la larga, en la moral de mi existencia.

NARRADOR
Admitía, sin embargo, aunque con vacilación, que podía buscarse un origen más natural y más palpable a mucho de la peculiar melancolía que así lo afectaba:

NARRADOR y USHER
la cruel y prolongada enfermedad, la disolución evidentemente próxima de una hermana tiernamente querida, su única compañía durante muchos años, su último y solo pariente sobre la tierra.

NARRADOR
decía con una amargura que nunca podré olvidar:

USHER
Su muerte hará de mí (de mí, el desesperado, el frágil) el último de la antigua raza de los Usher.

SECUENCIA 6

Aparece Madeline. Toda su tensión está dirigida a Roderick. Mueve la boca como si hablara, pero no se siente ningún sonido. Como ha aperecido, desaparece.

NARRADOR
Mientras hablaba, Madeline (que así se llamaba) pasó lentamente por un lugar apartado del aposento y, sin notar mi presencia, desapareció. La miré con extremado asombro, no desprovisto de temor, y sin embargo me es imposible explicar estos sentimientos. Una sensación de estupor me oprimió, mientras seguía con la mirada sus pasos que se alejaban. Cuando por fin una puerta se cerró tras ella, mis ojos buscaron instintiva y ansiosamente el semblante del hermano, pero éste había hundido la cara entre las manos y sólo pude percibir que una palidez mayor que la habitual se extendía en los dedos descarnados, por entre los cuales se filtraban apasionadas lágrimas.

MEDICO
La enfermedad de Madeline había burlado durante mucho tiempo la ciencia de sus médicos. Una apatía permanente, un agotamiento gradual de su persona y frecuentes aunque transitorios accesos de carácter parcialmente cataléptico eran el diagnóstico insólito. A Usher Hasta entonces había soportado con firmeza la carga de su enfermedad, negándose a guardar cama, pero sucumbió esta noche al poder aplastante del destructor…

NARRADOR
y supe que la breve visión que yo había tenido de su persona sería probablemente la última para mí, que nunca más vería a Madeline, por lo menos en vida.

SECUENCIA 7

USHER
ni Usher

NARRADOR
ni yo

NARRADOR y USHER
mencionamos su nombre, en los varios días posteriores

NARRADOR
y durante este periodo me entregué a vehementes esfuerzos para aliviar la melancolía de mi amigo. USHER Pintábamos y leíamos juntos;

NARRADOR
o yo escuchaba, como en un sueño, las extrañas improvisaciones de su elocuente guitarra. Y así, a medida que una intimidad cada vez más estrecha me introducía sin reserva en lo más recóndito de su alma, iba advirtiendo con amargura la futileza de todo intento de alegrar un espíritu cuya oscuridad, como una cualidad positiva, inherente, se derramaba sobre todos los objetos del universo físico y moral, en una incesante irradiación de tinieblas.

ACTORES B
Siempre tendré presente el recuerdo de las muchas horas solemnes que pasé a solas con el amo de la Casa Usher. Una idealidad exaltada, enfermiza, arrojaba un fulgor sulfúreo sobre todas las cosas. Sus largos e improvisados cantos fúnebres resonarán eternamente en mis oídos. Las pinturas que nutrían su laboriosa imaginación y cuya vaguedad crecía a cada pincelada (vaguedad que me causaba un estremecimiento tanto más penetrante, cuanto que ignoraba su causa) por su extremada simplicidad, por la desnudez de sus diseños, atraían la atención y la subyugaban.

NARRADOR
Si jamás un mortal pintó una idea, ese mortal fue Roderick Usher.

USHER
El interior de una bóveda o túnel inmensamente largo, rectangular, con paredes bajas, lisas, blancas, sin interrupción ni adorno alguno. La excavación se halla a mucha profundidad bajo la superficie de la tierra. Ninguna saliencia en toda la vasta extensión, ni una antorcha o cualquier otra fuente artificial de luz. Flota por todo el espacio una ola de intensos rayos que bañaban el conjunto con un esplendor inadecuado y espectral.

Canta con Madeline, que aparece junto a él como un fantasma

En el más verde de nuestros valles
Por ángeles buenos habitado,
erguíase un bello palacio lleno
de majestad y hermosura.
Se alzaba en el
Dominio del monarca Pensamiento,
nunca serafín abrió sus alas
sobre mansión tan bella.

Estandartes Amarillos, sobre el techo
flotaban, gloriosos y dorados
(esto, todo esto
sucedió hace mucho tiempo);
y con la brisa que jugaba
en tan dulces días, en tan gozosos días,
por las almenas se expandía
una fragancia alada. \

Y los que erraban en el valle,
por dos ventanas de luz veían
a espíritus danzando al ritmo de templados laúdes,
en torno al trono donde
(¡porfirogéneto!)
envuelto en merecida pompa,
sentábase el señor del reino.

Y todo con perlas y brillantes rubíes
era la puerta del palacio,
de donde fluían, ríos,
y desde la eternidad una turba de ecos, de gentil deber:
la de cantar con altas y bellas melodías
del genio y saber
de su rey.

Pero, seres vestidos de tristeza
Invadieron sus dominios,
(¡Ah, duelo y luto! ¡Nunca
nacerá otra alborada! oh dolor)
Y en torno a la casa de su gloria,
y entre rubores florecía la vieja historia,
sepultada en el olvido. \

Y los viajeros, desde el valle,
por las ventanas ahora rojas,
ven vastas formas que se mueven
en fantasmales discordancias,
mientras, cual espectral torrente,
por la pálida puerta
sale una horrenda multitud que ríe…
pues la sonrisa ha muerto.

Madeline desaparece

Todo, todo en este mundo sublunar vive y siente. Todo lo seres sienten. Aun lo seres vegetales y bajo ciertas condiciones, el reino de lo inorgánico. Las piedras grises de la casa de mis antepasados, viven y sienten. Las condiciones de la sensibilidad han sido satisfechas por el método de colocación de esas piedras, por el orden en que estan dispuestas, así como por los numerosos hongos que las cubren y los marchitos árboles circundantes, pero, sobre todo, por la prolongación inmodificada de este orden y su duplicación en las quietas aguas del estanque.

ACTORES A
La evidencia de esa sensibilidad puede comprobarse, en la gradual pero segura condensación de una atmósfera propia en torno a las aguas y a los muros. El resultado es discernible en esa silenciosa, mas importuna y terrible influencia que durante siglos ha modelado los destinos de la familia.

USHER
Haciendo de mí lo que fuí.

ACTORES B
Estudiábamos juntos obras tales como el Verver et Chartreuse, de Gresset; el Belfegor, de Maquiavelo; Del cielo y del infierno, de Swedenborg; el Viaje subterráneo de Nicolás Klim, de Holberg; la Quiromancia de Robert Flud, de Jean D’Indaginé y De la Chambre; el Viaje a la distancia azul, de Tieck; y La ciudad del sol, de Campanella. Nuestro libro favorito era un pequeño volumen en octavo del Directorium Inquisitorium, del dominico Eymeric de Gironne, y había pasajes de Pomponius Mela sobre los viejos sátiros africanos y egibanos, con los cuales Usher soñaba horas enteras. Pero encontraba su principal deleite en la lectura cuidadosa de un rarísimo y curioso libro gótico en cuarto -el manual de una iglesia olvidada- Vigiliæ Mortuorum Secundum Chorum Ecclesiæ Maguntinæ.

SECUENCIA 8

La voz femenina retoma el dies irae. Latídos del corazón. Stop Voz y latídos.

USHER
Madeline Usher ha dejado de existir

ACTORES A
Vanidad de vanidades

La broca y el filo de plata

USHER
Declaro mi intención de preservar su cuerpo durante quince días, antes de su inhumación definitiva.

ACTORES A
Vanidad de vanidades

USHER
En una de las numerosas criptas aquí, en la Casa.

ACTORES B
A pedido de Usher, lo ayudé personalmente en los preparativos de la sepultura temporaria. Ya en el ataúd, los dos solos llevamos el cuerpo a su lugar de descanso.

ACTORES A
La cripta, por tanto tiempo clausurada que las antorchas casi se apagaron en su atmósfera opresiva, era pequeña, húmeda y desprovista de toda fuente de luz; estaba a gran profundidad.

NARRADOR
Justamente bajo la parte de la casa que ocupaba mi dormitorio.

ACTORES A
Había desempeñado, en remotos tiempos feudales, el siniestro oficio de mazmorra, y en los últimos tiempos el de depósito de pólvora o alguna otra sustancia combustible

ACTORES B
Pues una parte del piso y todo el interior del largo pasillo abovedado que nos llevara hasta allí estaban cuidadosamente revestidos de cobre. La puerta, de hierro macizo, tenía una protección semejante.

ACTORES A
Su inmenso peso, al moverse sobre los goznes, producía un chirrido agudo, insólito.

ACTORES B
Una vez depositada la fúnebre carga sobre los caballetes, en aquella región de horror, retiramos parcialmente hacia un lado la tapa todavía suelta del ataúd, y miramos la cara de su ocupante. Un sorprendente parecido entre el hermano y la hermana fue lo primero que atrajo mi atención.

USHER
Mellizos…
entre ambos siempre han existido
simpatías
casi inexplicables.

ACTORES B
Nuestros ojos, sin embargo, no se detuvieron mucho en la muerta, porque no podíamos mirarla sin espanto.

MÉDICO
El mal que llevara a Madeline a la tumba en la fuerza de la juventud había dejado, como es frecuente en todas las enfermedades de naturaleza estrictamente cataléptica, la ironía de un débil rubor en el pecho y la cara, y esa sonrisa suspicaz, lánguida, que es tan terrible en la muerte.

ACTORES B
Volvimos la tapa a su sitio, la atornillamos y, asegurada la puerta de hierro, emprendimos camino, con fatiga, hacia los aposentos apenas menos lúgubres de la parte superior de la casa.

SECUENCIA 9

NARRADOR
Y entonces, transcurridos algunos días de amarga pena, sobrevino un cambio visible en las características del desorden mental de mi amigo.

ACTORES B
Sus maneras habituales habían desaparecido.

ACTORES A
Descuidaba u olvidaba sus ocupaciones comunes.
Erraba de aposento en aposento
con paso presuroso, desigual, sin rumbo.

NARRADOR
La palidez de su semblante había adquirido, si era posible tal cosa, un tinte más espectral, pero la luminosidad de sus ojos había desaparecido por completo. El tono a veces ronco de su voz ya no se oía, y una vacilación trémula, como en el colmo del terror, caracterizaba ahora su pronunciación.

Por momentos, en verdad, pensé que algún secreto opresivo dominaba su mente agitada sin descanso, y que luchaba por conseguir valor suficiente para divulgarlo. Otras veces, en cambio, me veía obligado a reducirlo todo a las meras e inexplicables divagaciones de la locura,

ACTORES B
Lentamente pues lo veía contemplar el vacío horas enteras, en actitud de profundísima atención, como si escuchara algún sonido imaginario.

NARRADOR
No es de extrañarse que su estado me aterrara, que me inficionara. Sentía que a mi alrededor, a pasos lentos pero seguros, se deslizaban las extrañas influencias de sus supersticiones fantásticas y contagiosas.

SECUENCIA 10

El narrador comienza a desvestirse, como para ir a la cama. Su acción es compulsiva y contradictoria.

ACTORES A
la noche del séptimo u octavo día, después de que Madeline fuera depositada en la mazmorra, ACTORES B y siendo ya muy tarde,

NARRADOR
experimenté de manera especial y con toda su fuerza esos sentimientos.

ACTORES B
El sueño no se acercaba y las horas pasaban y pasaban.

NARRADOR
Luché por racionalizar la nerviosidad que me dominaba. Traté de convencerme de que mucho, si no todo lo que sentía, era causado por la desconcertante influencia del lúgubre moblaje de la habitación,

ACTORES A
de los tapices oscuros y raídos que, atormentados por el soplo de una tempestad incipiente, se balanceaban espasmódicos de aquí para allá sobre los muros y crujían desagradablemente alrededor de los adornos del lecho.

NARRADOR
Pero mis esfuerzos eran infructuosos.

ACTORES B
Un temblor incontenible fue invadiendo gradualmente el cuerpo, y al fin se instaló sobre el corazón un íncubo, el peso de una alarma por completo inmotivada.

NARRADOR
Lo sacudí,

ACTORES B
jadeando, luchando,

NARRADOR
me incorporé sobre las almohadas ACTORES B y, mientras miraba ansiosamente en la intensa oscuridad del aposento,

NARRADOR
presté atención

ACTORES B
-ignoro por qué, salvo que me impulsó una fuerza instintiva-

NARRADOR
a ciertos sonidos

ACTORES B
ahogados, indefinidos,

NARRADOR
que llegaban en las pausas de la tormenta,

ACTORES B
con largos intervalos,

NARRADOR
no sé de dónde.

Dominado por un intenso sentimiento de horror,

ACTORES A y B
inexplicable pero insoportable,

NARRADOR
intenté salir de la lamentable condición en que había caído,

ACTORES A y B
recorriendo rápidamente la habitación de un extremo al otro.

Entra Usher

NARRADOR Y USHER
Su semblante tenía, como de costumbre, una palidez cadavérica, pero además había en sus ojos una especie de loca hilaridad, una histeria evidentemente reprimida en toda su actitud.

NARRADOR
Su aire me espantó, pero todo era preferible a la soledad que había soportado tanto tiempo, y hasta acogí su presencia con alivio.

USHER
¿No lo has visto?
¿No lo has visto?
Pues aguarda, lo verás.

ACTORES B
La ráfaga entró con furia tan impetuosa que estuvo a punto de levantarnos del suelo.

NARRADOR
Era, en verdad, una noche tempestuosa, pero de una belleza severa, extrañamente singular en su terror y en su hermosura.

ACTORES A
Un torbellino desplegaba su fuerza había frecuentes y violentos cambios en la dirección del viento;

NARRADOR
la excesiva densidad de las nubes

ACTORES B
(tan bajas que oprimían casi las torrecillas de la casa) no nos impedía advertir la viviente velocidad con que acudían de todos los puntos,

NARRADOR y USHER
mezclándose unas con otras sin alejarse.

NARRADOR
y sin embargo no nos llegaba ni un atisbo de la luna o de las estrellas, ni se veía el brillo de un relámpago.

NARRADOR y USHER
Pero las superficies inferiores de las grandes masas de agitado vapor, así como todos los objetos terrestres que nos rodeaban, resplandecían en la luz extranatural de una exhalación gaseosa,

ACTORES A
apenas luminosa y claramente visible, que se cernía sobre la casa y la amortajaba.

NARRADOR
A Usher ¡No debes mirar… no mires! Estos espectáculos, que te confunden, son simples fenómenos eléctricos nada extraños, o quizá tengan su horrible origen en el miasma corrupto del estanque. Cerremos esta ventana; el aire está frío y es peligroso para tu salud. Aquí tienes una de tus novelas favoritas. Yo leeré y me escucharás, y así pasaremos juntos esta noche terrible.

SECUENCIA 11

ACTORES A
“Y Ethelred, que era por naturaleza un corazón valeroso, y fortalecido, además, gracias al poder del vino que había bebido, no aguardó el momento de parlamentar con el eremita, quien, en realidad, era de índole obstinada y maligna; mas sintiendo la lluvia sobre sus hombros, y temiendo el estallido de la tempestad, alzó resueltamente su maza y a golpes abrió un rápido camino en las tablas de la puerta para su mano con guantelete, y, tirando con fuerza hacia sí, rajó, rompió, lo destrozó todo en tal forma que el ruido de la madera seca y hueca retumbó en el bosque y lo llenó de alarma.”

ACTORES B
pareció

NARRADOR
aunque en seguida concluí que mi excitada imaginación me había engañado

ACTORES B
pareció que, de alguna remotísima parte de la mansión, llegaba confusamente a los oídos algo que podía ser, por su exacta similitud, el eco

NARRADOR
aunque sofocado y sordo, por cierto

ACTORES B
del mismo ruido de rotura, de destrozo que Launcelot había descrito con tanto detalle.

NARRADOR
Fue, sin duda alguna, la coincidencia lo que atrajo mi atención pues, entre el crujir de los bastidores de las ventanas y los mezclados ruidos habituales de la tormenta creciente, el sonido en sí mismo nada tenía, a buen seguro, que pudiera interesarme o distraerme.

ACTORES A
“Pero el buen campeón Ethelred pasó la puerta y quedó muy furioso y sorprendido al no percibir señales del maligno eremita y encontrar, en cambio, un dragón prodigioso, cubierto de escamas, con lengua de fuego, sentado en guardia delante de un palacio de oro con piso de plata, y del muro colgaba un escudo de bronce reluciente con esta leyenda:

ACTORES B
Quien entre aquí, conquistador será;
Quien mate al dragón, el escudo ganará.

ACTORES A
“Y Ethelred levantó su maza y golpeó la cabeza del dragón, que cayó a sus pies y lanzó su apestado aliento con un rugido tan hórrido y bronco y además tan penetrante que Ethelred se tapó de buena gana los oídos con las manos para no escuchar el horrible ruido, tal como jamás se había oído hasta entonces.”

NARRADOR
Aquí me detuve otra vez bruscamente, y ahora con un sentimiento de violento asombro,

ACTORES B
pues no podía dudar de que en esta oportunidad había escuchado realmente

NARRADOR
aunque me resultaba imposible decir de qué dirección procedía

ACTORES B
un grito insólito, un sonido chirriante, sofocado y aparentemente lejano, pero áspero, prolongado, la exacta réplica de lo que mi imaginación atribuyera al extranatural alarido del dragón, tal como lo describía el novelista.

NARRADOR
Oprimido, como por cierto lo estaba desde la segunda y más extraordinaria coincidencia, por mil sensaciones contradictorias, en las cuales predominaban el asombro y un extremado terror, conservé, sin embargo, suficiente presencia de ánimo para no excitar con ninguna observación la sensibilidad nerviosa de mi compañero.

ACTORES B
No era nada seguro que hubiese advertido los sonidos en cuestión, aunque se había producido durante los últimos minutos una evidente y extraña alteración en su apariencia.

NARRADOR
Desde su posición frente a mí había hecho girar gradualmente su silla, de modo que estaba sentado mirando hacia la puerta de la habitación, y así sólo en parte podía ver yo sus facciones, aunque percibía sus labios temblorosos, como si murmuraran algo inaudible.

ACTORES B
Tenía la cabeza caída sobre el pecho, pero no estaba dormido. Los ojos muy abiertos, fijos. Se mecía de un lado a otro con un balanceo suave, pero constante y uniforme.

ACTORES A
“Y entonces el campeón, después de escapar a la terrible furia del dragón, se acordó del escudo de bronce y del encantamiento roto, apartó el cuerpo muerto de su camino y avanzó valerosamente sobre el argentado pavimento del castillo hasta donde colgaba del muro el escudo, el cual, entonces, no esperó su llegada, sino que cayó a sus pies sobre el piso de plata con grandísimo y terrible fragor.”

NARRADOR
Apenas habían salido de mis labios estas palabras, cuando -como si realmente un escudo de bronce, en ese momento, hubiera caído con todo su peso sobre un pavimento de plata - percibí un eco claro, profundo, metálico y resonante, aunque en apariencia sofocado.

Sus ojos miraban fijos hacia adelante y dominaba su persona una rigidez pétrea.

USHER
-¿No lo oyes? Sí, yo lo oigo y lo he oído. Mucho, mucho, mucho tiempo… muchos minutos, muchas horas, muchos días lo he oído, pero no me atrevía… ¡Ah, compadéceme, mísero de mí, desventurado! ¡No me atrevía… no me atrevía a hablar! ¡La encerramos viva en la tumba! ¿No dije que mis sentidos eran agudos? Ahora te digo que oí sus primeros movimientos, débiles, en el fondo del ataúd. Los oí hace muchos, muchos días, y no me atreví, ¡no me atrevía hablar! ¡Y ahora, esta noche, Ethelred, ja, ja! ¡La puerta rota del eremita, y el grito de muerte del dragón, y el estruendo del escudo!… ¡Di, mejor, el ruido del ataúd al rajarse, y el chirriar de los férreos goznes de su prisión, y sus luchas dentro de la cripta, por el pasillo abovedado, revestido de cobre! ¡Oh! ¿Adónde huiré? ¿No estará aquí pronto? ¿No se precipita a reprocharme mi prisa? ¿No he oído sus pasos en la escalera? ¿No distingo el pesado y horrible latido de su corazón? ¡INSENSATO!¡INSENSATO! ¡TE DIGO QUE ESTÁ DEL OTRO LADO DE LA PUERTA!

Entra Madeline, abrazo con Roderick y caída

SECUENCIA 12

NARRADOR
De aquel aposento, de aquella mansión huí aterrado.

ACTORES B
Afuera seguía la tormenta en toda su ira cuando me encontré cruzando la vieja avenida.

NARRADOR
De pronto surgió en el sendero una luz extraña y me volví para ver de dónde podía salir fulgor tan insólito,

ACTORES A
pues la vasta casa y sus sombras

NARRADOR
quedaban solas a mis espaldas.

ACTORES A
El resplandor venía de la luna llena,

ACTORES B
roja como la sangre,

ACTORES A
que brillaba ahora a través de aquella fisura casi imperceptible

ACTORES B
dibujada en zig-zag desde el tejado del edificio hasta la base.

NARRADOR
Mientras la contemplaba, la fisura se ensanchó rápidamente,

ACTORES A
pasó un furioso soplo del torbellino,

ACTORES B
todo el disco del satélite irrumpió de pronto ante mis ojos

NARRADOR
y mi espíritu vaciló al ver desmoronarse los poderosos muros,

ACTORES B y A
y hubo un largo y tumultuoso clamor como la voz de mil torrentes,

NARRADOR
y a mis pies el profundo y corrompido estanque se cerro, sombrío, silencioso, sobre los restos de la Casa Usher

Boletería