La bella y la bestia

Creación Colectiva

Galería
Afiche La bella y la bestia
Actores
Sara Marín - Juan David Correa - Juan David Toro - Tatiana Restrepo - Samuel Marroquín - Alejandro Vásquez - Diana Valverde - Diana Acosta - Nicolas Muñoz
Escenografía
Ana María Giraldo
Músicos
Angela Muñoz - María Isabel García - John Fernando Ospina - Margarita Betancur - Camila Alvis - Jaime Chávez - Samuel Marroquín
Dirección
Cristóbal Peláez
Operación de Sonido
Andrés Sánchez
Operación de luces
Santiago Cañas
Dramaturgia
Cristóbal Peláez - Juan David Toro - Beatriz Prada
Dirección musical y arreglos
Jaime Chávez

La bella y la bestia

Los niños creen en lo que les cuentan y no lo ponen en duda”, dice el Trovador al abrir esta historia, y con esa frase nos pide un acto de fe que no es más que un acto de teatro: dejarse llevar. Porque en el fondo todo teatro infantil es un pacto entre adultos y niños, donde los primeros fingen que han olvidado el mundo y los segundos fingen que aún no lo conocen.

Si hay un terreno donde el teatro recupera sus poderes originales es el de los cuentos de hadas. Allí el pacto con el espectador es total: basta decir “érase una vez” para que un auditorio entero, sin distinciones de edad ni de escepticismo, acceda a un mundo donde los animales conversan, las rosas conceden deseos y la fealdad puede ser la más honesta forma de la belleza. El teatro le debe mucho a ese antiguo artificio.

Nuestra Bella y la bestia parte de tres fuentes confesas: el film de Jean Cocteau, que convirtió el cuento en una inquietante atmósfera de ensueño; Pepe el Pepenador de Vivian Blumenthal; y La verdadera y singular historia de la princesa y el dragón de José Luis Alonso de Santos, que nos enseñó que un antiguo relato puede decir cosas nuevas cuando se le mira desde adentro. De esas tres aguas hemos armado un artefacto propio, festivo y musical, donde lo clásico convive con el humor, y donde diciembre es el paisaje natural de la historia.

Ahora bien, ¿qué hace un grupo de teatro que se ha medido con Pessoa, con Beckett, con Poe, con Sylvia Plath, montando un cuento de hadas para niños? La respuesta es sencilla: hacer teatro infantil es lo más difícil que existe. El niño es el público perfecto porque es el más honesto, el más exigente, el más despiadado.

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