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...Una canción escrita en púrpura
sobre la muerte.
JOHN KEATS.
Esta puesta en escena es
entrelazar diferentes textos de Andrés Caicedo
(Recibiendo al Nuevo Alumno, Maternidad y las obras
inéditas, La Estatua del Soldadito de Plomo y dos
versiones anteriores de Los Diplomas), con dramaturgia de
Cristobal Peláez y la visión plástica de los actores
donde la obra de teatro "Recibiendo al Nuevo
Alumno" y el cuento "Maternidad"
constituyen la base, es hacer una fusión de textos de
este poeta de la juventud y tratar de darles forma dentro
de un marco muy riguroso, con artificio, a través de los
pocos pero grandes medios que poseemos: las luces, la
música, el actor, el sonido y un espacio vacío,
pretendiendo que la poesía surja de ahí, de lo mínimo.
Hemos recurrido a este
collage de textos, para tratar de actualizar, no el tema
o el contenido sino más bien el subtexto, vale decir: la
representación misma. Al hablar de actualizar también
hay una intención de traer de la melena al autor a la
estética del Matacandelas.
En el intento anterior (Angelitos
Empantanados) fuimos directamente hasta las fuentes
del autor, ahora que lo conocemos un poco más queremos
que sus textos vengan hacia nosotros, por ello narramos
esta obra desde el punto de vista de la muerte, que para
nosotros habitantes de esta ciudad y de este país es un
fantasma que nos sigue; mirar la vida desde lo extraño,
desde lo desconocido, pero al mismo tiempo tan cercano
¿Más allá de cotidiano hacia la experiencia nueva?.
Con este Cesare Pavese podríamos decir que la muerte no
es una experiencia nueva pues antes de nacer ya
estábamos muertos.
El choque entre el
despertar emocional, psicológico, intelectual y sexual
de los jóvenes colegiales y una educación que no les
prepara absolutamente para nada, produce en muchos la
muerte del DESEO de la vida pero en otros el DESEO de
trascender en algo.
En "Los
Diplomas", una obra en donde el tema bien podría
ser el desasociego, seguimos ensayando algo que empezó
años atrás con "Oh Marinheiro", la dirección
escénica compartida. Es una forma de abrirnos espacio en
el difícil camino de la creación, de hacer brotar la
imaginación, a través de ideas, en algunos casos
totalmente contrarias. Es la confrontación la que nos
hace plasmar en el escenario todo lo que nos produce
estos hermosos textos del autor caleño.
En general en todos los
montajes nuestros hay una participación muy colectiva:
todos tenemos derecho y obligación de opinar, puesto que
el producto final es la visión de un conjunto, no
escuetamente la de un director. Siempre partimos del
actor y de las necesidades directas de la escena, de la
lógica de la estructura dramática, no nos imponemos al
entrar a las sesiones de ensayo un esquema
predeterminado. Los directores deben estar siempre
atentos a todo lo que insinúe el desarrollo de la
acción, y transformar toda la filosofía en imágenes.
Más que directores ser, para los actores, un cóncavo
espejo.
Es un verdadero placer
hablar de nuestra realidad a través de las palabras de
este poeta, cuando hemos navegado por las aguas de
clásicos modernos, Tennesse Williams, Federico García
Lorca, Eugene Ionesco, Beckett, Jean Cocteau, Franz Xaver
Kroetz, Pessoa, Tardieu u otros más, es además del
gusto que nos une a Caicedo, cabalgar sobre nuestras
propias ciudades (Medellín, Cali), cabalgar sobre
nuestras propias visiones é ideas.
No sabemos si nuestra
misión es llegar a crearnos una dramaturgia nacional, a
lo sumo solo unos estamos preparando el camino para esto,
pero Andrés ya está inscrito en sus inicios.
Es para nosotros,
hacedores de la cosa teatral, muy satisfactorio que
vengan los jóvenes niños adolescentes al teatro a
disfrutar de este viaje, que lleguen, como en
"Angelitos" a nuestro pequeño, agradable y
modestísimo teatro para ver, oír y sentir al poeta
maldito.
Nadie deliberadamente
monta mal teatro, decía el maestro Stanislavshi.
Nosotros hemos procurado hacer "LOS DIPLOMAS"
con mucho Deseo, con mucha rabia, y con un inmenso placer
de hacer y de decir de la mejor forma posible. Si el
público logra captar esto y soslayarse en una gran
emoción habremos cumplido, si no que se nos aplique el
letrero de Saloon del Far West: "Se ruega no
disparar sobre el pianista, él lo hace lo mejor que
puede".
Maria Isabel García.
1997
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