ÉL

Por Cristóbal Peláez González

Este escrito, que finge ser un poema —lo disimula con su topografía vertical—, apareció publicado como inserto (esas cosas de llegar siempre tarde a la impresión), en el libro de Catherine Rendón sobre el pintor Guillermo Vélez Mejía El gesto desnudo, año 2023.

«Como si quisiera asir la vasta lona del cielo y a puño traerla a tierra… como si diez mil demonios tirasen de su chaqueta».

— Federico Engels sobre Karl Marx

Retrato de Guillermo Vélez Mejía, «Memo» Vélez
Guillermo Vélez Mejía, «Memo» Vélez, en su taller.
No hay manera de precisarlo, no cabe en algo, se rebosó en solo sesenta y un años desde aquel lunes de un veinticuatro de enero de milnovescientoscincuentaycinco en que se extendió a la rugosidad del mundo. Nació morado y muerto casi y los médicos dijeron que a esa cosa le faltaba aire, pulmón, que de salvarse iba a ser un tonto o un loco o un genio, fue todo eso, además un llorón empedernido. Era hechicero con la espátula con el pincel con la brocha con sus manos cocineras y embrujaba mucho más con sus palabras donde solía inventar idiomas Papa achechea, tuca pola indupresa dombe ela, son tolo ruscopolo bimba sea. Dumba dacomba checa embolsa so seta saseta toca ha ha También inventaba la risa y la ira y la mirada de soslayo tan temible Salido de la ropa siempre y de la piel fue un producto bruto de la tierra, Dioniso, perro dragón que con el disfraz de un cigarrillo Pielroja echaba fuego por la boca, Cuerpo adentro estaba atiborrado de lava de ceniza de furia de piedra vulcanizada de colores de piedad de alcohol y siempre niño mantuvo acurrucada su cabeza en las multitudes de vientres de sus amadas sinvergüenzas.
Memo Vélez disfrazado del padre Ubú, con máscara roja y la espiral pintada sobre el vientre
Memo Vélez como el padre Ubú, con la espiral patafísica sobre el vientre.
Hay un rastro diminuto de él en sus pinturas, en las bicicletas, en los versos de César Vallejo, en los sancochos, en Lucien Freud, en los humos de la marihuana, en los ojos de la humanidad enferma, en sus brevísimos escritos, solo un rastro, no nos hagamos falsas ilusiones, él ya no es, la majestuosa nada se fue tragando todo y no podemos decir que Guillermo Vélez Mejía está en la nadas porque en la nada, nada acampa, ni la nada misma. Queda algo, si, muchos cuadros, por ejemplo este libro, por ejemplo, y voy recogiendo indicios de aquel gigante, amada bestia, que durante solo seis décadas y un año recorrió la tierra. Y tengo un archivo completísimo de sus contadas historias que todavía nos divierten hasta la carcajada (y hasta la madrugada) a los provisionales sobrevivientes de este mundo.

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