El Mediumuerto
o ¿pero no se supone, Roger, que los médiums no se mueren?
para 99 espectadores
De José Domingo Garzón
Bogotá, octubre de 2008
Ficha técnica
- Género
- Tragicomedia milenarista
- Reparto
- Diego Sánchez - Beatriz Prada - María Isabel García - Juan David Correa - John Ospina - Sergio Dávila - Edwin Alcides García - Ángela María Muñoz - Juan David Toro - Tatiana López
- Composición y dirección musical
- Ángela María Muñoz
- Luces
- Cristóbal Peláez
- Sonido
- Jonathan Cadavid
- Escenario, vestuario y utilería
- Matacandelas
- Diseño gráfico
- José Domingo Garzón
- Dibujos animaciones
- Sergio Dávila Forero
- Animación
- Revolver Santos Films
- Producción
- Cristóbal Peláez G.
- Asistencia de dirección
- Margarita Betancur
- Dramaturgia y dirección
- José Domingo Garzón
- Coproducción
- Teatro Matacandelas - XII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá 2010
PERSONAJES
El médium, Reinel Robayo
Sara, su hija
Ruth, su otra hija
Roger Vaughum y Omar Villa, una pareja
John Estelívar Gámez, un motociclista
Astor, otro médium
Deyanira, ex - amante de Reinel
Dos hombres, dos máscaras, espíritus
ACTO PRIMERO · EL MÉDIUM MUERTO
CUADRO UNO
(Es el 31 de diciembre de 1999. El escenario es una casa grande de familia. Sucede en la sala habilitada como consultorio del médium, que hoy luce ampliamente decorada para fiesta de cumpleaños, con bombas de colores, serpentinas y demás. Un sofá cubierto con sábana negra, dos sillas, profusas ilustraciones y cuadros de manos milagrosas, josés gregorios, divinos niños y demás santos. El caracol de una escalera arranca desde un costado de la sala y se enrosca hacia un segundo piso. Un puente con baranda atraviesa de izquierda a derecha el escenario, a 2.5 metros del piso. Al fondo, una inmensa reja con arabescos recorta una pared blanca, coronada con picos de vidrios de botella. Al frente del escenario, a la derecha, una columna con un nicho como de iglesia en la que cabe un hombre. A la izquierda, la puerta metálica de entrada. Una luz cenital alumbra la figura recogida y triste de Sara, quien tararea una canción. La luz se diluye. En la oscuridad, los murmullos de hombres que toman medidas. Flashes de fotografía rompen el oscuro. Silencio. El médium aparece en lo alto del puente. Vestido blanco, camisa, corbata y medias negras. Una inmensa capa blanca, satinada por dentro. Se le ve increíblemente amarillo y desencajado. Abre la capa con ademanes vampirescos y descubre públicamente un gran cuchillo que le atraviesa por el centro la palma de su mano derecha.)
El Médium
Me cogieron por descuido. Sentí que por la espalda me empujaron desde aquí hasta abajo, cuando mi alma llena de pecados aspiraba a comenzar mañana una nueva vida, ustedes saben, milenio nuevo, vida nueva. Con el estigma del señor, mi mano diestra atravesada por un cuchillo de cocina, con el que solo aspiraba a cortar un mísero pedazo de salchichón… ¿Quién cometió este abominable crimen? Claro que sé quién debió hacerlo, pero no hablemos de eso, que ya habrá tiempo… Ahora, solo quiero poner mi alma a salvo, así que hay que hacerse el propósito de perdonar. ¡Ay, mísero de mí! Abajo, mi cuerpo inerte, aquí arriba, mi espíritu abobado…
Sara
Baje ya de una vez, resígnese. ¿Qué puede hacer? Aquí abajo le esperan unos buenos señores para tomar las medidas del caso.
(La luz se intensifica sobre la escena. Dos hombres, chamarras de cuero, brazaletes y armas de dotación, se apersonan de las diligencias judiciales.)
Hombre 1
(Sentado ante una máquina de escribir, digita mientras habla.)
Mucho gusto señora, no sabe cómo lo lamentamos. Somos del cuerpo especial Quincy, encargado de los levantamientos no criminales. Solo debemos llenar unas formalidades. Dirección del inmueble, nombre del occiso, lugar y fecha de nacimiento, nacionalidad, edad, estado civil, cédula de ciudadanía, profesión, causa probable del deceso, hora probable del insuceso… Su nombre, parentesco, versión libre y espontánea.
Sara
(Responde mecánicamente, mientras juguetea con los confetis de una bolsa recién abierta.)
Carrera veintidós número diecinueve dieciocho sur, Reinel Robayo Deaza, Chocontá, Cundinamarca, diciembre treinta y uno de mil novecientos cuarenta y cinco, colombiano, cincuenta y tres años, hoy cumplía los cincuenta y cuatro, viudo, doscientos cincuenta quinientos veinte, mentalista, parapsicólogo y médium, caída libre de un segundo piso, aproximadamente seis de la tarde… Sara Robayo, hija, después de preparar el local para celebrarle la fiesta de cumpleaños, yo venía bajando con su cena cuando lo descubrí ahí, en medio de ese charco, no, no escuché nada raro, no, o sí, escuché cuando caía algo pesado por las escaleras, algo como un bulto de… papas… ¿papas?
(Durante el interrogatorio y las respuestas de Sara, Reinel Robayo ha descendido del puente y se ha metido debajo de la sábana blanca con manchitas rojas. El hombre dos, que ha estado fumando mientras toma fotos y medidas, descorre con la punta del pie la sábana y comienza a requisar al muerto.)
Hombre 2
A cinco metros de la pared derecha, dos con cincuenta del fondo y tres de la pared del frente. (Con el pie, le da la vuelta al cadáver, hasta dejarlo de espaldas.) Una billetera con documentos y estampas y… cinco mil pesos, un escapulario con cuatro imágenes y… no hay ni cadenita de oro de 24 quilates, ni reloj Cornavin con pulsera de oro, ni chequera… Un cuchillo de cocina marca Steel Star, con mango negro enterrado en la mano derecha, un… qué es esto… (Lo activa.) desodorante bucal de espray… (Al público.) Siempre es igual, llevo más o menos (Saca una libreta y lee mientras anota.) mil ciento trece en este año, lo que hace más o menos 3 casos por día. Aspiro a que este sea el último del siglo, a ver… (Consulta el reloj recién expropiado.), sí, las diez y cuarenta ya son… Buenos estos relojes, no se paran ni con la muerte, je, je, je… Hmmm… de todas maneras, apenas termine, me voy a esperar el año nuevo a mi casa… (Canta destemplado.) “faltan cinco pa’ las doce, el año se va acabar me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá…”
Hombre 1
Es cierto, este trabajo demanda entrañas de acero. Sabemos que no es muy, digamos, envidiable, y ahora que lo preguntan, sí, yo creo que nos hacemos a la rutina y no es, para ser francos, que nos interese mucho la historia del… finado. Sí, concedido, tratamos de no involucrarnos de a mucho con los deudos que rodean al… fiambre. Con esta técnica hemos logrado aquí con el amigo no solamente eso de no involucrarse, sino que… sigue tú, Pablo…
Hombre 2
Bueno, sí, cuadrarnos con una que otra cosilla que ya el… fiambre no va a necesitar… (A Sara.) Y ahora, con su permiso, todo en regla, pueden continuar… (Salen.)
CUADRO DOS
(Sara se queda sola en escena. El médium se levanta y se sacude.)
El Médium
Habrase visto hombre, es el colmo. Ese hijo de puta me trató a las patadas, me hizo morder el polvo y se arrastró con lo que tenía en bolsillos, cuello y muñeca, qué ignominia.(Mira a Sara que sigue impasible. Después de un paseo pequeño por la escena, grandilocuente proclama.) “Sea por siempre ensalzado el santo nombre del Supremo Creador, a quien humildemente reverencio en esta hora funesta. A ti, Dios, excelso Adonaí, dirijo mis fervientes como insignificantes preces, suplicándote me seas propicio en este avieso trance y me concedas el honor de enviarme uno de tus más humildes mensajeros para que pueda, por su mediación, yo, encontrar el camino de la certidumbre en tan infausto momento. No mires en mí a un soberbio, mira más bien en mí, ¡Oh poderoso Rey de reyes! al más pequeño de los seres que en tu creación vivieron y ahora mora en la antesala de tu reino…”
Sara
Ese señor que vocifera así, como mártir impenitente, ese es mi padre. Como ustedes lo habrán podido apreciar, está muerto… Está muerto y yo no tengo lágrimas para llorarlo, no porque se me hayan acabado, sino porque nunca las he tenido y si las tuviera no las gastaría en llorarlo. Más bien, me entra un airecito fresco, una especie de descanso eterno, como el suyo propio. Ustedes pensarán que es el colmo que un hijo no se duela de la pérdida del padre, pero es que aún lo oigo, lo siento, diciendo sus letanías oportunistas y mal aprendidas… (Se levanta y adquiere la misma pose recitativa y solemne.) “Yo soy el enviado como mensajero de la Divina majestad. Tus ruegos han sido atendidos, mas, para lograr sus mercedes, es preciso haber sido digno de ellas…”
El Médium
Aparta, espectro de perdición, no me mires con esos ojos alegres… y vivos.
Sara
“No olvides, mísero mortal, que la Divinidad solo concede aquellos dones que su infinita sabiduría juzga convenientes según el grado de perfección de los seres que acuden a su infinita bondad…” ¡Y tú no tienes ni uno!
El Médium
Qué boca de fuego, qué perfidia arrastra su lengua contra mi salvación…
Sara
Bueno, ahora que ya lo han dado por oficialmente muerto, conviene llamar a la familia, pero primero a la funeraria…
El Médium
¿A dónde va? ¡No llame a ninguna funeraria!
Sara
¿Y entonces? … (Silencio.) ¿Ve? Ya tiene nueva casa…
El Médium
Tengo todavía poder, el poder que me da conocer desde antes la oscuridad…
Sara
Usted no tiene ni ha tenido ningún poder, papá, además del que tenía sobre mi persona…
El Médium
¡Silencio! Ingrata, ofensiva.
Sara
Solo que nadie va a creerme que únicamente hasta después de su muerte puedo levantar mi voz para decirle lo que pienso de sus manos ásperas y sucias de tabaco y mugre recorriéndome el cuerpo…
El Médium
¿Se callará? ¿Dejará de escupir su resentimiento?
Sara
(Disca lentamente mientras habla.) Era muda, como estas paredes lo saben. Nunca me escuchó ni una mala palabra ni un quejido, y sin embargo, cuando esta tarde vine y lo vi ahí, con los ojos agrandados y asustados, supe que ya no me volvería a hacer más daño del que me había hecho. Aló, ¿con la funeraria? Tráigame el ataúd más barato y más infame que usted tenga, así me lo cobre como el más caro y pomposo…
El Médium
Es inaudito cómo una persona humana puede ser tan rencorista… (Reparando por fin en los globos y serpentinas que decoran el espacio.) ¿Y esto, todo esto? (Al público.) Lo puso antes de llamar a la policía para lo del levantamiento porque, que yo me acuerde, cuando bajé esto no estaba…
Sara
Es su cumpleaños, no lo olvide…
El Médium
¡Pero cuando todavía estaba vivo! Esto es un… un ¿cómo se llama? una sacrílega profanación de la que se arrepentirá… Ay, Cristo santísimo, escúchame cómo abdico al don de la vida para buscar en tu seno la absolución de mis culpas. He procurado hacerme lo más perfecto posible en la pobre y nunca satisfecha condición humana, a fin de que me juzguéis digno de contemplar ahora vuestra gloriosa excelsitud. Perdóname, tú sí, señor, los defectos que todavía en este atribulado instante no haya desechado, y no los hagáis causa de vuestro enojo y severidad, así en la tierra como en el cielo…
Sara
¡Aquí no va a venir ningún sacerdote ni nada que se le parezca, aquí no se aposentará religión distinta ni credo mayor al que usted instauró con sus costumbres! ¡Tampoco podrá, mi señor papá, hablar a los vivos como decía hacerlo a los muertos. Callará como todos los mortales y solamente yo sabré qué piensa y no abogaré por sus deseos ciertos, que conozco, porque, eso usted bien lo sabe, nadie en el mundo lo conoció en el cuerpo y el alma, como yo!
El Médium
¡La ley natural dicta que los hijos se postrarán a llorar a sus padres cuando ellos hayan muerto!
Sara
¡La ley natural dicta que los padres nunca se postrarán a hacerles porquerías a las hijas que ellos dieron vida!
CUADRO TRES
(Sara avanza hacia un tocadiscos viejo que hay al fondo de la escena y coloca un viejo acetato que suena ronco: Carlos Gardel canta, a todo volumen y un poco sobre revolucionado, el tango ese que dice “Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando…”Inmediatamente, entran a escena dos hombres de negro con kepis y zapatos lustrados. Llevan máscaras como de tragedia teatral: con el rictus encogido. Grandes pañuelos sobresalen de los bolsillos del pecho, los que usarán para secar las lágrimas que regarán por el ausente. Lleva, cada uno, cuatro cirios encendidos metidos entre los bolsillos posteriores del pantalón. Echan un vistazo y con ademanes profesionales que tienen algo de coreográfico, proceden a entrar los porta cirios, las bases del ataúd, el atril con el libro de registros de asistencia, el cartel del finado, los trapos negros con los que tapan los muebles, una greca con pilas de vasos desechables, una cruz metálica, el ataúd mismo, la cinta morada con el nombre del finado impreso…)
Máscara 1
“Mis respetos señora”
(Se alcanza a oír que dicen los diligentes cada vez que entran o salen en cumplimiento de su deber. Durante la escena, el médium los mira algo desconcertado. Cuando todo está ya preparado, y la melodía ha cesado, uno de los señores de luto se para al lado del ataúd completamente abierto por el otro y, con ademanes galantes, extiende la mano para que el médium entre a su aposento. Este sube el escalón que se le ha puesto y, después de mirar al interior, prorrumpe en un sonoro sollozo.)
El Médium
Todo está terminado, me espera el hueco e indolente frío de la eternidad…
(Las máscaras se miran con impaciencia)
Máscara 1
Lo sentimos señor.
Máscara 2
Lo sentimos señor.
El Médium
Nunca pensé que esto sería tan… escalofriante.
Máscara 2
Es un duro trance que, por desgracia, a todos nos llega tarde que temprano.
El Médium
¿Y esto? (Señala dentro del ataúd.) ¿Qué es esto?
Máscara 1
(Se quita la máscara.) Un afiche señor, de Natalia Paris. Es para aislar lo rudo de la madera sin cepillar y para tener un gesto amable con los caballeros. Ahora, cuando sea para una dama, ya nos la arreglamos con algo adecuado…
El Médium
Pero esto está a medio pegar, y ese aserrín y esos clavos oxidados, salidos…
Máscara 1
(Se quita la máscara.) Por favor, señor, siga y no ponga pereque. Once y quince… aún nos espera un servicio antes de año nuevo y usted comprenderá…
El Médium
Sí, todo es una fiesta, la fiesta universal, la que se da una vez cada mil años y que yo me perdí. ¿Se fijan que para mí sí se cumplió la premonición del fin de los tiempos?
Máscara 2
Por desgracia, señor.
El Médium
(De pronto.) Y a propósito, ¿ustedes qué hacen hablando con un muerto? Eso no es real, eso es inadmisible. En mi hija lo entiendo, al fin y al cabo ella me odia tanto que su resentimiento trasciende a las dimensiones superiores, pero ustedes… ¿ustedes?
Máscara 1
Nuestro oficio, señor, nos ha desarrollado una sensibilidad particular ante ustedes, los señores muertos. Nadie repara en nosotros, pero para hacer más llevadera nuestra triste y nada envidiable misión, imaginamos dialogar con ustedes, imaginamos despedirlos.
Máscara 2
Es cierto, es una costumbre perdida. Nosotros somos hombres cultos, ya que queremos ser los mejores. Estudiamos las ceremonias funerarias en los distintos pueblos y culturas desde la antigüedad y, ya ve usted, alcanzamos un estado superior. Verá usted, ya en la antigüedad… (Codazo del Máscara 1.)
Máscara 1
…El que nos permite confortar en la despedida.
Máscara 2
Y podríamos seguirlo haciendo, de no ser lo especial de esta noche. Adelante, por favor…
Máscara 1
Usted, más que nosotros, lo debe saber… usted era médium, ¿no es cierto? (A su compañero.) Ahí tienes, ¿ves que sí lo era y qué fácil ha resultado nuestra comunicación? Adelante, por favor.
El Médium
(Va a entrar al ataúd.) Esperen… Esto tiene luz, ¿cierto? Le temo a la oscuridad.
Máscara 1
En razón a sus rústicos acabados, tiene luz y respiraderos por si lo llegara a necesitar, aunque nos tememos que ni lo uno ni lo otro va a hacer falta.
El Médium
Está bien, ha sido un placer… Ustedes serían estupendos médiums…
Máscara 2
No creemos en eso, señor, con todo respeto, y porque somos cultos, nos parecen los médiums… personas de no fiar…
El Médium
Gracias, son ustedes muy profesionales. Por favor, cierren al salir. (Y desaparece dentro del ataúd.) Esperaré con paciencia. Al fin y al cabo, ya se avecina, ya llegará, ya llegará el momento del juicio final…
Máscara 1
Con gusto.
(Cierran el ataúd y vuelven a colocarse las máscaras.)
Máscara 2
Señora, ahí en el libro de oraciones dejamos la cuenta. Más tarde vendrá nuestro representante de ventas a finiquitar lo de la paga y esas otras cosas…
Máscara 1
Mis respetos.
Máscara 2
Mis respetos.
(Salen los señores de las máscaras haciendo respetuosas reverencias. Sara, nuevamente, sola.)
Sara
Lo oí quejarse, mientras esos hombres estaban aquí. Trató de acercarse a mí, para susurrarme algo, pero ya sabe muy bien lo que puede esperar de mí de ahora en adelante, ahora que su carne está dormida. Lo oigo llorar. Sé que aunque dice aceptar su suerte, en el fondo no lo hace. Le tenía demasiado apego a las suciedades de la vida, como para resignarse fácilmente. (Al ataúd.) ¿Quiere un traguito de Whisky, mi señor? Ahí se lo dejo, espíritu errante (Lo coloca debajo del ataúd.), para que calme su sed. Mientras tanto, voy a ponerme presentable para la ocasión. No tarda en venir su otra hija, esa a la que usted sí respetó, así que lo dejo solo por unos momentos…
CUADRO CUATRO
(La escena queda vacía. De repente, el vaso del whisky comienza a moverse lentamente hacia un costado. Del ataúd, una densa humareda roja asciende, tiemblan las vidrieras, el ataúd gira violentamente sobre su propio eje, se mueven los cuadros y las estampas, un gato negro cruza la escena… El pandemónium, hasta que el nicho que está frente al escenario también gira y aparece lentamente, transmutado en la efigie de José Gregorio Hernández, el médium Reinel Robayo. La voz suena cavernosa, envolvente, amplificada en los diminutos parlantes ocultos en toda la sala-casa.)
El Médium
¡Esto es cosa seria! He aquí que hablo por boca de los pétreos y los eternos. He aquí que me veneraréis y escucharéis por boca de otros la voz que me ha sido segada. He aquí que prodigios singulares os revelaré desde este, mi nicho, y os sacudiréis y temblaréis por las cosas desde aquí pronosticadas, porque el fin de los tiempos está cerca. Finis coronat opus, el fin corona la obra…¡Porque el poder de la verdad y de la sanación de vuestros espíritus y de vuestros cuerpos maltrechos está conmigo, por siempre!
Sara
(Aparece en lo alto de la escalera, desnuda, con una toalla diminuta que la malcubre.) No es nada del otro mundo, damas y caballeros, es solo su farsa de consolación, una manera de estar presente mientras está en la superficie, puros trucos de escenario, no se dejen seducir…
El Médium
¡Aaaaghh!… Aparta de mí esa visión de pecado mortal, ahora que estoy en trance de purificación celestial, mujer que antes me incriminabas por mi concupiscencia. (Sara vuelve a encerrarse.) Y no es cierto, estos fenómenos paranormales que se han visto son tan reales que ustedes han constatado mi poder. Han visto subir y bajar la materia debilitada de nuevo ante mí, como en vida, en vida del gran vidente y médium Reinel Robayo…
CUADRO CINCO
(Tres golpecitos en la puerta lo silencian. Después, los goznes chillan mientras se entreabre la hoja metálica. Un hombre mediano y grueso, con vestido de motociclista, cuyo casco trae asido entre la escuadra de su brazo derecho, entra en la estancia. Se queda mirando los crespones y globos festivos. Lentamente, saca un enorme revólver, con largo cañón, y panea su mirada alerta. El ataúd lo sobresalta, la escalera también. Trata de orientar sus pasos hacia allí, cuando retrocede y se dirige más bien hacia el féretro. Se detiene y sale furtivamente. Confirma la dirección en el dosel exterior de la puerta. Vuelve hacia el cofre. Sigilosamente lo abre. El médium, en cuerpo de yeso de José Gregorio, abre exageradamente los ojos y un súbito movimiento del hombre de la moto cierra la escotilla del sarcófago. Mira hacia el público con ojos desorbitados, se lleva la mano a la chaqueta de hule amarillo y saca una gran foto a colores del médium, retocadas sus barbas. Vuelve a abrir la mirilla y se desanima, mientras el médium lo mira desde su cripta con recelo.)
John Estelívar
Este man ya está muerto, ¿y ahora?
(Mira alternativamente revólver, retrato y ataúd. Guarda el primero y el segundo y cierra el tercero, haciendo un gran ruido que sobrecoge e irrita al médium. John Estelívar se abandona a un paseo circular que bordea la caja mortuoria, entre furioso y preocupado musita maldiciones.)
John Estelívar
¿Sería que se me adelantaron? Mierda, y yo que contaba con esa plata para esta noche… No, cuál para esta noche si ya es que la debo. ¿Y ahora qué hago?
(Se pone los guantes y busca entre las cosas que allí hay a ver con qué remienda el presupuesto. Mientras tanto el médium, que ha estado espiando a John Estelívar, se lleva la mano a la boca, sopla fuertemente y hace estallar una de las bombas que se hallan cerca. John Estelívar, a punto de alzarse con un reloj de pared, queda petrificado. El viejo reloj cae de sus manos y se despedaza, no obstante lo cual continúa escuchándose, amplificado, su tic-tac. John Estelívar, sin saber para dónde coger, finalmente toma el trapo negro que cubría el sofá y tapa los restos para que dejen de oírse. Visiblemente tembloroso, se dirige ahora hacia la salida, pero justo al lado de la puerta encuentra una parcial salvación. Se frena. Mira hacia atrás, saca el revólver, lo vuelve a guardar y toma el teléfono salvador. Marca un número que tenía anotado en la mano…)
John Estelívar
…Dos cuatro ocho cinco siete tres seis… Suene maldito, suene… Mierda, cierto que lo anoté al revés por si acaso… (Vuelve a marcar.) ¿Señor Horacio? Sí, yo, John. Pues mire, señor Horacio, yo ya acabé… Que John ya acabó… con el médium… Sí, el médium muerto… Dos, dos tiros… Bien, con decirle que ya lo están velando, señor Horacio… Por ahí en una hora estoy allá… Es que me voy, me voy a quedar un rato acá y después me voy a cambiar para la fiesta… ¿Y cuándo me dice que piensa venir a mirar… la obra? Mañana, claro que mañana… Está en su derecho, usted paga, es su plata… Sí, cómo no… (Cuelga.) Ahora sí que me metí en la verraca. (Se coge la cabeza a dos manos y mira para todos lados. Repara en la efigie tamaño natural de José Gregorio.) Ay, San Gregorio, gregorito, yo sé que vos sos decente, pero el mal está hecho y yo necesito el billete, dame ánimo para meterle dos pepazos al finado. Mirá, elegante, que vos sos mi protector y ya, ya me voy… (Mientras se inclina para la reverencia, El médium, que habita la figura, alza las manos entre indignado y sorprendido.) Además, el tal Horacio va a venir y capaz que abre el ataúd a ver si fue cierto que le metí dos plomazos. Ayúdame, San Gregorio, que no le voy a hacer mal a nadie y prometo que dejo el oficio… (Decidido, John Estelívar se alza, empuña el “fierro”y se va hasta el sarcófago, abre la ventanilla y cuando se dispone a disparar se oyen unos murmullos y unos golpecitos a la puerta. John se queda quieto y mira hacia la puerta, justo cuando la bisagra comienza a chirriar.)
CUADRO SEIS
(Roger Vaughum y Omar Villa hacen una buena pareja. De ademanes delicados aunque no afeminados, los dos visten exquisitamente. El uno, rubio y alto, el otro con rostro aindiado y bajito. Se notan personas de mundo. Trae, cada uno, senda bolsa de almacenes de ropa de marca.)
Omar
Buenas…
Roger
Sí, buenas…
Omar
¿Estará don Reinel?
Roger
(La voz delicada, casi que canturrea el nombre.) Toc, toc, toc. Don Rei neee el…
Omar
Será que no hay nadie.
Roger
Cómo se te ocurre, si él nos puso la cita aquí a las once y media de la noche y son las once y veinticinco de la noche, fíjate. Además, la puerta está entreabierta ¿y tú crees que con la inseguridad alguien deja la puerta de su negocio abierta?
Omar
Sí, ¿no? Entra tú primero, Roger, debe ser que ya nos está esperando y a mí de todas maneras estos lugares me asustan, tienen una energía… densa. Sigue Roger.
Roger
¡Uy, tenaz!
Omar
¿Qué pasa, Roger?
Roger
¿Sí es esta la dirección?
Omar
¿Y entonces? ¿Acaso ya no hemos venido como dos veces?
Roger
Es que… Hay un muerto.
Omar
¿Qué?
Roger
Bueno, mejor dicho, un muerto y un vivo.
Omar
¡Explícate Roger, que me asustas!
Roger
Mejor dicho, un ataúd y un señor con casco…
Omar
Ay, quién te entiende.
Roger
Asómate a ver, asómate…
Omar
Pero… (Balbucea.) A ver… (Se asoma y tan rápido como puede, retrocede al amparo de la puerta.) ¡Uy, sí! ¿Qué significa esto, Roger?
Roger
No sé pero… Ya sé. Debe hacer parte del ritual ¿Si viste que hay globitos y serpentinas? Debe hacer parte del ritual…
Omar
Tienes razón, de todas maneras no deja de ser… tétrico… y contradictorio… mezclar la dicha y la desdicha… Roger.
Roger
¿Y acaso ese no es nuestro propio problema particular? Reflexiona, ahí está el significado. Es evidente…
Omar
Bueno, sí, claro, tienes razón, pero ¿y el señor ese que está adentro?
Roger
Será el ayudante.
Omar
No puede ser, es una ceremonia íntima, personal y sin testigos.
Roger
Bueno, será un amigo de la casa que ya se va… ¿Entramos de una buena vez, Omar?
Omar
Y el carro, qué… ¿Lo dejamos aquí?
Roger
Materialista, nos estamos jugando el porvenir, nos lo estamos jugando todo y tú preferirías quedarte aquí cuidando ese mugroso Mitsubishi, insensible…
Omar
Ya, no te sulfures Roger, explotas por cualquier nadería, muestra. (Le quita las llaves con su correspondiente mando de alarma.) Y como no es tuyo… ¿Le pusiste la alarma al menos? (Chuic, chuic, suena la alarma al activarse.) Ni eso…
Roger
Escúchame de una vez, si entramos llenos de malas energías, este tratamiento no nos va a servir de nada, así que querido Omar, serénate, cambia tus emanaciones, ¿sí?
(John Estelívar, que prudentemente se ha alejado del féretro hacia el sofá primero y después hasta cerca de la puerta con el objeto de escuchar lo que se dicen el par de hombres, los saluda con una sonrisa entre pícara y solidaria, cuando entran. Para demostrar que no ha oído nada, les habla solemne.)
John Estelívar
Lo siento, mi más sentido pésame
Omar
¿Y?
Roger
¿Perdón?
John Estelívar
El señor… no era… bueno… ¿de la familia?
Roger
El señor… ¿Cuál señor? ¿Acaso allí hay alguien?
John Estelívar
(Asiente.) Sí, bueno yo solo vine a hacerle una visita y me lo encontré acostado ahí, ¿qué quieren que haga? Pensé que, ya lo sabían…
Omar
(Aparte.) Roger, mira el aviso, mira el letrero, mira adentro…
Roger
¡No puede ser! ¡Sencillamente no! Calmémonos ¿Sí? Miremos bien primero, antes. No quiero pensar lo peor.
Omar
Lo peor es que esto está lleno de malos augurios y una energía…
Roger
Basta con la maldita energía, ¿quieres?
Omar
Pues entonces mira de una buena vez que…
Roger
(Lo aparta.) Sí es él, está quietico, no se mueve.
John Estelívar
Y ustedes, ¿se demoran? Mejor dicho ¿tenían algo importante que hacer aquí?
Roger
Claro que sí, claro que sí… Entonces ¿está muerto el médium?
John Estelívar
Eso es, el médium es el señor que está ahí…
Omar
¿Pero no se supone, Roger, que los médiums no se mueren? ¿No se supone que ellos son quienes entienden mejor las cosas de las almas y por eso no pueden morirse, mejor dicho, que del otro lado les avisan si se van a morir?
Roger
(Pragmático.) Espérate, hasta no tocar no creer.
Omar
¿Qué vas a hacer?
Roger
A tocarlo.
Omar
¿Vas a tocar a un muerto?
Roger
Y entonces, ¿qué hacemos? Tenemos que salir de la duda de una vez.
John Estelívar
¿Los señores quieren saber si está muerto el señor médium? ¿Eso quieren saber?
Omar
Y… Sí. ¿Por qué, algún inconveniente?
John Estelívar
Al contrario, es que yo también quiero saberlo.
Roger
Nosotros lo necesitamos vivo.
John Estelívar
Y yo lo necesito… saber… ¿Miramos?
Omar
Esto es una profanación y además es un asco. Qué tal que de veras esté muerto y nos habremos invadido de la hiel que despiden los cuerpos inertes y profanados…
(Mientras Omar protesta en voz baja, se dan a la tarea de abrir la caja. El médium, desde su nicho, “josegregoriohernandezco” ha seguido con suma preocupación la escena de los hombres y se ha ocultado la cara como para no ser visto, solo que después se ha dado cuenta de la inutilidad de su gesto, y ha comenzado a reír, hasta que percibe cómo la brigada se aproxima a cerciorarse manualmente de su deceso. Entonces, no puede creer la audacia de la ofensa. Cuando está plenamente abierta la tapa de la caja y los tres, como gallinazos, tocan y palpan su presa, y John Estelívar saca el revólver dispuesto a salir de una vez del problema, aparece toda de luto Sara. Baja dejando una estela negra de velos sobre las escaleras. Los hombres se ven sorprendidos con las manos en la muerta masa, se quedan quietos, no atinan a reaccionar, solo John Estelívar alcanza a guardar el arma. Sara pasa junto a ellos, como si no los hubiera visto, va al teléfono y marca lentamente unos números. Los hombres se miran aún más desconcertados y lentamente van cerrando el ataúd.)
Sara
Es a Ruth, sí. Hola Ruth, qué pena dañarle su fiesta de año nuevo, pero véngase para la casa de su papá porque su papá está muerto y yo lo estoy velando sola en la sala de su casa. Traiga de una vez su chequera, que ahí dejaron la cuenta de la funeraria y como usted bien lo sabe yo no tengo ni con qué responderle el saludo a usted. (Seca, inexpresiva, cuelga el teléfono. Blanca la cara y envuelta en los tules negros, su apariencia tiene algo de la bella extravagancia de las modelos anoréxicas.)
John Estelívar
Mis más sentidos pésames…
Omar
Humm… Lo sentimos.
Roger
Lo sentimos, no era lo que parecía, nosotros…
(Y de nuevo, Sara asciende por las escaleras, sin determinar a los presentes. Después de la sorpresa, Omar coge precipitadamente de la mano a Roger y lo aparta a un rincón, justo al lado de la imagen de José Gregorio.)
Omar
¡Está muerto, está requetemuerto y nosotros lo tocamos y nosotros nos quedamos con las manos vacías y qué putas hacemos con esto! (Agita el talego negro con caracteres dorados de Yves Saint Laurent.) Y qué vamos a hacer con el tratamiento si era esta noche o nunca… ¿Y qué vamos a hacer con la plata que le adelantamos si esta fulana dice que no tiene ni para la funeraria? Roger… haz algo…
Roger
Cálmate, Omar, que más se perdió en la guerra de… de… de Troya, mejor dicho, sí, hay que hacer algo, todo es tan confuso, calmémonos, ¿sí?
(Repentinamente, comienza a aullar la sirena del carro y los dos salen precipitadamente diciendo algo así como…)
Roger y Omar
“El Mitsubishi, el Mitsubishi, lo que nos faltaba…”
(Tras ellos, también sale John Estelívar. El médium se baja de su nicho y decidido se dirige a la puerta, la que cierra de un puntapié.)
CUADRO SIETE
El Médium
Par de maricas, par de maricas… ¿Quién me mandó meterme con maricas, si sabía que son más escandalosas que la puta alarma del Mitsubishi? Y el otro perro… Con que me mandaron a hacer el viaje, eso quiere decir que de hoy no salía. ¡Ay Jesús! No me vas a creer, pero siempre fui un hombre probo… No mires nuestros pecados sino la fe de tus siervos. ¿Y ahora? (Pausa. De pronto, vuelve a reconocer su condición.)Pero qué me preocupa, si estoy muerto. ¡Estoy muerto, yujuuu, hurrraaa! …Ja, ja, ja, ja, ja. Bueno, de los maricas ya me salvé, pero del otro, si está esperando rematarme… ¿Dónde puse esa plata? (Busca en un cofrecito que tenía oculto bajo un estante.) Aquí no está, abrieron la caja… Esa fue, por eso me mataron, pero si el único que sabía era… (Suena el teléfono, el médium se dirige de nuevo a su lugar, vociferando.) Claro, claro, pero ya llegará, ya llegará el momento del juicio final… Te veré…
(El repicar del teléfono coincide con los golpes a la puerta y las voces que empiezan a dar los hombres. Sara baja de nuevo por las escaleras, lenta, como flotando sobre nubes negras. Suenan las voces, suena la puerta, descuelga el teléfono, espera unos instantes mientras le hablan, responde“Voy a mirar”, deja la bocina descolgada y abre la puerta.)
Sara
(Antes de que alguno de ellos le diga algo.)Si entre ustedes hay algún John Estelívar Gámez, pase al teléfono.
(John Estelívar alza el dedo tímidamente. Deja Sara abierta la puerta y vuelve a subir la escalera. John entra con ademanes clandestinos, toma el teléfono y se vuelve de espaldas. Omar y Roger, a su turno, se quedan junto a la puerta, sin atinar a hacer nada.)
Omar
Y ahora, quién nos responde.
Roger
No sé qué es peor, si el que no nos haya hecho nada, o que se haya quedado con la plata.
Omar
Y ni un recibo.
Roger
Pero ¿a quién se le iba a ocurrir que un médium se iba a morir, y justo hoy? Eso no pasa por la cabeza del más cuerdo.
Omar
¿Y no será lo de las profecías y eso, Roger?
Roger
¿Profecías?
Omar
¿No que hoy se acababa el mundo, que por ser el fin del milenio y todo eso, se iba a acabar el mundo? ¿No te acuerdas que además le pedimos al señor médium que nos hiciera la cita para la media noche por eso también, por si se acababa el mundo, para estar con, bueno, con un experto?
Roger
Qué profecías ni qué profecías…
Omar
Pero ahí está…Y de todas maneras… Y, Roger ¿qué va a ser de nosotros, si era la última esperanza? ¿Cómo salir de esto? No quiero volver a pasar por esto, no quiero volver a estar poseído en las noches por el alma en pena de Rosendo Flores… Me va a matar, Roger, que me hace escupir babas verdes, que no me deja en paz, con lo posesivo que era, con lo celoso que se había puesto contigo… ¿A quién acudir? Los médicos y los sicólogos y la gente decente se nos ríen en la cara si les vamos con ese cuento de los poseídos, se lo cuentan a todos y en el banco se van a enterar, Roger. Y los cinco millones… Tenía todas mis esperanzas aquí, lo sabes.
Roger
Bueno, algo se podrá hacer, esperemos…
John Estelívar
(Que parece negociar al teléfono.) No me haga eso, señor Horacio, como quedamos, en los tres paquetes… ¿Pero cómo me va a reconocer solo uno, si lo pactado es lo pactado? Sí, yo sé que fue fácil, mejor dicho, que no fue difícil, pero… (Sin previo aviso, el teléfono se levanta y cae al piso.) Aló… aló… (Mira para todos lados, esperando ver el origen del extraño suceso. Los otros parecen no haberse dado cuenta. Restando importancia, toma el teléfono, lo cuelga y refunfuña mientras se acerca al féretro.) Puta, digo, encima de que se me complica, me pide rebaja, regateando como si vendiera telas o zapatos, ¿no le digo? (Levanta la mirilla del ataúd, grita, salta hacia atrás.) ¡¡¡Aay!!!… ¡Se movió! ¡Se movió! ¡Está vivo!
(Omar y Roger también saltan aterrorizados por el grito. Un instante después, Roger, más osado, se acerca, revisa.)
Roger
Un espejo… Un espejo para ver si respira.
Omar
¿Viste? No estaba muerto, se está haciendo. (Canturrea, infantil.) Se estáaa hacieeendo…
John Estelívar
Sí, le juro por mi Santa Madre santa que se movió… (Perdiendo toda precaución, saca su enorme revólver del casco.)
Omar
El espejito… (Mira a John Estelívar, se espanta.) ¡Cuidado, cúbrete, Roger, el señor está armado! Guarde ese coso, señor…
John Estelívar
Quítense, que se está haciendo, se me está escondiendo. (Amenazador.) Y yo que creí que se me habían adelantado… (Se frena, prudente.) Mejor dicho, que se le había adelantado a la hora, a la hora que teníamos la cita… (Se decide.) Mejor dicho, quítense de ahí, que esto lo arreglo es ya…
Omar
¡No, no lo mate señor, no lo mate, por lo que más quiera! Mire que nosotros…
John Estelívar
No, si yo no lo voy a matar, solo le voy a pedir muy amablemente que se levante, se acerque a mí, despacito y nos diga por qué… (El médium en el cuerpo de José Gregorio da un paso adelante del nicho y enfrenta, ademán severo, al pistolero. Este gira y queda expuesto frente a frente a la visión.) ¡Miren! ¡Miren! Se está moviendo esa estatua, miren, miren…
Omar
(Corre despavorido a refugiarse detrás de Roger.) ¡Ay, no me asuste señor, que yo sufro del corazón!
Roger
¡Dónde, qué! ¡Yo no veo nada!
John Estelívar
Pero si acaba de salir y volver a entrar.
(Omar y Roger se miran como comprendiendo que algo no está bien en la cabeza del compañero de velorio. Omar empuja suavemente a Roger para que trate de calmarlo…)
Roger
Cálmese señor. Yo sé que esto asusta pero ya, tranquilícese.
(Sara ha descendido imperceptiblemente justo cuando el médium ha salido de su caverna, asustando a Estelívar. Ahora está junto al ataúd, a espaldas de ellos y su voz los termina de tensionar.)
Sara
Me pregunto si los señores se preguntan si mi papá está muerto. Claro que lo está, absoluta y definitivamente. ¿Quieren comprobarlo? (Abre la escotilla del ataúd, toma dos veladoras rebosantes de cera derretida y deja chorrear su líquido sobre los ojos del médium. Su alma en forma de José Gregorio brama y vocifera de dolor.)
El Médium
¡¡¡Aaay, Aaaay esta es la primera tortura del infierno!!! ¡¡¡Aaaay este es el fuego abrasador reservado para los herejes!!! Basta, basta mujer, que me ciegas…
Sara
¿Se fijan?
Omar
Señorita, no es para tanto…
(Dando traspiés, el médium sale de nuevo de la cripta, con dos veladoras encendidas como anteojos. John Estelívar, estupefacto, trágico, lo mira, retrocede…)
John Estelívar
¡No se tape esos ojos, no se tape esos ojos, no se mueva, yeso frío!
(John Estelívar descarga cuatro tiros de su revólver, uno tras otro, sobre la efigie que,teatralmente, da cuatro pasos en reversa hasta quedar de nuevo en su sitio. Caen las veladoras de sus ojos. Omar y Roger, por el estrépito de los disparos, corren despavoridos a encerrarse bajo el féretro. Solo Sara se acerca a Estelívar, que demacrado y tembloroso apunta hacia la imagen.)
Sara
No es nada, señor de amarillo. No es nada más que la alucinación de un espíritu perturbado y lleno de miedo. Tranquilícese. Yo lo entiendo, a veces me pasa a mí también, veo cosas donde no las hay, escucho voces que solo vienen desde adentro, muy adentro de mi imaginación. Tranquilícese. ¿Quiere tomarse un vaso de agua? Aquí no ha pasado nada. (A los otros, que asoman sus cabezas sobre el ataúd.) ¿No es cierto, señores? (Se van incorporando.) Es común que mucha gente cree ver cosas donde no las hay, pero… (De nuevo a ellos.) ¿No es verdad que ustedes no vieron nada?
Roger
No, pero cómo va a disparar así, ¿no ve que hay gente? Es el colmo…
Sara
(Le susurra.) Tranquilo, ellos no vieron nada, ahora solo es asunto nuestro.
(Lo lleva a sentarse en una silla. Sale por el vaso de agua. Omar y Roger se ponen a prudente distancia…)
Omar
Deberíamos llamar a la policía, este tipo ahí armado…
Roger
¿Y qué les vamos a decir cuando vengan, que pasamos de casualidad?
Omar
Pues nos vamos…
Roger
¿Cómo así que nos vamos?
Omar
Es cierto. Lo mejor será hacernos solidarios. Se nota que ese señor también vino a consulta, se le salió, está asustado. Controlémonos para que no nos vaya a pasar lo mismo…
Sara
(Vuelve a aparecer Sara.)Y quién no va a estar asustado con todas estas cosas…
ACTO SEGUNDO · DESPIERTA MI BIEN, DESPIERTA
CUADRO UNO
(Tratan de darse ánimos para acomodarse, cuando unos acordes de afinación de tiples y bandolas van ganando intensidad. La serenata inicia de puertas afuera.“Estas son las mañanitas que cantaba el Rey David” John Estelívar constata que sus sentidos no lo engañen con otra aparición y se sienta con la cabeza entre las manos. Sara se pone tras él, cogiéndolo por los hombros, momento en el cual el médium sale rumbo a la puerta.)
El Médium
(Escucha, identifica, habla.) Y ahora qué fue, a quién más le debo para que me vengan a perturbar… (John Estelívar alza la cabeza pero es domesticado por Sara. Parece que empezara a aceptar la visión como natural.) Caramba, si ahí le llegó la moza, don Reinel. Debe de ser que necesita plata para que se aparezca después de dos años de ingratitud. (Le grita tratando de ahogar la canción.) ¿No que se había ido para Cartago, Deyanira? Damas y caballeros, fue mi amante, la traga maluca. Me desplumó hasta que no pudo más y no saben ustedes cómo me extraña que justo hoy se aparezca. Bienvenida, que le tengo una sorpresa… (Abre la puerta de par en par.)
(Sara se asoma a la puerta, como si ella fuera la agasajada, sonríe como una niña traviesa.)
El Médium
Y usted de qué se ríe, pérfida…
(El médium va y se sienta entre la concurrencia, junto a John Estelívar —que trata de correrse y nunca le quita la mirada— a esperar que entre Deyanira. En la puerta, la figura llena de paquetes y maletas de Deyanira canta alegre. Súbitamente, reconoce la situación: un grupo de hombres consternados y silenciosos ante un féretro. Mira para todos lados. El trío de músicos populares cesa la interpretación. Silencio. Deyanira avanza incrédula, como preguntando.)
Deyanira
“¿Qué pasó aquí?”(Abre la caja fúnebre, abre sus ojazos de pestañas artificiales, abre su boca pintarrajeada; alza, y abre, y bate sus manos, dejando caer las maletas que traía. La mueca muda deja traspasar un sonido gutural que no alcanza a ser ni grito ni lamento. Los tipleros se miran, Omar y Roger se reblandecen por lo melodramático de la escena. Deyanira se aparta un poco, mira a los tipleros y lo único que atina a hacer es cantar débilmente…)
Deyanira
Despierta, mi bien, despierta,
Mira que ya amaneció,
Ya los pajaritos cantan,
La luna ya se metió…
(Ve el trago que está debajo del ataúd y sin pensarlo dos veces, se hinca, lo huele y se lo toma de un sorbo. El médium se levanta, le quita el vaso y lo deja caer a los pies, después se acoda sobre el ataúd. Deyanira se sobresalta.)
Deyanira
Lo tenía bien agarrado, el vaso… Es extraño, ustedes no me van a creer, pero sentí su aliento, parece que me hubiera dado una señal… (Rompe en llanto.) ¡Ay, Reinel, por qué me abandonaste, justo hoy que quería estar contigo! (Larga pausa.) ¡Era lo único que quería! (Repara en Sara.) ¡Aay Sarita, no sabes cuánto lo siento! ¡Ay señores! (Suena un pito.) ¡Ay, el taxi, el taxi!
(Trata de salir pero se detiene, abre su bolso, busca, hurga en la cartera, mira a los tipleros, mira a todos, como en el centro de un abismo, rodeada de millones de ojos que no le pierden movimiento… Se siente desnuda. Vuelve a sonar el pito. Con la voz hecha hilo, alcanza a decir…)
Deyanira
¿Alguno de ustedes tiene diez mil pesos que me preste para pagar la carrera… del taxi?
(Sara se da vuelta y comienza a subir las escaleras. El médium suelta una sonora carcajada que vuelve a erizar a John Estelívar, que le grita a la cara ¡¡Cállese, Cállese!! La pobre Deyanira, situada entre John y el médium cree que es con ella, lo que la termina de humillar.)
Deyanira
En todo caso, disculpen (Y sigue buscando en las maletas, de las que salen toda clase de chucherías tropicales.)
Omar
(Aparte.) Debiste colaborarle, Roger.
Roger
Sí, le iba a colaborar, pero como el orate ese salió a gritar.
Omar
Pues ve, ve de una vez.
Deyanira
(Gimoteando dramáticamente, hablando para ella.) Snif, Snif, es raro cómo un momento de gran felicidad de súbito se cambia por lo contrario. Venía llena de planes, venía a rehacer lo nuestro, a recomponer lo que se había tirado por no… y lo encuentro ahí, tirado, deshecho, desecho… acostado, abandonándome, Reinel… (Vuelve a levantarse y se precipita sobre la caja.) ¡¡Llevándote lo mejor de mí, Reinel, sin dejarme nada!! (Inicia una suerte de trance histérico, golpea frenética, a puños, el ataúd, y sale hacia la puerta, justo cuando Roger le extendía un billete, que no alcanza a ver.) ¡¡¡Ni siquiera para pagar ese maldito taxi que no va a dejar de pitaaaar!!!
El Médium
(Todavía acodado en el ataúd.) Si alguno de los presentes quisiera venir y buscar entre sus chucherías, encontraría que no solo sí tiene con qué pagar el taxi, sino que también tiene para pagarle los diez mil pesos a los serenateros que se debió levantar en la esquina. No creo que se haya gastado todo lo que se me llevó. (Se fija de nuevo en John Estelívar, que no puede controlar el espanto.) ¡Y usted, hágame el favor de no estar rebuznando por cada cosa que digo! (Estelívar se levanta y retrocede hacia las escaleras.) Además, sé perfectamente a lo que vino y también sé que quiere rematarme, ¿no le parece una cochinada? ¿Por qué quiere hacerlo? ¿Ah? ¿Qué le hice? ¿Le debí algo? ¿Cierto que no? ¿Cierto que nunca nos habíamos visto? No me rehúya, míreme a los ojos, infeliz. (Alza las manos, burlando una hechizada.) Está a mi merced, lo estoy invadiendo, soy la propia inmundicia de sus pecados, asesino, ooooo…
John Estelívar
No… No… Yo no fui… sino fue que me mandaron, si quiere le digo quién y por qué, pero no me han pagado ni aún, aún no he matado a nadie, lo juro, lo juro…
Sara
(Vuelve a entrar Deyanira, impotente. Sara se dirige a ella, pero más bien para socorrer al John.) Mire usted debajo de la estatua de San José Gregorio, ahí escondía algunos ahorros para que nadie se los quitara…
(El médium sale corriendo hacia el nicho, cuando reconoce que Deyanira va a ir hacia la estatua. Se pone en actitud. Deyanira, efectivamente, llega hasta allí. Trata de levantar la estatua, pero no puede, por lo que pide la ayuda de la concurrencia. Estelívar ahora está arriba junto a Sara, que lo ha llevado aparte con ella.)
John Estelívar
¿Qué es todo esto? Lo estoy viendo a él, pero él está muerto… Es su papá, ¿no es cierto? Me amenazó, ¿usted lo vio?
Sara
Lo que veo es que te sientes acorralado. Hay una gran culpa que te persigue, por eso tienes tanto miedo, ¿a qué viniste?
John Estelívar
Yo vine a… por un trabajo con su papá…
Sara
Por un trabajo… A quién le querías hacer daño.
John Estelívar
No… no… no…
Sara
Aquí la única gente que viene a este templo de la suerte, del gran poder, del dominio de los elementos, del diálogo con los muertos, de la sanación, de la salud, el dinero y el amor, de los ligues, de quitarle el bien a los semejantes, de quitarse el mal que les desean, de rezar con misas negras, de apostarle a la fortuna inmediata, de los riegos y los inciensos, de desenamorarse, la única gente que viene a todo eso, es la que quiere hacerle daño a otra, la que quiere permanecer escondida y paga lo que le pidan para destruir a alguien… Ni siquiera para destruirlo como un vulgar asesino de moto que viene y hace dos disparos y ya… No, aquí la gente que viene lo hace para destruir por dentro, con la ilusión de quemar las entrañas del otro, para condenar al infierno a alguien, y cuanto más miedo tienen, así como usted, más perverso es lo que desean hacer…
John Estelívar
Yo… me quiero ir.
Sara
Dígame qué suciedades lo rodean… Quizá yo pueda ayudarle a limpiar la suciedad que lleva por dentro. Créame, soy una especialista en limpiar suciedades…
John Estelívar
¡Señora, usted me acorrala, el señor difunto me acorrala, don Horacio me acorrala, todos me acorralan!
Sara
¿Así que lo envió el señor Horacio? Claro que conozco al señor Horacio. Si fue uno de los principales clientes de este establecimiento, hasta que la semana pasada se le acabó la paciencia y la plata.
Deyanira
(A Sara, después de haber rebrujado debajo de la estatua; y después de recibir la donación de Roger y de pagar la carrera, y de negociar soto voce con los tipleros.) No, no hay nada… Pero no importa, ya le pagué al taxista. Ahora me toca pagarles a estos señores, pero como no quieren cobrar solo por la canción que tocaron sino que cobran el servicio completo, creo que me parece que es un desperdicio haber traído a estos señores, así que con su respeto va esta canción para el difuntito que le echo con toda el alma, (Sentimental.) porque seguramente… seguramente mañana no voy a poder acompañarlos hasta la última morada y pasaré recogiendo lo que a bien tengan por las interpretaciones, para reunir lo del pago… snif, snif… (La interrumpen las notas destempladas de los tipleros, que se han puesto en media luna junto al féretro y cantan.)
“Espérame en el cielo corazón, si es que te vas primero”. (Deyanira inicia con hondo sentimiento la interpretación y va pasando el sombrero playero que sacó de una de sus maletas, primero por los asistentes al velorio y después a los espectadores. Nunca deja de cantar mientras musita.)
“Gracias, gracias”(Terminado lo cual, cuenta el dinero, deja algo para ella y paga a los tipleros, que se van. Ya solos, Deyanira saca de una de sus maletas una torta blanca, pegoteados sus bordes de crema rosada en razón al trajín del viaje. La coloca sobre el féretro, toma los cuatro velones e improvisa una cerca alrededor de la torta. Mientras todo esto hace, va diciendo…)
Deyanira
No importa, no importa que nos haya dejado, pero no vamos a negarle la oportunidad de sentirlo todavía vivo entre nosotros. Ustedes me perdonarán, pero a él le hubiese gustado esto, lo conocía bien y creo que valorará este gesto de todos nosotros, sus amigos en vida… Ahora, propongo un cántico de cumpleaños, ya que está puesta la torta. (Se ponen a tararear la melodía del feliz cumpleaños.)
El Médium
¡Gavilla de hipócritas! ¡Basta, basta con eso! Sí, se ve que me conocía bien, mi terroncito de azúcar derretido, tramposa, traicionera, guaricha, mona retrechera… Aunque sí, es del caso reconocerlo, se ve que hay motivos para la celebración: todos ustedes querían verme bajo tierra, pérfidos…
Sara
(Lo mira vociferar, deja a Estelívar en la segunda planta y se suma al coro que, incómodo, apenas musitaba la melodía.) Yo quiero participar, y quiero que cantemos fuerte, muy fuerte. (A John Estelívar.) Tú también, más fuerte. La señora tiene razón, a él le alegrará… (Y en una especie de trance colectivo, desahogan sus tensiones tarareando a todo volumen “Happy birthday to you, happy birthday to you, happy birthday, happy birthday… happy birthday to you”. Deyanira termina de repartir la torta en improvisadas servilletas y, con su trocito, se aparta a primer plano, mientras baja, aunque sin apagarse, el canturreo en la tras escena.)
Alocuciones intermedias
(Durante esta escena, como en carrusel, los personajes irán llegando a primer plano, donde, con su correspondiente pedazo de torta del muerto, dejarán oír sus ideas.)
Deyanira
Ahora sí que la procesión va por dentro. ¿Qué hago? Me he quedado sola y desamparada en esta ciudad que todo lo engulle (Come.) Tengo hambre, (Come.) pero conviene no demostrar más la miseria. Tengo sueño, pero puede más el hambre y la miseria, y no puedo irme de esta casa sin antes haber conseguido por lo menos lo del regreso. (Come, se gira a su derecha, justo para quedar frente a frente con el espíritu del médium.) ¡Maldito Reinel, mil novecientos noventa y nueve veces condenado y maldito, que habrás de pudrirte en los benditos infiernos! ¿Por qué se me fue a morir justo hoy? ¿Por qué no se murió hace dos años, que era el momento propicio, antes de que me echara así de su casa y de su vida? Porque sí, me echó como a una trotacalles, después de que le compuse el genio y…
El Médium
Esto sí que es el colmo de la deshonestidad, del desagradecimiento y de la bandidez, pero está bien, lo acepto, lo acepto y lo reconozco. (Reinel se dirige un poco dolido y apesadumbrado al público.)Sí, eso es realmente lo que piensa, lo que piensan de mí todos. Aquí no hay nadie a quien le haya dolido mi muerte. Era una prueba, morirme para probar. Morirme para desde el otro lado, señalar. Ser un médium, no desde aquí hacia allá, sino a la visconversa… Pasan por junto al cadáver como pasar junto a un pordiosero de esos que uno ve siempre en el mismo lugar, como que hace parte del paisaje… Mírenlos, solo piensan en sus propias roñoserías, pero ni un alma caritativa que se haya conmovido auténticamente. (Grita.) ¡Señores, señores, vean, ahí hay un muerto de verdad, no es en la televisión, es un hombre muerto! Por qué el brindis, por qué la incuria. ¿Acaso ya se acostumbraron a convivir con los muertos?
Omar
A mí no me gustan los muertos. (Come delicadamente, piensa, mide sus palabras.) Cuando Rosendo pereció, y yo lo quería, es cierto, y lo vi como ver hoy a ese señor médium. A mí me dolió mucho, pero más me afligió pensar que ese cuerpo tieso y frío alguna vez había estado pegado al mío, sudoroso, eléctrico. (Come delicadamente, piensa, mide sus palabras.) Durante mucho tiempo no pude sacármelo de la cabeza, hasta cuando un día empecé a sentir de nuevo su energía, casi su aliento. Entonces, en las noches, comencé a soportarlo, se me volvió un infierno, y entre el sueño y la vigilia me perseguía, me reclamaba por ingrato, como si uno estuviera obligado a regalarle la vida a un muerto… (Come delicadamente, piensa, mide sus palabras.) y entonces, sí, con Roger, decidimos pagar por su segunda muerte y convinimos en venir con este señor para matarlo por segunda vez, pero esta vez sí para siempre…
Roger
Ni Omar ni yo somos lo que parecemos. Somos gente decente, que no ha caído en las promiscuidades de las tentaciones de la vida moderna. (Come.) Realmente nos queremos, compartimos este pedazo de vida que Dios a buena hora nos ha dado. Yo soy yo, él es él. (Un bocado.) Con todo lo difícil que es ser pareja, no podemos… solo unos pocos amigos saben que somos lo que somos, del resto no nos entienden, no nos entenderían. Parece que esta sí será una relación estable, ya estoy… estaba cansado de picar por un lado y otro, nada estable… Omar me da la seguridad que, bueno, espero que dure, espero que no sea tan posesivo y me deje… un margen… Yo sé que ahora mismo él pasa por un infeliz trance, pero es cuestión de darnos amor. Nada de falsos estoicismos, porque a mí, ¿qué me costaría empezar a sacarle el quite? (Come.) Pero hoy en día, cuando la soledad, valga la expresión, sale del clóset y se multiplica y cada vez hay menos cosas en qué creer, hay que ser honestos y limpios, al menos con alguien… Y sí…
John Estelívar
Yo solo vine a matar a un hombre y de pronto me encuentro acorralado. De pronto, si lo hubiera matado apenas entré y me hubiera ido, ya lo habría olvidado. (Come.) Si me hubiera ido a tiempo. Lo veo a él, seguro que lo veo y ahora en su cara comienzo a ver las cosas corrompidas que he tenido que hacer por obligación, no por gusto. Ahora, mientras me como esta torta estoy sereno, pero apenas vuelva y lo vea, no sé si soporte su mirada de sangre reclamándome la sangre que me ha manchado. Y esa mujer… esa mujer…
Sara
Cuando murió mamá, entonces yo tendría 12 años…
El Médium
Mamá se ha ido a hacer un largo viaje al otro lado del mundo, para seguir ayudándonos mejor desde allá.
Sara
Porque mi mamá era su ayudante en las sesiones. Desde entonces, empezó a mirarme con otros ojos más brillantes, hasta que un día, un día me dijo…
El Médium
Sentémonos juntos, porque hoy mamá va a estar entre nosotros, nos viene a visitar y quiere hablar contigo.
(Del cielo, entre nubes de algodón, baja la figura de una especie de Virgen María, toda cubierta en tules azules y blancos que, vaporosos, ondean dando la impresión de una visión celeste.)
Sara
Era la voz de mamá que me pedía que le prestara mi cuerpo para él. Entonces, se puso pálido, comenzó a decirme “mi pequeño amor, amor”, a decirme que sí, que él veía a mamá en mí, que lo acariciara…
El Médium
Fue un amor genuino, no fue maldad. Es cierto, en mis noches… (Transición, al cielo.) ¡Júzgame Dios, ahora que estoy a las puertas de tu reino si le miento! Te digo que en las noches, como en lo de la Biblia, se apareció tu santa madre y me dijo: “Tómala, ahora yo habitaré su cuerpecito para ti” y sabe Dios cuánto luché contra la tentación del demonio y la carne…
Sara
Me pregunto hoy, si así pudo engatusar a su propia hija durante más de diez años, ¿qué no puede haber hecho con los demás? Solamente cuando apareció la otra dama, la de este ponqué (Come.), empezó a darme tregua. Ya me dejaba salir, porque antes me tenía encerrada, escondida arriba mientras él aullaba aquí abajo, con los clientes que nunca le faltaron, invocando espíritus que le decían a sus padres, hermanos o amigos, dale esto al ocultista, dale aquello al vidente, págale mejor al espiritista…
(Sin aspavientos, sin siquiera ser percibida por los presentes, un nuevo personaje toma el relevo en el carrusel. Demacrada para sus años que en exceso la han marcado, Ruth de Callejas viene toda de luto, con una enorme Biblia en sus manos. Derechito, pasa al frente, increpa a Sara, fin de las alocuciones.)
Ruth
Sara, esto es una vergüenza, un oprobio, una ignominia y una deshonra. Donde la muerte se aposente ahí es templo del Señor, y no una feria de condenación como esta. A quitar esto y eso y todo esto, no hay motivo de celebración, si hemos perdido nuestro sustento. Con los designios del Señor no se juega ni se hace negocio ni se estafa. A esta casa de perdición solo vengo hoy, porque el deber de la sangre me llama. ¿Y qué encuentro? El vulgar colorido de una fiesta… (A todos.) Aparten, aparten esta ostentación impía de fiesta. ¿No ven que hay una persona que reclama su derecho a la paz final?
Sara
Es el tiempo de los reencuentros. Hola hermana mayor. La veo más seca que nunca, pese a que nunca la veo. Pensé que venía con su señor esposo…
Ruth
A qué me lo recuerdas, sarcástica. No te me acerques, ave de mal agüero. Si he concedido en venir ha sido porque el Señor dice que no hay que abandonar el tronco de la vida del que se proviene, pero el Señor sabe cuánto me cuesta venir a este nido de perdición, sacrílegos adoradores de los símbolos del mal.
(Ruth, sola, comienza a quitar festones y a estallar bombas. Se suman a su cruzada Omar y Roger. Mientras esto hace, sus alabanzas leídas de la Biblia se escuchan a todo volumen.)
Ruth
“Si hablo, mi dolor no cesa. Y si dejo de hablar no se aparta de mí. Pero ahora tú me has fatigado; has asolado toda mi compañía.” (Va formando una pila de cosas, entre los objetos decomisados de la fiesta y los propios del local.) “Tú me has llenado de arrugas, testigo es mi flacura, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro. Hizo alejar de mí a mis seres amados, y mis conocidos, como extraños, se apartaron de mí.” (Sara se ha sentado a mirar cómo maniobra su hermana. John Estelívar se arrodilla contrito, el médium, sentado en la base de su nicho, parece derrotado…)¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí!, Porque la mano de Dios me ha tocado… Job 19-20 ¡Aleluya!
Omar y Roger
¡Aleluya! ¡Aleluya!
Sara
Está por llegar el emisario de los muertos a cobrar por la ceremonia, la mejor ceremonia para el mejor muerto, ¿quiere usted echarle una ojeada a las facturas? Yo ni siquiera las he visto.
Roger
(Para sacarle jugo a la colaboración, a la confianza, tratan de abordarla mientras ella, férrea, prosigue su labor purificadora.) Nosotros, Omar y yo, queremos expresarle nuestro más sentido pésame, a la vez que queremos, viendo que usted parece una dama responsable y honorable, plantearle nuestra cuestión a fin de encontrar una salida a nuestro penoso asunto…
Astor
(Irrumpe vozarrón, manos alzadas.) ¡Aleluya, Aleluya! Ay mi Maestro, padre y hermano, ¡Aaay! que trance tan difícil, no para ti, que has cruzado el liminal límite, sino para familias, deudos y discípulos que tendremos que arrastrar indefinidamente con el peso infinito de tu ausencia. Calamidad última que te burlas de nuestros deseos sinceros.
(Apenas reaccionando de la perorata, Omar y Roger se miran: sí, es otro médium, lo parece no solo por lo que dice y hace sino como viste, idéntico a la forma como lo hacía el difunto maestro, aunque no en los mismos colores. En Astor, tal es el nombre del nuevo congregado, su vestimenta verde oliva y azul, con briscados y arabescos dorados, le da un tono aún más farsesco e impresionante que el del finado. Astor es un hombre de mediana edad, unos 30 años, largas patillas y bigotes como de prócer de billete. Llena de anillos sus manos, collares y accesorios.)
Astor
No sé si me conocen, pero él sí me conocía… (Ve a Sara, se hinca ante ella, con exagerada solemnidad.) Tú, claro que tu sí me conoces, Sarita. Con el corazón en un hilo me sobresalta su pérdida tanto como a ti, dolor que comparto con estos señores que sin duda… (Por John Estelívar, que yace de rodillas.) Usted parece sentirlo tanto como yo ¡Aaay! Reinel, que la paz de esta vida ejemplar sea contigo en la paz del reino que me enseñaste a comprender para beneficio de quienes no nos resignamos a la pérdida de nuestros preciados seres queridos…
El Médium
¡Habrase visto la desfachatez de este hijodeputa que hace unas cuantas horas me tiró por la baranda y ahora viene a llorarme, el maldecido! Sí, fue este, fue este, estoy seguro… ¡La policía, hay que llamar a la Policía, Sarita! Tienes que hacer que lo prendan, que se lo lleven, para que sea vengada mi muerte. Está bien, te concedo el odio, lo soporto, lo merezco, sé que no me porté contigo como era debido, pero como última voluntad, quiero que denuncies a este malnacido…
Sara
Mi papá se debe estar alegrando en su tumba al verlo aquí, señor Astor, acompañándonos. Le reconozco esta atención, gracias, gracias por estar entre nosotros.
El Médium
Inmunda, abominable resentida. No puede haber en el mundo tanta perfidia… Pero ya llegará, ya llegará…
Sara
(Fingiendo sollozo.) Él no existe más, papá, es una lástima que no podamos oírlo más…
Astor
Estaba acostado en casa, cuando de pronto, como de súbito, comencé a sentir unas emanaciones dentro de mí y lo supe, lo supe de inmediato, pero pensé que era un llamado telepático del maestro, como tantas veces antes lo había hecho, solo que ahora parecía más distante… ¿A qué horas fue?
Sara
A las once de la mañana…
Astor
(Se turba.) ¿A las once de la mañana? Sí, creo que esa fue la hora… ¿Y cómo fue? (Mira la escalera y la baranda.)
Sara
Se resbaló con una cáscara de banano que había dejado tirada en el piso, se fue de cabeza y se mató…
Astor
Una cáscara de banano…
El Médium
¡No es cierto, así no fue!
Ruth
Qué muerte tan innoble, qué vida tan descarriada, señor, habiendo tantas formas dignas de morirse…
El Médium
No es cierto, que fue muerte heroica. ¡Un deicidio!
Astor
¿Será posible? Pensé que…
Sara
¿Que lo habían matado? ¿Que lo habían empujado desde la baranda a traición? ¿Que se había suicidado, para demostrar el fin de los tiempos y guardarnos puesto en la otra vida, cuando dieran las doce de la noche? ¿Que le habían robado los ahorros que guardaba debajo de la estatua, que… (Lo mira fijamente.) Y quién podría estar interesado en hacerle daño a mi papá. (John Estelívar se levanta rápidamente.) Usted que lo conocía tan bien, sabe que él no tenía enemigos, ni tenía nada ni nadie a quién ni a qué temerle.
Ruth
(Al teléfono.) Aló… ¿El pastor López? Pastor es que…
Sara
Usted deje ese teléfono…
Ruth
Alguien tiene que venir a atenderlo.
Sara
En mi casa se hace ahora lo que yo disponga.
Ruth
¿Mi casa? Pero veo que se ha despertado del todo y qué tan rápido se la ha apropiado…
Roger
Señoras, no queremos que nos entiendan mal, pero nos parece que ustedes tienen problemas que ventilar entre ustedes y, para serles francos, creo que estamos sobrando. No es que no queramos acompañarlos, pero necesitamos que nos resuelvan nuestro asunto y… miren, ya faltan cinco minutos para las doce, ya…
Omar
…Y, por el asunto de la plata…
Roger
…Son cinco millones que le habíamos anticipado al Maestro Mentalista…
Omar
…Por un tratamiento que terminaba hoy, dentro de cuatro minutos… Roger, ya faltan cuatro minutos, ay… se va a venir… ay…
Roger
(Mientras sigue su reclamo, ante las dos mujeres impasibles, que escuchan.) Fue que llegamos y nos encontramos con… esto, tan inesperado…
El Médium
(Se acerca a Estelívar, que trata de huir, de apartarse todavía medroso.) Cállese, no le voy a hacer nada, más bien le voy es a dar…
John Estelívar
Sí señor.
El Médium
…una instrucción que lo compense de mis embrujos… ¿Ve ese tipo? Ese tipo me debía de todo y ese fue, estoy seguro, el que se le adelantó…
John Estelívar
¿El otro señor médium?
El Médium
Quiero que con las dos balas que le quedan en ese revólver termine de hacer su trabajo, pero con él…
John Estelívar
Co… como. Yo…
El Médium
Es muy fácil…
Sara
(Que se ha apartado de su hermana, a quien Roger y Omar persiguen dando argumentos en voz baja.) Sí, es muy fácil. Realmente, matar a un hombre, es muy fácil. Juntos lo podemos hacer, todos juntos…
Ruth
(Con su séquito tras ella, consulta la factura de la funeraria.) Por el amor de Dios Bendito, ¿y pretende que yo pague todo esto? (Los confronta.) Y ustedes, pecadores, sodomitas, ¿piensan que puedo, tengo y quiero pagarles por algo que así tuviera, preferiría quemar en el fuego purificador, antes que dejarlo en sus manos sucias y pecadoras?… A menos que se conviertan, que escuchen, no con el oído acostumbrado a la desidia y al pecado, sino con los oídos del alma, la palabra del Salvador…
Roger
No es por nada más… A ver le explico…
Deyanira
(Después de un concienzudo análisis que a decir verdad no ha requerido de mucho mérito, por lo clara de la situación, se juega su última carta.) Cómo se llama, cómo se llama…
Astor
(Picarón.) Astor, mentalista de vanguardia, para cuidar su retaguardia, je, je, je…
Deyanira
Bonito nombre, bonito, ¿cómo se dice? Eslogan… No nos conocíamos… ¿o sí? Don Astor…
Astor
(Galante, engolado.) Temo que no, me temo que no lo olvidaría…
Deyanira
Pero yo creo que sí. No, no creo, estoy segura. Pero si usted era el mejor amigo de mí… del difunto Reinel ¿No me recuerda? Yo fui su señora de él, y su asistente de él, lo que pasa es que fue que tuvimos… diferencias… Claro, usted… Es más, fue por culpa de usted que me… no me echó, es muy rudo… me… bueno, porque dijo que, porque un par de veces le hablé de usted y empezó con los celos, que usted… bueno, usted le inspiraba celos.
Astor
Ah, no lo sabía. ¿Tanto era?
Deyanira
¿Celoso? Con decirle que hasta me celaba con usted, y…
Omar
¿Y lo del anticipo, entonces?…
(De repente, todos se quedan quietos. Gran estrépito. Las luces de la escena vacilan. Se oyen chirridos de cortocircuitos, efectos sonoros dan la sensación de ruina. Apagón total. Silencio.)
ACTO TERCERO · EL FIN DE LOS TIEMPOS
CUADRO UNO
(Foco violentísimo, cerrado sobre el médium. Otro foco menos intenso, más bien de un amarillento opaco, pasea sobre los cuerpos… ¿Recuerdan las figuras petrificadas de hombres y mujeres, de las ruinas de Pompeya? Los personajes han quedado como petrificados en distintas poses, formando un cuadro entre pintoresco y dantesco.)
El Médium
Tin, tin, tan… ¡Ya llegó, son las doce de la noche! ¡Analicen sus relojes! Cierto, es cierto. Ya llegó el fin del milenio, el fin de los tiempos, el Apocalipsis… Now. Fuera máscara vulgar, de manera que me puedo despojar ya de este simulacro, para venir con Verdad. (Abre los brazos, resuella, bufa.) ¡La línea imaginaria, la frontera entre los tiempos! Ahora mismo, (Con ademanes de intachable pericia, se despoja de la capa.) ahora mismo todos estamos con el corazón encogido, tum, tum, tum. Controla la respiración, lo escuchas… ¿será verdad, no será verdad? Nos tocamos, nos palpamos… ¿Todavía la corrupta materia envuelve nuestra alma? ¡Qué salvar, qué queda! … ¿Existe Él, Eloim, el Salvador, el Resurrecto y su reino de maná, de alivio? ¡Aaaaah… El Señor de los Tiempos, del día del juicio, el Severo Rey que nos ha dejado a nuestro albedrío y que ahora, yo, vocero y portador, confronto con el Reino del Ayer, de los muertos! Yo, el médium vivo, el médium muerto. Yo, el pecador, el hombre pecador, el más pecador de todos, el más sucio, el más humano y más imperfecto, abominado, por mi propia sangre… (Abraza, besa, acaricia, besa el cuerpo estupefacto de su hija Sara.)…soy el elegido para anunciar una Nueva Era, la new age… (Sonido sordo, se golpea el pecho. Ahora habla muy despacio, casi deletrea)…Unnpjp, soy un perro miserable e indigno… (La luz va bajando, hasta quedar apenas un hilillo, que sirve para distinguir su silueta transida. Habla sin pausa.)…que no ha hecho más que seguir los dictámenes del instinto contra las reglas de mi Ssseñor, soy una basura un excremento una bazofia, soy el que no ha hecho más mérito que atizar el pecado, soy yo la imperfección, soy. Por ello, por ello, por haber vivido del pecado sin disfrutarlo, por haber violado sin gusto ni placer sino con la secreta humillación de su concurso, conociéndote a ti (Señala al frente, acribilla al auditorio.), y a ti, mi semejante, mi vecino ¿ya no nos vimos en otra consulta y en otra vida, ya no habías confesado tu impureza? Y a ti, mi igual, y ya sabiendo lo negro y oscuro que eres, me siento autorizado pero más que ello elegido para vaticinar la oscura luz del fin de los tiempos.
(Otra vez, oscuridad total. Ahora, la voz ya no proviene de él. Es su propia voz, sí, pero esta sale de distintas fuentes: pregrabados que se escuchan de uno y otro lado de la escena, de la casa, del auditorio; que se desvanecen y confunden, se superponen. Y también se escuchan, de fondo, diálogos familiares, cosas de la casa, discusiones domésticas, trivialidades…)
Voz del médium, pregrabado uno
Así es. Cuanto más trafiques con los muertos, más mérito para estar del lado de Él. Era mi divisa y consigna. Era la voz que me hablaba, como hoy yo hablo… Yo médium, ventrílocuo de los arcanos…
Voz del médium, pregrabado dos
El tiempo está suspendido, el tiempo. El tiempo está suspendido, el tiempo. El tiempo está suspendido, el tiempo. El tiempo está suspendido, el tiempo. El tiempo está suspendido, el tiempo. El tiempo está suspendido, el tiempo…
Voz del médium, pregrabado tres
Era cierto, era el fin. Por fin, el fin. Como tantos lo dijeron y como tan pocos le oyeron, apartados como están del sentido de la virtud…
El Médium
¡Mientras en el mundo sacrílego rueda ahora, en esta, la hora de la verdad, rueda la champaña y la fiesta se da con arrebatos altivos, yo, el portavoz del mañana, con este nuevo y sacro símbolo…!
(Luz cruzada de extremo a extremo de la escena. Dentro de ella, el cuchillo volador, que la atraviesa, hasta encajar en una mano cortada. La mano se cierra, desvanece luz. Oscuridad.)
Voces del médium pregrabadas
(De distintas fuentes.)
Vivos y muertos
Suma de sumas
Con la vara que mides, te medirán
Los vivos y los muertos
Porque el día del juicio final, es
El final de los tiempos, es,
Ha llegado, zona cero
Del nuevo caos, la nueva luz.
(Campanillas excitadas. Oscuro repique, espaciado, de una nota grave, profunda, de piano.)
El Médium, en proyección circular
(Desde un video proyector que tiene el médium en sus manos, sale la imagen muda, en blanco y negro, de él mismo, en medio de un paisaje celestial, es decir, fondeado de nubes seráficas. El mudo de la grabación gesticula las palabras, el médium habla mientras panea. Durante toda la escena, mantendrá el movimiento circular del video proyector.)Habéis visto aquí a los más destacados representantes del oscuro vicio y la magra perdición de estos tiempos, que han hecho desconfiar al Creador genuino, de su obra, renegar de ella, y ahondar en la ruina del desenfreno y la perdición: vemos a un sicario asesino, el de la moto…
(Foco cenital. A él entran las manos blancas del pecador, con el revólver. Lo deja caer, gira las manos, las abre. Una regla metálica las golpea, las castiga. Niño de escuela, luz desvanecida. Oscuridad.)¡Atención, enjuiciados! Si se hubiese castigado con decisión y con fuerza, incluso con cercenadura de mano a un niño a tiempo, habría habido un motociclista y un asesino menos. Un asesino, uno de esos que por un puñado de monedas, hala del gatillo… gatillo… palabra bonita, afectivo diminutivo de gato… Vemos, por otra parte, en la hora, la hora aciaga… a los espurios representantes de la más tosca decadencia: Ellos, sí, ellos personifican el peor de los pecados, acto más pecaminoso incluso que el asesinato: el amor contra natura, positivo con positivo, más por más es igual a menos…
(Foco nuevo de luz que abre. Las manos varoniles se desentrelazan. La regla castiga.)Acto inútil, libertino… La perdición que nos ha convertido en pecadores a toda una especie… El hombre no amará al hombre, ni fornicará con su igual, a sus espaldas… Afuera, tentación de la carne. Sé de lo horrendo, porque lo he padecido, sé lo horrendo de ocultarlo, sé lo horrendo, castigo en vida…
(Las nubes del cielo blanco y negro de la videoproyección tornan en fuego colorido, que abrasa el rostro del médium gesticulador, pero mudo. Un distante sonido, melodía de bolero. Foco cenital rojo, rojo rosa muy tenue. Roger y Omar bailan pegoteados, semidesnudos; Sara y John Estelívar danzan apretujados, Deyanira y Astor bailotean suavemente, amacice torcidesnudo.)La ruindad, la traición y la lujuria se amanceban. Hieronymus, the last judgment. Véase cómo a pesar del castigo, se afianzan el hombre con el hombre, la hija con el sicario, y mi querida, que ya se solaza con mi asesino.
(Oscuridad total. Silencio de segundos. Jadeos. Silencio. Voz cavernosa, triste.) Sí, esas son las postales del pecado, las tentaciones de San Antonio lisboeta, Hieronymus, que acarician el pecado… Cadencia, tiempo, hombres, mujeres, decadencia, al fuego, al fuego…
/De las paredes de la casa, se iluminan pantallas con animaciones de imágenes de tiendas de espiritistas: manos milagrosas, josés gregorios, purgatorios. Vuelven las voces confusas, superpuestas.)
Voz del médium, pregrabado otro
Metáforas de los fuegos devoradores de tanta estampa…
Ruth
(En la oscuridad.)Me paseo por en medio de sus cuerpos suspensos, porque su tiempo se ha detenido. Y vosotros, cristianos y creyentes, hombres de fe y de entendimiento ¿qué tanto de cada uno de nosotros tiene? ¿Qué tan imperfectos somos? Vamos a arrepentirnos, solo basta un acto de fe, un leve y mísero acto de arrepentimiento genuino. Vamos a levantarnos y a tomarnos de la mano. Tú eres pasión, yo soy pasión, Colombia es pasión… Todos, todos a viva voz, que el señor espera impaciente, asomado al balcón de los cielos a la espera de que nosotros, impotentes criaturas, alabemos su nombre y nos encomendemos a Él, que Él será fuente de verdad, Él fuente y cauce y océano. La mano del Señor, la portadora del rayo de la luz, que brilla y ciega, y de la guadaña que siega…
(Comienza a dar palmas, en la oscuridad. En la oscuridad, se suman palmas a las palmas. Silencio. Se enciende la luz. Luces plenas de la escena. Ya despojados de las poses apocalípticas, los personajes aparecen como para una foto. Serenos, no congelados. A un lado, Roger y Omar, neutros, tomados de la mano. Al fondo, Sara y John Estelívar, también tomados de la mano. Estelívar con su casco de motociclista, Sara con el revólver sobre su pecho, cruzado. A izquierda, Deyanira con Astor, boca a boca, beso prolongado. Junto al féretro, Ruth, como salmodiando. El médium ha vuelto a ponerse su capa y sus símbolos. Mira a la concurrencia, avanza hacia su morada. Se encarama, penetra.)
El Médium
(Sentado, con una mano ya puesta sobre el portón del ataúd.)El señor está con nosotros, es su presencia de muerte y de vida que nos invade y que nos dicta la esperanza de un mañana a su lado, contemplándolo por la eternidad, contemplando una imagen de piedra quieta, sin poder cerrar los ojos, sin ver otra cosa distinta que su luz, la luz brillante, sí, por la eternidad, no el fuego abrasador, no la carne en el espanto de las lenguas que lamen y achicharan y lamen y achicharran la obscena piel que fue… Mirando un rostro, fijamente, mirando una imagen de piedra por la eternidad, fíjense bien, sin cerrar los ojos… El premio gordo al arrepentimiento es ese, la salvación es contemplar su rostro. Ay, divino rostro… (Se queda mirando a Sara, musita.)Impúdicamente acariciada, impúdicamente acariciada, impúdicamente…(Y lentamente se desvanece dentro de su lecho, con su voz.) Acariciada impúdicamente, acariciada, impúdicamente acariciada. Impúdicamente. Acariciada. Impúdicamente, acariciada…
Ruth
(Cierra el féretro.) Esa es la eternidad, más allá, más allá del juicio, la perdición, la pernicie, el asesinato, el teatro, la representación vulgar. Edifícate, yo soy tu palabra y su tránsito, su transición, su espera, ha llegado con él el fin de la historia…. Ya…
(Apagón, oscuridad, silencio. Se oye la lluvia, se oyen pasos, se oyen murmullos alejados. Foco levísimo sobre Ruth, que ora al lado del médium.)
Sara
Ahora sí que estás muerto. Has mirado atrás de ti, cuando él acabó de nuevo con el mundo. Has quedado convertido en una estatua de sal. Por tercera vez el diluvio, por segunda Sodoma. Mundo imperfecto, mundo que de nuevo se rehace en la promesa de la perfección. Tendrás, Señor, que seguir enviando redentores confiables…
(Oscuridad, silencio. Una voz tímida.)
Omar
¿Estamos muertos, Roger? ¿Quién me toma de la mano? … ¿Eres tú, Rosendo? … ¿Roger? … No veo nada.
(Cuando vuelve la luz, únicamente Sara está al lado del ataúd, que vela. Todos se han ido. ¿Alguien estuvo?)
Sara
Es una lástima que no sea cierto, padre, que el fin no haya justificado los miedos. Estamos todos sanos y salvos, padre. La vida sigue, sigue la velada, no ha pasado nada, nada se ha edificado de nuevo. Sí, damas y caballeros, los castillos que se hacen para promulgar las distintas fes y credos, puede que permanezcan más allá de las fes y los credos. Los castillos o los templos o los monumentos, puede que sean eternos; sus dioses no, sus dioses no son eternos. Aquí todo ha quedado impune, incluso —y más— las palabras proferidas. Pasó el día que creíste que era el fin del mundo, papá Reinel, el 31 de diciembre de 1999. Te adelantaste la muerte para esperarme y no, no pasó nada, papá. No eras ningún portavoz de las sombras, no se acabó el mundo, como pensaste, ni como prometiste. Y nadie vino a saludar tu muerte, porque a muy pocos se les ocurrió la hecatombe. Hay serpentinas y fuegos pirotécnicos por todo lado… Lo que sí pasó, aunque ya no me oigas, fue que otra vez hemos tenido un súbito miedo ¿sabes? ¿Y si todo lo que hicimos hubiera sido hecho mal? ¿Y si de verdad, de verdad, ser criminal tuviera un castigo?
Finis coronat opus