Juegos nocturnos I
Sólo para nictálopes
¿De Jean Tardieu?
Ficha técnica
- Actores
- Juan David Ruiz - Jonathan Cadavid - Andrea Martínez - María Isabel García - Ángela María Muñoz - Juan David Correa - John Fernando Ospina - Diego Sánchez - Margarita Betancur
- Composición musical
- Óscar Mario Castañeda - Ángela María Muñoz - Diego Sánchez
- Vestuario, escenario, luces y dramaturgia
- Matacandelas
- Dirección escénica
- Cristóbal Peláez
Contenido
- ¿QUIÉN ESTÁ AHÍ? (Jean Tardieu)
- LA INÚTIL CORTESÍA (Jean Tardieu)
- DRAMA O COMEDIA (Felisberto Hernández)
- OSWALDO Y ZENAIDA o Los apartes (Jean Tardieu)
- ESCENA PARA CUATRO PERSONAJES (Eugene Ionesco)
- LA CONSAGRACIÓN DE LA NOCHE (Jean Tardieu)
- INTERREGNO (Samuel Beckett)
- EL CANARIO (Georges Neveaux)
- LA CONVERSACIÓN SINFONIETA (Jean Tardieu)
Frases que interrumpen, disminuyen o intensifican la acción dramática
- “Un árbol. Un camino”. (Samuel Beckett)
- “Estamos hechos de la misma sustancia de los sueños y a nuestra breve vida la circunda el sueño”. (William Shakespeare)
- ¡Cómo cae la luna sobre los cementerios! Cae de lleno”. (Ramón Gómez de la Serna)
- “Todo es fantasía, menos la muerte”. (Ramón Gómez de la Serna)
- “Dentro de cien años, todos calvos”. (Ramón Gómez de la Serna)
- “Sólo donde hay tumbas, hay resurrecciones”. (Federico Nietzsche)
- “El mar es grande”. (Antón Chéjov)
- “Todo lo sólido se desvanece en el aire”. (Carlos Marx)
- “En el desierto está Dios sin los hombres”. (Honorato de Balzac)
¿QUIÉN ESTÁ AHÍ? · JEAN TARDIEU
LOS ACTORES VIENEN DE UN COSTADO DE LA SALA. SUBEN AL ESCENARIO. EN FILA FRENTE AL PÚBLICO. SALUDO. VAN AL FONDO DONDE HAY UNA TARIMA CON INSTRUMENTOS. MÚSICA.
Actriz 1
Verificación. Cinco, ocho, seis (SE MUEVE UNA LUZ A CADA NÚMERO) Dos, siete. Comienzo.
Actriz 2
“Estamos hechos de la misma sustancia de los sueños y a nuestra breve vida la circunda el sueño”
Actor
¡Cómo cae la luna sobre los cementerios! Cae de lleno.
Actriz 1
Teatro Matacandelas. Juegos Nocturnos I. De Jean Tardieu ¿Quién está ahí? Género: drama. Duración: 7 minutos. Comienzo.
El Padre
Yo soy el padre. He aquí a mi esposa y he aquí a mi hija. Afuera la noche es larga y fría. Es invierno. Pero aquí nos calentamos unos a otros, y nos sentamos a esta mesa para apaciguar nuestra hambre, mientras cambiamos frases afectuosas. (SILENCIO) ¿Qué hiciste esta mañana? Fui a la escuela. ¿Y tú? Fui al mercado. ¿Qué hallaste? Las verduras más caras que ayer, y la carne, más barata. Tanto mejor, una cosa compensa a la otra. ¿Y qué dijo el maestro? Que estoy adelantando mucho. Bien hijo mío. Trabaja. Ya verás. Todo saldrá bien. ¡Ah, qué felices somos juntos! ¡Qué fría y qué negra es la noche afuera! Alegrémonos de no tener que salir…
Voz
Buen padre, ten cuidado, afuera no hay más que la noche.
El Padre
¿Qué quieres decir?
Voz
¡Ten cuidado! ¡Ten cuidado! (BAJO) Creo que hay un hombre tras la puerta.
El Padre
¿Qué hace?
Voz
No sé, espera.
El Padre
¿Qué espera?
Voz
A ti quizá… (UN SONIDO. UNAS MANOS. UNA NARANJA)
El Padre
¿Qué quiere usted? ¿Quiere usted hablarme? Pase. ¿Qué tiene que decirme? (LAS MANOS ESTRANGULAN AL PADRE)
Voz
¡Ya está! Lo que tenía que suceder ha sucedido. Afuera la noche toca a su fin. ¡Deja de llorar buena madre, y ve a la ventana! (LA MADRE VA AL VENTANA) ¿Qué ves? Di. Ahora puedes hablar.
La Madre
El campo está lleno de muertos.
Voz
¿Y el barrio?
La Madre
El barrio está lleno de flores.
Voz
¿El sol? ¿Qué hace?
La Madre
El sol está al fondo de un sótano, pero sus primeros rayos comienzan a pasar por un suspiradero. (GRITA) ¡Ah! ¡Ah!
Voz
¿Qué ves?
La Madre
Veo al padre… Allá… Entre los muertos…
Voz
¿No lo sabías? ¡Pobre mujer!
La Madre
¡Sí! ¡Pero sus compañeros son numerosos!
Voz
Hijo, ve a la ventana y llama a tu padre.
El Hijo
Padre. Padre. Padre.
Voz
¿Te oyó?
El Hijo
Sí. Se levanta. Pisa a los otros muertos… Viene hacia la casa…
La Madre
Oigo su paso en la escalera… Es él.
La Madre
¿Quién te mató?
El Padre
No fue un hombre.
La Madre
¿Quién eres tú?
El Padre
No soy un hombre.
La Madre
Nadie.
Voz
¿Dónde está, pues, el hombre?
El Padre
En ninguno de nosotros.
La Madre
Pero yo me acuerdo. ¡Tú vivías!
El Padre
En todos nosotros, el hombre ha muerto. Ya no es, no es, o todavía no.
Voz
¿Dónde está?
El Padre
Busquemos juntos. Un día, en medio de nosotros será.
Voz
La ventana se ilumina. Alguien se acerca… ¡Esperemos!
LA INÚTIL CORTESÍA · JEAN TARDIEU
Voz
De Jean Tardieu La inútil cortesía. Duración: 7 minutos. Género: Comedia.
Profesora
(CON LA ALUMNA QUE LLEVA UN VIOLÍN) Y sobre todo, acuérdese, amiguita, que en el momento del examen lo que cuenta no es lo que usted sepa, ni lo que comprenda, sino lo que usted sea…
Estudiante
Sí, señora profesora.
Profesora
Es por el ser, y únicamente por el ser, como entrará usted en la vida.
Estudiante
(INSEGURA) Sí, sí, seguro señora profesora.
Profesora
Diré más; si usted no es, no podrá aspirar a llegar a ser lo que sea. (BRUSCAMENTE, CON INDIGNACIÓN ORATORIA) Y cómo, joven presuntuosa, ¿se atrevería usted a comparecer ante un jurado para obtener un diploma del Estado, sin haberse asegurado antes de su propia existencia? ¿Quién saldría garante de su identidad, sino usted misma, le pregunto?
Estudiante
(ATERRORIZADA) Yo… yo… me lo pregunto en efecto, señora profesora.
Profesora
(CON DUREZA PATERNAL QUE PRUEBA QUE SU CÓLERA ERA UN JUEGO) ¡Vamos! Veo que usted se plantea la cuestión esencial. El primer paso va de la insatisfacción a la curiosidad, de la curiosidad a la investigación, de la investigación a la decepción, de la decepción a la angustia y (SUAVE) de la angustia a la desesperación. ¡Vamos, amiguita, y buena suerte!
El Estudiante
(ATORMENTADA) ¡Oh! Gracias, gracias, señora profesora. Realmente… cómo… en fin, que… quiero decir, gracias de todo lo que…
El Profesor
(CON AFECTUOSA CONDESCENDENCIA) No es nada, quiero que haga una carrera feliz y provechosa. Y recuerde bien esta máxima: El ser es la dignidad del hombre, como el hombre es… (LA ESCENA SE CONGELA)
Voz
“Todo es fantasía, menos la muerte”
Profesora
El ser es la dignidad del hombre, como el hombre es la dignidad del ser. (LE CONDUCE A LA PUERTA) Vamos amiguita ¡Hasta luego!
El Estudiante
Hasta luego, señora profesora… yo… yo… yo…
Voz
Disculpe señora profesora, alguien desea verla.
Profesora
(MAJESTUOSAMENTE) ¡Que entre el visitante! (LLEGA EL VISITANTE, CON MÁSCARA Y SONIDO ESTRIDENTE DE GUITARRA) ¡Estoy encantada de verle! (SE FROTA LAS MANOS) ¿Cómo está usted? (EL VISITANTE CALLA CON INSOLENCIA E INSPECCIONA DESDEÑOSAMENTE LA HABITACIÓN) He dicho: ¿Cómo está usted? ¿Quizá no me oyó usted?
Visitante
Claro que sí.
Profesora
¡Perfecto! ¡Perfecto! Así, pues, su salud es buena. Para mí es un placer saberlo. Vamos a poder pasar un momento agradable conversando, pero vamos, siéntese pues… (EL VISITANTE NO SE SIENTA) ¿No? Tanto peor. Como usted guste. Comprendo. Sin duda viajó usted sentado durante largas horas y ¿prefiere estirar las piernas? Pues bien perfecto, perfecto, como usted guste, por cuanto a mí, me permitirá usted que me siente, porque hoy he tenido un día fatigoso. (SE SIENTA) Sí, la enseñanza es un oficio muy bello, pero tan agotador, ¿No cree usted? La recompensa está en sentirse rodeado de todas esas almas jóvenes, ardientes, trémulas, impregnadas de esperanza y de fe. La recompensa es el respeto que nos testimonian los mejores de ellos, sí, aún los más traviesos, es…
El Visitante
(SEÑALANDO EL CUELLO DE LA PROFESORA) Allí…
Profesora
Qué… qué… ¿Qué hay?
Visitante
(APENAS ARTICULANDO, DESDEÑOSO) La corbata… chueca…
Profesora
(RECTIFICANDO SU INDUMENTRIA) ¡Oh, perdón! Dispénseme. Hablaba, hablaba y no me daba cuenta de que…
Visitante
No es nada… por el momento.
Profesora
(ESFORZÁNDOSE POR SONREÍR) Por lo demás, ¡Perdóneme si hablo tanto de mí misma! ¡Un tema bien pobre! Es usted quien debe decirme cuáles son sus impresiones, si le gusta esta ciudad, qué es lo que piensa hacer… Hable, estaré encantado de oírle… (EL VISITANTE MIRA EL AIRE SILBALDO) No puede usted saber hasta qué punto me interesa todo lo que le atañe. ¿Pero quizá la modestia le refrena para hablarme? ¡Sí, el pudor de las almas valientes! Pero, se lo ruego, considéreme como a una amiga y hágame el honor de confiarse enteramente a mí.
Visitante
(BRUTAL) No me in-te-re-sa.
Profesora
(COMIENZA A SENTIRSE INCÓMODA Y SE PONE MÁS Y MÁS AMABLE) ¡Vamos, vamos! Eso dice usted… pero yo pienso… quizá apetezca usted tomar algo: ¿Una galleta, dos dedos de oporto? Voy a llamar a mi esposo… (SE LEVANTA)
Visitante
(RIÉNDOSE REPENTINAMENTE) ¡Tiene usted esposo! (RÍE CRUELMENTE)
Profesora
(ESFORZÁNDOSE EN PERMANECER AMABLE) ¡Pero claro! ¡Tengo un esposo! El más devoto, el más exquisito, el más…
Visitante
(SECO) ¡Basta!
Profesora
(EN UN ARRANQUE DE VALENTÍA) Pero en fin, señor, ¿Qué juego es este? ¿Qué significa su actitud hacia una mujer de mi situación y de mis méritos? (ENGALLÁNDOSE UN POCO) ¿Sabe usted que le habla a una profesora reputada, que vive rodeada de la estimación de sus colegas, del respeto de sus alumnos, del afecto de los suyos? Empiezo a encontrar…
Visitante
(IRÓNICO Y AMENAZANTE COMO SI EMPEZARA A INTERESARSE EN LA CONVERSACIÓN) ¿Empieza usted a encontrar?
Profesora
¡Precisamente! Empiezo a encontrar singularmente ofensiva su actitud hacia mí. En fin de cuentas ¿Qué me quiere usted?
Visitante
(LEVANTÁNDOSE DE UN SALTO Y YENDO A ENCARARSE AL PROFESOR) ¿Quiere saberlo?
Profesora
(ATERRORIZADA Y RETROCEDIENDO) Sí, claro, quiero…
Visitante
(CADA VEZ MÁS AMENAZADOR) ¿Quiere saberlo, eh? ¡Pues bien, toma! (TOCA LA GUITARRA: SONIDO INSOPORTABLE. LA PROFESORA CAE AL SUELO).
Visitante
No les explicaré esta historia. Sin duda ha tenido lugar muy lejos de aquí, en el fondo de un mal recuerdo. De allá es de donde vengo, para advertir a ustedes y convencerlos. (EN VOZ BAJA, CON UN DEDO EN LOS LABIOS) ¡Shit! ¡Hay alguien que duerme y que podría oírme! Ya volveré… (SE ALEJA EN PUNTILLAS) ¡Mañana!
DRAMA O COMEDIA · FELISBERTO HERNÁNDEZ
En un acto y varios cuadros
Narrador
¡Y ahora llega el misterio, la intriga y la pasión! porque ahora llega de Felisberto Hernández, drama o comedia en un acto y varios cuadros. Personajes: Juan, Juana y María la hermana de Juana. Duración: 7 minutos. Cuadro uno: Juan y Juana.
Juana
Juan ¿Qué estás pensando?
Juan
No te lo puedo decir.
Juana
Snif, es la primera vez que me dices que no me lo puedes decir.
Juan
Tengo mis razones.
Juana
¿Un pretexto filosófico?
Juan
¿El no poder decírtelo ha de ser precisamente por mal?
Juana
El no decirme una cosa que has hecho mal por hacerme bien, es hacerme más mal.
Juan
El resultado de lo que tú piensas es hacerte mal, pero el resultado de lo que yo pienso es hacerte bien.
Juana
Bueno, si es así, como tú dices, explícaselo a María y si ella está conforme con el bien que me haces, estaré de acuerdo.
Juan
Bueno, se lo explicaré. Tú calcularás que ella te lo dirá después. Yo también calculo eso, pero será muy sencillo para mí descubrir si te lo dijo, y mucho más sencillo el castigo: no decirle nunca más lo que a ti no te puedo decir.
Juana
¿Cómo? ¿Entonces piensas volver a hacer este bien que yo no puedo saber?
Juan
Tal vez.
Narrador
Cuadro dos: Juan y María.
María
Juana me lo ha contado todo. Está muy disgustada porque usted nunca le ocultó lo que pensaba. (PAUSA) Bueno entonces dígame pronto ¿Qué pensaba?
Juan
Mire María, yo no pensaba en nada.
María
¡Ah! No se lo creo.
Juan
Se lo contaré y me creerá. Lo que más nos encanta de las cosas, es lo que ignoramos de ellas conociendo algo. Igual que las personas: lo que más nos ilusiona de ellas es lo que nos hacen sugerir. El colorido espiritual que nos dejan, es a base de un poco que nos dicen y otro poco que no nos dicen. Ese misterio que creamos dentro de ellas lo apreciamos mucho porque lo creamos nosotros. Hay personas que lo dicen todo y no nos dejan crear nuestro misterio. Una excepción son las personas muy simples; nos hacen pensar que eso tan simple no son ellas y pasamos toda la vida pensando qué habrá en su interior. Yo soy de las personas que lo dicen todo y no dejan crear el misterio. Yo quiero ilusionar a Juana y por eso quiero hacer surgir el misterio.
Narrador
Cuadro tres: Juana y María.
Juana
Bueno, entonces dime pronto.
María
Mira, Juan no pensaba en nada.
Juana
¡Ah! Eso sí que no te lo creo.
María
Te lo contaré y me creerás. Lo que más nos encanta de las cosas, es lo que ignoramos de ellas conociendo algo. Igual que las personas: lo que más nos ilusiona de ellas es lo que nos hacen sugerir. El colorido espiritual que nos dejan, es a base de un poco que nos dicen y otro poco que no nos dicen. Ese misterio que creamos dentro de ellas lo apreciamos mucho porque lo creamos nosotros. Hay personas que lo dicen todo y no nos dejan crear nuestro misterio. Una excepción son las personas muy simples; nos hacen pensar que eso tan simple no son ellas y pasamos toda la vida pensando qué habrá en su interior. Él es de las personas que lo dicen todo y no dejan crear el misterio. Él quiere ilusionarte y por eso quiere hacer surgir el misterio.
Narrador
Cuadro cuatro: Juan y Juana.
Juana
Yo tuve la culpa, le exigí mucho y ella me lo dijo. Estaba muy atormentada y me hizo mucho bien que me lo dijera.
Juan
A mí me hizo mucho mal. (SE QUEDA PENSATIVO NUEVAMENTE) (PAUSA)
Juana
¿Y ahora qué estás pensando?
Juan
(SONRIENDO) Ahora sí que no te lo puedo decir.
Juana
Ahora quiero que me lo digas tú directamente.
Juan
Tranquilízate, que no te lo diré.
Juana
Se lo dices a ella una vez más. Te prometo que no le preguntaré nada. (PAUSA)
Juan
Será la última vez que concedo. Pero conoceré igual, aplicaré el mismo castigo y lo aplicaré irremediablemente.
Narrador
Cuadro cinco: Juan y María.
María
Ella me exigió muchísimo y tuve que decírselo. Y por último: ¿Cómo hizo para volver a crear el misterio?
Juan
Dije sonriendo, que ahora sí que no se lo podía decir
Narrador
Cuadro seis: Juana y María.
Juana
Bueno, entonces dime pronto.
María
Mira, me volvió a decir que no era nada.
Juana
Esta vez no te lo creo.
María
Te lo contaré y me creerás. Me dijo que sonrió como un nuevo medio para volver a levantar el misterio que yo había hecho desaparecer contándote.
Narrador
Cuadro siete: Juan y Juana.
Juana
¿Qué estás pensando? (PAUSA LARGA) Bueno dime, dime ya.
Juan
Mira, pensaba… en negocios.
Juana
No, no pensabas en negocios.
Juan
Sí, tienes razón, pero después te cuento.
Juana
No, ya, dime ya. ¡Ya!
Narrador
Cuadro ocho. Juan solo.
Juan
Me di cuenta que María le había vuelto a decir. Me valí de este otro medio para crear nuevamente el misterio. Todo esto es muy interesante, me servirá para escribir una pieza de teatro. (PAUSA) No. (PAUSA) No, porque si la escribo ella la lee y vuelve a caer el misterio.
Narrador
Esto fue, drama o comedia en un acto y varios cuadros. Duración: 7 minutos, tal como lo habíamos prometido.
OSWALDO Y ZENAIDA O LOS APARTES · JEAN TARDIEU
SALÓN BURGUÉS EN EL CAMPO, HACIA 1830. MÚSICA. ENTRA POMENCHÓN PORTANDO BASTÓN Y UN FAROL
Músicos
¡Ay! Ya puso el farooool.
Pomenchón
¡El faró! (POMENCHÓN ENCIENDE EL FAROL)
Músicos
¡Ay! Ya prendió el farol.
Pomenchón
¡Con la cerilla! (POMENCHÓN RECIBE UN GRAN ARO QUE LE ES LANZADO DESDE TRASESCENA Y LO DESCARGA EN EL PISO)
Músicos
¡Ay! Ya puso el escenarioooo.
Pomenchón
¡He de decir una verdad de a puño! ¡El piso está abajo y el techo está arriba! (POMENCHÓN HACE MUTIS)
Músicos
¡Ay! Se le olvidó…
Pomenchón
¡Qué!
Músicos
¡El bastón! (POMENCHÓN RECOGE EL BASTÓN Y HACE MUTIS)
Músicos
¡Ay! Se le olvidó…
Pomenchón
¡Qué!
Músicos
¡La presentación! (POMENCHÓN VA AL PROSCENIO)
Pomenchón
De el tal Jean Tardieu: Oswaldo y Zenaida o los apartes. Duración: Siete minutos aproximadamente. Género: Sainete.
Músicos
¡Ay! Pomenchón viejo…
Pomenchón
¡Qué!
Músicos
Viejo… gruñón
Pomenchón
Nos encontramos ahora en una bella tarde del abril florido. Es la mansión del reputado señor Pomenchón. Yo. Viejo adinerado (ENTRA ZENAIDA) y ésta, que justo aquí llega es Zenaida, sí, Zenaida, la hermosa hija, la mía, o sea, yo padre y ella hija. Se oye a lo lejos, en lontananza, el alegre canto de los pájaros primaverales. Ah, ¿qué negras nubes se ciernen sobre este drama de amor? (HACE MUTIS) (ZENAIDA SOLA, TRISTE, ARREGLA UN RAMO DE FLORES EN UN VASO. TOCAN LA PUERTA)
Zenaida
(ALTA VOZ) ¿Quién es? (APARTE) ¡Con tal de que no sea Oswaldo, mi prometido! No me puse el vestido que le gusta. Además, ¿para qué? ¡Después de todo lo que ha ocurrido!
Oswaldo
¡Soy yo, Oswaldo!
Zenaida
(APARTE) ¡Ay, es él, es Oswaldo! (ALTO) ¡Entre Oswaldo! (APARTE) ¡Oh, qué suerte la mía! ¿Qué podré decirle? ¡Jamás tendré el valor para revelarle la triste verdad!
Oswaldo
(ENTRA, PERMANECE UN INSTANTE EN EL UMBRAL, ALTO) ¡Zenaida! (APARTE) ¿Qué más puedo decirle? ¡Tan confiada, tan inocente! ¡Jamás tendré la crueldad de confesarle la grave decisión que han adoptado mis padres en contra de ella!
Zenaida
(ACERCÁNDOSE A OSWALDO Y DÁNDOLE LA MANO A BESAR. ALTO) ¡Buenos días, Oswaldo! (APARTE, MIENTRAS OSWALDO LE BESA LA MANO CON FERVOR) ¿Es posible que todo se haya terminado? ¡Ah, mientras él oprime mi mano entre sus labios, Dios mío, no prolongues más mi suplicio y haz que este minuto, largo como un siglo, se deslice veloz, como el alción sobre el mar espumoso.
Oswaldo
(LEVANTÁNDOSE MIENTRAS ZENAIDA RETIRA GRACIOSAMENTE LA MANO. ALTO, SUSPIRANDO) ¡Buenos, días Zenaida! (APARTE) ¡Ah, ese gesto gracioso y espontáneo, más elocuente que el discurso más largo! Siempre amé el silencio que crea a su alrededor: silencio animado por misteriosas palabras que el oído no escucha pero que el alma comprende.
Zenaida
(ALTO, DULCE) ¡Siéntese usted, Oswaldo! (APARTE) ¡No habla el desdichado, me parece oír su corazón, latiendo con golpes precipitados, al mismo ritmo que el mío! Y no obstante, él todavía no sabe nada y cree aún en nuestra unión. (SE SIENTA)
Oswaldo
(SENTÁNDOSE) ¡Gracias, Zenaida! (APARTE) ¡Esta silla seguramente ha sido colocada aquí por ella, para mí! ¡La pobre niña me esperaba ignorando la razón de mi visita! (DAN LAS CINCO EN LA IGLESIA DEL PUEBLO)
Zenaida
(ALTO, MELANCÓLICA) ¡Las cinco! (APARTE) ¡Pero en mi corazón ha caído ya la noche!
Oswaldo
(ALTO, DESPREOCUPADO) ¡Ah, sí, las cinco! (APARTE) ¡Para mí el alba de los condenados!
Zenaida
(ALTO) Todavía es de día (APARTE, CON AIRE ESTÚPIDO) Pero las flores cierran sus corolas, mi abuelo prefiere los chícharos de olor y el jardinero guarda sus herramientas.
Oswaldo
(ALTO, SUSPIRANDO) ¡Es la primavera, Zenaida! (APARTE, SOMBRÍO, CASI DELIRANTE) ¡En las antípodas, reina el invierno! En el Congo, los lapones se embarcan en los icebergs; en China, los bávaros beben cerveza en las tabernas; en Canadá, los españoles bailan la seguidilla.
Zenaida
(ALTO, SUSPIRANDO) Sí, aún es de día (APARTE, EXTRAVIADA) ¡Este silencio me sofoca! El bastón de mi tío tiene un puño de oro, la marquesa sale a las cinco, mi razón se extravía. ¿Debo confesarle todo? ¿O devorar mis palabras y enloquecer hasta perder el habla?
Oswaldo
(ALTO, TIERNO) ¡Es de día! ya lo dijo usted, Zenaida. (APARTE) Y ahora me vuelvo brutal. ¡Fuego y demonio, sangre e infierno! ¡Las brujas vuelan al aquelarre, la luna corre por los campos!… ¡Calma, calma! ¡Sería mejor que le revelase el secreto que me ahoga!
Zenaida
(APARTE) ¡No puedo más!
Oswaldo
(APARTE) ¡Es intolerable!
Zenaida
(APARTE) ¡Muero!
Oswaldo
(APARTE) ¡Enloquezco!
Zenaida y Oswaldo
(APARTE Y SIMULTÁNEAMENTE) ¡Ay, mi-fa-mi-lia-no-quie-re-que-me-ca-se-con-ti- go! (SILENCIO. DAN LAS SEIS)
Zenaida
(ALTO) ¿Decía usted?
Oswaldo
(ALTO) ¿Yo? ¡Nada!
Zenaida
(ALTO) Ah, bueno, creí…
Oswaldo
(ALTO) Es decir…
Zenaida
(ALTO) ¿Qué?
Oswaldo
(ALTO) Poca cosa.
Zenaida
(ALTO) ¿Entonces?
Oswaldo
(ALTO) Pequeñeces…
Zenaida
(ALTO) ¿De veras?
Oswaldo
(ALTO) Sí, de veras, además, le escribiré. (APARTE) ¡Ojalá mi carta no llegase jamás a su destino y se hundiese en el abismo del olvido, mientras yo me interno en las arenas de Australia, a la búsqueda de un tesoro menos precioso que el que pierdo!
Zenaida
(ALTO) ¡Quizá contestaré su carta! (APARTE) ¡Será la última carta que dirija al mundo, antes de enterrar en un convento mi juventud desesperada!
Oswaldo
(EMOCIONADO) ¡Hasta la vista, Zenaida! (APARTE) El panadero amasa el pan, la caballista monta a caballo, el navegante busca su ruta, las chimeneas humean, el sol brilla, pero yo, ¡yo debo decir adiós a la doncella que amo!
Zenaida
(ALTO, EMOCIONADA) ¡Hasta la vista, Oswaldo! (APARTE) No sé qué pensar, ni qué decir ¡Soy como una hoja otoñal que cae sobre un estanque a media noche! (LA PUERTA SE ABRE Y APARECE EL JOVIAL SEÑOR POMENCHÓN)
Pomenchón
¡Ah, los tórtolos! ¡Los he cogido, los he cogido!
Zenaida
(APARTE) ¡Cielos, mi padre!
Oswaldo
(APARTE) ¡El que hubiera podido ser mi suegro!
Pomenchón
¡Vaya, vaya! ¡Tranquilícense! ¡No me los voy a comer, caramba! A su edad y en su lugar, ya hace mucho tiempo que… la hubiera besado.
Zenaida y Oswaldo
(ALTO Y SIMULTÁNEAMENTE) Pero, ¿qué significa esto?
Pomenchón
Significa, mis tórtolos, mis burritos, que han sido juguetes de una burla afectuosa. Significa que he aparecido para arreglarlo todo. Vengo de parte de tu madre (A ZENAIDA) y de tu padre. (A OSWALDO) Habíamos decidido someter sus sentimientos a prueba. Cuando ustedes creían que todo estaba perdido, su actitud nos demostró que la atracción que los une no era uno de esos fuegos de artificio, una de esas nubes de verano, ni uno de esos afectos que duran un día… Pero, ¿se quedan callados? ¡Caramba! parece que la sorpresa los ha petrificado.
Zenaida
(APARTE) Oh, Dios ¿es posible dicha semejante?
Oswaldo
(APARTE) ¡Bendito sea el día en que la abuela de mi novia engendró a mi suegro!
Pomenchón
¡Vaya, vaya! Veo que la emoción les ha cortado el aliento ¡Caramba! A su edad y en su lugar, yo hubiera saltado al cuello de mi amor. En fin, no insisto y los dejo entregados a su alegría. Mañana hablaremos de la boda… Si es que para entonces ya recobraron el uso de la palabra. Hasta la vista, par de tórtolos, par de borricos, par de colibríes ¡Demontre, caramba! (ACARICIA LA MEJILLA DE ZENAIDA CON DUREZA, DA UNA PALMADA A OSWALDO Y DESAPARECE, RIENDO. SILENCIO. ZENAIDA Y OSWALDO SE QUEDAN DE PIE FRENTE A FRENTE)
Oswaldo
(ALTO) ¡O, primavera! ¡Gioventu dell’ano! ¡O Primavera della vida!
Zenaida
(APARTE) No comprendo lo que dice, pero un acento de alegre virilidad resuena en sus palabras (ALTO) ¡Oh! Who is me to have seen what I have seen, to see what I see?
Oswaldo
(APARTE) ¿Qué dice? ¿En qué lengua desconocida habla? ¡Oh, música de la voz bien amada! su melodía hace vibrar nuestra alma, a pesar de que no comprende sus palabras. (ALTO) ¡Son las cinco, Zenaida!
Zenaida
(APARTE) Se equivoca de hora, pero debo aprender a no contradecir a mi marido (ALTO) ¡Pues sí, llegó la noche, Oswaldo!
Oswaldo
(APARTE) ¡Demonio, no, todavía es de día! ¡Pero nunca hay que contradecir a las mujeres! (ALTO) ¡He aquí que ya me perteneces, ángel querido!
Zenaida
(APARTE) Otro error: él es el que me pertenece, pero ¡qué importa! (ALTO) ¡Sí, henos al fin reunidos, vueltos a nosotros mismos!
Oswaldo
(APARTE) ¡Dijo nosotros! Ella es para mí, yo para ella, nosotros para nosotros (ALTO) ¡Para siempre!
Zenaida
(APARTE) ¡Hasta el fin de los siglos! (ALTO) ¿Toda la vida?
Oswaldo
(APARTE) ¡Hasta la muerte!
ESCENA PARA CUATRO PERSONAJES · EUGENE IONESCO
Personajes:
- DUPONT, que va vestido como Durand.
- DURAND, que va vestido como Dupont.
- MARTÍN, que va vestido como los otros dos.
- LA DAMA BONITA, con sombrero, cartera, capa o abrigo de piel, guantes, zapatos, vestido, etc., al menos cuando aparece.
Actriz
De Eugene Ionesco escena para cuatro personajes. Género: comedia `patafísica de costumbres sociolingüísticas. Duración: 7 minutos
Dupont
No.
Durand
Sí…
Dupont
No.
Durand
Sí…
Dupont
No.
Durand
Sí…
Dupont
Le digo a usted que no. Cuidado con las macetas…
Durand
Le digo a usted que sí… Cuidado con las macetas…
Dupont
Puesto que le digo que no…
Durand
Puesto que le digo que sí… y le repito que sí…
Dupont
Por mucho que me repita usted que sí… es no, no y no, treinta y dos veces no.
Durand
Dupont, cuidado con las macetas…
Dupont
Durand, cuidado con las macetas…
Durand
Es usted testarudo. Es formidable lo testarudo que es usted…
Dupont
No soy yo. Usted es quien es terco, terco, terco…
Durand
No sabe usted lo que dice. ¿Por qué dice usted que soy terco? Cuidado con las macetas. No soy absolutamente nada terco.
Dupont
¿Y tiene usted el valor de preguntarme por qué es usted terco? ¡Me deja usted pasmado!
Durand
No sé si le dejo pasmado o no. Puede que le deje pasmado. Pero me gustaría saber por qué soy terco. Porque, en primer lugar, no soy terco…
Dupont
¿Que no es usted terco? ¿No es terco cuando no quiere usted, cuando se niega, cuando se opone, cuando se empecina, en una palabra, a pesar de todas las pruebas que le doy?
Durand
Sus pruebas no valen un comino… No me convencen. El testarudo es usted. Yo no lo soy.
Dupont
Sí, lo es usted…
Durand
No…
Dupont
Sí…
Durand
No.
Dupont
Sí.
Durand
Le digo que no.
Dupont
Le digo que sí.
Durand
Cuando le digo a usted que no.
Dupont
Cuando le repito que sí…
Durand
Por mucho que me lo repita, es no, no… ¡NO!
Dupont
Es usted testarudo, ya ve usted cómo es testarudo.
Durand
Cambia usted los papeles amigo… No vaya a derribar las macetas… Cambia usted los papeles. Si discute de buena fe, tiene que darse cuenta de que el terco es usted.
Dupont
¿Y por qué he de ser terco? Cuando tiene uno razón, no es terco. Y debería usted darse cuenta de que tengo razón, sí, tengo razón… Así, sencillamente…
Durand
No puede usted tener razón puesto que soy yo quien la tiene…
Dupont
Perdone… Soy yo.
Durand
No, soy yo.
Dupont
No, soy yo.
Durand
No, soy yo.
Dupont
No, soy yo.
Durand
No, soy yo.
Dupont
No.
Durand
No.
Dupont
No.
Durand
No.
Dupont
No.
Durand
No.
Dupont
No. DURAND y DUPONT Cuidado con las macetas.
Martín
(ENTRANDO). Por fin, estáis los dos de acuerdo.
Dupont
¡Ah, eso no! No estoy, en modo alguno, de acuerdo con él… (INDICA A DURAND)
Durand
No estoy, en modo alguno, de acuerdo con él. (SEÑALA A DUPONT)
Dupont
Niega la verdad.
Durand
Niega la verdad.
Dupont
Es él.
Durand
Es él.
Martín
¡Oh! No seáis estúpidos… Y cuidado con las macetas. No siempre es indispensable que, en el teatro, los personajes sean todavía más necios que en la vida corriente.
Durand
Hacemos lo que podemos.
Dupont
En primer lugar, me pone nervioso con su eterno cigarro.
Martín
Y creéis que vosotros dos no sois inaguantables, dando vueltas en redondo, con las manos detrás de la espalda, sin querer hacer la menor concesión… Acabaréis por darme vértigo y vais a derribar las macetas…
Durand
Y a mí, me va usted a hacer vomitar con ese humo inmundo. Qué idea, pasarse el día entero echando humo como una chimenea.
Martín
No van a ser sólo las chimeneas las que echen humo.
Dupont
(A MARTÍN) Es que usted echa humo como una chimenea sin deshollinar.
Martín
(A DUPONT). ¡Qué comparación tan trivial! No tienes ni pizca de imaginación.
Durand (A MARTÍN)
Claro es que Dupont no tiene imaginación ninguna. Pero usted no la tiene tampoco…
Dupont (A DURAND)
Ni usted tampoco, querido Durand.
Martín (A DUPONT)
Tú tampoco, mi querido Dupont.
Dupont (A MARTÍN)
Usted tampoco, mi querido Martín.
Durand (A DUPONT).
Usted tampoco, mi querido Dupont.
Dupont (A DURAN).
Usted tampoco, mi querido Durand.
Martín
Permitidme que os diga, con toda libertad, que, de ese modo, no vais a poder llegar a un resultado preciso. Poneos, pues, de acuerdo sobre un punto, tened siquiera una base de discusión, un diálogo posible.
Durand (A MARTÍN)
No hay diálogo posible con este caballero (SEÑALA A DUPONT) en esas condiciones. Las condiciones que propone son inadmisibles.
Dupont
No tengo empeño en llegar a nada a cualquier precio. Las condiciones del señor (SEÑALA A DURAND) son deshonrosas…
Durand
¡Qué osadía!.. Pretender que mis condiciones son deshonrosas…
Martín (A DUPONT)
Déjale que se explique.
Dupont (A DURAND)
¡Explíquese!
Martín
¡Cuidado con las macetas!
Dupont
Me explico. No sé si quieren verdaderamente hacerme caso. No sé si quieren comprenderme verdaderamente. Pero, compréndanme bien; para que nos comprendamos, es preciso entenderse recíprocamente, y eso es lo que no alcanza a comprender el señor Durand, cuya incomprensión es proverbial.
Durand (A DUPONT)
¡Se atreve usted a hablar de mi incomprensión proverbial! De sobra sabe que la incomprensión proverbial es la suya. Usted es el que siempre se ha negado a comprenderme.
Dupont (A DURAND)
¡Eso es demasiado! Su mala fe es deslumbradora. Un niño de tres meses lo comprendería, si es un crío de buena fe.
Durand (A MARTÍN)
¿Usted le ha oído, eh? Usted le ha oído…
Martín
Amigos, no perdamos el tiempo. Al caso. Estáis hablando para no decir nada.
Dupont (A MARTÍN)
¿Cómo? ¿Yo hablo para no decir nada?
Durand (A MARTÍN)
¿Cómo se atreve usted a decir que yo hablo para no decir nada?
Martín
Perdón. No he querido decir exactamente que habláis para no decir nada, no, no… No es eso exactamente.
Dupont (A MARTÍN)
¿Cómo puede usted decir que hablábamos, para no decir nada, cuando precisamente acaba usted mismo de decir que hablábamos para no decir nada, siendo absolutamente imposible hablar para no decir nada, ya que cada vez que se dice algo se habla, y recíprocamente, cada vez que se habla se dice algo?
Martín (A DUPONT)
Admitamos que yo haya podido decir, que haya dicho que…
Durand (INTERRUMPIENDO A MARTÍN).
Dupont es el que habla para no decir nada, no yo.
Dupont (A DURAND)
Es usted.
Durand (A DUPONT)
Es usted.
Martín (A DUPONT Y A DURAND)
Sois vosotros.
Dupont y Durand (A MARTÍN)
Es usted.
Martín
No.
Dupont
Sí.
Durand (A DUPONT Y A MARTÍN)
¡Ustedes hablan para no decir nada!
Dupont
¿Yo hablo para no decir nada?
Martín
Sí, tú hablas para no decir nada.
Durand (A DUPONT)
Sí, usted habla para no decir nada…
Dupont y Durand (A MARTÍN)
También usted habla para no decir nada.
Martín (A DUPONT Y A DURAND)
Vosotros sois los que habláis para no decir nada…
Durand (A DUPONT Y A MARTÍN)
Ustedes son los que hablan para no decir nada.
Dupont (A DURAND Y A MARTÍN)
Ustedes son los que hablan para no decir nada.
Martín (A DURAND)
Eres tú.
Durand (A MARTÍN)
Es usted.
Dupont (A DURAND)
Es usted.
Durand (A DUPONT)
Es usted.
Dupont (A MARTÍN)
Es usted.
Martín (A DURAND Y A DUPONT)
Vosotros…, vosotros… vosotros.
Durand (A MARTÍN Y A DUPONT)
Ustedes…, ustedes…, ustedes…
Dupont (A MARTÍN Y A DURAND)
Ustedes, ustedes…, ustedes… (PRECISAMENTE EN ESTE MOMENTO, ENTRA LA DAMA BONITA)
La Dama
Buenos días, señores… Cuidado con las macetas… (LOS TRES HOMBRES SE DETIENEN BRUSCAMENTE, SE VUELVEN HACIA ELLA) ¿Por qué disputan ustedes? (HACIENDO MONERÍAS) ¡Oh, queridos amigos…!
Dupont
¡Oh, querida amiga, al fin llega usted, va usted a sacarnos de este callejón sin salida!
Durand
¡Oh, querida amiga, va usted a ver hasta qué punto la mala fe de…!
Martín (INTERRUMPIENDO A DURAND)
¡Oh, querida amiga, acérquese para que la pongamos al corriente del asunto…!
Dupont (A LOS OTROS DOS HOMBRES)
Yo soy quien va a ponerla al corriente del asunto, porque esta dama encantadora es mi novia… (LA DAMA BONITA SIGUE EN PIE, SONRIENTE)
Durand (A LOS OTROS DOS HOMBRES).
Esta dama encantadora es mi novia.
Dupont (A LA DAMA BONITA)
Querida amiga, diga usted a estos caballeros que es usted mi novia.
Martín (A DUPONT)
Estás en un error, es mi novia.
Durand (A LA DAMA BONITA)
Querida amiga, diga usted a estos caballeros que es usted mi novia.
Dupont (A DURAND, INTERRUMPIÉNDOLE)
Está usted en un error, es la mía.
Martín (A LA DAMA)
Querida amiga, tenga la bondad de decir…
Durand (A MARTÍN)
Está usted en un error, es la mía.
Dupont (A LA DAMA)
Querida amiga…
Martín (A DURAND)
Estás en un error, es la mía.
Durand (A LA DAMA)
Querida amiga…
Dupont (A MARTÍN)
Está usted en un error, es la mía.
Martín (A LA DAMA)
Querida amiga, tenga la bondad de decir… que…
Durand (A DUPONT)
Está usted en un error, es la mía…
Dupont
(A LA DAMA BONITA, TIRÁNDOLA CON VIOLENCIA DE UN BRAZO) ¡Oh, amiga querida! (LA DAMA BONITA PIERDE UN ZAPATO)
Durand
(TIRANDO VIOLENTAMENTE A LA DAMA POR EL OTRO BRAZO). ¡Permítame que le dé un beso! (LA DAMA PIERDE EL OTRO ZAPATO, MIENTRAS QUE UNO DE SUS GUANTES SE QUEDA ENTRE LAS MANOS DE DUPONT)
Martín
(QUE HABÍA IDO A BUSCAR UNA DE LAS MACETAS, OBLIGA A LA DAMA A VOLVERSE HACIA ÉL) Acepte este ramo. (LE COLOCA A LA FUERZA LA MACETA ENTRE LOS BRAZOS)
La Dama
¡Oh, gracias! (DUPONT HACE VOLVERSE A LA DAMA HACIA ÉL, Y LE COLOCA ENTRE LOS BRAZOS OTRA DE LAS MACETAS). ¡Tome estas lindas flores! (LA DAMA, EN EL ENCONTRONAZO, PIERDE EL SOMBRERO)
La Dama
Gracias, gracias…
Durand
(CON LA MISMA VIOLENCIA QUE DUPONT, COLOCA ENTRE LOS BRAZOS DE LA DAMA LA TERCERA MACETA) Estas flores son suyas, lo mismo que lo es mi corazón…
La Dama
Encantada… (COMO TIENE LOS BRAZOS OCUPADOS POR LAS MACETAS, DEJA CAER LA CARTERA)
Martín
(ATRAYÉNDOLA CON VIOLENCIA Y AULLANDO) ¡Bésame, bésame! (LA DAMA PIERDE LA CAPA O EL ABRIGO DE PIEL)
Dupont
(CON LA MISMA VIOLENCIA QUE MARTÍN). ¡Bésame, bésame!
Durand
(LO MISMO QUE LOS OTROS DOS) ¡Bésame, bésame! (LA DAMA HA QUEDADO CON UN MÍNIMO DE ROPA. CUANDO VAN A DESNUDARLA…)
Actriz
¡Tiempo! ¡Siete minutos exactos!
INTERMEDIO DE SIETE MINUTOS
ACTO 2
LA CONSAGRACIÓN DE LA NOCHE · JEAN TARDIEU
Voz
Se repartieron por todas partes como si sembrasen el universo. Se posan sobre la hierba sin ruido. Hasta donde se eleva el rumor de nuestros más lejanos pensamientos, Un cabrito gira sobre sí mismo hasta volverse astro; Y los postigos verdes de sus moradas tímidamente se entreabren Como si una mano de mujer los lanzase desde allá dentro. Pero nadie sabe que ellas acaban de llegar Mientras la noche remienda los andrajos del día.
El Hombre
Anda a la ventana, mi belleza, mi amor y di lo que ves.
La Mujer
Veo una estrella en el cielo.
El Hombre
¿Verdaderamente no ves sino una sola estrella?
La Mujer
Ahora veo otras… E inclusive varias… ¡E inclusive una multitud!
El Hombre
¿No ves otra cosa bajo el cielo?
La Mujer
Nada, amigo mío.
El Hombre
¿Ni siquiera una pobre nube?
La Mujer
Ni siquiera una pobre nube.
El Hombre
¿Ni siquiera un pequeño espíritu, mitad hombre, mitad murciélago?
La Mujer
Ni siquiera un pequeño espíritu.
El Hombre
¿No ves nada sobre la tierra?
La Mujer
Veo las capas luminosas, sobre los árboles hilos de plata, el agua que entra en las ramas, los techos que titilan y la calle que se va.
El Hombre
¿Y ni siquiera en todo esto furgones camuflados, ni tropas en marcha, ni bestias cornudas dirigidas sobre la piernas de los hombres?
La Mujer
Nada de todo eso, amigo mío, ni furgones, ni tropas, ni bestias cornudas.
El Hombre
¡Entonces que la paz sea en el mundo! ¡Ámame como esta luz ama al campo!
La Mujer
Yo te amo así mi amor.
El Hombre
¡Remonta hacia el cielo! Dame su claridad en tu voz, en tus palabras.
La Mujer
Escucho, me parece… Me parece escuchar…
El Hombre
¿Qué escuchas tú?
La Mujer
Escucho el ligero frotar de las hierbas de las estrellas, el vuelo del vapor de agua, el respiro retenido del aire.
El Hombre
Escucho tu mirada en tu voz. No tengo necesidad de voltearme ni de mirar. Esta ventana te pertenece. Por ti sé lo que ocurre afuera.
La Mujer
No hay nada distinto al tiempo. El espacio lo contiene y lo adormece. Yo te lo doy con los brazos abiertos.
El Hombre
Corresponde a nosotros vigilar, vigilar sin descanso y sin miedo. Corresponde a nosotros albergar esta noche suspendida en nuestros labios. Abre otra vez los ojos para mí, mi amor.
La Mujer
Abro los ojos para que tú veas.
El Hombre
¡Eleva tu mirada, mi amor!
La Mujer
Elevo mi mirada tan lejos como ella puede ir.
El Hombre
Va más lejos que ella misma. Va mucho más lejos que tú. Más lejos que tu pensamiento, o que tus sueños si tú duermes.
La Mujer
Yo no duermo. Yo vigilo a tu lado.
El Hombre
Tú vigilas por amor y tu mirada espera lo que no puedes conocer puesto que ella se extiende en esta noche.
La Mujer
Siento como un inmenso bienestar, en mis ojos, sobre mi frente, y en todo mi cuerpo.
El Hombre
Es la noche del espacio que se mezcla con tu mirada.
La Mujer
Mi corazón late con una felicidad desconocida, alta y profunda como una gruta.
El Hombre
Es el espacio eterno que desciende en tu espíritu y abre todas sus ventanas.
La Mujer
Mi boca no puede hablar más, mi alma canta.
El Hombre
¡Es la consagración de la noche! (UN SILENCIO. VOLVIENDO CON UNA VOZ MÁS BAJA) Los demonios y los dioses están en fuga. Tú has hecho alianza con el espacio nocturno y has entrado en comunión con la inocencia del mundo. Goza en este baño de luz, de miel y de frescura. Renace blanca y preparada para el amor, llevada sobre las alas del tiempo inmóvil, y ligera en mi noche que te adora. ¡Ven!
La Mujer
Yo te acompaño sobre la ruta sin fin.
El Hombre
Cuando venga el día a nuestro encuentro, acuérdate que la noche nos ha dado el secreto.
INTERREGNO · SAMUEL BECKETT
Narrador
De Samuel Beckett: Interregno
UN SER SOLO, DE PIE, CALLADO, INMÓVIL. APARECE ALGUIEN
Uno
¿Espera usted a alguien?
Dos
(CONTESTA “NO” CON LA CABEZA)
Uno
¿Algo?
Dos
(IDÉNTICA RESPUESTA)
Uno
(VA A SALIR)
Dos
¿A dónde va usted?
Uno
No lo sé.
Narrador
De Samuel Beckett hemos presentado: Interregno. El drama más breve del mundo.
EL CANARIO · GEORGES NEVEAUX
Actriz
De Georges Neveaux Le Canarie. París 1950. L´acte de la poésie c´est comme l´acte de l´amour. Le surréalisme c´est moi.
Si en lugar de corazón un tren latiese en mi pecho, a ciento veinte por hora corriera mi tren en celo.
Y en una estación perdida, ay amor, por encontrarte, a veces se detendría.
Ay amor, amor que corres, sin amante y sin marido, con dos maletas por alas y por rienda un pañuelito.
Un pañuelo que aletea en el andén olvidado, ay amor que corre y vuela, ay amor desmemoriado.
APARECE UNA DAMA JOVEN, QUE ATRAVIESA LA ESCENA. LLEVA DOS PEQUEÑAS MALETAS EN LA MANO
Señora
¡Taxi, taxi! Voy a perder mi tren. Es el tercer día que pierdo el tren.
Señor
Y es el tercer día que repito la misma canción al verla pasar.
Señora
¡Taxi, taxi!
Señor
Tres días seguidos que la oigo gritar, ¡taxi, taxi!, a pesar de que nunca pasa un taxi por esta calle.
Señora
¡Taxi, taxi! Sólo tengo once minutos.
Señor
Ayer, por lo menos, tenía quince, ¡y aún así perdió el tren!
Señora
Le prohíbo que me dirija la palabra. Hace tres días que usted me sigue por todas partes. Ya estoy harta.
Señor
¿Yo? ¿Yo la sigo? ¡Señora, jamás salgo de mi casa!
Señora
Es eso, precisamente, lo que le reprocho. Saberse seguida por un hombre visible y corpóreo, no es nada del otro mundo. Oímos sus pasos detrás de nosotras, a diez metros de distancia: es como si se hubiera comprado un eco y lo sacásemos a pasear, atado con un lazo. Eso es todo. Pero un hombre que todo el día nos sigue, únicamente con el pensamiento, eso, ¡eso es insoportable! Sabemos que no marcha detrás de nosotros y, sin embargo, volvemos la cabeza. Dan ganas de rascarse la espalda. ¡Estoy harta! ¡Taxi!
Señor
Ya no le quedan sino nueve minutos.
Señora
¡Nueve minutos! ¡Son mucho, nueve minutos! Usted no se imagina el número de cosas que se pueden hacer en nueve minutos. En nueve minutos acepté casarme con un hombre que apenas conocía. Y nueve minutos antes de la ceremonia, decidí no casarme.
Señor
Y hoy, nueve minutos antes de tomar el tren, vuelve a perderlo.
Señora
¡Taxi! Tiene usted razón, es la fatalidad.
Señor
Y entonces, ¿qué va a hacer?
Señora
Volveré mañana. No por usted. Por el tren. Y no haré sino pasar. No me dé las gracias. (Se va)
Señor
¡Señora!
Señora
(DETENIÉNDOSE) ¿Señor?
Señor
¿Por qué quiere partir?
Señora
No soy yo la que quiere. A mí me gustaría deshacer mis maletas y no correr de un cuarto de hotel a la estación, de la estación a un cuarto de hotel. Todo eso me produce un cansancio horrible.
Señor
¿Quizá le gustaría más tener una plancha eléctrica?
Señora
¿Una plancha eléctrica?
Señor
Cuando se tiene una plancha, se compra una mesa. Cuando se tiene una mesa hace falta una silla. Y apenas se tiene una silla, hace falta un departamento con puertas que se abren y se cierran. Y un marido para cerrar y abrir todas esas puertas.
Señora
¿De veras?
Señor
Es indispensable. Usted encontrará todo eso en las “Nuevas Galerías”, primera calle a la izquierda.
Señora
(SOÑANDO). Sí, quizá usted tiene razón. Después de todo poseer una plancha, debe ser hermoso.
Señor
Entonces, ¿por qué parte usted?
Señora
No me atrevo a decírselo.
Señor
Puede hacerme confidencias, puesto que no me conoce. Hablar a un desconocido, es como hablarse a sí mismo. ¡Cuénteme!
Señora
Soy muy desdichada.
Señor
¿Ama a alguien?
Señora
Peor que eso.
Señor
¿Alguien la ama, a pesar suyo?
Señora
Ah, señor, es peor que eso. Hay gentes que no tienen memoria, hay gentes que no tienen proyectos. Yo, no tengo corazón. Y no es una manera figurada de hablar; exactamente es eso lo que me pasa. Un médico me auscultó, luego un segundo, después un tercero: todos con estetoscopios, periscopios, estatésfonos y teléfonos: ¡y no tengo corazón! Tengo otra cosa.
Señor
¿Otra cosa en lugar de corazón?
Señora
Un canario.
Señor
¡Un canario! Y yo que tengo horror a los pájaros enjaulados. Cada vez que veo uno, abro la jaula y el pájaro echa a volar. El impulso es más fuerte que yo.
Señora
¡Señor, haga usted que mi canario se escape! Le juro que la vida de una mujer se vuelve imposible, apenas tiene un canario en lugar de corazón.
Señor
Es evidente.
Señora
Si tuviese un perro, estaría tranquila. Un perro es fiel, no nos abandona. Se instala, hecho una pelota, en un cojín y no da guerra. Cuando hay invitados, se hace el interesante; luego va a acostarse. ¡Sería maravilloso tener un perro en lugar de corazón! Pero un canario…
Señor
Le confieso que…
Señora
(INTERRUMPIENDO). ¿Sabe usted lo que es un canario?
Señor
Pues es… es un…
Señora
(INTERRUMPIENDO). No señor, no es solamente un pajarito amarillo que hace cui, cui, cui, alzando el pico; es un personaje extraordinario, que tiene alas y las abre y quiere volar allá, siempre más allá.
Señor
Ahora me explico las maletas.
Señora
¡Ay, mis maletas!
Señor
Y sus nueve minutos…
Señora
¿Mis nueve minutos?
Señor
Sí, los nueve minutos que, primero, le bastaron para casarse y, después, para no casarse. Todo queda claro: es el canario.
Señora
¡Ay, el canario!
Señor
Si no tuviese usted el canario, ¿tendría todavía deseos de tomar un tren?
Señora
Ni tren, ni barco, ni nada.
Señor
¿Compraría una plancha eléctrica?
Señora
Con todas sus puertas y ventanas.
Señor
¿Y el marido que las abre y las cierra?
Señora
¿Por qué no?
Señor
Entonces, ¡los tres estamos salvados!
Señora
Cómo, ¿cuáles tres?
Señor
Usted, yo y el canario. Vamos a liberarnos los unos a los otros: no será difícil. Bastará con abrir la jaula. El canario encontrará el aire libre, usted su plancha eléctrica y yo abriré todas las puertas de la casa. Al fin comprendo por qué me sentía atraído por usted: se trataba, una vez más, de dar libertad a un canario.
Señora
Explíquese usted.
Señor
Mi vecino de pajarera es médico y ahora precisamente da consulta. Es una bendición para mí. Y para usted. Señora: el doctor la espera.
Señora
¿Y cómo es ese médico?
Señor
Laureado por la Facultad de Tolosa.
Señora
No es eso lo que preguntaba.
Señor
Acaba de escribir una tesis sobre las vitaminas.
Señora
Eso es muy interesante, pero…
Señor
(RECORDANDO CON ESFUERZO). Es un hombre alto… tirando a rubio, con ojos… azules.
Señora
Los canarios son muy sensibles a los ojos azules. Antaño, los pajareros, eran de ojos azules. ¡Bueno, me decido! Dejo mis maletas frente a su ventana y toco la puerta del doctor. Vuelvo enseguida.
Señor
Quisiera pedirle otra cosa…
Señora
Nos veremos más tarde.
Señor
Quisiera…
Señora
No me detenga, que siento que mi canario bate las alas.
Señor
Señora…
Señora
¡No, tengo miedo de echarme a volar! Hasta la vista, señor. (ENTRA EN LA CASA. EL SEÑOR MIRA LAS MALETAS Y SE DIRIGE A ELLAS.) En off Todo lo sólido se desvanece en el aire
Señor
(CANTANDO) Maletas, maletas, ya no hay más suspiros, maletas, maletas, por el tren perdido.
Sin moverse un punto, maletas, maletas, viajarán conmigo, soñarán despiertas.
Descansad, maletas, entornad los párpados, que el viaje de amor es de ojos cerrados.
SE OYE EL RUIDO DE UN TREN. UNA DE LAS MALETAS SE ECHA A BAILAR, MURMURANDO
Primera Maleta
¡No, no y no!
Señor
(ENOJADO) ¿Qué?
Segunda Maleta
(MOVIÉNDOSE) ¡No, no, no y no!
Señor
¿Pero, qué? ¿Qué pasa?
Las Dos Maletas
(CANTANDO)
El ruido del tren que pasa a lo lejos nos ha despertado. Corazón viajero ni cantos ni amores lo hace prisionero.
Señor
¡Eso no, señoras maletas! No hablen más de partir. Bastante trabajo me ha costado detener a su dueña.
Las Maletas
(CANTANDO)
Andenes, carreras, danzas de vagones, patios desolados, vagas estaciones al alba entrevistas, ruido de furgones ¡rieles donde cantan nuestros corazones!
Señor
¡Un poco más de seriedad, señoras! Comprendo que el ruido de un tren les haga perder la cabeza, pero les ruego que piensen en que no se trata de una aventura sin importancia (SE PONE UNOS GUANTES BLANCOS) tengo la honra de pedirles la mano de su dueña.
Las Maletas
¡Déjenos reflexionar!
Señor
¿Reflexionar? ¿Y para qué? En mi casa van a ser felices, muy felices. Les prometo que en verano dejaré la ventana abierta para que puedan escuchar dos veces al día el paso del tren.
Las Maletas
Entonces. ¡Sí!
Señor
(SE QUITA LOS GUANTES). Gracias (EL RUIDO DEL TREN SE HACE MÁS Y MÁS DÉBIL)
Las Maletas
(DÉBILMENTE) Volvió a suceder, el tren ya se fue, se pierde en la noche su canto de hierro. Dormiremos hoy, ¡Mañana al andén!
Señor
Muy bien. Duerman, duerman es lo mejor. ¡Dios mío, qué difícil es conquistar a una mujer dueña de tantas maletas! (SALE. TOMA LAS MALETAS. CUANDO SE DISPONE A LLEVARLAS A SU CASA, RESUENA UN GRITO TRAS LA VENTANA DEL MÉDICO. EL SEÑOR QUEDA INMÓVIL, CON LAS MALETAS EN LA MANO.) ¿Qué pasa ahora? (SE ABRE LA VENTANA DEL DOCTOR. APARECE LA JOVEN DAMA)
Señora
Me he salvado.
Señor
¿Su corazón?
Señora
Aquí está. (LE PRESENTA UNA JAULA CON UN CANARIO)
Señor
(VIENDO AL CANARIO) Desde el principio me imaginé que usted tenía un corazón adorable. Además, óigalo. (EL CANARIO CANTA)
Señora
(ESCUCHA CON ATENCIÓN) ¡Qué extraño! No lo reconozco.
Señor
Uno jamás conoce su propio corazón.
Señora
Y no comprendo una palabra de lo que me dice.
Señor
En cambio, yo lo entiendo muy bien. (EL CANARIO VUELVE A CANTAR. EL SEÑOR INTERRUMPE AL CANARIO Y DISCUTE CON ÉL) ¿Ah, sí? ¿En serio? No, no… Es imposible… No hay nada que hacer. Me rehúso, no hablemos más.
Señora
¿Qué es lo que dice?
Señor
Me pide que abra la puerta de su jaula. Pero por primera vez en mi vida, me siento con autoridad frente a un pájaro. (AL CANARIO) Te quedarás en tu jaula, amigo mío. (A LA SEÑORA) Usted se queda, ¿verdad? Ya está decidido. Lo prometió.
Señora
Nunca más partiré.
Señor
¿Se quedará aquí, en esta casa?
Señora
Para siempre. El doctor me persuadió. Me quedo con él.
Señor
¡No fue eso lo convenido! De ninguna manera. Yo me… yo le… (DEJA LAS MALETAS) Yo había pedido su mano.
Señora
Seré su vecina, eso es ya la mitad del matrimonio.
Señor
¡Y pensar que ya me disponía a llevar sus maletas a mi casa!
Señora
Tráigalas aquí.
Señor
¿A casa de mi vecino de pajarera, convertido en mi rival? Jamás, no me doy por vencido. Retaré a duelo a ese doctor. Señora: siento que tengo un sable en lugar de corazón.
Señora
Déme mis maletas y yo le daré un recuerdo.
Señor
¡Con qué prisa vivimos! Hace once minutos apenas nos conocíamos y ahora ya estamos en la hora de los recuerdos.
Señora
Entonces, ¿sí?
Señor
Aquí están sus maletas. (SE LAS DA) Y ahora, mi recuerdo.
Señora
¿Qué desea? Escoja.
Señor
Yo quisiera… (DUDA)
Señora
¡Ande, dígalo pronto!
Señor
El canario.
Voz de Hombre
(EN EL INTERIOR). ¡Amando, Amanda!
Señora
Adiós, señor.
Señor
Por lo menos déme su canario. Lo he ganado a pulso.
Señora
¿Qué hará con él?
Señor
Colgaré la jaula en mi ventana. No podré vivir, dormir y respirar sin usted. La escucharé cantar noche y día.
Señora
Aquí está. (LE DA LA JAULA Y CIERRA LA VENTANA)
Señor
(CON LA JAULA EN LA MANO) Y ahora que estamos solos, canta, mi canario. (SILENCIO) ¡Anda, canta, canta! Si tienes pico es para cantar (EL CANARIO CANTA EL MISMO SON, PERO MÁS TRISTE.) ¿Qué?… No, de ninguna manera. Es imposible. No insistas. (EL CANARIO INSISTE) Después de todo, tienes razón. (ABRE LA JAULA) ¡Si tienes alas, es para volar! (EL CANARIO SE VA) ¡Adiós, canario! (VIÉNDOLO DESAPARECER) No hay duda: cuando una mujer tiene un canario en lugar de corazón, lo mejor es dejarlo donde está.
Actriz
En el desierto está Dios… sin los hombres.
LA CONVERSACIÓN SINFONIETA · JEAN TARDIEU
Presentadora
Señores y señoras: Los invitamos a escuchar la Conversación Sinfonieta del compositor francés Jean Tardieu. Esta sinfonía vocal se compone de tres movimientos: Allegro ma non troppo, Andante sostenuto, Scherzo vivace. El allegro después de una rápida introducción donde todas las voces son presentadas, desarrolla con autoridad el tema de la oposición entre el sueño, simbolizado por la pareja Tenor-Soprano, y la realidad de las afirmaciones perentorias son principalmente confiadas a las voces graves. Estas imponen al fin su conclusión, por un canto triunfal a la gloria del equilibrio humano: la salud ante todo.
Ayudante de Escena
¡Quiere por favor acelerar el movimiento sin desmedirse!
Locutor
(LOCUAZ Y VELOZ) L’ andante, movimiento lento y meditativo desarrolla una lamentación soñolienta e indiferente que hace aparecer en primer plano las inflexiones patéticas de voces femeninas de las cuales los recitativos emocionantes consagrados a los espíritus y a las apariciones nos llevarán al dominio inquietante del más allá si ellos no son al final contradichos por la plácida intervención de los bajos, retomando entonces el tema del todopoderoso de la vida: “Con una buena comida”.
Ayudante de Escena
El director de orquesta está retrasado. Para calmar al público ¿quisiera ir más lentamente?
Locutor
En fin… el Scherzo… Vivace… retomando… sobre el ritmo… endiablado… el tema anterior… forma… como una ronda… ensordecedora… de movimientos… vivos… de tiempo… inicial… convertido de repente… en ligero… como rápido…
ANTES DEL FINAL DE ESTE TEXTO EL DIRECTOR DE ORQUESTA HA ENTRADO. ESTÁ VESTIDO COMO DIRECTOR DE ORQUESTA. TIENE UN AIRE CALUROSO Y AGITADO. SALUDA AL PÚBLICO Y DÁNDOLE LA ESPALDA VA A SU ESTRADO. TOMA LA BATUTA, VOLTEA LA PRIMERA PÁGINA DE LA PARTITURA E INDICA EL TONO HABLADO A LOS CORISTAS. ESTO DEBE LLAMARSE: “dar el Ba”. EN EFECTO, PRONUNCIA A MEDIA VOZ E INTENCIONALMENTE LA SÍLABA “Ba”. A PARTIR DE ESTA INDICACIÓN, LOS BAJOS REPITEN JUNTOS, CON UNA VOS GRAVE: “Ba”, “Be”, “Bi”, “Bo”, “Bu”. LAS DOS CONTRALTOS JUNTAS: “Da”, “De”, “Di”, “Do”, Du”. EL TENOR: “Ma”, “Me”, “Mi”, “Mo”, “Mu”. LA SOPRANO: “La”, “Le”, “Li”, “Lo”, “Lu”. A CONTINUACIÓN ENSAYAN UN MOMENTO ESTAS SÍLABAS, CADA UNO POR SU LADO, EN DESORDEN, COMO UNA ORQUESTA QUE SE AFINA. EL DIRECTOR DE ORQUESTA QUE ES UN ROL MUDO, DIRIGIRÁ REALMENTE DANDO LA ENTRADA DE CADA RÉPLICA, RECITATIVO O EN CONJUNTO E INDICARÁ LAS VARIACIONES. LOS CORISTAS HABLAN LO MÁS QUE PUEDAN SIN MODULACIÓN CANTADA SIMPLEMENTE CON EFECTOS DE RITMO O DE INTENSIDAD. ELLOS NO REPRESENTARÁN EL SENTIDO DE LO QUE DICEN, COMO LOS ACTORES, PERO SÍ EL SONIDO COMO LOS INSTRUMENTISTAS. HABRÁ ENTONCES UN CONTRASTE ENTRE LO QUE DICEN Y SUS ACTITUDES, CON AIRE SERIO E IMPERSONAL, CON ESA ESPECIE DE DESFACHATEZ PARTICULAR DE CIERTOS MÚSICOS PROFESIONALES, QUE SE DEDICAN A TOCAR BIEN SIN TENER EL AIRE DE PARTICIPAR EN LO QUE ESTÁN HACIENDO
Locutor
He aquí primero el Allegro, ma non troppo.
Primer Bajo
¡Buenos días señora!
Segundo Contralto
¡Buenos días señor!
Segundo Bajo
¡Buenos días señora!
Primer Bajo y Segundo Bajo (JUNTOS Y EN CRESCENDO)
¡Buenos días señora!
Primer Contralto y Segundo Contralto (JUNTOS Y FUERTE)
¡Buenos días señor! (PRIMER BAJO Y SEGUNDO BAJO, PRIMER CONTRALTO Y SEGUNDO CONTRALTO CONTINÚAN DÁNDOSE LA RÉPLICA EN SORDINA, EN TONO IGUAL, MONÓTONO Y MUY MARTILLADO: “BUENOS DÍAS SEÑORA”, “BUENOS DÍAS SEÑOR”. MIENTRAS QUE EL TENOR Y LA SOPRANO, QUE SE HAN LEVANTADO, CAMBIAN SUS RÉPLICAS POR FUERA Y CON UN FRASEO EMOCIONADO)
Tenor
¡Buenos días señorita! ¿Cómo está usted señorita?
Soprano
(UNA PAUSA) Muy bien señor. ¿Y usted señor?
Tenor
Muy bien señorita ¿y usted?
Soprano
Muy bien señor.
Tenor
Gracias ¿y usted?
Soprano
Muy bien ¿y usted?
Segundo Bajo
Señora, usted que me acoge aquí, estoy orgulloso de volverla a ver después de esta larga ausencia.
Primer Bajo
(MUY RÁPIDO) ¿Quién se ausentó?
Primer Contralto
(MUY RÁPIDO) ¿Quién entonces?
Soprano
(MUY RÁPIDO) ¿Quién entonces?
Tenor
(MUY RÁPIDO) ¿Quién entonces?
Segundo Contralto
(MUY RÁPIDO) ¿Quién entonces?
Segundo Bajo
(CONTINÚA DE PIE) No sé quién se ausentó. Si es usted o soy yo, pero seguramente alguien se ausentó puesto que no nos hemos encontrado. (SE SIENTA)
Primer Contralto
(SE LEVANTA) ¡Es verdad! En nuestra ciudad estamos muy ocupados…
Primer Bajo y Segundo Bajo
(JUNTOS) Ocupados, ocupados, ocupados…
Primer Contralto
(CONTINUANDO) Que permanecemos mucho tiempo sin vernos.
Segundo Contralto y Soprano
(JUNTOS) Sin vernos, sin vernos, sin vernos…
Primer Contralto
(CONTINUANDO) Yo lo siento infinitamente. Puesto que a mí me gusta mucho atenderlos. (ELLA SE SIENTA. EL TENOR Y LA SOPRANO SE LEVANTAN JUNTOS)
Tenor
(INCLINÁNDOSE HACIA LA SOPRANO) Conozco a alguien señorita, que siempre ha estado allá desde que estaba usted.
Soprano
(CARIÑOSAMENTE) ¿Usted siempre ha estado allá?
Primer Contralto
¡Él siempre ha estado allá!
Soprano
(CONTINUANDO) ¿Usted siempre ha estado allá? ¡Y yo que no lo dudaba!
Primer Contralto y Segundo Contralto
(AL MISMO TIEMPO) ¡Ella no lo dudaba! ¡Ella no lo dudaba! (UN CORTO SILENCIO) (PRIMER CONTRALTO Y SEGUNDO CONTRALTO AL MISMO TIEMPO) Joven, ¿por qué no responde usted?
Primer Bajo
¡Vamos joven, responda!
Primer Contralto
Creo que están intimidados. Dejémosles, dejémosles Y hablemos de otra cosa. (TENOR Y SOPRANO SE SIENTAN)
Primer Bajo
El clima está muy malo.
Segundo Contralto
Lo encuentro espantoso.
Primer Contralto
Figúrense que hoy…
Segundo Bajo
El tiempo está muy malo.
Segundo Contralto
Figúrense que hoy…
Primer Bajo
Deje hablar a la señora.
Segundo Bajo
Perdóneme señora de haberla interrumpido Seguía mi propia idea.
Primer Contralto
Figúrese que hoy bajaba por la calle…
Segundo Bajo
¿A pie?
Primer Contralto
A pie, sí, a pie, a pie, Puesto que camino gustosamente.
Primer Bajo
¡Pero deje hablar a la señora!
Primer Contralto
Decía que hoy bajando por la calle ¿encontré, adivine a quién?
Segundo Bajo
¿Quién entonces?
Segundo Contralto
¿Quién entonces?
Tenor
¿Quién entonces?
Soprano
¿Quién entonces?
Primer Contralto
Encontré, ¿a que no adivinan qué? ¡Un barco de vela!
Los Otros Cinco Cantantes Juntos
¿Un barco de vela en plena calle? ¡Qué cosa tan extraña!
Primer Contralto
(RIENDO) Pero era un barco de propaganda. Ah ah ah ah ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah! En cartón y madera pintado, puesto sobre un automóvil.
Segundo Bajo
Y yo también.
Primer Contralto
Era la compañía de turistas reunidos, que hacen publicidad para los cruceros de este verano.
Soprano
(SE LEVANTA) Señora: estoy desconsolada. Hubiera querido que fuera un verdadero barco navegando por la calle. ¡La vida es verdaderamente monótona!
Primer Bajo
(CON RUDEZA) ¡Pero no, pero no, pero no!
Segundo Bajo
¡Pero no, pero no, pero no, pero no!
Primer Bajo y Segundo Bajo
(JUNTOS) Pero no, pero no… (CONTINÚAN EN SORDINA DICIENDO “PERO NO” MIENTRAS QUE DURE EL PARLAMENTO SIGUIENTE. SEGUNDO CONTRALTO SE LEVANTA)
Segundo Contralto
Las jóvenes son románticas. Yo lo fui alguna vez. Hubiera querido no sé qué. (PRIMER BAJO Y SEGUNDO BAJO SE DETIENEN)
Primer Contralto
Pero sí, pero sí, pero sí, pero sí.
Primer Contralto y Segundo Contralto
(JUNTOS) ¡Pero sí, pero sí, pero sí, pero sí!
Primer Bajo y Segundo Bajo
(JUNTOS) ¡Pero no, pero no, pero no, pero no!
Primer Contralto y Segundo Contralto
(JUNTOS) ¡Pero sí, pero sí, pero sí, pero sí!
Primer Bajo y Segundo Bajo
(JUNTOS) ¡Pero no, pero no, pero no, pero no!
Primer Bajo
(SE LEVANTA) La vida está bien así. Hay que saberse contentar. Con lo que uno tiene sin buscar nada. En los sueños inútiles. (SE SIENTA)
Primer Contralto
En el fondo, señor, en el fondo tiene toda la razón. Hay que saber vivir bien.
Segundo Contralto
(PATÉTICO) Con la condición de que uno tenga “de qué” vivir.
Segundo Bajo
Yo siempre he vivido.
Primer Bajo
Y yo vivo siempre.
Primer Contralto
Eso es lo esencial.
Segundo Contralto
La salud ante todo.
Tenor
(MUY SENTIMENTAL) Con un poco de amor.
Tenor y Soprano
(CRESCENDO) Con un poco de amor. Con un poco, mucho amor.
Primer Bajo y Segundo Bajo
¡La salud ante todo! ¡La salud ante todo!
Todos Juntos
(FUERTE) ¡La salud ante todo! ¡La salud ante todo! ¡La salud ante todo!
Locutor
¡Andante Sostenuto!
Tenor
Y por lo tanto créanme, ¡es el espíritu el que hace todo!
Primer Bajo y Segundo Bajo
(RESERVADOS) ¡Casi todo! ¡Casi todo! ¡Casi todo!
Primer Contralto
¿Dónde está el espíritu?
Segundo Contralto
¿Dónde está el espíritu?
Soprano
Él está en nosotros.
Primer Contralto
(MISTERIOSAMENTE) Yo señor, yo señora iré más lejos que ustedes créanme, créanme, los espíritus están por todas partes.
Segundo Contralto
¿Dónde están ellos?
Soprano
¿Dónde están ellos?
Primer Contralto
Están alrededor de nosotros. Se deslizan por todas partes.
Los Coristas Juntos
¡Hou, hou, hou, hou, hou, hou! Hou, hou, hou, hou, hou, hou!
ESTE “HOU” DE ESPANTO ES MÁS QUE TODO MURMURADO PERO EN CRESCENDO.
MODULACIÓN ASCENDENTE Y DESPUÉS DESCENDENTE Y DE UNA DURACIÓN IGUAL A LA DE LOS VERSOS PRECEDENTES.
Soprano
¿Son malos señoras? Para mí, no puedo creer en la ferocidad de nuestros pobres ancestros.
Primer Contralto
Desde que son desgraciados y vagan en la noche en su vieja guarida, algunos, dicen, que son maléficos y feroces como lobos.
Los Seis Juntos
¡Hou, hou, hou, hou, hou, hou, hou, hou, hou, hou! (COMO LA ACOTACIÓN ANTERIOR)
Primer Contralto
Algunos por el contrario son dulces, se les tomará en las rodillas pues aman en la noche volver cerca a nosotros.
Segundo Contralto
(SE LEVANTA Y COMIENZA UN RECITATIVO) Tenía una vecina con un hermano loco…
Primer Bajo y Segundo Bajo
(JUNTOS) Con un hermano loco, con un hermano loco…
Segundo Contralto
Y como él era loco. Él veía mejor que nosotros…
Primer Bajo y Segundo Bajo
Él veía mejor que nosotros, él veía mejor que nosotros…
Segundo Contralto
Y bien…
Primer Bajo
¿Y bien?
Segundo Bajo
¿Y bien?
Primer Contralto
¿Y bien?
Segundo Contralto
Y bien, a menudo en la cocina, los espíritus por necesidad venían a robar jamones y patés.
Primer Bajo
(INCRÉDULO Y BURLETERO) ¿Y las legumbres?
Segundo Contralto
Las legumbres no.
Primer Bajo
Lo ve usted: era el gato.
Segundo Bajo
Era el gato, era el gato.
Primer Bajo y Segundo Bajo
Era el gato que venía a robarle.
Segundo Contralto
(INDIGNADO) ¡Dije que él estaba loco pero no tanto para confundir un felino con un espíritu!
Primer Contralto
Y en mi familia señor sabemos que un fantasma no hace mucho tiempo que venía a robarnos el dinero.
Soprano
¿Qué, dinero?
Primer Contralto y Segundo Contralto
(JUNTOS) ¡Sí, dinero, sí dinero, sí dinero!
Primer Bajo
(BURLETERO) ¿En metal?
Segundo Bajo
(EN EL MISMO TONO) ¿O en billetes?
Primer Bajo
(COMO UN BUEN HOMBRE) ¡Vamos señora reflexione! cómo quiere usted que un espíritu subterráneo…
Segundo Bajo
O quizás aéreo.
Primer Bajo
…Haga de una moneda que no vale nada ya.
Soprano
Quizás “allá” se tenga necesidad de una moneda de cambio: los espíritus no son ángeles…
Primer Contralto
¿Y los hombres qué son ellos entonces?
Segundo Contralto
¡Ah los hombres, ni hablemos!
Soprano
¡Ni hablemos!
Primer Contralto
¡Ni hablemos!
Segundo Contralto
¡Ni hablemos!
Primer Bajo
¡Yo, en sus espíritus no creo!
Segundo Bajo
(AFIRMATIVO Y ACELERANDO) ¡Y yo tampoco creo! ¡El que existe está aquí abajo entre nuestras manos y bajo nuestros pasos, se parece a ustedes y a mí se oye y se ve!
Tenor
(SE LEVANTA CON FUERZA) ¡O bien se toma en los brazos!
Soprano
(ENÉRGICA) ¡Se abraza en el fondo del bosque!
Los Seis Juntos
Oh, oh, oh, oh, oh, oh, Oh, oh, oh, oh, oh, oh. (COMO EN LA ANTERIOR)
Primer Bajo
Oh, oh, nuestra juventud es muy emprendedora.
Primer Bajo
Hablemos bajo, hablemos bajo.
Segundo Bajo
Hablemos bajo.
Primer Bajo
Hablemos bajo.
Primer Bajo, Segundo Bajo, Primer Contralto y Segundo Contralto
(JUNTOS) ¡Hablemos bajo! ¡Hablemos bajo! ¡Hablemos bajo! ¡Hablemos bajo!
Primer Contralto
Aprovechemos un momento.
Segundo Contralto
Aprovechemos de un momento.
Primer Contralto
Y de sus sentimientos para anunciar la boda…
Segundo Contralto
Con una buena comida.
Primer Bajo
¡Con una buena comida, con una buena comida!
Primer Bajo y Segundo Bajo
¡Con una buena comida, con una buena comida!
Los Seis Juntos
(MUY BAJO) ¡Con una buena comida, con una buena comida! ¡Con una buena comida! ¡Con una buena comida, con una buena comida! (DECRECIENDO UN SILENCIO)
Locutor
(LEVANTÁNDOSE HACIA EL MICRÓFONO) Scherzo vivace (SE VUELVE A SENTAR)
Primer Bajo y Segundo Bajo
(REPITIENDO CON UN RITMO MUY MARCADO DOCE VECES LA MISMA SÍLABA) Me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan.
Primer Contralto
Las frutas.
Segundo Contralto
Las flores.
Primer Bajo
Las papas a la francesa.
Segundo Bajo
El vino.
Soprano
Los helados.
Tenor
El ron.
Primer Bajo y Segundo Bajo
(LO MISMO DE ANTES) Me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan.
Tenor
Los rones.
Soprano
Los helados.
Segundo Bajo
Los vinos.
Primer Bajo
Las papas a la francesa.
Segundo Contralto
Los flanes.
Primer Contralto
Las natas.
Primer Contralto
(SE LEVANTA PARA DECIR SU PARTE Y ENSEGUIDA SE SIENTA) Así haga frío o haga calor me gusta una perdiz en su bandeja.
Segundo Contralto
(LO MISMO DEL ANTERIOR) Un solomito con alcachofa, un pastel de sesos.
Primer Bajo
(LO MISMO) Papas gratinadas.
Segundo Bajo
(LO MISMO) Un steack a la pimienta, un pollo al vino.
Tenor
Un chautebriand término medio.
Soprano
(POÉTICA) Y dos o tres relámpagos a lo lejos.
Primer Bajo
¿Cómo los corta usted?
Segundo Bajo
¿Cómo los corta usted?
Tenor
¿Cómo los corta usted?
Soprano
Los tomo como ellos son.
Primer Contralto
Los tomo como hay que tomarlos.
Segundo Contralto
Yo los corto en pedazos.
Primer Bajo
¿Cómo los hace usted?
Segundo Bajo
¿Cómo los hace usted?
Tenor
¿Cómo los hace usted?
Soprano
Los pico muy fino.
Primer Contralto
Los cocino al vapor.
Segundo Contralto
Yo los hago gratinados.
Primer Bajo y Segundo Bajo
(MUYMARTILLADO) ¡Está bien, está bien, está bien, está bien!
Primer Contralto
(ACELERANDO) Al horno, a la plancha.
Segundo Contralto
Dulce, salado.
Soprano
(ACELERANDO) Con tomillo.
Primer Bajo
(ACELERANDO) Enharinados.
Segundo Bajo
(ACELERANDO) Los langostinos.
Tenor
(ACELERANDO) Al marrasquino.
Primer Contralto
(ACELERANDO) Los salchichones. Los tocinos.
Segundo Contralto
(ACELERANDO) Las habichuelas. Los caracoles.
Soprano
(ACELERANDO) Las costillas. Las tortillas.
Primer Bajo y Segundo Bajo
(JUNTOS) ¡Está bien! ¡Está bien!
Primer Contralto
Los estripo los relleno los envaso.
Soprano
Los pelo los tomo los acaricio.
Primer Bajo
Los chupo los destapo y los trago.
Segundo Bajo
Los extiendo los corto los amaso.
Soprano
(MELODIOSAMENTE) ¡Yo los sirvo flambeados al hombre que yo quiero!
Primer Bajo
¡A la mujer que yo quiero!
Primer Contralto
(MELANCÓLICO) ¡Al joven que yo amaba…!
Tenor
(APASIONADO) ¡A la joven que amo! (UNA PAUSA)
Primer Bajo y Segundo Bajo
(JUNTOS) Me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan.
Primer Contralto
Las frutas.
Segundo Contralto
Los flanes.
Primer Bajo
Las papas a la francesa.
Segundo Bajo
El vino.
Soprano
Los helados.
Tenor
Los repollos.
Primer Bajo y Segundo Bajo
Me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan, me gustan.
Tenor
El calor.
Soprano
El frío.
Segundo Bajo
El azúcar.
Primer Bajo
La sal.
Todos Juntos
(EFECTOS AD LIBITUM; CRECIENDO Y DECRECIENDO) Y todo. Todo, todo, todo, todo.