Con los textos «Cocteau, el poeta provocador» y «A propósito, La voz humana», y las obras en temporada para el primer semestre de 1991.
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Pieza 4A
de jean cocteau
la voz humana
con angela moja muñoz
director cristóbal peláez
TEATRO
MATACANDELAS -
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Pieza 4B
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COCTEAU , EL POETA PROVOCADOR
CRISTOBAL PELAEZ GONZALEZ
Cocteau dramaturgo ... Cocteau dibujante ...
Cocteau coreógrafo y bailarín ... director tea-
tral ... director de cinematógrafo ... actor ... decora-
dor ...
Denominaciones , ejercicios todos de lucidez eje-
cutados por este hombre inteligente , mundano , que
irrumpe prematuramente a los 17 años en el París
de las letras y el espectáculo artístico .
Es un espíritu ubicuo al que Mauriac bosqueja
como personaje trágico condenado a la adolescen-
cia eterna , en ese espacio donde todos los contem-
poráneos y la posteridad coinciden en llamarlo ,
antes que nada y a través de toda su obra , UN
GRAN POETA .
Cuando en los años sesenta , poco antes de su
muerte , André Bretón comprueba con nostalgia y
amargura que el escándalo ya no es posible , se
refiere no sólo a los declives de una intensa profu-
sión de movimientos literarios . Sus palabras dan a
entender el paso obligado de un mundo que se abre
distinto a como lo soñaron los surrealistas , se refie-
re a la desaparición incesante de los protagonistas
de un momento estelar en la agitación intelectual y
estética de Europa .
Esa agitación ha corrido pareja con las primeras
luces del nuevo siglo . Al vaivén de las permanentes
contiendas bélicas la perturbada existencia del eu-
ropeo hasta mucho después de la segunda guerra
mundial se ha signado por una descomunal angus-
tia creativa , adornada por el gesto de la irreverencia
y la provocación , desafío contra la crueldad que
termina , como casi siempre , legando la imagen
verdadera de la época . Así lo había advertido Apo-
llinaire .
París era un saco tolerante que crepitaba bajo los
escándalos . Es la ciudad del amor donde se afirma
con ufano que a la media noche el cincuenta por
ciento de sus habitantes se encuentra , amoroso ,
encima del otro cincuenta por ciento . Buñuel , cn-
tusiasmado , liberado de su bucólica España llega a
esa metrópoli donde comprueba que se puede salir
a la calle sin sombrero sin perder la hombría y
donde es posible besarse en plena rue . Ocioso ,
arriesgando cárcel , ensaya sus habituales manías
de monja o cura camuflado ; los precursores defi-
nen el surrealismo como salir a la calle con un
revolver y disparar al azar , jacques Vaché , ame-
naza en plena representación teatral con perforar la
tapa de sus sesos y Jean - Pierre Duprey escribe El
bosque sacrilego donde entrelineas anuncia su sui-
cidio , que hace efectivo poco después de orinar
sobre la llama del monumento al soldado descono-
cido .
La constante del escándalo atrae las miradas del
orbe . Téngase en cuenta que es la ciudad con
tradición de niños prodigio como Rimbaud , y años
más tarde lo serán el propio Cocteau y Raymond
Radiguet ; es la ciudad donde se estrenan Las tetas
de Tiresias , Ubu Rey , y Un perro Andaluz . El Scna
es un río surcado por libros , según la expresión del
momento , una cultura que es capaz de abrazar a los
malditos y a otros que sin serlo aspiran , Juan Gris ,
Picasso , Dalí , entre los españoles , de los latinoa-
mericanos ya habían hecho su tienda los memora-
bles Isidore Ducasse , padre de Maldoror , luego
Jules Laforgue y poco después Jules Supervielle ,
montevideanos los tres , que extraño . ( Felisberto
Hernandez , dicho sea de corrido , trata en vano de
lograr un asidero ) .
Por allí han pasado los rusos Diaghilev , Stravinski
y Nijinsky , y ha pasado también con un manuscrito
debajo del brazo James Joyce quien encuentra por
fin , tras una odisea , albergue en la crítica de Valery
Larbaud .
Pasan y se prolijan los ismos y las vanguardias con
una vertiginosidad asombrosa . En el bosque de
manifiestos se descubre un fervor que contamina
todas las expresiones culturales . No podríamos
olvidar las tentativas truculentas de un teatro Dadá
escandalizante al que todo París acude para darse
el placer de odiarlo ( Y las veladas transcurrían
entre una nube de zanahorias , repollos , rebuznos ,
gritería . Algarabía general que establecía un hecho
teatral colectivo entre la platea y el escenario ) ,
tampoco la insurrección pictórica de un Chirico , un
Picabia , un Duchamp . El cardumen de los terribles
podría extenderse a confines pasmosos . París , co-
mo una nueva Florencia , todo lo quicre , todo lo
modifica , ansía en términos Rimbaudianos , cam-
biar la vida .
Cocteau , el modisto de las letras francesas , despier-
ta en este mundo ardiente la admiración por don-
dequiera que cruza , es el centro carismático en un
selecto grupo representado por la condesa de Noai-
lles , Edmond Rostand , Catulle Mendés , Jules Le-
maitre y Marcel Proust . Frecuenta todos los
géneros y formas , pasando a trasluz por todos los
ismos sin que se instale a lo largo de su vida en
ninguno . Está entre los promotores del surrealismo
pero riñe enseguida porque no le gusta recibir
órdenes , convencido como está de que la anarquía
cuando triunfa se convierte en otro orden . Su
autogestión espiritual lo lleva a proclamar : El pa-
pel de los niños , de los poetas y de los héroes
consiste en desobedecer las órdenes . Si no desobe-
decéis a la orden de desobedecer , permaneceréis
esclavos del dos y dos son cuatro , que hace reír a
mis ángeles y no podréis ser uno de los obreros del
templo , sino unicamente construir uno de esos
tristes cuarteles donde viven los muertos .
Deslumbra como conversador dejando a todos bo-
quiabiertos con su palabra . André Maurois nos lo
recuerda diciendo que su conversación era ya una
obra de arte ; todos admiran y se enloquecen con un
hombre tan inteligente que quiere aparentar frivo-
lidad , epígono de ese otro adorable llamado Oscar
Wilde . -
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Pieza 4C
La entrada triunfal en París del Ballet Ruso de
Sergio Diaghilev provoca un entusiasmo sin lími-
tes que alcanza al Cocteau temprano , y consecuen-
te a su rasgo de no permitir que otros le roben el
show se propone montar su propio espectáculo de
Ballet . Se llama Parada y cuenta con los decorados
cubistas de Picasso ( fue realmente Cocteau quien
lo presentó a París ) y la orquestación de Erik Satie
( que quería hacer una música en forma de pera ) .
Con Parada el escándalo está servido y habrán de
seguirle obras de un realismo sofocante , tales Los
novios de la Torre Eiffel , Los niños y Los padres
terribles , Orfeo , La máquina de escribir , versiones
de Antígona y Edipo rey , que fuerzan la moda de
retrotraer a los clásicos , Los Caballeros de la mesa
redonda , y , con muchas otras , El bello indiferente ,
que escribe para la Edith Piaf .
Cuando el vizconde de Noailles le propone incur-
sionar , a cuenta de su bolsillo , en el cine , Cocteau
no duda en aceptar con entusiasmo inmediato vien-
do allí la posibilidad de relucir nuevos encajes para
su poesía ; entonces diría nada sabía acerca del
arte cinematográfico . Lo inventé entonces a mi
aire , para mí mismo . Es allí donde conoce a Jean
Marais , el actor que no lo abandonará en los filmes
posteriores . De esa relación habría de quedar una
pasión de amor entre farsantes de pluma y adorno ,
como lo fuera antes con el genio malogrado Ray-
mond Radiguet , muerto prematuramente a los 21
años dejando dos obras memorables , El diablo en
el cuerpo y El baile del conde de Orgel .
Para Cocteau todos los medios , cine , radio , televi-
sión , teatro , Ballet , pintura , no son más que apara-
tos para expresar POESIA . No poesía entendida
como un desgastado lirismo , ese retruécano junta-
palabras con su pedante fatiga de metaforismos y
la supuesta imaginería -de la cual hoy la boga
presume- sino la atmósfera general donde la eva-
nescente belleza logra insinuarse a través de los
hilos rudimentarios de la acción . La poesía que
contradice la erudición y hasta la misma palabra
para quedar sostenida en su más humano alcance ,
una forma de felicidad .
El ejemplo puede mirarse en el filme El águila de
dos cabezas . Sólo hasta el último de los 120 minu-
tos el espectador queda advertido que ha estado en
presencia de una poesía cinematográfica .
La conversión de Cocteau al catolicismo lo hace
blanco de las miradas . Algunos piensan que se trata
de una nueva voltercta para el saltimbanqui no
perder su prestigio de provocador . Cuando La Aca-
demia Francesa le ofrece un sitio y todos confian
en un sonado rechazo , Cocteau acepta , producien-
do un nuevo escándalo . Toma asiento y lee sus
palabras de ingreso vestido con un ridículo vestido
dieciochesco de plumas . Es un bufón y La Acade-
mía hace a un lado su severidad habitual porque
sabe que es un bufón genial . Cocteau le advierte a
un amigo que le ha escrito sobre su desatino al
aceptar un puesto en la tradición y el polvo , aquello
contra lo cual luchó y ridiculizó , puesto que no
tienen lo que tenemos -hablaba Cocteau- , nos es
preciso tener lo que tienen .
Lydia Zuckerman , en su corto ensayo sobre el
poeta mal amado , recoge datos biográficos donde
nos acerca a un hombre que en el tumulto de su
esplendor sabía ocultar bien su condición desgra-
ciada . A excepción de Rilke , Morand , Collete y
otros pocos más , muy pocos , todos sus amigos
terminaron por detestarlo . Proust encabeza la lista .
le recrimina el querer pasar por ser el más origina !
a cualquier costo , Gide pensó en matarlo por as-
curos lios pasionales , mientras Stravinski y Diag-
hilev hablaban de estrangularlo . El público en
damasiadas ocasiones atónito con su talento no le
perdonaba que le tomara ventaja , que fuera más
rápido que todos . Una situación que el poeta enten-
día así , el artista es el verdadero rico , va en auto-
móvil , el público le sigue en ómnibus . ¿ Cómo
extrañarnos que lo siga a distancia ?
Esa distancia hoy no existe , el público termina por
digerir lo innovador y el artista se verá emplazado
siempre a crear nuevas tentativas de escozor .
A tanta agua debajo del puente el mundo parece
haber olvidado sus disgutos , sus recelos con Coc-
teau y una nueva memoria , depurada , sin las pasio- -
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Pieza 4D
nes ascendradas del momento con sus
consuetudinarias rivalidades terrenales , termina
por abrirle , sin prevenciones , las puertas de su
corazón reconociendolo como Príncipe de la ju-
ventud y Príncipe de la poesía .
Sólo al final de su vida se habría de descubrir un
secreto que Cocteau por una excepción única había
mantenido sellado . Era el hijo terrible de unos
padres terribles , contra toda creencia pública de un
aire de infancia feliz . En los delirios de una postra-
ción tóxica de opio , tan frecuentes , revelaría vícti-
ma de un sueño que su padre , suicidado cuando él
contaba con 8 años de edad , permanecía vivo en el
territorio de las pesadillas , que se transformaba en
una papagayo de mil colores iridiscentes y que
cada vez que graznaba , yo gozaba de un delicioso
trago de leche espumosa .
Había nacido el 5 de Julio de 1889 en Maisons - Laf-
fiette y murió en 1963 , en Milly - la - Foret . Todavía
en el aire parecía restallar su carcajada : Decir " soy
moderno " no tiene más sentido que la famosa farsa
" nosotros , caballeros de la edad media " ...
A
PROPOSITO , LA VOZ
HUMANA .
Los contemporaneos de la vanguardia querían des-
conocer a un Cocteau que hace chapuzas románti-
cas con hilos telefónicos . Pero el París tradicional ,
y a propósito de La voz humana , tampoco le acep-
taba que en 1930 , a sus 40 años de edad , llegara a
La Comedia Francesa , el templo sagrado de Racine
y de Corneille , decorando la escena con la vulga-
ridad de un monologo , una mujer debilitada de
amor y en el centro , horreur , ! un teléfono !,
aparato moderno , ordinario , carente de teatralidad .
La novedad del autor esta vez era trabajar con
elementos de la vida diaria , muy lejanos a los
emperifollos del teatro clásico .
ese
La solemnidad de La Comedia Francesa había sido
asaltada por un teatro de Boulevard . Cocteau se
aprestaba a ofrecer al público una explicación
apuntando que su intención no era entablar un
problema de orden sicológico en la pieza dramáti-
ca , procuraba establecer un problema de la técnica
teatral con una creación rememorativa de una con-
versación sorprendida ; estaba seducido por la sin-
gularidad grave de sus timbres , por la eternidad de
los silencios ...
Con el paso del tiempo , creía Cocteau , las obras
difíciles abren , mejor que las fáciles y llamativas ,
sus pétalos . La voz humana es una obra que se
convierte en una pieza clave del teatro moderno ,
misteriosamente un drama que va logrando perfilar
en su curso las multiples influencias . Almodovar
lo utiliza , especie de tributo , como telón de fondo
en uno de sus films y en la graciosa Mujeres al
borde un ataque de nervios la declara , por segunda
vez , la inspiradora . De ella ha hecho Francis Pou-
lenc su conocida ópera , y continúa en punto de
partida para nuevas dramaturgias , películas , pintu-
ras , poemas y piezas de ballet .
MATACANDELAS Y LA VOZ HUMANA
( El silencio de Cocteau ) .
El teatro Matacandelas estrenó La voz humana en
Marzo de 1988 y hasta estos días de 1991 podrá
llegar más allá de las 80 funciones . No es , no ha
sido , una obra exitosa , como suele entenderse en
finanzas y afluencia , y la tosudez costosa de con-
servarla en nuestro repertorio está en razones ínti-
mas del grupo y sobrevividas también en el deseo
de su protagonista , Angela María Muñoz , que ha
entroncado el acontecer de aquella mujer a la carne
de su alma como parte de su suceder estético y
humano .
Consideramos útil , aunque no sabemos para qué ,
guardarle fidelidad a ese público pequeño , íntimo ,
melancólico talvez , esos sigilosos espectadores de
los vértigos , que andan buscando en el drama , más
que un pasatiempo nocturnero , los lugares tristes ,
tósigos para su penar de ánima .
La pieza viva irá produciendo sus modificaciones
en el transcurso vivo de la actriz . Hasta el momento
nos hemos resistido a las tentaciones teatrales de
enriquecer su conjunto . Continuará su acento deli-
berado de poesía -que no es rima- allí donde hemos
depurado su carácter espontaneista . La actriz se ha
propuesto transmitir un largo poema de 60 minutos
tachonados de interjecciones , partículas de lengua-
je coloquial : la línea emocional + poesía verbal . -
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Pieza 4E
Algunos espectadores nos han puesto sobreaviso
en la importancia de una línea musical que pueda
subrayar sus instantes drámaticos , sus tensiones , su
fluir monótono en el tiempo , e incluso su uso en
bajar tensiones y forzar atmósferas evocaticas .
Hemos de insistir en que el silencio nos pareció y
nos sigue pareciendo la mejor partitura para este
drama flotado en suspiros , exhalaciones , pasos en
la alfombra , crujir de papeles , y el compás final
del aire cortado por las alas que debe evocar aque-
Obras del
.
llo que el asistente guste . ( ¿ Un descenso final a los
sepulcros ? )
Faltaría añadir algo más en estas notas . El trazo de
la obra debe sus logros , suponiendo que los tenga ,
a Diego Humberto Sánchez ; más que un asistente
técnico y responsable del juego pictórico de la
iluminación , es una sombra funambulesca que co-
mo aquel otro amador infiel al otro lado del hilo ,
se disputa un lugar entre los bordes de la escena
viva .
delas en temporada para el primer semestre 1991
-LA VOZ HUMANA . De Jean Cocteau .
VIAJE COMPARTIDO . Dramaturgia Cristóbal Peláez
( Textos de Andrés Caicedo y Marco T. Aguilera G. )
O MARINHEIRO . De Fernando Pessoa
JUEGOS NOCTURNOS I ( sobretextos ) -Estreno-
Cra . 42 Nº 53-31 Tel . 239 30 42. A.A. 10412
Medellín Colombia .
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AGRADECIMIENTOS :
INSTITUTO CULTURAL COLOMBO - ALEMAN
ALIANZA CULTURAL COLOMBO - FRANCESA
mimo's
Es mimomento !