INCERTIDUMBRE

Poema dramático

De la mano de

Bertolt Brecht, Boris Vian, Tristan Tzara

Ficha técnica

Actuación
Sebastián Betancur - Juan David Correa - John Fernando Ospina - Juanita Vergara - Samuel Marroquín - Sara Marín - Tatiana Restrepo - María Isabel García
Dramaturgia
Juanita Vergara y Cristóbal Peláez González
De la mano de
Tristan Tzara, Boris Vian, Bertolt Brecht, T.S. Eliot
Operación luces
Santiago Cañas
Operación sonido
Andrés Sánchez
Composición musical
Juan David Correa, Samuel Marroquín, María Isabel García
Vestuario
Martha Vanegas
Dirección
Cristóbal Peláez González

ESCENA UNO

Cadáver 1
A través de las guerras
íbamos cambiando de país
como cambiando de zapatos.
(PAUSA)
Yo me parezco a aquel hombre
que iba con un ladrillo en la mano
para mostrarle al mundo como era su casa.

Cadáver 2
Estoy oyendo aullar a la muerte por entre los animales de las granjas.
(PAUSA)
Por todas partes estalla la guerra.
(PAUSA)
La guerra ya está a la puerta.
(PAUSA)
Los países se embisten
¿No oyen ustedes el mugido de los convoyes horrendos?
Todo está cubierto de guerra
y yo estoy cubierto de pústulas.
Me parece que mi cuerpo
ya está amortajado con el moho de la muerte.
Las hojas de movilización ya están firmadas.

ESCENA DOS

Señor K
Ha de saber, jovenzuelo, que he sido designado por este ilustre Instituto para investigar y determinar de manera definitiva de qué modo sus estudios en esta casa están contribuyendo a su hastío por la vida.

Hijo
Hágame preguntas.

Señor k
Siéntese.
Pregunta:
¿En qué sentido han sido formativos sus estudios?

Hijo
Llevo doce años con el culo pegado a un banco duro.
Doce años de aburrimiento: Imágenes aisladas, ínfimas, el olor de los libros nuevos, las hojas en que dibujamos, el vientre asqueroso de una rana disecada en clase de biología, con su peste a formol, y ese miedo atroz en las vísperas de exámenes.

Señor k
Ooookey. Anoto. ¿Cuál es el crimen? Digo, el crimen que usted le imputa a nuestro Ilustre Instituto

Hijo
El crimen es imponer a los niños un horario que dura doce años.
Levántese a las seis todas las mañanas, almuerce a mediodía, acuéstese antes del anochecer… y no tendrá nunca una noche suya… no sabrá nunca que hay un momento en que el día y la noche se mezclan, se funden. El crimen señor K es este: Ustedes me han robado doce años de noches.

Señor K
Ujum….¿Algo más?

Hijo
Me hicieron creer, en sexto grado, que mi único deber consistía en pasar a séptimo, y después a octavo, y que ahora en once, tengo que prepararme para seguir y seguir…

Señor K
Ajá, lo estoy oyendo.

Hijo
(SE EXALTA) Estoy avanzando por un pasillo sin principio ni fin. Me gustaría tanto saber, Señor K…

Señor K
Siéntese.

Hijo
Me gustaría tanto saber cuál es el verdadero sabor de la vida.

Señor K
No se exalte jovenzuelo, no tiene ninguna necesidad de subir la voz, lo estoy oyendo perfectamente.

Hijo
(EN TONO REFLEXIVO) Estamos envolviendo la vida con diplomas.

Narrador
Y no lo dice, lo piensa: el trabajo es igual a muerte en vida; la cosa más baja y despreciable de la tierra es el trabajo.

Hijo
He hecho trampas, Señor K.
He hecho trampas para no pensar tanto en esta jaula.
Mi lugar es otro, yo no vivo en su instituto. Soy un estudiante perezoso y pienso en otras cosas.

Señor k
Objeción:
No veo en ello trampa ninguna. Perezoso o no, está usted muy avanzado en sus estudios y con buenas calificaciones. Que estuviera usted pensando en otra cosa no significa que sea usted culpable.

Hijo
Me desgasto, señor K, odio los años de estudio. Odio este instituto porque me desgasta. Yo odio el desgaste. (GRITA) ¡odio el desgaste!¡mire!
Mire este viejo escritorio suyo. Todo lo que rodea a este instituto es así.

Señor K
¿Así cómo? ¿A qué se refiere?

Hijo
Cosas sucias y polvorientas. Pintura que se derrama de las paredes. Bombillas cubiertas de polvo y de cagadas de mosca. Tinta por todas partes. Mesas podridas llenas de agujeros. Vitrinas con pajaritos disecados y roídos por los gusanos. Laboratorios de química que apestan, inodoros nauseabundos, escorias de hierro en los patios, un edificio en corrupción. Núcleo de una sociedad enferma, cansada. Y…

Señor K
¿Y? (SEÑOR K ABRE SUS MANOS ESPERANDO.)

Hijo
Viejos profesores estúpidos, chochos. Este ilustre instituto, y todos, son escuelas de chochez.

Cadáver 2
Humilde. Reconociéndose.

Señor k
Todos envejecemos, jovenzuelo.
Observación: Envejecer no es una tara. A todo el mundo le ocurre lo mismo. Usted también llegará allá.

Hijo
Claro que lo sé, de lo que me quejo es que ustedes empiezan al revés.

Señor k
¡Siéntese! Al revés, ¿cómo?

Hijo
Ustedes empiezan por envejecer.
Yo acuso a mis maestros de haberme hecho creer, con sus enseñanzas y las de los libros, en una posible inmovilidad del mundo.

Señor K
(PENSATIVO) U ju, ju, ju… Diagnóstico: su caso es más grave de lo que me informaron. (DESAPARECE)

ESCENA TRES

Cadáver 2
Se lleva las manos a la cabeza y deja de mirar al señor K.
Cuando vuelve a levantar la mirada, y va a decir una cosa más, el señor K ha desaparecido. Y él ya, tampoco, está aquí. Está sentado en medio de un desierto de arena dorada; la luz está surgiendo de todas partes. Ahora está mirando el mar, el mar azul, tibio, esencial, y el corazón se le pone distinto. Vuelan, jugando las gaviotas, piensa: hace un tiempo ideal… para matarse. Entonces se levanta, deja allí sus botas, su traje, y corre al encuentro de la brillante franja de espuma que orla el manto azul. Y, de improviso, todo se confunde, se mezcla. Y se desvanece. Y he aquí que va entrando otra vez al torbellino, al vacío, al frío glacial del aula de un instituto.
Sus noches vuelven a llenarse de alucinaciones.
(Efecto sonoro con trompeta)

ESCENA CUATRO

(Entra Jesucristo y feligreses)

Jesucristo
Llegas cinco minutos tarde.
Ya no crees en gran cosa, ¿no es así?
Anda, dime, hijo mío ¿cuándo dejaste de creer?
Siéntate, siéntate.
No te pongas nervioso.

Hijo
No estoy nervioso.

Jesucristo
¿Estás molesto?

Hijo
Con los niños se empieza demasiado pronto.
A los niños se les adoctrina a una edad en la que están indefensos.
Por eso creen en los milagros, yo ya no creo. Usted me parece un espejismo.

Jesucristo
Mírame, míralos… (SEÑALANDO A LOS FELIGRESES) ¿soy un espejismo?

Hijo
Todo me parece borroso.

Jesucristo
Tal vez porque nunca has estado despierto de verdad.
Ven, ven, pon tus dedos en mis llagas.

Hijo
Son de verdad

Jesucristo
Ahora acerca tu mano y ponla en mi costado.

Hijo
¡Agua sangre! No puede ser real

Jesucristo
Nada aquí lo es.

Hijo
¿Cuál es el truco?

Jesucristo
No seas incrédulo, sino creyente hijo mio.

Hijo
En catecismo conocí un cura, un funcionario suyo, para él todos los niños no eran iguales. Le interesaban mucho los que iban bien vestidos pero le interesaban mucho más, sus madres.

Jesucristo
Nada de todo eso puede ser un motivo determinante para no creer.

Hijo
Yo fui creyente hasta el día de mi primera comunión.
Ese día, recuerdo, estaba a punto de desmayarme en la iglesia. Pensaba que era un llamado divino suyo. Pero no, era hambre, no había desayunado.

Jesucristo
Tu rencor con la religión es un rencor infantil.

Hijo
Lo que es infantil es su religión.

Jesucristo
Hijo mío, tú no estás facultado para juzgarla.

Hijo
No creo en Dios, tampoco en usted.
(JESUCRISTO HACE UN GESTO)
¿Quién es ese?

Jesucristo
Se llama

Satanás
Belial, Samael, Mefistófeles, Satanás, el Padre de la mentira.

Satanás
Omnia haec tibi dabo, si genuflectens me adorares.

Jesucristo
Dominum Deum tuum adorabis, et ei soli servies.

Satanás
Ego regnabo super hoc mundo.

Jesucristo
Cállate, perro.

Hijo
¿Qué delito cometió?

Jesucristo
Es un semental. Ha tenido un desliz.

Hijo
¿Qué desliz?

Jesucristo
Un desliz.

Hijo
Eso no es tan grave.

Jesucristo
Anda, dime, ¿qué es lo que tienes en contra de Dios?

Hijo
Las religiónes son una charlatanería. Cancioncitas, vestiditos solemnes, iconografía con altares que provocan terror. La religión y el music-hall son casi lo mismo.

Jesucristo
También el music-hall tiene su importancia, hijo.

Hijo
Desde muy niño, siempre me sentí incómodo al entrar en una iglesia.
Siempre me sentí incómodo, de ver a mi padre arrodillado y humillado frente a unas imágenes de yeso. Me da mucha vergüenza mi padre. Ahí, arrodillado.

Jesucristo
¿Y entonces por qué una vez dijiste?, yo te oí: renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus obras.

Satanás
Haec creatura est ex meis.

Jesucristo
¡Hijo de puta!

Hijo
¿Y esta señora quién es?

Jesucristo
Es mi mamá.

Virgen María
Niño, sea más piadoso con mi muchacho.

Jesucristo
Voy a hacer una excepción contigo. Voy a mostrarte una foto de dios.
¿Quieres conocerlo?

Hijo
Sí.

Jesucristo
Tengo toda una galería de fotos excelentes de papá. Mira estas tres.
(CADÁVER LE PASA LAS FOTOS AL HIJO)

Hijo
(SE DESTERNILLA DE LA RISA)
Ya me lo imaginaba, este no es Dios, este es Betancur, nuestro compañero del salón. Betancur siempre hace de dios en todas las obras de teatro que representamos en el instituto, incluso, es tan intenso, que nos hace de Dios en los recreos.

Jesucristo
No hay caso, mamá. Me esperan asuntos más importantes. Cuídese de las malas compañías y de las malas lecturas.

Virgen María
Recuerda niño que el diablo también se disfraza de la verdad.

Jesucristo
¡Vamos!

Hijo
¡Mamá!
(LA MADRE LO MIRA)

Hijo
¡Mamá!

Jesucristo
¡Vamos!

Hijo
Espere, aun tengo algo que decirle.

Jesucristo
No, no, no más, se acabó su tiempo.

Hijo
Es solo una pregunta.

Jesucristo
No, no, no, tú no estás preparado para recibir a Dios. Acuérdese de esto jovencito: Dios es un lujo. ¡Dios es un lujo!

Coro de feligreses
¡Dios es un lujo! ¡Dios es un lujo! ¡Dios es un lujo!

Satanás
Tu Est meus, tu est meus.

Jesucristo
Vámonos, perro. ¡Quítate esa corona de espinas, no la mereces! Perro, perro…

Hijo
Esa es su piedad: la soberbia. La soberbia que le impidió llegar a tiempo a curar a Lázaro y mejor esperó hasta que se muriera para después ir a hacer su maldito show de la resurrección. Váyase a resucitar a los muertos. Váyase a ganar aplausos. Váyase a montar su music-hall. ¡Superstar! ¡Apártese de mis sueños!

ESCENA CINCO

Cadáver 2
El vacío tragándose al vacío.
Tinieblas.
Todos estamos en tinieblas.
Militares,
banqueros,
mercaderes,
políticos,
funcionarios,
predicadores,
poetas,
comediantes.
Todos en tinieblas.
Y se apagan el sol y la luna y los astros.
Nada tiene sentido
ni hay ganas de hacer nada.
Y todos vamos marchando,
silenciosamente,
en un funeral.
Es el entierro de nadie,
porque no hay nadie
a quién enterrar.
Permanezco inmóvil,
dejando que caigan
sobre mí las tinieblas.
Ellas son las tinieblas de un Dios.
Alma mía:
serénate,
y deja que la tiniebla te envuelva.
En el teatro
se están empezando
a apagar las luces
para que la escena cambie.
Movimiento de tinieblas sobre más tinieblas.
Todas esas escenas de ilusión
que los espectadores
contemplan sobre el escenario,
todo eso lo estamos quitando.
Y siguen tinieblas,
y más tinieblas.
Estoy inmóvil,
tranquilo,
sin esperar nada bueno
porque si espero algo,
seguro que es lo equivocado.
Espero sin querer a nadie,
porque si quiero a alguien
seguro es la persona equivocada.
Espero. Y no pienso.
Tal vez así las tinieblas se vuelvan luz
y la inmovilidad se convierta en danza.
Estoy escuchando el ruidito del agua que corre,
y los relámpagos,
y la lluvia.
Estoy observando el invisible tomillo del monte que nadie ve.
Tengo mis ojos en el humilde mortiño silvestre.
Para llegar a lo que aún no sé
Abriré un camino: el de la ignorancia.
Para poseer lo que no poseo
Abriré otro camino: el despojo.
Soltarlo todo.
Lo único que sé es lo que no sé.
Lo único que poseo es lo que no poseo.
En donde estoy ahora es en donde no estoy.

ESCENA SEIS

(Efecto sonoro)

Cadáver 1
Paisaje uno
El padre, la madre, la hija, el hijo.

Cadáver 2
La huida
Primer movimiento
(baja la jarra)

Padre
Se apagó la lámpara.
Una mancha está royendo la oscuridad.
En una noche como esta,
hace tiempos
-recuerdo-,
aéreo,
cuidadoso
y translúcido,
saltando por entre arroyos de aire,
vino a visitarme mi amigo Karmok (SUENA TROMPETA)
Yo, había nacido apenas al poder de las formas circundantes,
y mis años no pasaban de las primeras cifras,
dos, tal vez tres,
y Karmok,
divirtiéndome con sus cabriolas,
me incitó a seguirlo hasta el fin de su mundo lácteo y risueño.
De él obtuve toda la ciencia de mi deslumbramiento.

Madre
Esa infancia,
ese paraíso secreto,
esa inocencia de la sangre.

Hija
Ese trayecto que va de la flor a la voz.

Padre
Al crecer la vida,
se define y arraiga en nosotros el olvido.
Se hace más sencillo el esfuerzo de morir.

Madre
(AL PADRE) Tanto amor que sentíamos tú y yo,
no podía ser de esta vida,
entonces (MIRA AL HIJO) creamos una nueva vida.

Madre y Padre
(AL HIJO) Sangre mía,
¿quieres partir?, ¿quieres huir?.
Tú, nuestra parte de sangre.
(SUENA TROMPETA Y ENTRAN CADÁVERES)

Padre
(A LA MADRE) Tal vez lo llama ya la nada que lo engendró.
(PAUSA)
(A LA MADRE) Está sintiendo
la labor paciente del cavador nocturno con su guadaña.

Madre
Cavador nocturno
siempre ahondando una zanja,
levantando hacía abajo
el edificio de la nada.
La muerte sería insoportable
si no nos acompaña esa deconstrucción lenta,
este abandono progresivo de la vida.

Padre
Sin ello cada muerte arrasaría el mundo de los vivos.

Cadáver 2
A pesar del sufrimiento se suceden nacimientos y muertes.

Madre
¿Hijo por qué esa tristeza?

Padre
¿No podemos hacer nada por ti?

Hija
Hermano, déjame ayudarte,
¿Recuerdas las horas de nuestros cantos?
¿Recuerdas la sangre impetuosa de nuestras alegrías?
¿Recuerdas nuestro tiempo perdido buscándole un sentido?

Hijo
Nadie puede ayudarme.
La solución está en mí pero no ha madurado aún y os suplico, pensando en el amor que os tengo, me dejéis preparar en silencio los elementos de la lucha que voy a emprender.
No me seducen ni derrotas ni victorias,
ni me asustan de antemano, pero he de estar solo ante la lucha para vencerme y conquistarme.

Padre
Tus palabras están llenas de dignidad y valentía, hijo. Apruebo y respeto tu decisión llena de dimensiones invisibles para nosotros.

Madre
¿Qué deseas para ser feliz?

Hijo
Aún no sé lo que quiero.

Cadáver 1
Adentro de él hay un llamado confuso,
un murmullo de viento.
No es capaz de precisar su dirección,
su peso, su materia.

Hijo
Es un pensamiento suave, pero también una garra que me aprieta.
Me siento dueño de ese pensamiento que es mío y también esclavo de su fuerza.

Hija
¿Quieres decir con esto que se acabó el tiempo de las jaulas para las lagartijas?
¿Se acabó el tiempo de los frutos robados?
¿Se acabó el tiempo del nadar rápido y estudiado?
¿Se acabó el tiempo de los juegos a las escondidas?
¿Se acabó el tiempo de las grandes embarcaciones hechas con cajitas de cartón?
¿Se acabó el tiempo de los pececitos multicolores?
¿Se acabó el tiempo de las conchas de caracoles y los animales raros?
¿Se acabó el tiempo de las piedras preciosas en las playas?
¿Se acabó el tiempo de las mantis religiosas?
¿Se acabó el tiempo de las flores raras de porcelana?
¿Se acabó el tiempo de los detectives, los inventos?
¿Se acabó el tiempo del algodón de azúcar?
¿Se acabó el tiempo de las lenguas secretas y excitantes?
¿Se acabó el tiempo de las risas incontenibles?
¿Se acabó el tiempo de deslizarse por las barandillas?
¿Se acabó el tiempo de tirarle piedras a la luna?

Cadáver 2
Se acabó todo.

Hijo
Se acabó todo. Una puerta que se cierra y otra que se abre. Hermana, quiero huir de esa trampa de la alegría.

Cadáver 2
Los hemos visto. Hemos oído al padre hablando con esa voz que se perpetúa de padre a hijo. La que fue semilla de vida se abalanza sobre su fruto.
Muevo el tiempo. Mirad, mirad está pasando el tiempo mientras pensamos en él.

Cadáver 1
Transición.

Cadáveres
Oscuro.

ESCENA SIETE

Cadáver 2
Contraluz.

Cadáveres
Segundo movimiento.

Padre
Otra vez estamos sentados alrededor de la mesa.
Yo en la misma silla,
Y ahora estoy mirando hacia el norte.
Allí, a un costado, pueden verla,
está la chimenea, encendida.

Madre
Nuestro nombre es la casa
y estamos otra vez aquí reunidos,
los cuatro, la familia.
Aún somos cuatro.
Todavía somos cuatro.
Estábamos conversando
sobre los días en que todo era entre nosotros, juegos y palabras.
En este momento, lo pueden ver, seguimos a la espera de que la noche densa se hunda y fertilice la tierra
ella engendra la riqueza musical de la especie.

Hija
Celebramos juntos estos días
y estas noches que nos abren la carlinga de la alegría mostrándonos la infinita variedad de luces como plantas explosivas.

Padre
Conversación en familia,
intimidad,
celebración,
pero también
una despedida.

Cadáver 1
Un funeral.

Hijo
¿Por qué detenéis mis pasos?
Ha llegado la hora de la partida definitiva.

Madre
Vete, te ha rozado el destino con sus alas, no puedo detener tu ágil vida en las huellas de nuestro andar pesado.

Hijo
Me es horrible
saber que soy causa de tanto dolor.
¿Por qué cuando nací
tuve que ser yo y no otro?
Mejor hubiera sido no existir.
Sólo quedan dos salidas
-la muerte o la huida-
¿cómo he de soportar el saber que soy a la vez
causa y objeto de desolación
cuando en mi alma sólo existen gratitud y amor?

Padre
El día de la amargura ha llegado.
Sabiendo que había de llegar este día
me preparé para estar más sereno
y recibir el golpe en medio del pecho
abiertamente,
de frente.
(PAUSA)
Os pido perdón a todos:
no tengo fuerzas para sonreír.

Hijo
¿Puedo pedir que me perdonen?
(PAUSA)
Aunque quisiera quedarme
mis pasos,
mis ojos,
mi voz
no podrían escuchar
las decisiones de mi razón,
Me arrastraría condenado y destrozado,
¿qué hacer? ¿qué hacer?
Antes la muerte
que la conciencia de dejar detrás de mí el olor a muerte
y nada es tan horrible como un muerto que vive.
(PAUSA) (efecto musical)
Volveré.
Vuestra espera no será vana.

Padre
Aquí mismo, frente a la lámpara, contaremos tus pasos, las ciudades recorridas. La alegría de conocer el mundo, vuela; conoce gentes, conoce paisajes. Vive hijo.

Cadáver 2
Desde que el mundo es mundo
y la carne se desgaja de la carne
el dolor ha herido siempre lo que fue alegría y pura exaltación.

Cadáver 1
Es preciso pagar por todo ello,
la carne arrancada de la carne corre hacia otra carne
mientras que la madre corre tras las huellas del hijo
tratando de volverlo a ella.

Cadáver 2
El destino es siempre:
ausencia
y llanto.

Madre
Todavía hay flores en el jardín. (Repite)

Padre
Todavía hay flores en el jardín

Hija
Todavía hay flores en el jardín. (AL HIJO) Vamos a verlas.
(NO SE MUEVEN)

Cadáver 1
Oscuro.

ESCENA OCHO

Cadáver 2
transicion
(Desplazamiento y melodía de la canción)

Cadáver 1
Tercer movimiento

Hija
Todavía hay flores en el jardín. Ven hermano, ¿Vamos a verlas?

Hijo
No.

Hija
¿Quieres que cantemos juntos nuestra canción?

Hijo
No.

Coro \

Las flores
los jardines
las fuentes
las sonrisas
y la dulzura de vivir.
Un hombre
ha caído en tierra
y baña con su sangre
los recuerdos las flores
las fuentes los jardines,
los sueños.
Un hombre
ha caído en tierra
como un bulto sangrante
sobre las flores los jardines las fuentes los recuerdos
y la dulzura de vivir.
Un hombre
ha caído en tierra como un niño dormido.

Hijo
No cantes más.

Hija
Antes cantabas esta canción conmigo…
(PAUSA)
Sé que estás sufriendo,
tienes hambre de todo,
de nuevos colores,
de nuevas voces.
De nuevos paisajes.
Sufres,
pero te irás,
mientras que yo:

“Sé buena, hija, tú serás siempre nuestra hijita buena”.

Y a ti:

“¿Quieres chocolate? tendrás tu bicicleta, no te enfríes, hijo, y dulces por aquí y nuestro hombrecito por allá. A los chicos hay que quererlos más y mejor, porque son malos y pronto se marchan”
“Tú eres nuestra hijita buena y siempre lo serás …Y siempre estarás con nosotros”

Hijo
(SE ROMPE) Ya no me iré.

Hija
No, no, anda, vete

Hijo
No me iré.

Hija
Vete, vete, huye, huye, huye.
Yo me quedaré,
mantendré el espíritu vivo en la casa
Ve,
anda por el mundo
(BAJO, ÍNTIMO)
Respira el sufrimiento de la gente.

Hijo
No puedo quedarme para consumirme.
No puedo tascar el freno hasta roerme los dientes
No puedo ser un tronco muerto arrancado del bosque
tronco muerto entre ramas y pájaros
Tronco muerto.
Y toda la vida allá afuera:
tierra, árboles, cielo, lluvia, sol, gentes.
Me voy,
más fuerte que mi razón y mi voluntad
es el impulso de la necesidad.
(PAUSA)
No sé explicarlo.

Hija
Si, si, anda, huye,
yo seré… el silencio.

Hijo
Siempre te he querido hermanita,
Padres míos, a pesar de todo, siempre os he amado.
(SE VA)

Coro \

Las flores
los jardines
las fuentes
las sonrisas
y la dulzura de vivir.
Un hombre
ha caído en tierra
y baña con su sangre
los recuerdos las flores
las fuentes los jardines,
los sueños.
Un hombre
ha caído en tierra
como un bulto sangrante
sobre las flores los jardines las fuentes los recuerdos
y la dulzura de vivir.
Un hombre
ha caído en tierra como un niño dormido.

ESCENA NUEVE

Padre
Cuando era joven me parecía
que el cariño que me daban era una obligación,
me dolía, porque sentía en ese cariño una atadura.
Todas las preocupaciones por mí,
que trataban de ocultarme,
eran ya una atadura.
Igual que mi hijo me preparé
para la huida,
Entonces ya lo sabes, amor mío, me marché,
riendo, burlándome, mordiendo la soledad
y, tratando de ocultar las lágrimas en la tela de araña del alcohol y el
insomnio,
te encontré.

Madre
Yo tuve mi propia rebelión.
Y me enamoré
porque ví en ti la libertad.
Allí, a su vez, forjé unas nuevas cadenas, las tuyas.
Y creí liberarme de ellas
al ser madre,
Y entonces el amor tuyo y mio
se expandió a nuestro hijo,
mis manos se hacían lívidas de tanto acariciarlo,
de tanto mimarlo,
el miedo a perderlo era mi angustia.
Es tan frágil la vida de un niño.

Padre
Todo amor se opone a lo que crece.
La sustancia de la vida es huida impetuosa.

Madre
Tengo dos rostros
El uno es agua.
El otro es fuego.
El uno no es nada sin el otro.
Visibles y alternativos
se completan y se prolongan
en la sustancia de un solo color.
¿y tú cómo sabes que me amas?
(PAUSA)
Hija, ¿Y tú qué piensas?
(PAUSA)
¿No dices nada?
(MUSICA TRANSICION)

ESCENA DIEZ

Cadáver \

1
Llegados al final de este paisaje, cuéntame ¿Qué tal te va pareciendo el asunto?

Cadáver 2
¡Qué te digo!
Puesto que estamos difuntos
no me parece ni bien ni mal.

Cadáver 1
( TROMPETA).
Cada vez que suena esa trompeta
pienso que algo existe todavía, por ahí, en alguna parte.

Cadáver 2
Mal calculados fuimos, por lo menos, como doce mil muertos.

Cadáver 1
Tal vez más.

Cadáver 2
Uno más, uno menos,
puras bagatelas.

Cadáver 1
No te confundas compadre, un muerto no es un muerto: es la Muerte.

Cadáver 2
El gran fracaso de la guerra
es que alguien quede vivo.

Cadáver 1
Si la finalidad es destruirlo todo,
es mediocre dejar cualquier signo de vida.

Cadáver 2
El día en que nadie regrese vivo de la guerra,
será, por fin, una guerra bien hecha.

Cadáver 1
¡Compadre!
Con qué habilidad nos hemos
destrozado tú y yo. Debo admitirlo: me mataste de manera perfecta.

Cadáver 2
Y tú a mí. Estoy absorto.
Tuvimos de todo: alarmas, sustos, sufrimiento, sangre, cráneos aplastados, atrocidades para todas las edades y para todos los gustos.

Cadáver 1
Fue divertido el espectáculo.

Cadáver 2
Antes de continuar, te quiero hacer una pregunta muy íntima.
¿Por qué tú y yo con tanto arrojo
nos matamos?

Cadáver 1
Humm… (PAUSA) no lo recuerdo.

Cadáver 2
Lo único que sé, supongo, es que junto a estos compañeros que están ahora mordiendo la tierra, me arrastraron a la guerra y que tú, bribón (LOS DOS SE RIEN), me destrozaste.
Francamente hablando,
puedo decirte al oído,
que he muerto como he nacido,
sin saber por qué ni cuándo.

Cadáver 1
Tal es mi caso. (PAUSA) Compadre, ¿si volviéramos a estar vivos, digo… por decir…, me volverías a matar?

Cadáver 2
Compadre No te hagas preguntas metafísicas

Cadáver 1
¿Continuamos?

Cadáver 2
Continuemos.

(Sube jarra)

Cadáver 2
Paisaje dos

Cadáver 1
Primer movimiento

Cadaveres
El Aleph. (Efecto sonoro) (desplazamiento)

ESCENA ONCE

Cadáver 2
Lo estoy viendo, Estoy viendo al jovencito, alla, lejos, muy lejos de aquí.

Madre
¿Qué estará haciendo en estos momentos?

Cadáver 2
Está mirando un plano.

Padre
(PAUSA) ¿Y ahora?

Cadáver 2
Ahora va por una calle.

Madre
¿Qué hace?

Cadáver 1
Examina casa por casa.

Padre
Siempre fue tan metódico,
decía que los números cantan

Madre
Que los números cantan, ¡tontito!

Cadáver 2
Lo estoy viendo… en un museo,
Examina cada objeto, cada obra…
Sale descontento
No ve ternura en las cosas muertas.
Quiere saber qué es la belleza y de qué está hecha.

Madre
En sus cartas nos dice que el mundo es grande.

Cadáver 2
Ahora lo veo mirando cuando pasan las tiernas muchachas

Madre
Es tan inocente mi niño.

Cadáver 1
Estoy viendo su sonrisa crispada de timidez
lo estoy viendo leer, releer y descifrar.

Padre
¿Y ahora, qué hace?

Cadáver 2
Está en un barco,
habla con todos.

Cadáver 1
La gente le quiere por el frescor de su mirada
adivinan en ese muchacho
aquel hombre futuro.

Madre
¿Y ahora?

Cadáver 2
Está mirando el mar.
El mar azul, tibio, esencial,
El mástil del barco llega hasta el cielo,
el mundo nunca será tan grande como la alegría de conocerlo.

Cadáver 1 y 2
(SE RÍEN)

Padre
¿Qué está pasando?

Cadáver 1
El camino se llena con la alegría de los niños con anchos sombreros de paja.
Un campesino le ofrece una manzana.

Padre
Bendita sea la belleza de este mundo
en cada grano de arena de dónde ha salido.
Mi mente es un capitán de barco.
No desvío la mirada.

Madre
¡Continuad, continuad!

Cadáver 1
Campo abierto, sol ardiente.
Una ronda de chiquillos alegres lo rodea.

Cadáver 2
Ahora, está montado en un asno.
(RIEN)

Madre y Padre
¿Dónde está, qué hace?

Cadáver 1
Pasa horas y horas absorto en la lectura de un libro. Tiene los ojos encarnados.

Cadáver 2
Está llorando.

Madre
Él volverá.

Cadáver 1
Una muchacha le está secando los ojos.

Cadáver 2
Está sufriendo.

Madre
En sus cartas me dice que es feliz.

Cadáver 2
¡Lo veo alegrarse!
Le alegra una naranja.
Una piedra.
Un árbol.
Lo hace reír un saltimbanqui.

Padre
Karmok

Madre
Karmok

Cadáver 2
El lugar donde está ahora le parece el más hermoso de la tierra.

Madre
Mi hijo volverá, me lo ha escrito.
Él volverá.
(EL NARRADOR HACE UN GESTO. HA VISTO ALGO QUE NO COMUNICA)

Padre
¿Y ahora?

Madre
¿Qué ocurre?

Padre
¿Qué está pasando?

Cadáver 2
Un camión militar de ruedas altas se ha detenido.

Cadáver 1
Lo están subiendo al camión.

Padre
¿Y? ¿y?

Cadáver 2
Durante kilómetros entre recias paredes metálicas se está balanceando con los saltos del camino.

Madre
En su carta nos dice que es feliz.

Cadáver 2
Veo cómo se amontona el tiempo.
Hay tormentas amenazadoras.

Cadáver 1
La guerra ya está a la puerta.
(Suena metrónomo)

Padre
¿Quién eres para traer aquí en pleno día de nuestro dolor noticias angustiosas y tristes presagios?
¿Quién eres para enturbiar con una borrosa polvorera de castigo la visión clara que aún conservamos en la esperanza?

Madre
Mi voz corre por los caminos del mundo sin encontrarte en ninguno, hijo mío. ¿Dónde estás? Escribe, escribe, escribe.

Padre
¿Quién eres para anunciar miseria cuando la juventud está hecha para vivir el momento y el más bello?

Cadáver 2
Soy el tiempo.

Madre y Padre
No escucharemos más al tiempo.

Cadáver 1
Transición.

Cadáver 2
Oscuro.

ESCENA DOCE

Cadáver 1
Segundo movimiento
Voces

Cadáver 2
Luz cenital.

Todos
Lo vemos llorar en secreto.
Vemos el gran eclipse, los animales que van a acostarse,
el cataclismo, la cólera, los gritos, la irritación de las moscas.
Vemos la gran disolución
la grasa de los cadáveres,
Vemos la lluvia de dinero,
paredes enteras que se desploman
las risas satisfechas empapadas en la espuma del champán,
los buitres dispuestos a aprovecharse de todo
los que saben que el tiempo está contado,
vemos la preparación del pánico que precede al juicio,
Vemos el pánico de la bolsa,
Vemos el pánico del honor,
Vemos el pánico de los trenes,
de los tropeles heteróclitos,
Vemos el pánico de los hacinamientos de colchones y la tierra desnuda.
La gran disolución
(SOTO VOCE) La guerra.

Madre
Lo veo destrozado, destrozado.
No siente el hambre, ni el invierno, ni el acero.
Sigue con su sueño indescifrado.
Lo veo orando para que cese la matanza.
Lo veo triste
Lo veo llorar en secreto
Lo veo
Lo veo herido,
moribundo,
en una camilla;
lo veo en un tren,
vendado,
ausente.
Lo veo escribiéndome una carta
“mamá soy feliz
¡No me olvides, no mientas mi niño no eres feliz!”
Lo veo corriendo, acosado, perseguido
En su carne ha sentido
el eco de todos los lamentos que afluyen
y quieren denunciar, a la faz del mundo,
la mentira, la impostura y el asco,
para que la soldadesca ebria de disciplina
deje caer temblando las armas de las manos.
¡Locura! Nadie oye.
Escríbeme, escríbeme, escríbeme escríbeme, escríbeme…
(SU VOZ SE VA APAGANDO)

ESCENA TRECE

(Imagen de Los Huyentes, coro)

Satanás
Estoy viendo a la vieja Muerte.
Está sentada en cuclillas
Alrededor de su fogata
quemando el último leño.
Las gentes toman la decisión de huir.
Cierran los ojos para que ningún obstáculo los detenga
y se lanzan, amedrentados,
a través de los montes mas oscuros
y no quieren saber nada más.
Son miles, millones
los perseguidos, los huyentes, los acongojados, los desplazados.
Hasta el ruido que Dios hace
degollando animales en la espesura los asusta.
En lo profundo del bosque el agua corre pura,
pero ellos no se detienen a beber.
Un viento fresco y vital como el pecho de un joven
reina en la montaña.
Miles, millones, huyen.
Sus miembros se traban en el tropel impetuoso de la huida,
muchos se quedan enredados en girones en los árboles de hierro, el viento los desgarra,
pero no se detienen.
Son miles, millones.
Huyen. Huyen.
El tiempo no importa.
En medio de una gran hoguera
encendida con mi soplo
Los mancebúes deliran con sus amantes,
violentos como banderas,
perros llameantes, aullantes,
amantes ululantes
como fieras
Pero ellos huyen.
Huyen. Huyen. Huyen. (Desaparece la imagen de huyentes)
Todo es demasiado largo para ellos.
En el brasero de la Muerte el último leño se ha apagado en cenizas.
La Vieja Muerte mete la mano en el rescoldo para calentarse y se duerme sonriendo.
Ustedes no tienen muerte que los quiera.

ESCENA CATORCE

Hija
Huir, huir, huir siempre.Apretar los dientes.
Matar el recuerdo.
No vivir más que con su luz suave y dolorosa.
Hermano,
Me dices en tu carta
que eres feliz,
que volverás.
No te creo.
Si una piedra dice que va a caer,
créele, es una ley de la naturaleza.
¿Me juras que volverás?
No te creo,
no es una ley de la naturaleza.
Yo también te he mentido,
mi pensamiento siempre estuvo lejos.
Lejos de ti.
Creí conseguir la paz aceptando la esclavitud familiar.
Has hecho de mí con tu huída
lo que soy ahora,
un ser invertebrado,
asustado por el mundo,
una cobarde.
¿No ves que soy repugnante?,
que todo me horroriza,
mientras que otras mujeres
gustan y son amadas y hablan y se visten y bailan y ríen,
mujeres que ríen,
mujeres que ríen,
¿lo oyes?
Yo siempre tengo miedo
y el mundo me evita como si apestara.
Ya de pequeña me parecía que todos se burlaban de mí.
Los celos de mi padre,
celos que él llama amor,
me cierran todas las puertas.
Pero tú eres peor.
Has matado en mí hasta la facultad de amar, la de amarte.
La culpa es mía.
Lo reconozco.
Te he rodeado con la inestabilidad de mi vida,
te he mirado como si fueras el mundo,
en ti tenían principio y fin mi razón de ser y mi sueño.
Te he hecho sufrir porque sufría.
Te he querido.
Para mí has sido toda la dulzura, hermano.
Pero me has pervertido, porque ya no quiero nada, a no ser mi desdicha,
y en mi vergüenza por haberte hecho sufrir tanto, no puedo sino olvidarme de ti, sabiendo que no podré vivir sin oír tu voz dulce, tu bondad, la que aparece en ti después de ser cruel.
Prefiero morir.
¿No ves que me estoy secando?
Me gusta cerrar los ojos para imaginar
que la muerte corre por los caminos de mi cuerpo.
He de vivir mi destino: tronco muerto. ¡Tronco muerto!
Cuando no estás tú, dejo de existir.
El dolor cuando aumenta, baja la voz.
(AFERRA CON SUS DIENTES MUY VISIBLES LA MORDEDURA DE UNA BUFANDA)

ESCENA QUINCE

Cadáver 1
Compadre, ¿qué tal si dejamos de morder tierra,
y para divertirnos un rato, volvemos,
a nuestros últimos instantes?, ¿te acuerdas?

Cadáver 2
Ahora que lo dices,
creo que tengo todo eso en el olvido.

Cadáver 1
Haz un esfuerzo.

Cadáver 2
¿Qué te dije yo antes de matarte?

Cadáver 1
Creo que mientras me apuntabas, me gritaste algo así como “piltrafa”.

Cadáver 2
La verdad compadre, no me acuerdo.

Cadáver 1
(SE RÍE UN POCO. RECORDANDO) También te llamé “Homúnculo”

Cadáver 2
¡Homúnculo!
Vaya si me dolió.
Ya recuerdo, estoy listo.
Tú no eres nada mío.

Cadáver 1
Tú no eres de mi raza.

Cadáver 2
No ensucies mi odio.

Cadáver 1
Escupo en tus ojos.

Cadáver 2
Mis hijos se comerán a los tuyos.

Cadáver 1
Me vomito en tu boca.

Cadáver 2
Voy a cubrir tus ventanas
con la mierda de mi perro.

Cadáver 1
Voy a meter mi bota
en la vagina de tu hija.

Cadáver 2
Basura con pelo, piel, y uñas.

Cadáver 1
Te borraré del espacio.

Cadáver 2
Vale más mi perra que tu madre.

Cadáver 1
Tus hijos no se los daría a mis cerdos.

Cadáver 2
Tus oraciones infectan las cañerías.

Cadáver 1
Tu cuerpo hiere el espacio que ocupa.

Cadáver 2
Tu saliva hiede, tu mirada hiede.

Cadáver 1
Lavo mi cara con chatarra cada vez que te miro.

Cadáver 2
¿Cuántas veces tengo que cortarte la garganta?

Cadáver 1
¿Cuántas veces hay que violar a tu hija? ¿mil? ¿diez mil?

Cadáver 2
¡Qué tontos que fuimos!
Paisaje final.

Cadáver 1
Las hormigas.

Hijo
Queridos padres,
querida hermana,
hoy es el día más extraño de toda mi vida.
Llegamos muy temprano,
todavía oscuro,
a un campo muy grande atravesado por un río profuso y cristalino,
con una vegetación como nunca la había visto.
El lugar nos pareció el mejor para una tregua y reponer fuerzas después de tantos días de combate.
El capitán nos autorizó para meternos en el agua.
Desnudos en el río,
más de 50 muchachos
disfrutamos de la tibieza de sus aguas
que nos relajó nuestros maltrechos cuerpos y nos sació la sed.
Aún oscuro empezaron a llegar balas de todas partes.
Saltamos del agua y corrimos a retomar nuestros fusiles.
Al muchacho que estaba justo detrás de mí, un proyectil le arrancó las tres cuartas partes de la cara.
Recogí los pedazos de su rostro en mi casco y se los entregué justo en el momento en que una pierna saltó en el aire y me golpeó el casco.
En medio de gritos, órdenes y humareda, vi llegar al teniente que sostenía su cabeza con las dos manos
mientras le manaba algo de la boca.
Corrió a tenderse en la hierba roja,
con la boca abierta
y los brazos hacia adelante.
Y ya no se levantó más. (Trompeta)
Desde mi posición,
y con sólo ladearme un poco,
logré localizar a tres enemigos.
Apunté con precisión.
El primero cayó retorciéndose,
seguramente le dí un poco demasiado bajo, pero no podía detenerme a rematarlo. Era preciso, antes, abatir a los otros dos. Me costó trabajo, pero por fortuna el ruido de las ametralladoras me impidió oírles berrear, pues también maté mal al tercero.
Me froté los ojos un buen rato para ver mejor, pues el sudor me impedía ver,
y entonces llegó el capitán,
que ahora sólo disponía de su brazo izquierdo y me dió la orden de ponerle una venda en su brazo derecho.
Mientras lo vendaba hubo un estruendo y su cuerpo reventado por la granada voló y me cayó encima,
Se quedó tieso, es lo que ocurre cuando uno se muere muy fatigado. (Trompeta)
La patrulla ordenó un nuevo ataque.
Mala suerte, me tocó.
Tuvimos que hacer un kilómetro y medio a pie por un terreno empinado,
y a mí no me gusta caminar durante tanto rato.
Yo iba de último en la fila.
El primero de la columna cayó despedazado en un cráter, lo que quedó de él emergió cubierto de sanguijuelas hasta el casco.
También trajo consigo un gran pez completamente aturdido.
Retrocedimos un poco.
Siempre los mismos ranchos
completamente arrasados y abandonados,
gente escondida o huyendo,
ni pajaros se escuchan,
sólo llantos y ladridos.
La cosa produce bastante incertidumbre.
Parece que empieza a olerse el final.
Me hubiera gustado salir de todo esto lo mejor posible.
Es imposible prever cómo acabará el asunto. Dentro de quince días me tocaba otro permiso. (Trompeta)
En estos momentos en que escribo
tengo puesto mi pie izquierdo sobre una mina.
Salimos esta mañana de patrulla
y yo iba el último, como siempre.
Todos pasaron al lado,
pero al dar un paso
yo sentí el chasquido del mecanismo bajo mi pie y me detuve en seco. (Metrónomo)
Sólo estallan cuando uno levanta el pie.
Lancé a mis compañeros lo que llevaba en los bolsillos
y les supliqué que se fueran, que me dejen solo.
Ahora estoy solo.
Podría esperar que regresaran,
pero les dije que no vuelvan.
Estoy pensando en tratar de arrojarme cuerpo a tierra, pero la perspectiva de vivir sin piernas me horroriza.
No he conservado más que mi cuaderno de notas y el lápiz.
Voy a arrojarlos lejos antes de cambiar de pierna, y es absolutamente preciso que lo haga porque estoy harto de la guerra y porque me están dando calambres en los pies.
Siempre te he querido, hermanita.
Padres míos, a pesar de todo, siempre os he amado.
(pausa)
Me quedé sin cigarrillos.
(Efecto sonoro)

ESCENA DIECISIETE

Cadáver 1
Epílogo.

Samuel
Señor Presidente,
Le escribo esta carta
Que quizás usted leerá
Cuando tenga tiempo
Acabo de recibir
Mis papeles militares
Para ir a la guerra.
Señor Presidente
No quiero ir a la guerra
No nací para eso
No nací para matar gente pobre
No se enfade conmigo, Señor Presidente.
Ya he tomado mi decisión
Voy a desertar
Desde que nací
He visto morir a mi padre
He visto marchar a mis hermanos
Y llorar a mis vecinos.
La vida de mi madre fue solo sufrimientos,
Ella ya está en su tumba
Y en estos momentos
se debe de estar burlando
de las bombas
y de nuestra patanería.
Señor presidente
A mí me han robado el alma.
Mañana, muy temprano,
cerraré la puerta en las narices
de los años muertos
Y me lanzaré por los caminos
Mendigaré mi vida
por las calles
Y le diré a las gentes
Que no obedezcan
Que no se dejen reclutar
Que no vayan a la guerra
Que se nieguen a hacerlo.
Si hay que derramar sangre
Que los ricos derramen la suya y la de sus hijos.
Usted, Señor Presidente
que es tan buen apóstol de ellos
Vaya y derrame la suya.
(Trompeta) (cascos y cadenas)
Señor Presidente
Si me persigue
Avise a sus policías
que estoy desarmado,
que pueden dispararme.

Cadáver 2
Luz de sala.

Boletería