Antínoo
Sobre el poema homónimo de Fernando Pessoa
Creación Colectiva
Una producción del Teatro Matacandelas · 2019
Ficha técnica
- Actuación
- Juan David Toro - Diana Valverde - John Fernando Ospina - María Isabel García - Samuel Marroquín - Margarita Betancur - Sara Marín - Tatiana Restrepo
- Versión literaria
- Juan David Correa, Diana Valverde - Nicolás Muñoz, Cristóbal Peláez.
- Asesoría literaria
- Diana Acosta Rippe.
- Vestuario
- Ana María Giraldo, Margarita Betancur.
- Confección vestuario
- Estefanía Escudero.
- Asesoría de imagen
- Ana María Giraldo.
- Luminotecnia
- Andrés Pérez Quintero.
- Diseño y operación sonora
- Juan David Correa.
- Dirección escénica
- Juan David Correa - Cristóbal Peláez.
- Textualia
- Nicolás Muñoz.
Una producción del Teatro Matacandelas – 2019.
Prólogo
Narrador
En este instante es posible imaginar a un hermoso jovencito, porte griego, un hermoso jovencito, digo, se llama Antínoo. Quiero imaginar el instante en que su mirada se cruza con la mirada de un hombre de 50 años, ese hombre es Publio Elio Adriano, emperador romano, el hombre más poderoso de la tierra. Estoy imaginando las miradas que se cruzan; pudo suceder en una calle, en un banquete, en un desfile militar. El emperador viajero se enamora, erastés, y hace de Antínoo su esclavo de compañía, erómenos. Sucede en la antigua ciudad de Bitinia, tal vez pudo ser en el año 123.
Páncrates de Alejandría poetiza aquel primer encuentro entre el efebo y el supremo y lo traslada al desierto de Libia: Adriano enfrenta con su lanza a un león que intentaba atacar al joven bitinio y de la sangre que salpicó la arena brota la antinóeios, una hermosa y roja flor de loto.
¿El bello Antínoo es un destello de Apolo, de Hermes, de Ganímedes, del lúbrico Dionisos? ¿y Adriano una sombra de Zeus?
El 30 de octubre del año 130 el muchacho muere ahogado en el río Nilo; la historia quiere creer que Antínoo se sumerge voluntariamente en el agua como sacrificio para que los dioses concedan larga vida y salud al emperador.
Adriano, desconsolado por su muerte, mandó erigir estatuas, acuñó monedas, hizo construir templos, ordenó levantarle un mausoleo, el Antinoeion, instituyó juegos y fiestas en su honor, ordenó la fundación de una nueva ciudad, Antinóopolis.
(LEE EN UN PEQUEÑO CARTÓN QUE LLEVA EN LA MANO) Rafael Arribas escribe:
“Una noche más Adriano era incapaz de conciliar el sueño. Apoyado sobre la balaustrada que da frente a las aguas inmensas y serenas del Mediterráneo, con los ojos rebosantes de la más líquida amargura que jamás tuvo en su vida, miraba al cielo buscando ver allí a su adorado Antínoo. Y al fin creyó verle sonreír en la inmensidad de la noche, como un destello infinito que iluminó las lunas tristes de eterna soledad”. (DEJA DE LEER)
Si en campo abierto en la noche
alzáis vuestra mirada al cielo
seguramente podréis contemplar
la constelación de Antínoo.
Este poema dramático que sigue fue escrito por Fernando Pessoa, sucede en todos los tiempos y se repite en cualquier lugar donde haya piel humana. No está dividido en escenas, se divide en gentes. El Teatro es un marco estático por donde el espíritu deambula y sufre…
Gente 1
Voz en off
Palabras dichas por Horus a los ahogados, a los volcados, a los que flotan sobre su espalda, que están en el Abismo de la Duat:
Voz en off Horus
Oh vosotros ahogados en la oscuridad, en el Abismo, cuyos brazos están cerca de vuestras caras. Oh vosotros cuyas caras están volcadas en la Duat, cuyas espinas dorsales están en la inundación. Oh vosotros que nadáis en el Abismo, flotando extendidos sobre vuestras espaldas, con las caras vueltas hacia sus bas. ¡Que haya aire para vuestras almas para que ellas no se asfixien! ¡Que vuestros brazos remen sin estar ocultos! Que abráis el camino recto en el Abismo con vuestros pies, sin que vuestras rodillas estén ocultas; salís de la inundación, caéis en vuestra corriente, nadáis en la gran Inundación, venís a la tierra en sus orillas. Vuestros cuerpos no huelen de putrefacción, vuestra carne no está descompuesta. Tenéis poder sobre vuestra agua, respiráis, porque yo lo he decretado. Vosotros sois realmente los que estáis en el Abismo, los ahogados en el seguimiento de mi carne, que trae vida a vuestros bas.
Coreuta femenino 1
Antínoo… Antínoo… Antínoo… Eínai nekró
Coro
Eínai nekró.
Canción coro
epitafio de Seikilos.
Coreuta femenino 2
Mientras vivas, brilla, no sufras por nada en absoluto. La vida dura poco, y el tiempo exige su tributo.
Canción coro
Epitafio de Seikilos.
Ózon zis
fénu; midén
ólos si li pu;
pros oligon esti to zin;
to télos o jronos
apai tei
Coreuta femenino 3
El emperador.
Gente 2
Presentador
Antinoo ahogado en las aguas del río Nilo, yace muerto. Afuera el día parece noche. La lluvia, un enfermo asustado de la naturaleza se deja caer en su trabajo por matarlo.
Coreuta femenino 4
La lluvia de afuera es fría en el alma de Adriano.
Coreuta masculino 2
El joven yace muerto en el lecho profundo, sobre su total desnudez y ante los ojos de Adriano, cuyo dolor es espanto, la umbrosa luz del eclipse de la Muerte se extiende.
Coreuta masculino 1
El Emperador está recordando lo que él fue y no le da ya deleite, el deleite de lo que fue está ahora muerto y borrado.
Coreuta femenino 3
¡Manos que una vez asieron las cálidas manos de Adriano, cuya frialdad ahora las encuentra frías!
Coreuta masculino 2
¡Cabellera recogida otrora con mil hilos!
Coreuta femenino 1
¡Recatados ojos irresolutamente audaces!
Coreuta femenino 2
¡Tersa, femenina complexión de varón, cuerpo viril y femenino, cual la apariencia de un Dios a los mortales!
Coreuta femenino 3
¡Labios cuya roja apertura tocar pudo los sitios de lujuria con la variedad del arte vivo!
Coreuta femenino 4
¡Dedos hábiles en cosas que no son para ser dichas!¡lengua que contra lengua hacía a la sangre hervir!
Coreuta masculino 2
¡Regencia absoluta de la lujuria sobre el trono en la suspensión dispersa de la furiosa conciencia!
Coreuta femenino 2
Estas cosas son cosas que ahora nunca más serán.
Coro
La lluvia está silenciosa. El Emperador junto al lecho se desploma. Su pesadumbre es un rapto de ira, pues que arrebatan los dioses la vida que insuflaron, que aniquilan la belleza a la que dieron su latido.
Coreuta femenino 2
Adriano está llorando. El dueño del mundo está aquí, solloza y sabe que todas las eras futuras lo miran fuera de su ser, le observan desde más allá del porvenir. Su amor está en un teatro universal; miles de ojos no nacidos lloran con su desgracia.
Coreuta femenino 1
Está lloviendo, y el Emperador, como quien ha olvidado todos los gestos de su amor, espera despierto su cálido regreso. Pero todos sus juegos y artes son ahora con la Muerte. Ningún calor puede fundir este hielo humano; estas cenizas de fuego no hay llama que las encienda.
Coreuta masculino 1 y femenino 3
Antínoo está muerto, está muerto para siempre.
Coro femenino y coreuta masculino 1
Adriano está pensando. Piensa. Adriano está evocando a Antínoo. Evoca. Esa lujuria, que no es ya más que memoria de lujuria, renace y toma sus sentidos de la mano y despierta su carne con el tacto, y todo vuelve a ser lo que antes era. Silencio.
Presentador
Está muerto para siempre y todos los amores del Cosmos se lamentan. Venus misma, que amante fue de Adonis, en la figura de Antínoo ve nuevamente a su amado, y ahora otra vez muerto, ofrece renovada su agonía de siglos y la une a la pena de Adriano. La diosa se estremece.
Ganímedes
Ahora Apolo está triste, pues el usurpador de su cuerpo de nácar está para siempre frío. Ningún beso sobre el inmóvil corazón basta a tornarle la vida y hacerle abrir los ojos y sentir su presencia en las venas defendiendo el baluarte del amor. Su calor no pide del calor del otro. Ahora sus manos que tras la cabeza entrelazar solía, en ademán de darlo todo menos las manos, otras manos sobre el yacente cuerpo imploran.
Hebe
¡Adriano! ¿qué podrá ser ahora de tu vida fría? ¿De qué vale ser el dueño de hombres y riquezas? Su ausencia sobre tu visible imperio, lo mismo que una noche se cierne, y no hay auroras de esperanzas de deleites nuevos. Viudas están tus noches, sin amor y sin besos; ahora están tus días privados de la nocturna espera; ya tus labios no están destinados a la dicha, ya tus labios, con soledad, luto y terror, solo pronunciarán los nombres de los cortejos de la Muerte.
Coro femenino y C. M. 1
Adriano está ahora imaginando. Imagina. El cuerpo muerto de pronto se levanta y vive, y se le acerca a Adriano, cerca, más cerca, y una invisible mano experta en amores, con suavidad acaricia cada entrada de lujuria, susurra efímeras caricias que subsisten, empero, el tiempo justo para dejar exánime la última fibra de su médula. Oh, dulces y crueles como los partos en la huida.
Gente 3
Adriano
Belleza era mi amor, también melancolía. Poseía esas artes que te hacen del amor plenamente cautivo: sabía estar ligeramente triste en medio de furias lujuriosas. Ahora el Nilo lo entrega, el eterno Nilo. Bajo sus mojados rizos, la deprimente palidez de la Muerte libra una guerra sobre nuestros tristes deseos. La azul palidez de la Muerte y su funesta sonrisa.
Coro en off
Entonces se levanta un poco, mirando a su amante, que ahora solo ama lo que nadie sabe. Apenas viendo lo que tanto contempla, recorre con sus fríos labios el cuerpo amado. Ay… ay, hielo-insensibles que son sus labios que apenas le sabe a muerte el cadáver del niño amado, y es como si los dos estuvieran muertos o estuvieran vivos y el amor fuese aún presencia y el móvil. Y de repente posa sus labios en la fría pereza de los otros labios.
Ah, allí el ausente aliento recuerda a sus labios que desde el Más Allá han corrido los dioses una bruma entre él y este muchacho. Y las yemas de sus dedos, que vanamente todavía el cuerpo exploran, aguardando una respuesta de esa carne muerta a su carne viva. Empero, su amorosa demanda no es comprendida…
Hebe
¡El dios cuyo culto era ser besado, ha muerto!
Canción
Animula.*
Animula, vagula, blandula, hospes
Comesque corporisquae nun abibis
In loca palidula, rigida, nudula
Nec, ut, soles, dabis iocos
C. F. 1
Ahora es algo que puede ser cualquiera, un muerto.
C. F. 3
¡Oh, extrema negación del ser!
C. F. 4
¡Oh, adorada beldad de cabellos dorados y frialdad!¡Fría en exceso! ¡en exceso! ¡y el amor tan frío como él!
C. F. 2
Amor que por memorias de su amor por un laberinto va sin rumbo, en triste desvarío alegre, y gritando su nombre le ruega que retorne…
Coro femenino y C. M. 1
Antínoo… Antínoo…
C. F. 3
Adriano está sonriendo imaginando que regresa Antínoo.
Coro femenino y C. M. 1
Antínoo… Antínoo…
Canción
Animula 2 vueltas.
Adriano
Él era un pequeño felino jugando con lujuria, mi lujuria y su lujuria; no éramos dos, éramos uno, nos enlazábamos, nos desligábamos, nos soltábamos, dejando a un lado el placer o dilatándolo en toda su cúspide. Me miraba de frente, de soslayo, daba un rodeo y me saltaba desprevenido, me asía blandamente, me agarraba con frenesí, en serio, travieso, indiferente, se tendía a mi lado, avizorando el modo de hallar deseo en la contención misma del deseo.
Coro femenino y C. M. 1
Adriano levanta su mano hacia donde sin duda están los cielos, implora y gime…
Adriano
¡Que los mudos dioses sepan de mi aflicción, volved la faz serena y atended mi súplica! Oh, generosas potestades, daré a cambio mi reino, muerto de sed iré por desiertos en calma, por caminos remotos seré mendigo, seré esclavo, ¡pero a mis brazos nuevamente restituid a mi amado niño! ¡renuncien, dioses, a ese paraje que le tienen destinado como tumba!
De la tierra tomad toda la belleza femenina y en un montículo de muerte arrojad sus despojos; Mas por el encantador Ganímedes, preferido por Júpiter ante Hebe, la diosa de la juventud, para que llene su copa en los banquetes, y para infundir el más amistoso amor que llena el vacío mutuo, esa masa de abrazos femeninos convierte en cenizas, oh padre de los dioses, sálvame, salva a este niño, y su blanco cuerpo y dorado cabello. Tal vez presentiste que él fuera mejor que Ganímedes, y del celoso cuidado de mis brazos despojaste toda su belleza solo para ti.
Zeus, Ganímedes y Hebe
¡Desdichado Imperator! Ahora tus manos inseguras divagan sin placer, deshabitadas de alegría.
Coro femenino y C. M. 1
Adriano levanta la cabeza, la inclina de nuevo y su mirada regresa a la contemplación del muchacho amado.
Zeus, Ganímedes y Hebe
Antínoo yace sobre ese memorable tálamo, ese cuerpo que tus propias manos desnudaron. Ahí donde él cumplía al saciar tu gozo, y sin saciarte de la saciedad, seguía con nueva insaciedad hasta sangrar tus sentidos.
Pequeña alma, blanda, errante ¿dónde morarás ahora pálida, rígida, desnuda, incapaz de jugar como antes? Que ninguno grite, ni llore, ni haga aspavientos; no hay qué asustar a un alma que no sabe a dónde va.
Adriano
Así resbalaban nuestras horas de sus entretejidas manos y de nuestras extremidades abrazadas se escabullían los instantes.
Coro femenino y C. M. 1
Ora eran sus brazos hojas muertas, ora férreas cadenas; ora eran sus labios copas, ora carnes libantes; ora eran sus ojos demasiado cerrados, ora demasiado mirando; ora era su alternante frenesí trabajando; ora sus artes una pluma, ora un látigo.
Oíd, la lluvia se detiene, una tregua…
Gente 4
Adriano en off
Tu muerte me ha infundido la más alta lujuria -una sed de la carne que ansía eternidad. Sobre mi imperial destino pongo mi confianza de que los altos dioses, que Emperador me hicieron, de una vida más real no revocaran mi anhelo de que tú vivieras siempre y permanezcas erguido en tu carnal presencia en su mejor dominio. Incluso más encantador, más amable, más amoroso, pues allí nada destruye nuestros deseos ni duele el alma con cambios, tiempo y lucha.
Yo te construiré a ti una estatua que ha de ser testimonio para el incesante futuro de mi amor y de tu belleza. Te erigiré una estatua que será memoria de la idea que tienen los dioses de la belleza, y aunque la muerte con sutiles manos despeje nuestro amor de su atuendo de vida y poderío, aun así, esta desnuda estatua, inspirada por ti, lo quieran o no, en tiempos futuros será la herencia inevitable como verdadero obsequio de un poderoso dios.
¡Mi amor, mi amor, mi dios-amor, mi divino amor! Permíteme besar sobre tus fríos labios tus ardientes labios ahora inmortales, saludándote feliz en los umbrales de la Muerte, pues para los dioses el portal de la Muerte es el portal de la vida.
Antínoo
La imagen de nuestro amor será el puente entre los tiempos de los hombres. Emergerá desde el pasado, blanca, y será eterna, igual que una Victoria Romana, y en el futuro no habrá corazón al que no enoje no ser de nuestro amor contemporáneo.
Antínoo y coro femenino
Tenía mi juventud, mi niñez casi, y toda la belleza de la vida que empieza. Tú eras el poder: hombres, legiones, reinos a ti se doblegaban. Tuyo era el placer, los amantes, la intriga hasta llegar al crimen, a la sangre, la guerra. Cuánto aprendí contigo, amigo, padre, amante. Sólo empecé a temerte al descubrir tu miedo. Supe que estabas solo. Habías elegido hace mucho un destino: el que te condenaba a ser dios, soberano; el mismo que te trajo aquel día en Bitinia a una fuente, a un patio, y hasta mi vida en fin. Me estabas preparando para tu propio miedo.
Gente 5
Coro femenino y C. M. 1
Surge de nuevo la lluvia, vago dolor, impregna la sensación de humedad en el aire. Vago dolor.
Adriano
Todo lo que eres ahora eres tú mismo y yo. Nuestra doble presencia tiene su unidad en esa perfección de cuerpo en que, amándote, se resolvió mi amor, que de la vida, elevó de la vida a la divinidad, calma por encima de los conflictos del tiempo y muy por encima de las cambiantes pasiones.
Hebe
Súbitamente, el Emperador supone que él ve esta habitación y todo en ella desde la distancia, ve el lecho, ve al joven y se ve a sí mismo reclinado sobre Antínoo, y adquiere una conciencia más clara del instante y de sí mismo y dice, sin voz, salvo para el espanto de su alma:
Adriano
Cuando el amor se encuentra con la muerte no sabemos qué sentir, cuando la muerte derrota al amor, no sabemos qué saber.
Presentador
Ahora su duda se esperanza, ahora su esperanza duda. Lo que su deseo soñó, la razón del ensueño escarnece para sumergirlo en un congelado vacío. Continúa lloviendo. De nuevo los dioses avivan la oscurecida luz del amor.
Coro femenino y C. M. 1
Mi corazón está cantando. Una gran esperanza de los dioses desciende sobre mí y mi corazón apela a los sentidos más sutiles para no pensar en ti con la maldad que sería el pensar que eres mortal.
¡Oh amor, amor, mi amor mío, asciende al Olimpo con mi fuerte voluntad de amar, sé tú allí el dios nuevo, cuyos cabellos color de miel toma divinos ojos! Como eras en la tierra, sé también corporalmente en el cielo, prisionero de ese feliz hogar, y vaga a tu albedrío con los antiguos dioses, mientras yo hago una estatua que tu inmortalidad proclame aquí en la tierra.
Adriano
Tu estatua yo he de esculpir, sobre la cima de tu nombre, y el tiempo, pleno de misteriosos y sombríos crímenes, temerá devorarla o desgastarla con la furia de sus guerras, el tiempo envidioso de tu imagen no roerá las formas de tu belleza. ¡El destino no puede ser eso! Los omnipotentes dioses, que todo lo cambian, y hasta la mano del destino, que a los dioses mismos en tinieblas hunde, se abstendrán de mancillar así tu imagen y mi ventura, dejando el vasto mundo con tu ausencia vacío.
Coro femenino y C. M. 1
¡Oh amor, amor, mi amor mío, asciende al Olimpo!
C. F. 1
Mi amor que te encontró, cuando te encontró, encontró su propio cuerpo verdadero y apariencia exacta. Por eso ahora, cuando le ordeno a tu imagen que se haga un dios entre los dioses, instauro sobre la cúspide de las altas columnas de la muerte la forma que has tomado y la dejo allí como visión de todo amor.
Coro femenino y C. M. 1
¡Oh amor, amor, mi amor mío, asciende al Olimpo!
Adriano
La estatua de veras inmortal que te construiré no será de piedra, sino del lamento por el cual la inmortalidad de nuestro amor se anhela. Por un lado de ello eres tú, como los dioses te ven ahora, y el otro, aquí, en tu memoria. Mi congoja te hará un dios para la humanidad, e instalará tu recuerdo desnudo en el altar que vigila los mares del futuro.
Zeus, Hebe y Ganímedes
Así está Adriano, un amante que espera, va de un lado a otro de su obcecado, vacilante espíritu. Ahora su esperanza se torna en un gran intento predestinado a su deseo de ser, ahora se encuentra ciego en algún punto preciso de su indefinido deseo.
Adriano
Algunos dirán que todo nuestro amor no fue más que nuestros crímenes.
C. F. 1 y 4
Otros afilarán sus cuchillos contra vuestros nombres por su desprecio a lo hermoso de la belleza…
C. M. 1
Y harán de vuestros nombres la base del montículo dónde trillar los nombres de todos nuestros hermanos con afanoso menosprecio.
Zeus, Hebe y Ganímedes
Pero vuestra presencia, Adriano y Antínoo, esa eterna aurora, siempre regresará a la hora de la belleza, y brillará desde el origen del amor, a los nuevos dioses que irán a ese mundo tan vacío.
Coro femenino y C. M. 1
¡Oh amor, amor, mi amor mío, asciende al Olimpo!
Bloque 3
Adriano
¡Amor, amor, mi amor! Tú ya eres un dios. Este pensamiento mío, no es un anhelo, sino una visión que me ha sido otorgada por los sublimes dioses, que aman el amor. Ay, lo que quiero que seas tú lo eres ya. Finalmente por las praderas del Olimpo tú caminas y eres perfecto, eres tú, la perfección que eres tú.
C. F. 1 y 4
Desde que los hombres ven más con los ojos que con el alma, en piedra expresarás tu inmenso duelo;
Presentador y C. M. 1
y en el afán de que los hombres estén hambrientos de la hermosa presencia, harás cargar al mármol con esta tu desventura puesta en tu corazón como una magna estrella.
C. F. 3
Así, incluso en piedra, vuestro amor permanecerá tan grande en la estatua de Antínoo,
Coreutas femeninos, C. M. 1 y presentador
como el sino de un dios,
Coreutas femeninos
la encarnada y desencarnada esencia de vuestro amor,
Coreutas femeninos 2 y 3
trompeta que se extiende sobre los mares cuyo son vibrará, de continente a continente.
Hebe y Ganímedes
Vuestro amor gritará su júbilo y su pena, mezclados con Muerte, sobre infinitos y eternidades.
Coreutas femeninos
Memoria o estatua, Adriano y Antínoo aquí quedarán, en uno los dos, como cuando las manos en las manos, ni siquiera las manos sentíais por sentir el sentir. Aún os verán los hombres cuando vuestro sentir comprendan. Pasar los dioses todos pueden, con el vasto girar de las esféricas eras. Antínoo se irá con los dioses en un errante cortejo. Aquí retornarán, salidos de un sueño.
Adriano
Al final de los tiempos, cuando Júpiter renazca y de nuevo Ganímedes escancie la copa en el banquete, verán nuestra compartida alma liberada de la muerte y recreada en dicha, miedo, dolor, todo lo que el amor contiene;
Coreutas femeninos, C. M. 1 y presentador
Dicha, miedo, dolor, todo lo que el amor contiene.
Adriano
Vida – toda la belleza que crea el placer del amor verdadero de nuestro amor, fascinada en el hechizo;
Coreutas femeninos, C. M. 1 y presentador
Vida, fascinada en el hechizo.
Adriano
si nuestro recuerdo se tornara polvo, por voluntad de alguna estirpe de dioses del final de las edades volverá a ser nuestra unidad dual resucitada.
Gente 6
Presentador
Todo esto, todas estas imágenes, toda esta atmósfera, esta pena, sucedió en tiempos remotos. Un papiro, un pergamino enrollado. Las cosas que siente semejan la aureola que rodea la luna cuando la noche llora.
Su cabeza se inclina entre sus brazos, y sus brazos sobre el lecho profundo parecen ajenos a su sentir. Sus cerrados ojos los creía abiertos, y mirando al suelo desnudo, oscuro, gélido, triste y sin sentido. Su doloroso respirar es todo lo que sus sentidos pueden saber. Y afuera, bajo las tinieblas que se tienden, el viento se levanta y se deja caer; aquí, en el lugar donde todo esto sucede se extingue el eco de una voz. El Emperador duerme.
Aún llueve. Con sigilo llega la noche, cierra los fatigados párpados de los sentidos. Incluso la conciencia del propio yo y del alma se oscurecieron, paisaje borrado por la lluvia. Está inmóvil el Emperador, tan inmóvil que ahora casi ha olvidado dónde está o de dónde le viene la pena que aún es sal en sus labios.
Coreuta femeninos y C. M. 1
Silencio… silencio… Acaban de entrar los dioses y se llevan algo, no se sabe cómo, sobre invisibles brazos de poder y de calma.
Adriano en off
Si para ti no hubiera Olimpo, mi amor te haría uno donde fueras solo y único dios y yo tu único adorador, feliz de ser tu único y solo adorador a través del Infinito. Sería un universo suficientemente divino para el amor y para mí y para lo que tú para mí eres. Porque tenerte es algo hecho de la sustancia de los dioses y contemplarte es la mejor parte de la Eternidad.